Análisis político y líneas de intervención 2015

A los compañeros y compañeras de las organizaciones revolucionarias hermanas, del Octubre Revolucionario y la Coordinadora Guevarista Internacionalista; a las diversas fuerzas de izquierda, compañeras y compañeros marxistas que en Chile vienen trabajando por revertir la situación desfavorable que viven los explotados en el Cono Sur de Nuestra América; al Pueblo Mapuche que sigue en pie de guerra contra la incesante ofensiva colonialista del Estado burgués chileno; a los y las trabajadoras, estudiantes, pobres y oprimidos de estas tierras.

Presentamos a continuación un esfuerzo que busca sintetizar las discusiones que como Juventud Guevarista de Chile hemos venido elaborando y desarrollando durante los últimos meses, tanto en el plano internacional como el nacional, además de proyectar ciertas lecturas acerca de la coyuntura más reciente sobre la base del análisis trabajado previamente.

Las líneas que se presentan en seguida no tienen un fin meramente “intelectual” –mezquina sería nuestra intervención si fuera éste el único y principal objetivo-. La tarea que como organización política revolucionaria nos hemos propuesto es incorporar y profundizar las discusiones en las que distintas organizaciones de izquierda en Chile y el Cono Sur de América Latina han estado volcadas los últimos meses y años, buscando aportar al diseño de una política revolucionaria para enfrentar el actual ciclo de lucha de clases a nivel nacional y regional.

Juventud Guevarista de Chile

Marzo 2015


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1.                  Líneas generales de la coyuntura internacional[1]

 

“Y el día que estalló la crisis se lavaron las manos, fustigaron al comercio y la industria por su falta de previsión y cautela con discursos morales repletos de lugares comunes”

Karl Marx

1.1. Carácter de la crisis económica capitalista

El capitalismo atraviesa una de sus crisis periódicas más profundas desde su desarrollo monopólico y financiero. Si observamos el curso del capitalismo imperialista desde una perspectiva a décadas plazo, salta a la vista que ha quedado en el pasado la “Edad de Oro” del capitalismo, comprendida aproximadamente entre los años 1947 y 1973 -hasta la “crisis del petróleo”[2]-, marcada por toda una gran reactivación económica, industrial y comercial de Europa y el mundo post Segunda Guerra Mundial. Tampoco queda ya nada del Estado de Bienestar europeo de aquellos años, característico por ejemplo de la administración político-económica francesa. Desde la década del 70’ en más, la burguesía internacional solamente ha conocido una recuperación considerable de sus tasas de crecimiento durante unos pocos años en los 90’, de 1991 a 1998, que ni siquiera se asemejan a las exhibidas durante los 50’ y 60’[3] en el contexto que, producto de la disolución de la URSS, una exorbitante masa de fuerza de trabajo y de mercados se insertaban directamente en los circuitos económicos comandados por EEUU, Japón y las economías centrales de la Unión Europea –UE-, constituida justamente en medio de esta coyuntura mundial en 1993. Hasta que en 1997 se desata la gran crisis financiera de los “Tigres Asiáticos” que azota con particular fuerza a las economías dependientes, como lo fue en Nuestra América.

Ahora último, nada más una década después de la Crisis Asiática, conocida también como la crisis del Fondo Monetario Internacional, estalla en 2008 la “crisis subprime” -nótese la creciente frecuencia e intensidad con la que el sistema capitalista estalla en crisis-, explosión de la burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos que, a partir de la quiebra y clausura de bancos yankees –capital especulativo- se expande y arroja a la bancarrota al conjunto de las economías más débiles del bloque europeo -España, Grecia, Italia, Irlanda, Francia, Chipre y otros-, afectando negativamente a su vez el crecimiento de EEUU y las potencias capitalistas de la UE, incluso actualmente Alemania. Si bien en un inicio esta crisis tuvo el efecto de constreñir la expansión económica de los países del OCDE –las economías más dinámicas del eje o polo imperialista EEUU-UE-, los últimos semestres es reconocible que también el PIB del bloque BRICS[4] ha reducido su capacidad expansiva.

Huelga aclarar inmediatamente, no obstante, que este movimiento propio del capital financiero transnacional, de crisis especulativas, de sobreproducción[5], escasez de medios productivos o materias primas y disputa de mercados donde vender-exportar productos manufacturados, etc, en ningún caso conllevará una dinámica autodestructiva del sistema capitalista. En el “peor” de los casos, la pugna por el crecimiento monopólico conduciría –otra vez- a un escenario de conflagración interimperialista, cuyo resultado sea un reordenamiento del sistema capitalista con niveles superiores de concentración de capital –monopolio- que los del período anterior[6]. No existen las crisis económicas “terminales”; el capitalismo no sufrirá una hecatombe como producto del despliegue de sus propias lógicas internas, por el hecho de que el desarrollo permanente de las fuerzas productivas choque irreparablemente con las relaciones capitalistas de producción que las atrofian y presionan. De nuevo con Lenin, el capitalismo, sus regímenes políticos y sus gobiernos no caen si no se les hace caer, o más exactamente, el capitalismo sólo será destruido y superado a escala mundial gracias a la acción revolucionaria de los revolucionarios organizados del mundo.

