Los Muros de la Vergüenza

Los Muros de la Vergüenza

Jürgen Richter, Izquierda Guevarista

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El número de muertos en el muro de Berlín es incierto y un tema de gran controversia entre los especialistas alemanes hasta el día de hoy. Según la Fiscalía de Berlín (Berliner Staatsanwaltschaft), desde el punto de vista estrictamente penal se asesinaron (las cosas como son) a 270 personas que intentaban escapar de la ex República Democrática Alemana (RDA). Investigadores tanto del Centro para la Investigación del Tiempo Histórico (Zentrum für Zeithistorische Forschung)  como de la Fundación Muro de Berlín (Stiftung Berliner Mauer), mediante un proyecto financiado por el Estado Alemán, llegaron a la conclusión de que las víctimas fueron al menos 139. Por su parte, la organización civil llamada Asociación de Trabajo 13 de Agosto (Arbeitsgemeinschaft 13. August), que actualmente es dueña del Museo del Muro (Mauermuseum), al 2016 contabiliza las muertes en 1841, tomando en cuenta que las cifras de dicha organización son periódicamente corregidas y siempre aumentan (v.gr en el 2006 cifró las muerte en 1.201 y el 2011, en 1.613), hay que señalar que la mayoría de los expertos alemanes cuestionan los datos de dicha organización, por ser exageradas y por fallar en cumplir con un estándar básico de rigor científico, el cual se expresa, entre otras razones, por carecer de fuentes fiables, repetir dos veces a personas fallecidas, e incluso, por incluir a gente que sobrevivió el traspaso del muro. Sin embargo, el mayor problema identificado por los investigadores más destacados, es que la Arbeitsgemeinschaft 13.August emplea criterios poco claros para definir quién en rigor califica de víctima, lo cual explicaría por qué cada cierto tiempo aumentan de 100 o en 200 las víctimas del Muro. En suma, la conclusión de la mayoría de expertos es que la metodología empleada por esta asociación, a la larga, le terminará por quitar toda seriedad a sus publicaciones.

Con todo, y como es evidente a estas alturas, es innegable que existe una seria y enorme discrepancia entre los expertos alemanes. Sin perjuicio de lo anterior, lo ocurrido en Alemania nos obligar reconocer, si hay un mínimo de honestidad intelectual, que fue un error y un horror del “socialismo real”  impedir con la muerte que personas que no suponían riesgo alguno para la estabilidad del régimen migrasen hacia la parte occidental del país; sentencia que pensamos válida, aun cuando haya sido eliminado tan solo 1 individuo. Quien pacíficamente abandona el proyecto socialista, por la razón que sea, no se merece una bala, una mina anti personal, u otro método semejante de aniquilación física (como dejar a los migrantes morir de hambre entre los muros). O en otras palabras, a los desertores pacíficos del ideario socialista (aunque siendo justos, en el caso de la ex RDA y ex URSS, dicho ideario estaba profundamente deformado en relación con los postulados originales de Marx), como máximo se les puede – y en ocasiones se les debe- dirigir todo el peso de las armas de la críticas, pero en ningún caso la crítica de las armas.

Distinto es, evidentemente, el caso de los saboteadores, espías y otros sujetos peligrosos de ese tipo. Todos los países capitalistas del mundo hasta el día de hoy se reservan el derecho de aniquilar a enemigos de ese tipo, especialmente en tiempos de guerra (y la guerra fría por supuesto que era una guerra). Sería entonces importante conocer cuál fue la cifra exacta de esos agentes cuya acción disruptiva efectivamente se vio impedida gracias al muro de Berlín. Recordemos que la “Muralla de Defensa Antifascista” (Antifaschisticher Schutzwall) tuvo originalmente, por principal objetivo, la defensa contra enemigos externos, y no contra los habitantes propios. Las cifras podrían ayudar a esclarecer si ese propósito se cumplió o si más bien sufrió una grave transmutación (que es lo que parece que ocurrió finalmente).

Hecha la autocrítica tantas veces necesarias, a partir de este momento no podemos menos que afirmar que si se condenan estas muertes ocurridas en la ex República Democrática de Alemania, para no ser un vulgar hipócrita -como lo son la mayoría de los liberales, apologistas de la dictadura cívico militar chilena y los izquierdistas renovados-, se debiese también condenar con el mismo énfasis y publicidad el muro que los EEUU mantiene hasta el día de hoy en la frontera sur con México; construcción que actualmente tiene 930 km efectivos de barreras, es decir, virtualmente es 6 veces más largo que el muro de Berlín. Como es fácilmente constatable, la condena no ocurre ni en los Think Tanks liberales ni en los socialdemócratas, y por cierto, menos aún en los medios de prensa a nivel mundial. Al contrario, mucho han celebrado la infame decisión de Donald Trump de ampliar todavía más ese Muro.

Se podría intentar objetar, mediante argucia, que el primer muro buscaba impedir la emigración del “infierno socialista”, en tanto el segundo busca evitar a toda costa la inmigración “hacia la tierra de la felicidad, la libertad y/o el sueño americano”. Sin embargo, como apuntan algunos académicos alemanes, la tragedia es de todos modos asimilable, por cuanto el costo en vidas humanos es el verdadero criterio que debiese primar, y que en términos globales, la situación en los EEUU es incluso peor que la vivida durante todo el tiempo en que Alemania estuvo dividida.

De hecho, se estima por parte de la United States Border Patrol (Patrullaje Fronterizo de los EEUU) que la cantidad de muertos desde el año 1998 al año fiscal 2016 va en la espeluznante cifra de 6.915, en tanto que organizaciones civiles también de los EEUU las cifran en más de 10.000.

Es decir, si tomamos la cifra más grande de víctimas en ambos países (1.841 vs 10.000), se puede concluir que en los EEUU en cerca de 10 años (desde 1998) se ha matado o dejador morir a casi 5,5 veces más personas que en 28 años (desde 1961 a 1989) del Muro en Berlín. Y si tomamos las cifras oficiales, que son más conservadora (139 vs 6.915), el panorama es bastante peor: en Estados Unidos la ratio de asesinatos y muertes es 49,74 veces más alta que en el socialismo real.

Con este análisis, no faltará quién encolerizado sostenga que buscamos disminuir la responsabilidad que le corresponde a la ex RDA y magnificar la de los EEUU. El propósito buscado claramente no es ese. De lo que se trata, es de poner en su real perspectiva ambos muros y poner en evidencia que objetivamente en EEUU la tragedia humana supera con creces la de Berlín, y que no obstante, la primera cada 9 y 10 de noviembre es motivo de orgías grupales, mientras que a la segunda se le trata con un silencio cómplice.

Es cierto que existen otros muros aparte de los mencionados que también son testimonio fiel de la decadencia humana. Para no extendernos demasiado, mencionaremos tan solo el muro con que Israel humilla diariamente a Palestina (específicamente en Cisjordania), construcción que por cierto tiene 723 km de largo  y que mide hasta 8 metros de altura, lo que lo hace comparativamente  más grande que el de la ex RDA (155 km de largo y 3,6 metro de altura).

En definitiva, la tarea de la franja revolucionaria de la izquierda, ante estas cifras, no es otra que derribar todos los muros que deban ser derribados. El humanismo radical que orienta nuestra acción así lo demanda, por más titánica y lejana que parezca dicha misión.