Condiciones inhumanas y sin posibilidad de rehabilitación: el caso de Mauricio Hernández Norambuena

Mauricio Hernández Norambuena, también conocido como Comandante Ramiro, cumple actualmente una condena de 30 años en Brasil por el secuestro del empresario Washington Olivetto ocurrido el año 2001.
Por Alexis Polo, miembro de Todos Por Ramiro
30 de diciembre de 1996, eran cerca de las 15:00 hrs. y todo parecía normal y rutinario en la Cárcel de Alta Seguridad, de pronto un helicóptero comenzó a sobrevolar el penal y a disparar ráfagas de fusil contra los gendarmes que custodiaban el lugar, con esto se dio inicio a la “Operación Vuelo de Justicia” que desarrolló el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, para rescatar a Mauricio Hernández Norambuena. La Operación no duró más de tres minutos y fue todo un éxito para sus ejecutores; Ramiro y tres frentistas más lograron escapar ilesos del penal, para luego salir del país clandestinamente.
Hablar de Mauricio Hernández Norambuena, es hablar también de hechos políticos de alto impacto, la emboscada a Augusto Pinochet, el ajusticiamiento de Jaime Guzmán mientras este era Senador en ejercicio de la República, los secuestros del coronel Carlos Carreño y Cristián Edwards. Todas estas acciones han servido para mitificar la figura del excomandante del FPMR y quien actualmente cumple una condena de 30 años en Brasil por el secuestro del empresario Washington Olivetto ocurrido en el año 2001 y que tenía como objetivo buscar financiamiento para la guerrilla colombiana.
Mauricio Hernández Norambuena lleva quince años en un régimen disciplinar diferenciado en Brasil, en cuatro oportunidades, sin previo aviso ni él ni a su familia, ha sido trasladado de penal y de Estado, lo que conlleva que su caso quede bajo jurisdicción diferente, por lo que la evaluación judicial de posibles beneficios carcelarios debe ser reiniciada cada vez por su abogado en los tribunales del Estado donde haya sido relocalizado. En términos proporcionales, Ramiro ha sido trasladado cada cuatro años de penal y de Estado y ha pasado por las cárceles de alta seguridad de Catandunva, Campo Grande, Porto Vhelo y Mossoró.
Un informe del Consulado General de Chile en Río de Janeiro, fechado el 15 de mayo de 2016, señala que: (…) El señor Mauricio Hernández, quien tenía un semblante demacrado, se refirió, especialmente, acerca de la solicitud para ser, por motivos humanitarios, cambiado a un régimen penitenciario menos riguroso al que impera en las prisiones de alta seguridad en las que ha estado. Por otra parte, el señor Hernández señaló que el lugar donde se encuentra, Mossoró, significa un importante distanciamiento que dificulta el acceso de personas o familiares que deseen visitarlo desde Chile. Incluso, Laura Hernández Norambuena, hermana de Ramiro, comenta que Mauricio pasó cerca de tres meses sin poder recibir visitas por un castigo a todas las cárceles federales brasileras y que el lugar donde se encuentra actualmente dificulta en demasía poder desplazarse hasta ahí.
Para Carlos Alberto Lugarzo, profesor y ex preso político brasilero, el régimen disciplinar diferencial “reestablece oficialmente la tortura, como sucede en Irán, Israel e Indonesia, sólo bajo la hipocresía de evitar la palabra tortura. Los efectos dolorosos, que son buscados por el torturador, están todos presentes en el RDD: aislamiento de sonido, ausencia de luz natural o hiperluminosidad, bloqueo de funciones motrices con la mecanización de todos los movimientos del preso, como puertas que están abiertas de fuera, y que impiden al detenido girar una manija, contribuyendo a la atrofia muscular, pérdida de la noción de tiempo y obliteración de la memoria a corto y medio plazo, lo que acaba sumiendo a la persona en un autismo irreversible.” Además, la correspondencia que llega para Ramiro, ya sean libros o cartas, pasan por un excesivo control penitenciario y son retenidas entre 40 y 50 días para luego ser entregadas a Mauricio Hernández. Esto genera un desfase importante con la realidad que nada contribuye a la rehabilitación de un reo.
Según las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos, adaptadas por el Primer Congreso de las Naciones Unidas sobre la Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, celebrado en Ginebra en 1955 y del cual Brasil fue parte, señala que: Un recluso sólo podrá ser sancionado conforme a las prescripciones de la ley o reglamento, sin que pueda serlo nunca dos veces por la misma infracción. 2) Ningún recluso será sancionado sin haber sido informado de la infracción que se le atribuye y sin que se le haya permitido previamente presentar su defensa. La autoridad competente procederá a un examen completo del caso. 3) En la medida en que sea necesario y viable, se permitirá al recluso que presente su defensa por medio de un intérprete. Incluso la propia Constitución de Brasil establece que no puede haber doble castigo para un reo. Para el mismo Ramiro esto obedece a “una total discriminación (…) no existe ningún preso en Brasil que haya pasado siquiera tres años en estas condiciones, y yo ya he pasado quince. Este tipo de regímenes por lo general, son por un tiempo determinado, son castigos temporales, porque está comprobado que afectan la psiquis de las personas, son regímenes muy severos de aislamiento, que tienen como consecuencias perturbaciones mentales y físicas.” Sin embargo, Ramiro no está bajo ningún castigo ni nada que se le asemeje, entonces cabe preguntarse por qué lleva quince años bajo este régimen sin que ninguna autoridad federal o del Gobierno de Brasil se pronuncien al respecto.
El pasado 25 de agosto, diversas organizaciones políticas y sociales se manifestaron a las afueras de los Tribunales de Justicia de Santiago, así como también en Valparaíso, Concepción y Bruselas. Las concentraciones se realizaron para mostrar su rechazo al fallo de la 7ª sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, que revocó la medida del ministro Mario Carroza de rebajar de cadena perpetua a dos condenas de quince años de presidio para Mauricio Hernández, con esto último se cumplían las condiciones impuestas por la justicia brasilera para poder extraditar al Comandante Ramiro. No obstante, el fallo le cerró la puerta definitivamente a uno de los líderes del FPMR y sigue hoy viviendo condiciones de encarcelamiento extremas, inhumanas y sin ninguna posibilidad de rehabilitación.
“En este total aislamiento, me enteré, por ejemplo, cinco meses después, cuando vino mi hermana a visitarme, que había habido un terremoto en Chile, el de febrero de 2010. Es decir, estoy totalmente desfasado de la realidad, de lo que pasa en mi país y en el mundo, y se supone que todos tenemos el derecho constitucional a la rehabilitación, pero, ¿qué rehabilitación puede haber si estoy totalmente desfasado de la realidad?”, señaló Mauricio Hernández en el libro editado el año 2016; “Un paso al Frente. Habla el comandante Ramiro del FPMR.”
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