1.2. Crisis, explotadores y explotados

Volviendo al análisis, los efectos de la crisis económica capitalista recaen sobre el proletariado mundial. Es sabido que en períodos de rotación del capital, los acomodos de las fuerzas productivas -con la consiguiente destrucción de las mismas- traen fatales consecuencias sobre la clase trabajadora mundial y sobre el medio de producción absoluto, el propio planeta. Como lo señalara Marx, la tendencia a la caída de la tasa media de ganancia y su respectivo ajuste en forma de medidas contrarrestantes de la burguesía a la crisis que imponen los Estados burgueses junto al mercado del capital[7], son factores de creciente pauperización del proletariado, la cual se expresa en el empobrecimiento –material y espiritual-, la expoliación y la súperexplotación aplicadas intensamente sobre la clase trabajadora, y en un cada vez más limitado acceso a los frutos de la producción y la riqueza mundial, es decir, a la plusvalía generada por la fuerza de trabajo de millones de trabajadores[8]. Asociado a lo expuesto anteriormente, los más afectados por la crisis han sido los trabajadores de las economías centrales, de Europa –España, Grecia y también en menor medida de los países más pujantes de la UE-, la clase trabajadora estadounidense y de otras naciones del OCDE. Sin embargo, con la desaceleración que padecen ahora las economías centrales del BRICS, cada vez más se hunde y desestabiliza el conjunto del proletariado mundial.

Mientras tanto, entonces, en medio de la dinámica del desarrollo desigual y combinado del capitalismo, la burguesía monopólico-financiera aumenta y robustece sus tasas de ganancia, todavía en períodos de crisis donde se profundiza la concentración monopólica. Sin embargo, aún con las exuberantes ganancias que las altas capas de la burguesía mundial no dejan de gozar, el capitalismo no encuentra salida a la crisis económica. Tanto es así que, lejos de revertir la crisis, los Estados y el equipo de organismos transnacionales al servicio del capital financiero -BM, FMI, OCDE, BCE, etc- ni siquiera han conseguido contener la expansión de la ola de desaceleración económica que azota al conjunto del Imperialismo.

1.3. Carácter del enfrentamiento inter-imperialista

Ahora bien, no podría comprenderse el desarrollo orgánico del sistema capitalista y el Imperialismo sin atender a la generación de un enfrentamiento inter-imperialista. Este enfrentamiento se produce, podríamos decir, entre el polo imperialista “Occidental”, conducido por Estados Unidos, la Unión Europea y los países miembros de la OTAN, y el polo imperialista “Euro-Asiático” conducido por la alianza Chino-Rusa y las naciones del BRICS.

Respecto al carácter del conflicto, en el ámbito económico ambos bloques o polos del Imperialismo presentan relaciones estables, pero en el geopolítico y geoestratégico se presenta inestabilidad y una tendencia al conflicto y la polarización. Para graficar esta dualidad, se da que todavía actualmente China es prestamista de EEUU para ayudarlo a cubrir su déficit fiscal, a la vez que se manifiesta una disputa por el intercambio monetario mundial –moneda internacional de cambio- entre el yuan y el dólar, la pugna entre las potencias por la acumulación de oro, etc. De este modo, ocurre que al interior del sistema imperialista, como sistema mundo unitario, totalizante, emergen dos grandes bloques capitalistas que pugnan lisa y llanamente por la defensa de sus propios intereses, en busca de su propio enriquecimiento y, con ese fin, tejen determinadas alianzas geoeconómicas, geopolíticas y geoestratégicas[9].

El enfrentamiento inter-imperialista y la actual configuración mundial del capitalismo se origina en el marco histórico del desarrollo y expansión económica experimentada por China durante los 90’ y de Rusia, Brasil, India y recientemente Sudáfrica desde los 2000’, ubicándose como países con industrias extraordinariamente diversificadas y poderosas, con elevada capacidad de manufacturación de productos –con valor agregado, por ende-, con un alto potencial de consumo interno -siendo que China recién comienza a explotar este potencial, pues gran parte de la clase trabajadora china no posee capacidad de consumo alguno- y con enorme poder dinamizador de la circulación de mercancías. No puede entenderse el verdadero carácter del conflicto sin considerar dicha dimensión del proceso histórico reciente del capital financiero, de irrupción de estas economías emergentes.

Aun así, somos claros en afirmar que EEUU continúa siendo el principal agente político hegemónico del Imperialismo global. Lo que sucede es que el “imperialismo Euro-Asiático” se está planteando muy seriamente, al menos desde hace una década, el avanzar en disputarle al “bloque Occidental” la hegemonía mundial; y en este sentido, una clave pasa por el control mundial de las economías dependientes, por ejemplo las de América Latina. China avanza a paso raudo en las relaciones “Sur-Sur” sobre África, Asia y América Latina, por ahora, afirmamos, principalmente sobre un plano geoeconómico y geopolítico, disputando mercados a través de los cuales comerciar y buscando un colchón de legitimidad política y diplomática.

1.4. Ofensiva económica, política y militar del imperialismo yankee

La ofensiva liberal iniciada en los 80’ bajo la directriz de las administraciones Reagan-Thatcher –EEUU y Reino Unido respectivamente-, la cual consiste en expandir mundialmente el patrón de acumulación neoliberal, es acompañada de toda una gran estrategia político-militar orientada a resguardar los dominios de influencia política y financiera conquistados a lo largo y ancho del orbe. Hoy día podemos afirmar que, después de casi una década de hegemonía unipolar yankee -1991 a 2001-, dos enormes crisis financieras mundiales -1997 y 2008- y la conformación de un Imperialismo que saliendo de una configuración “multipolar”[10] hoy avanza y se configura nítidamente como un sistema-mundo “bipolar”, lo cual determina una pugna inter-imperialista en ascenso, los EEUU y sus socios están luchando por profundizar su ofensiva económica y no echar pie atrás –es lo único que pueden hacer-, para lo cual necesitan emplear mayores recursos de violencia, hostilidad, intervencionismo y guerra conspirativa.

