La mujer trabajadora, cuadro para la revolución

Por Camila Álamos Mubarak, militante de la Juventud Guevarista de Chile

Asistir a la marcha conmemorativa del día de la mujer trabajadora, implica presenciar en un escenario público el espectáculo de la división femenina, que no radica sino en la diferencia de clases y los niveles de conciencia al respecto. La corta pero pausada caminata entre Plaza Italia y Los Héroes me hizo pensar en cuán distintas somos unas de otras, y por tanto, en la tremenda distancia que existe entre las necesidades de una mujer trabajadora y las que pudiese tener una mujer burguesa. En este punto, mi reflexión se detuvo en los medios de comunicación, y en aquel bombardeo mediático de las grandes empresas del retail, cuyas publicidades nos hacen parecer idénticas entre sí, pues nos felicitan por igual en nuestro día, promoviendo la ignorancia en torno al origen de esta importante fecha. El 8 de marzo no es el día de todas las mujeres, sino de las mujeres de nuestra clase trabajadora. El 8 de marzo es un día de conmemoración, porque la muerte de las 129 trabajadoras textiles de Nueva York (1908) no es motivo de festejo, sino que un ejemplo de valentía, de lucha inclaudicable.

Las reivindicaciones de nuestra clase no tienen que ver con el género, pero bien sabemos que la explotación y opresión hacia la mujer es doble, y por ende, quienes nos definimos como mujeres trabajadoras y revolucionarias, debemos comprender que nuestra participación en la lucha por el socialismo es tan importante y esencial como la de cualquier otro compañero. Nosotras, como mujeres de la clase, sabemos que la verdadera emancipación femenina se dará de la mano de nuestros compañeros, porque no será sólo una victoria de las mujeres, sino del pueblo trabajador en su conjunto, una vez superada la contradicción capital-trabajo. Nosotras, como mujeres revolucionarias, tenemos que estar convencidas de que para aportar a la liberación de todos los pueblos explotados y oprimidos, debemos constituirnos como cuadros, como piezas fundamentales de la lucha por la revolución socialista. Nuestras capacidades dan abasto para cumplir cualquier tarea que sea necesaria, y si bien cada ser humano posee cualidades diferentes, tengamos la certeza de que en una u otra área, seremos igualmente útiles en esta trascendental lucha.

No quiero detallar una a una nuestras necesidades, no quiero hablar de reivindicaciones, pues sabemos perfectamente qué nos acongoja y por qué luchamos. Hoy quiero hacer énfasis en lo que esta fecha significa. Quiero recalcar la importancia de nuestra lucha, y cuando digo nuestra, no me refiero tan sólo a las mujeres, sino al pueblo trabajador en su conjunto. Corriendo el riesgo de parecer majadera, me parece imperativo mencionar una vez más lo siguiente: no importa cuánto esta sociedad capitalista nos haya convencido de tener un rol histórico ligado a las tareas domésticas y a la reproducción, no importa cuán dependientes nos quieran hacer sentir, porque nosotras somos revolucionarias, y todas nuestras capacidades deben ser puestas al servicio de la lucha por el socialismo. Poseemos la inteligencia y las habilidades suficientes para luchar con fuerza, y estas características deben ser desarrolladas diariamente a partir de la praxis revolucionaria, en conjunto con nuestros compañeros. Cada día debe ser -para nosotras- continuar y superar.

Atrevámonos a romper con los estereotipos, porque estos no nos representan. Seamos valientes, independientes y aguerridas, críticas, constructivas y comprometidas. La revolución no es un sueño, sino un objetivo, pasaje único a nuestra libertad absoluta. Comprendamos esto y tengamos el coraje de seguir caminando en esta senda, de adentrarnos en ella cada día con mayor convicción y entrega. Seamos mujeres nuevas, tengamos el coraje de ponernos por completo al servicio de nuestra clase trabajadora y construir el socialismo. Esta fecha no tiene nada que ver con lo que profesa la publicidad, este día no es una celebración para recibir flores ni regalos, sino una conmemoración a la valentía de aquellas mujeres que lucharon hasta vencer o morir. Hoy, las revolucionarias levantamos a viva voz esta consigna, y con el ejemplo de tantas compañeras que han dado su vida en el mundo entero, nos convencemos de que esta pelea también nos pertenece, y de que nuestra participación activa es algo esencial. El llamado es a sentirnos orgullosas, seguras y fuertes, a luchar día a día y codo a codo por lo que es necesario: por la libertad, por la revolución.