Venezuela y Asamblea Nacional  Constituyente

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“La crisis social que vive Venezuela ha puesto al mundo en alerta, una ola de hambre y violencia aprieta el cuello de su pueblo y la democracia ha sido usurpada por un dictador y sus secuaces”. Esta imagen se nos repite como un martilleo en los medios de comunicación y la verdad pasa a ser bastante confusa.

En primer lugar, lo que sucede en Venezuela no es un caso aislado en América Latina; basta con mirar la historia donde nuestros pueblos han levantado grandes y diversos proyectos de recuperación soberana de sus recursos contra el colonialismo europeo, el imperialismo británico y el estadounidense, de liberación nacional e incluso, de revolución socialista como en el caso de Cuba y Nicaragua. Esta osadía ha teñido con sangre nuestras páginas, por las cuales desfilan incontables luchas de resistencia y de liberación, y un sinfín de héroes que representan los más altos valores del ideario emancipador de nuestro continente y la justicia social que ha sido pospuesta durante siglos. Un nuevo capítulo de esta resistencia antiimperialista y soberana es la que está pagando el pueblo de Venezuela hoy.

En 1999 Hugo Chávez asumió la presidencia de Venezuela, constituyendo un nuevo bloque político de poder y abriendo un proceso el cual, no exento de tremendas dificultades, irregularidades, retrocesos y lastres al interior del propio gobierno y las Fuerzas Armadas, efectivamente ha nacionalizado recursos estratégicos -como el petróleo-, promovido el desarrollo social y cultural, mejorado el acceso popular a la salud y la educación, construido viviendas de buena calidad para cientos de miles de familias venezolanas, etc. Esta es la razón por la que una gran masa del pueblo venezolano, de forma crítica con los/as dirigentes en el poder, defiende a muerte los avances del proceso. Y además de esto fue el principal gestor, junto con Cuba, de un mercado latinoamericano que, si bien en la mayoría de los casos no tuvo la menor intención de romper las relaciones económicas capitalistas, sí apartaba a los Estados Unidos -momentáneamente- de los beneficios directos de esa asociación.

Estos procesos, con todas las limitaciones que podamos observar, encendieron las alarmas de los grandes empresarios de Venezuela y su grito de auxilio llegó a Washington, quien vio fuertemente amenazados sus intereses petroleros y el dominio no sólo sobre territorio venezolano, sino sobre toda Latinoamérica. Su respuesta no se hizo esperar y el año 2002 se llevó a cabo un fallido golpe de Estado que duró tan sólo dos días, terminó con decenas de muertos y Chávez secuestrado. El presidente fue liberado de sus captores gracias a la acción masiva del pueblo y principalmente, de la suboficialidad del ejército. Desde esos tiempos, tumbar este “proceso bolivariano” es un objetivo estratégico de primer orden para los EEUU.

En estos últimos meses se ha ido definiendo el futuro de Venezuela y del “proceso bolivariano”, y con él, gran parte del desarrollo de la lucha de clases en América Latina. Como sabemos, Nicolás Maduro llamó a la conformación de una Asamblea Nacional Constituyente -ANC-, la que empezó a funcionar desde el día 31 de julio y cuya labor será redactar una nueva carta constitucional. La elección de delegados a la ANC contó con la extraordinaria votación de más de 8 millones de venezolanos y venezolanas, de acuerdo al Consejo Nacional Electoral -CNE-. Desde nuestro punto de vista, esta fue una jugada realmente maestra por parte del gobierno para lograr salir de la presión política en la que estaba, asediado por la violencia opositora y el fascismo en el país, y por los grandes poderes capitalistas transnacionales alineados tras los Estados Unidos y la Unión Europea, lo cual se evidencia en que de una situación defensiva y desesperada de abril a julio, se pasa a una fase ofensiva y de iniciativa “chavista” mediante el hecho de colocar a la ANC -y Delcy Rodríguez como su presidenta- como plenipotenciaria, es decir, por encima de todos los poderes del Estado -el gobierno, las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas, el parlamento controlado por la derecha, el poder judicial, los municipios, etc-.

Ahora bien, tenemos claro que dependerá del grado de iniciativa de las propias organizaciones del pueblo venezolano y fundamentalmente, de la participación política de las Comunas, el que la ANC sirva para avanzar en el sentido de consolidar y obtener un mayor terreno de conquistas de la clase trabajadora y el pueblo; corregir todo lo deforme y amorfo que el proceso tiene, la corrupción al interior del aparato público, las campañas oficialistas que no van más allá del mero populismo, etc; y profundizar una vía revolucionaria al socialismo. O por el otro lado, que una burocracia política -sobre todo militante del PSUV- oriente la ANC como un marco de ajustes jurídicos superficiales y limitados al poder estatal, con el fin de calmar las aguas y mantener el statu quo. En este sentido vemos con verdadero interés las asambleas populares, de barrio y vecinales que se están generando para discutir desde las bases los problemas políticos del país, las temáticas que hoy tienen lugar dentro de la ANC, las soluciones, las demandas del pueblo y ocupar estas instancias como mecanismos de presión “de abajo hacia arriba”, como fuerza popular y proletaria realmente creadora y protagónica.

Desde Chile estamos atentos/as al desarrollo de todo el proceso político del pueblo venezolano,  estamos dispuestos/as a organizarnos en los “Comités de Solidaridad con el Pueblo Venezolano” para apoyar desde el internacional el avance de su proceso y reivindicamos, con mucha humildad y respeto por lo que allá están haciendo, la consigna que marca la orden del día: “avanzar, corregir, profundizar”.

¡Desde las Comunas y las asambleas populares!

¡Avanzar, corregir, profundizar!

Izquierda Guevarista de Chile