Para las naciones de la UE y el propio EEUU, está destinada una política de liberalización de la institucionalidad político-económica, lo que son, por ejemplo, las políticas de sujeción, reducción de los beneficios y prestaciones sociales que golpean a la clase trabajadora, lo que sus gobiernos llaman “medidas de austeridad”. Para América Latina, intervencionismo militar, bases militares operando en Colombia, Paraguay, México, Perú y otras zonas –Chile incluido-; conspiracionismo y golpismo contra el gobierno reformista de Maduro en Venezuela; apoyo diplomático y económico hacia gobiernos funcionales como los de la Alianza del Pacífico -Chile, México, Perú y Colombia-; o hacia Cuba, intento de acercamiento diplomático y de penetración en nuestra Isla de la ley del valor; en suma, sujetar bien firme su “patio trasero” militar, política y económicamente. Y para Medio Oriente, el norte de África y países de “Eurasia”, una combinación de derrocamiento de gobiernos “populares” e instalación de gobiernos “títeres”, lo que se pretendió hacer, con mayor o menor éxito, en Libia, Afganistán, Siria y Ucrania; el apoyo al Estado de Israel y la guerra contra el pueblo palestino en Gaza y Cisjordania; y una estrategia general de “balcanización” del Medio Oriente[11], buscando desestabilizar, fragmentar, atomizar y enfrentar entre sí a gobiernos, pueblos y cultos religiosos -diversas expresiones del islamismo, el judaísmo, el cristianismo, etc-. Dicha intervención ha traído como consecuencia el recrudecimiento de la violencia y la aparición de bandas y movimientos mercenarios, cuya expresión más clara es la existencia del autoproclamado Estado Islámico o ISIS[12].

En definitiva, el imperialismo yankee, a la cabeza del polo Occidental y la OTAN, se presenta más guerrerista que sus competidores imperialistas euro-asiáticos. Pero eso es por su disímil trayectoria, las fases que ha cursado y que atraviesa para convertirse en una potencia capitalista, los objetivos que debe conquistar y defender y los métodos principales que habrá de emplear para extender sus influencias políticas y económicas, que como ya dijimos, por ahora, colocan a China –y de algún modo, a Rusia- principalmente sobre el plano geoeconómico y geopolítico[13]. No podemos aventurarnos a señalar cómo se desarrollarán las contradicciones internas del Imperialismo los próximos años, pero lo cierto es que la alianza Rusia-China también tiene intereses en juego y va a luchar por ellos con todos los medios: se le ha visto hacerlo en Siria y también en Ucrania, por dar dos ejemplos. En el primero el gobierno de Bashar al-Asad no fue derrumbado, y en el segundo el gobierno golpista y fascista va paulatinamente desmembrándose, ganando territorios los revolucionarios independentistas, en desmedro de las aspiraciones de la Casa Blanca y el Pentágono[14].

1.5. Crisis política, resistencia, insurgencia y conciencia de clase

En todos los rincones del mundo vemos irrumpir movilizaciones de masas, obreras, campesinas, indígenas; estudiantiles, de cesantes; de liberación racial y resistencia frente a la violencia del aparato estatal, la invasión y el colonialismo. Lo vimos y solidarizamos con la lucha del hermano pueblo mexicano y las protestas contra la violencia racista en Estados Unidos, la lucha del pueblo oprimido de Haití, las movilizaciones de cesantes en Irlanda, España, Grecia, Italia; la lucha piquetera en Argentina y las movilizaciones obreras y estudiantiles en nuestro propio país, por mencionar sólo algunas. Todas estas manifestaciones de masas representan un descontento cada vez más generalizado y una reacción de rechazo contra las insoportables condiciones de vida que padecen los explotados, las cuales, como dijimos, empeoran más y más. No obstante, somos claros en declarar que no constituyen, en líneas generales, movimientos revolucionarios propiamente tales puesto que no se hayan orientados, en la mayoría de los casos, siquiera por una posición anticapitalista, y en su gran mayoría, mucho menos por los contenidos programáticos propios de la nueva sociedad, el orden social capaz de derrocar el capitalismo y superarlo, que para nosotros sólo puede ser el Socialismo.

Las excepciones más relevantes a este carácter pueden ser las guerrillas revolucionarias en Colombia, principalmente las lideradas por las FARC y el ELN; la guerrilla marxista del EPP en Paraguay; algunos sectores del movimiento guerrillero de liberación kurdo, sobre todo aquellos bajo la conducción del PKK; y todo el movimiento revolucionario al Este de Ucrania, que ha construido la República Federal de Nueva Rusia y continúa hoy liberando ciudades y regiones. Creemos, la razón fundamental por la que estos movimientos revolucionarios han podido marcar una diferencia cualitativa es que han logrado poner en pie organizaciones políticas fuertes, marxistas, combativas, experimentadas y con arraigo en las masas trabajadoras, que capitalizaran el descontento y la energía de las masas y las condujeran hacia la conquista del Socialismo. Tan clara nos parece esta relación que, por ejemplo en la Europa Occidental, al no existir una izquierda revolucionaria articulada con estas características, es la derecha reaccionaria y el fascismo –organizados en partidos y coaliciones políticas con cierto sustento y legitimidad social- quienes en mayor medida han podido capitalizar el descontento popular, así como la fuga de militantes del centro del espectro político -como ejemplo el Frente Nacional en Francia y Amanecer Dorado en Grecia-[15]. De esta dinámica general, corresponde aclararlo, escapa la Izquierda Abertzale de Euskal Herria, la cual ha logrado capitalizar el descontento político y social vasco por sobre cualquier grupo de centro o de derecha como el PP español o el PNV vasco, incluso por sobre el PSOE.

