[EDITORIAL] Mujeres defensoras de la tierra: a un año de Macarena Valdés

Mujeres defensoras de la tierra: a un año de Macarena Valdés

Equipo Editorial
Revista Nuestra América
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El 22 de agosto del año 2016, hace exactamente un año atrás, Macarena Valdés Muñoz, “la negra” -como era llamada por sus familiares y cercanos-, fue encontrada muerta en su casa en el sector de Tranguil, comuna de Panguipulli, Chile. La hipótesis oficial del Servicio Médico Legal y Carabineros indicaban que Macarena se habría suicidado, versión que sus familiares han buscado refutar hasta el final, asegurando la participación de terceros.

Luego de un año de mantener la convicción intacta en que Macarena no se habría suicidado, la Coordinadora por Justicia para Macarena Valdés, compuesta por familiares y su comunidad, ha logrado dar un giro radical en el caso, hasta ahora arbitrariamente cerrado por parte de la fiscal a cargo. La presión de la familia, la comunidad y las organizaciones obligaron a la Fiscalía Regional de los Ríos ordenar la reapertura de la causa, junto a la exhumación del cuerpo para realizar una nueva autopsia.

Pese a que ya existía conocimiento del informe perito realizado en forma privada por la familia de Valdés, el cual no descarta la participación de terceros,  ha sido la permanente organización de sus cercanos y el pueblo consciente en búsqueda de justicia para Macarena, el motor que permite un nuevo escenario esperanzador; la hipótesis de asesinato, comienza a dibujarse como una torcedura de mano a la impunidad, no tan sólo para Macarena, sino para todos los weichafe asesinados por el Estado de Chile.

Y es que Macarena no tenía motivos para querer morir

Tres años antes de su muerte, Macarena Valdés decidió  dejar su vida en la capital para establecerse junto a su familia en la comunidad Newen- Tranguil, tierra y pueblo que la recibió convirtiéndola en una protagonista de su lucha. Macarena y Rubén, quienes ya contaban con contactos previos y cercanía con la comunidad mapuche, hicieron rápidamente la lucha por la defensa de las tierras ancestrales, su propia lucha.

Fueron tres años en los que Macarena conoció en carne propia el asedio de las transnacionales forestales y energéticas. Fue parte de un pueblo que se enfrenta al despojo y la criminalización de quienes se organizan y combaten la arremetida del empresariado extractivista que, tal como la condena a muerte, somete a la pobreza a cientos de familias obligándoles a contemplar la muerte lenta de las tierras ancestrales a cambio de su acumulación de riquezas.

En medio del asesinato de Macarena, entre su existencia y la de sus mercenarios, se plasma un asesinato que es yaga repetida en Nuestra América. En la más completa impunidad son asesinadas mujeres activistas, luchadoras incansables por el derecho al territorio colectivo, por la preservación de sus medios para la vida, del agua, los bosques, las tierras fértiles, y toda la extensión que el medio brinda a las comunidades que viven en armonía con su existencia.

La vida que hace un año se arrebató a Macarena, se erige como un brazo más de la violencia ejercida históricamente hacia las mujeres, esa violencia que adopta las más distintas y brutales formas, entre ellas el feminicidio empresarial.

La ecuación no es muy compleja: donde exista impunidad estatal, ímpetu acumulador empresarial, mafia y sicariato, las mujeres organizadas en nombre de la inquebrantable voluntad de enfrentar el saqueo de la tierra, son objeto de brutales escarnios con dos claras finalidades: en primer lugar doblegar la defensa a muerte del territorio a través del miedo, del ensañamiento, del ejemplo punitivo; en segundo lugar, hacerlas pagar por el atrevimiento a salir del espacio que les fue reservado: el hogar, lo privado, la sumisión y la debilidad.

Feminicidio empresarial y la organización de las mujeres en defensa del territorio

La profundización del capitalismo en su forma neoliberal que ubica en Nuestra América su principal fuente de materias primas, es y debe ser una alarma principal cuando perspectivamos nuestra lucha. Son nuestros medios de vida los que están en juego, y las mujeres hemos sido protagonistas en su defensa;  sepan que lo seguiremos siendo.

Así como a Macarena Valdés, traemos a estas líneas a Berta Cáceres (Honduras), Lesbia Yaneth (Honduras), Adelina Gómez (Colombia), Yaneth Calvache (Colombia), Fabiola Osorio (México), María Do Espíritu (Brasil), María Chub Ché (Guatemala)  y una interminable lista de mujeres –en su mayoría indígenas- defensoras de la tierra, cuyos caminos se encontraron en la lucha y en la muerte. Estas mujeres enlistan más de cien nombres solamente en la última década, corroborando así que la región latinoamericana detenta el más alto porcentaje de asesinatos de activistas medioambientales en el mundo (60%), a lo que es posible sumar un dato más: no casualmente estas mujeres se encontraban en procesos de conflicto con el empresariado de la megaminería, forestal, energético, agroindrustria, en el momento de su asesinato.

Resulta vital comprender que las mujeres indígenas, campesinas y agricultoras latinoamericanas han sido piedra angular en la organización de los territorios, pese a las violencias expresadas a causa de la negación estructural al derecho a la tierra. Primero y originalmente negado por el mandato de herencia (violencia patrimonial), y luego a causa del saqueo extractivista (violencia empresarial).

Nuestras guerreras han debido rearmar su legítimo derecho a la organización incluso a costa de sus familias. Reivindicar su lucha les ha significado calumnias,  difamación,  persecución, criminalización, amenazas, encarcelamiento y muerte. No obstante la preservación de la vida, y las victorias que no son medallas individuales, sino, muy por el contrario, un paso hacia derecho colectivo a la tierra, es sin duda un horizonte justo por el cual embarcarse.

Patriarcado y capital, alianza criminal, es mucho más que sólo una consigna, es la realidad que osan desafiar las mujeres activistas hijas de nuestra tierra saqueada. Lo volvemos a decir, incluso a asegurar, Macarena no tenía motivos para querer morir: Muy lejos de ello, tenía los más hermosos argumentos para continuar hasta el final. Esta es nuestra certeza, Macarena vive en quienes continuamos su lucha.