Por esta razón es que nos atrevemos a sostener que el capitalismo, como sistema global y como modo de producción mundial, a pesar de la profunda crisis económica, no atraviesa ninguna crisis de hegemonía, entendida como una crisis de la dirección intelectual, cultural y moral de la clase dominante sobre el conjunto de la clase dominada y los demás sectores subalternos. Más bien, ocurre que se encuentra ampliamente deslegitimado su sistema político, las diversas expresiones de democracia burguesa o liberal, o determinados regímenes políticos y sujetos -individuales y colectivos- integrantes del bloque político en el poder asociados a un “mal gobierno” o una mala administración -en Grecia, Italia-, o el conjunto de un sistema de partidos políticos carentes de representatividad sobre las masas, pero que no son esencialmente cuestionados por su contenido de clase –burgués- ni por el proyecto histórico que impulsan –el capitalismo-.

A partir de esta tensión, puntualmente refiriéndonos a las economías que sufren los grados más agudos de la crisis financiera, es que estaría en curso en algunos casos bien específicos -como lo hemos señalado, en Grecia- una crisis de dominación política, comprendida como la inhabilidad objetiva para conducir políticamente, mediante el régimen político burgués y sus instrumentos de consenso y mecanismos de fuerza, de manera combinada, al conjunto de la clase dominada y los sectores subalternos, pero cuya inhabilidad no se relaciona en esencia con un cuestionamiento del capitalismo como modo de producción, como patrón de acumulación de una clase sobre otra, sino más bien con una relación de desafección o desapego –subjetivo- de los explotados respecto a los instrumentos de dominación política de la clase dominante[16].

Como decíamos, el capitalismo no entrará en crisis en calidad de proyecto histórico de la clase burguesa mientras continúe subordinando al conjunto o a la inmensa mayoría de la clase trabajadora y los sectores subalternos; mientras no se produzca un divorcio subjetivo de los explotados en relación al proyecto capitalista como tal; mientras los explotados no consideren que otro sistema social radicalmente distinto, el Socialismo, es perfectamente necesario y posible; en fin, mientras no madure una conciencia de clase para sí del proletariado cargada con los contenidos programáticos esenciales del Socialismo, la nueva sociedad revolucionaria, el capitalismo seguirá en pie. Solamente sobre la base de un proletariado –o para ser justos, los sectores más avanzados y más dinámicos del proletariado- imbuido de dicha conciencia revolucionaria de clase, podemos hablar con propiedad del desarrollo de un movimiento revolucionario de masas que se disponga las tareas revolucionarias. Y sólo entonces, objetivamente, se vería amenazado y podría entrar en crisis la totalidad del bloque histórico y el proyecto capitalista.

 2.                  Crisis, bloque en el poder y objetivos históricos: análisis nacional

 

“Y, en tiempos revolucionarios, el enemigo nos obliga con especial apremio y rapidez a deducir conclusiones justas”

Lenin

2.1. Desaceleración económica y pauperización obrera

El desarrollo del comercio exterior y su reproducción ampliada de capitales teje hilos conductores hacia Chile y cada una de las naciones –particularidades-. La acumulación capitalista es un fenómeno que se presenta en su núcleo esencial[17] a nivel mundial; en este marco nuestro país no ha estado exento también de sumergirse en una dinámica de crisis económica, y a su vez, de suyo, de las medidas de contrarresto para el beneficio de las tasas de ganancia de la burguesía.

Actualmente la economía chilena atraviesa una tendencia a la baja, con un crecimiento anual cercano al 3% en promedio y en plena inestabilidad. A contrapelo de las estimaciones del Banco Central de Chile, lo que se avecina según estudios de la OCDE es una tendencia al menos hasta el 2016 de desaceleración del crecimiento, mantención de una baja capacidad de consumo de la población, disminución de préstamo exterior y aumento del endeudamiento, elevación de la inflación y, asociado a lo anterior, profundización de las relaciones de subempleo, subcontratación, externalización, etc, es decir, liberalización del patrón de acumulación[18]. De la mano con todos estos efectos, aumenta la pauperización de la clase trabajadora.

La relación de ofensiva del capital sobre el trabajo se ha expresado en nuestro país de forma bastante dinámica, atacando brutalmente sobre sectores pequeños pero relevantes de la esfera del capital productivo, como por ejemplo el sector de la pesca artesanal que de hace unos años, con la aprobación de la Ley de Pesca -”Ley Longueira”-, ha visto literalmente expropiado su medio de producción, y así con una lista interminable de pymes aniquiladas por la concentración monopólica; en la producción misma o en sus áreas estratégicas -forestal o agroindustria, pesca salmonera, minería, construcción, montajes industriales-; como también se ha presentado en las esferas de la distribución –aquí juega un papel también estratégico el sector portuario- y el consumo -retail, servicios basureros, peonetas de Coca-Cola, etc-. En estos sectores, de manera desigual y combinada, se han venido desarrollando importantes experiencias de lucha y resistencia ante la decisión de la patronal burguesa de intensificar la explotación sobre la clase obrera, produciendo y generalizando un salario precario que alcanza más de la mitad de la población, que como indica la Fundación Sol no alcanza los 300 mil pesos líquidos.

2.2. Carácter histórico del nuevo ciclo de lucha de clases en Chile

Esta ola de resistencia y movilización de las masas explotadas, producto de la relación antagónica entre el capital y el trabajo, se ubica en un marco histórico concreto. Como ya hemos señalado en varios análisis y discusiones anteriores, afirmamos que hace aproximadamente 15 años atrás, ahí por la segunda mitad del gobierno de Frei Ruiz-Tagle –año 96-98-, se ha abierto y se viene desarrollando un nuevo ciclo de lucha de clases, caracterizado por el inicio de una tendencia ascendente, irregular y desigual, de movilización y resistencia de masas, es decir, por la reactivación de la movilización de masas. No obstante, este ciclo se halla radicado al interior de un periodo de estabilización de la lucha de clases inaugurado a partir más o menos del año 86’ con la constitución del nuevo bloque histórico, el cual condiciona todavía en gran medida que, pese a la lucha y la lenta maduración de la conciencia de los explotados, el control general del Estado y los instrumentos de poder político con sus orientaciones fundamentales, el modo de producción, la hegemonía –recuérdese, dirección cultural- y la iniciativa estratégica en la confrontación de clases sigue estando en manos de la burguesía y el bloque dominante, en contra de los trabajadores y la clase dominada. Si la clase obrera y los oprimidos resisten y combaten relativamente más o menos, como regla general del período estas luchas logran ser constreñidas por los ricos y poderosos en el margen de la lucha exclusivamente reivindicativa, a la vez que conducidas, cooptadas o simplemente reprimidas bajo el poder del Estado de la burguesía y su régimen de dominación.

Pues bien, este nuevo ciclo de la lucha de clases se origina allí en la segunda mitad de los 90’ en el contexto de un agotamiento del patrón de acumulación neoliberal y el cese de un ciclo de crecimiento económico nacional y mundial del capitalismo. La globalización del patrón de acumulación neoliberal entrando los 90’ y la híper-liberalización –como nunca antes se había visto- del modelo económico y de explotación chileno permitieron que la todopoderosa burguesía monopólico-financiera “chilena” asociada al capital transnacional se enriqueciera extraordinariamente a partir de la exportación de mercancías “en bruto” o materias primas –concentrado de cobre principalmente, pero también otros como frutas en general o productos de pescado- a América del Norte, la Unión Europea, Japón y, en menor medida por ese tiempo, la emergente economía China. Pero este respiro de la acumulación capitalista fue de corto aliento y para finales de la década, como explicábamos arriba, las economías emergentes asiáticas estallan en crisis, arrastran consigo a las economías dependientes del mundo y también se disminuye la capacidad expansiva de las economías centrales.

En este contexto, para decirlo brevemente, el mercado chileno vende menos y a menor precio, impactando negativamente el crecimiento nacional y –en principio- las tasas de ganancia de la burguesía. La burguesía monopolista “chilena”, en este escenario, toma la decisión de no desarrollar las fuerzas productivas, no industrializar, no manufacturar los productos exportados y no agregar valor a las mercancías producidas en territorio nacional -proceso el cual podría haber conducido a una segunda fase del patrón de acumulación neoliberal-, de manera que la única alternativa que le queda, para mantener o elevar sus tasas de ganancia, es profundizar los mecanismos rentistas para la extracción de plusvalor sobre el trabajo, cosa de obtener una renta rápida, inmediata; aumentar la explotación, expandir los mecanismos de súperexplotación y tercerización, “flexibilizar” la relación de explotación, liberalizar todavía más el patrón de acumulación, consagrando y acentuando su carácter parasitario. Como vimos, esta es una tendencia que hasta el día de hoy se mantiene perfectamente inalterada y explica las dinámicas centrales de pauperización del trabajo asalariado que azota y estrangula actualmente a la clase obrera.

Dicho desarrollo histórico, entonces, caracterizado por la ofensiva burguesa sobre la clase trabajadora, constituye una condición objetiva, un suelo material donde se siembra el descontento, la rabia y la desesperación de los explotados y oprimidos, que temprano o tarde florece como lucha contra los explotadores. Pero no son solamente las condiciones económicas, propias del modelo de explotación, las que posibilitan la apertura de un nuevo ciclo de movilización obrera y popular. También ocurre que ha entrado en escena, desde la conformación del nuevo bloque histórico, un Estado, un régimen político y un modelo de dominación extraordinariamente excluyente, restringido, de democracia burguesa restringida, que sistemáticamente tiende a rechazar las demandas obreras y populares y es incapaz –objetivamente- de absorberlas globalmente; un régimen político que, hasta el día de hoy, tiende a hacer predominar los mecanismos de restricción, expulsión y violencia sobre los dominados y la izquierda –carácter policial y contrainsurgente del Estado- antes que los mecanismos de integración y consenso.

Por ende, se consagra post-dictadura una institucionalidad burguesa de democracia restringida que funda una relación de expulsión y negación de las necesidades y demandas del pueblo trabajador. Dicha relación, agudizada a raíz de la Crisis Asiática, promueve –lentamente- el sumergimiento de la institucionalidad política en un espiral de desprestigio y descrédito por parte de las masas y la sociedad civil, empujándolo a una creciente crisis de legitimidad, tendencia que fue catalizada, a su vez, por la aparición pública de innumerables casos de corrupción cuyos protagonistas eran representantes del Estado y el sistema de partidos políticos, como sigue sucediendo en la actualidad. La crisis de legitimidad se sujetos e instituciones del aparato político que hoy día se agudiza con los casos Penta, SOQUIMICH, Dávalos, etc, hunde sus raíces por ese período, finales de los 90′, crisis económica, cesantía masiva, hambre para el pueblo y negocios turbios y arreglines para los agentes del poder político.

Pero, finalmente, tampoco las condiciones económicas y políticas de explotación, exclusión y opresión determinan por sí solas, mecánicamente, la reactivación de un movimiento de masas. Entran en juego otras relaciones de naturaleza histórica, cultural, subjetiva; por nombrar las principales: la segunda derrota estratégica sufrida por la izquierda y el pueblo trabajador con la transición pactada a la democracia, trajo consigo una particular dispersión de nuestras fuerzas, una atomización orgánica que ha obstaculizado “estructuralmente” los procesos de rearme, unidad y convergencia de las fuerzas clasistas y de izquierda, lo que se relaciona directamente con la ausencia de referentes revolucionarios fuertes y articulados que logren capitalizar, sintetizar y orientar el impulso movilizador, sin los cuales es muy difícil que la lucha de masas avance a estadios superiores de confrontación de clase; una dispersión o descomposición teórica e ideológica, asociada fundamentalmente a la pérdida y el envilecimiento del marxismo –entendámoslo como un fenómeno regional y mundial, en medio de la fatal caída de los “socialismos reales”-, rebajando obviamente la calidad de la izquierda chilena y su capacidad para analizar la realidad, entender su movimiento y direccionar una política revolucionaria, así como para emplear métodos de trabajo adecuados -leninistas- e incluso desarrollar una conducta ética revolucionaria; y una fragmentación social que ha calado profundamente en la subjetividad de las masas, impuesta por las relaciones sociales de producción capitalistas de un modelo híper-liberalizado e híper-competitivo, que de igual forma aleja a las masas de la actividad política, embruteciéndolas y sumiéndolas en la más desgarradora ignorancia.

El conjunto de estos elementos ha condicionado de una u otra manera que el proceso de reactivación de masas del que hablamos, propio de este ciclo de enfrentamiento de clases, ha resultado enormemente irregular, lento, pedregoso y desigual, combinando los momentos de flujo de la lucha con momentos de marcado reflujo. Y así se presentó, por razones de orden histórico, que fuera el movimiento mapuche a finales de los 90’ uno de los primeros en levantarse con fuerza contra el Estado, las forestales y los terratenientes, evidenciando niveles de radicalidad y violencia de masas solamente vistos en los momentos más álgidos de la resistencia contra la última dictadura militar. Así también la lucha de los trabajadores forestales, que desde temprano abrieron una verdadera escuela de lucha radical para los trabajadores, donde cayera acribillado Rodrigo Cisternas, o el movimiento estudiantil que se manifestara con inmensa fuerza los años 2001, 2006 y 2011, constituyéndose, hasta ahora, como el sector más dinámico del movimiento de masas.

Nos importa destacar en este punto que, más allá del largo historial de luchas, es recién a partir del año 2011 que podemos hablar de la conformación de un movimiento de masas propiamente tal, con la incorporación de nuevas y amplias capas y sectores de la clase a la movilización e, incipientemente, a la actividad política: pobladores, movimientos territoriales, sindicales y obreros quienes, acaudillados por el ejemplo estudiantil, van radicalizando y politizando sus posiciones, esto quiere decir, van madurando su conciencia. Expresiones emblemáticas relacionadas con lo anterior fueron las movilizaciones populares en Magallanes, Aysén, Freirina y Dichato, provocadas por el carácter centralista del Estado chileno y las políticas de los gobiernos que afectan la calidad de vida de las masas trabajadoras de provincias, como también por el deterioro, escases y sobrexplotación del agua y otros recursos vitales, como vemos hoy por hoy en Caimanes. En todos estos casos resalta, como características fundamentales del ciclo de luchas en general, la masividad –que lógicamente en momentos de reflujo disminuye- la violencia y la radicalidad espontánea de masas; además, que gozan de una simpatía y aceptación social prácticamente generalizada; y por último, que las luchas se están desarrollando básicamente de forma independiente a la institucionalidad política burguesa, por su costado, en medio de una irreversible crisis de legitimidad.

2.3. Crisis hegemónica del bloque en el poder

Todo el proceso recién descrito, donde intentamos caracterizar la presente fase de la lucha de clases, comprende en su esencia una dimensión que conviene desarrollar con especial acento. El ascenso de masas y la acumulación de experiencias de lucha, preferentemente empleando métodos radicales e independientes a la institucionalidad burguesa, madurando –poco a poco- una conciencia de clase, junto con el desgaste del patrón de acumulación y el régimen político, implica que comienza a desestabilizarse la hegemonía de la burguesía y el bloque dominante sobre el proletariado y las fracciones subalternas. En un primer momento dicha desestabilización significó que se abrían pequeñas fisuras en la hegemonía burguesa, que empezaba a desgastarse, y esto se manifestó de forma que el régimen político de las clases dominantes era remecido por una crisis de legitimidad, que el sistema de partidos políticos del bloque en el poder sufría una crisis de representatividad, es decir que iba perdiendo la capacidad de establecer una relación de consenso entre el Estado y las masas trabajadoras, y que la institucionalidad política padecía una crisis de participación de masas, todo lo cual, a la larga, horada las bases sociales que necesita el bloque en el poder para conservar la estabilidad del bloque dominante.

No tenemos espacio para desarrollarlo exhaustivamente, pero sostenemos que estas expresiones de desestabilización de la hegemonía –crisis de legitimidad, representatividad y participación del régimen político y el bloque en el poder- se fueron ahondando cada vez más. En un clima de relativa conflictividad social y movilización ascendente, de creciente desprestigio hacia instituciones estatales –el parlamento, ministerios y ministros, partidos políticos, etc- y privadas asociadas al capital monopolista –por ejemplo los bancos, las AFP e ISAPRE’s-, de disminución ostensible del crecimiento del PIB –con ciclos de aguda desaceleración- y de cada vez más visibles y escandalosos casos de corrupción que comprometían a las máximas autoridades del Estado, fue posible que se generaran fisuras y contradicciones inter-burguesas representadas al interior del régimen político, tendiendo a la pérdida de la capacidad unitaria entre las distintas coaliciones, bloques y fracciones políticas representadas en el Estado, así como entre los representantes políticos de la burguesía y sectores burgueses propiamente tal, sin actividad política formal.

De nuevo, las mismas situaciones que vemos hoy día con los turbios negocios ligados a PENTA –UDI-, el caso “Dávalos” y la sociedad Caval, la Nueva Mayoría y SOQUIMICH, el llamado “yate-GATE”, etc, tienen que ver precisamente con esta dinámica abierta al menos desde el gobierno de Lagos. Entendamos que todos estos casos, que se producen, en esencia, por una imbricación orgánica entre el Estado y el capital financiero, aparecen a la luz pública de manera cada vez más reiterada y cada vez más hiriente para el prestigio del sector que se desnuda, debido a que un sector político se hace zancadillas con el otro. Observemos que es la Alianza la que ejecuta las investigaciones de los casos contra la Concertación-PC y viceversa, aportando los abogados y todo tipo de especialistas, querellándose personalmente los parlamentarios de una y otra coalición para denunciar el fraude descubierto a su contrincante. ¡Esto no habría ocurrido a inicios de los 90′! Y no se explica solamente por “tontera” o por no entender bien el contenido de las tareas históricas que les corresponde como clase en el poder –aunque en gran medida sí-, dado que por supuesto la crisis de legitimidad afecta por igual al conjunto del sistema político y sus partidos representantes, sino porque objetivamente hay una posición política que tiende a distanciarse de otra: se agudizan las contradicciones al interior del bloque en el poder.

Y al día de hoy, afirmamos, el conjunto de este proceso ha madurado y conducido a la apertura de una crisis hegemónica propiamente tal del bloque en el poder. La magnitud y la calidad de la relación de desafección política que la clase trabajadora y los sectores subalternos presentan hacia el aparato de Estado, sus instituciones, sus instrumentos de dominación y los sujetos de la sociedad política, y la relación de directa insubordinación política y subjetiva de los sectores más dinámicos y avanzados de la clase, colocan al bloque en el poder en una situación de impotencia para dirigir y conducir sobre el conjunto de la sociedad, la política de Estado que la burguesía monopólico-financiera y el bloque dominante requieren para dar continuidad y consistencia estratégica al proyecto capitalista.

Para comprender cabalmente la naturaleza de la crisis hegemónica del bloque en el poder, es necesario visualizar al menos las más importantes de sus aristas o manifestaciones. En primer lugar, en Chile se expresa la ausencia de un agente político hegemónico del bloque en el poder y el conjunto del bloque dominante, es decir, una pieza o un bloque político capaz de dirigir y conducir el proyecto histórico de la burguesía en el ámbito táctico y estratégico, como lo hizo la Concertación durante cerca de diez años desde el fin de la dictadura. El desgaste y consiguiente derrumbe del agente político hegemónico es un proceso que inicia con fuerza desde la segunda mitad del gobierno de Frei, se desarrolla durante los gobiernos de Lagos y Bachelet y se acelera y profundiza considerablemente en el gobierno de Piñera, lo cual se explica, básicamente, por la ausencia de un apoyo mayoritario de masas -puesto que ganó la derecha más gracias a un “voto de castigo” a la Concertación que por creer que en ella hubiera una propuesta política convincente, y la muy desafortunada apuesta de la Concertación por un viejo y deslegitimado Frei-hijo-; la asociación perfectamente instalada en el inconciente colectivo del pueblo chileno entre la derecha, Pinochet y la dictadura; la opción de la derecha por gobernar mediante una política “tecnócrata”, sin entender el verdadero carácter de la crisis de hegemonía, suponiendo que el problema son las “cifras y los índices económicos”; y sobre todo, la erradísima decisión de pretender reprimir e ignorar el movimiento de masas en lugar de intentar cooptarlo.

Bachelet y la Nueva Mayoría, ahora en su segundo gobierno, no logran constituirse nuevamente como un agente político hegemónico. A su vez, se va desarrollando una crisis orgánica[19], divorcio subjetivo entre el sistema de partidos políticos y la clase dominada. Y además, dicha crisis orgánica afecta y sumerge igualmente al Partido Comunista, que hoy día prácticamente no dirige ni conduce la movilización de masas, como debiera hacerlo, hacia el programa de la Nueva Mayoría –excepto tal vez en la Región Metropolitana, donde se mantiene un poco mejor posicionado a nivel gremial y sindical-, sino que se limita, a lo sumo, a contener la lucha que escapa de su control. Solo parcialmente, Revolución Democrática, Izquierda Autónoma, UNE, FEL e Izquierda Libertaria vienen a suplir al Partido Comunista en su función íntegramente reformista –más pequeñoburguesa o más obrera-, una vez que éste hubo girado ya por entero –al menos en sus direcciones- a la socialdemocracia. Dicho sea de paso, tamaño giro por completo claudicante casi no ha provocado fricciones ni quiebres importantes al PC, lo cual solo puede entenderse reconociendo que éste es un proceso que viene incubándose hace tiempo atrás, hace unos 10 años al menos ahí por el deceso de Gladys Marín.

Valga aclarar, finalmente, que la crisis político-orgánica del bloque en el poder y su crisis de hegemonía no se ha desarrollado, todavía, como una crisis de dominación política del bloque dominante. Para que tal relación se hiciera realidad sería necesario, al menos, que la desafección hacia el sistema político se manifestara como rechazo directo contra el mismo en capas cada vez más extendidas de la clase trabajadora; además, que los sectores de masas avanzados y movilizados continúen madurando una conciencia de clase para sí, elevando cualitativamente el carácter del enfrentamiento; que la clase obrera movilizada conquiste la conducción del movimiento de masas, en relación al contenido y la proyección política de sus demandas; que la franja de vanguardia de la clase obrera difundiera una concepción de hostilidad hacia el capitalismo y su Estado; y entonces, que las contradicciones al interior del bloque en el poder se desarrollen a tal punto que se inicie propiamente un resquebrajamiento del aparato político. Recién en ese caso estaríamos en presencia de una crisis política de dominación. Por ahora, tenemos una crisis orgánica en curso y una crisis hegemónica del bloque en el poder que afecta la estabilidad del bloque dominante.

2.4. Contradicciones, objetivos de la Nueva Mayoría y carácter de sus tareas

Como veíamos, en el actual concierto de la lucha de clases en Chile se desarrolla una crisis hegemónica que golpea al bloque dominante y lo desestabiliza, concentrándose sus efectos sobre el bloque político en el poder y el régimen político, en ausencia de un agente político hegemónico embestido de la habilidad objetiva para subordinar a las clases subalternas, y en presencia de un movimiento de masas conformado como tal, respaldado por una amplia simpatía movilizadora, acumulando consistentes experiencias de lucha y madurando subjetivamente. En este contexto, la burguesía necesita y exige al bloque político en el poder el cumplimiento de dos objetivos simultáneos: a) recuperar las tasas de ganancia y el ritmo de crecimiento económico de la primera mitad de los 90’, recomponiendo y estabilizando las condiciones de acumulación capitalista para los capitales internacionales y nacionales, al mismo tiempo que b) recuperar la estabilidad de la dominación de clase, restaurando una relación social ampliamente favorable a los explotadores donde los dominados se dejen explotar tranquilamente a antojo de sus patrones, es decir, recomponiendo la hegemonía burguesa.

Obviamente, de acuerdo al análisis que hemos hecho, según el cual los explotados pujan por cambios favorables en sus condiciones de trabajo y de vida bajo una dinámica de movilización instalada, a su vez que el patrón de acumulación neoliberal no tiene otra salida para estabilizarse que pauperizar cada vez más las condiciones de existencia de la clase obrera, entre ambos objetivos media una contradicción insoslayable. Según pensamos, ésta constituye una contradicción esencial de la presente fase de la lucha de clases a resolver por el bloque dominante. Desde los períodos de gobierno Frei-Lagos en adelante, no ha habido gobierno a la cabeza del Estado capaz de engordar los bolsillos de los burgueses en un clima-relación de estabilidad social, y no lo habrá tampoco hacia delante. Esta contradicción, que proyectamos se seguirá agudizando a lo largo de todo el mandato de Bachelet, se volvió especialmente crítica desde su primer gobierno, donde el índice de crecimiento económico se hundió en cifras bajísimas -negativas, -1,5% del crecimiento nacional anual para el 2009-, a la vez que incrementaba la conflictividad social, y en el gobierno de Piñera, donde si bien el crecimiento del PIB anduvo en promedio por sobre el 5,5%, la activación de la lucha de masas se encumbró a niveles no vistos en Chile hace 25 años.

Éstas, las tareas esenciales a resolver por el bloque en el poder, pueden sin embargo ser abordadas de distintas formas. Las alternativas generales que presentan, de acuerdo a nuestra lectura, son tres: a) ceder, en alguna medida, frente a las presiones y demandas populares, aceptando transformaciones contundentes al régimen político y el modelo de explotación, con todas las consecuencias económicas y políticas que aquello conllevaría, peligrando importantes capitales invertidos en áreas estratégicas y permitiendo la irrupción masiva al interior del régimen político de sectores críticos al modelo y al sistema; b) profundizar el modelo de explotación, liberalizando aún más el patrón de acumulación y satisfaciendo las exigencias de la gran burguesía, al tiempo que cerrar el paso a las reivindicaciones de masas, negando la posibilidad de reformas importantes en el ámbito político y económico y acudiendo a diversos medios de represión y coerción sobre las masas movilizadas, las organizaciones políticas y sindicales, los dirigentes más avanzados y los militantes de izquierda; e c) intentar ampliar y flexibilizar levemente el régimen político, retrocediendo en el modelo de democracia restringida y cediendo parcialmente ante las demandas populares, procurando reducir al mínimo el impacto negativo que esto pueda conllevar sobre el sistema político y económico capitalista.

No está de más recalcar que las tres alternativas expuestas son perfectamente reales. La primera es la alternativa que impulsa el sector parlamentario más progresista, Revolución Democrática, Izquierda Autónoma y diputados y senadores independientes, e incluso sectores del propio gobierno, algunos elementos del lote Allendista del PS, etc, que se inclinan por una apuesta reformista o socialdemócrata propiamente tal. Pero no hay que profundizar demasiado para concluir que las posiciones del gran poder político y económico, los dueños del poder y la riqueza, no van y no pueden ir por este camino, jamás arriesgarían sus negocios y privilegios, etc, por lo que se descarta de plano. La segunda, un poco más viable todavía, es la posición de los sectores más recalcitrantes de la derecha, los Moreira, los Novoa, Labbé, Zalaquett, Pérez de Arce, Hasbún, Mattei incluso, orgullosos pinochetistas, melancólicos que piden al gobierno y el Estado “mano dura” contra todo aquel que ose cuestionar su sistema de dominación y explotación. Pero este sector también es minoritario –incluso dentro de la propia derecha-, y al interior del bloque en el poder todavía está inscrita con fuerza la máxima de “nunca más” volver a un régimen autoritario, militarizado y represivo. No cuentan, por lo demás, con bases sociales ni aprobación de masas para sostener dicha política que es masivamente impugnada por la subjetividad del pueblo chileno. La alternativa, entonces, que ha adoptado la Nueva Mayoría y el bloque en el poder para atender a las necesidades de estabilidad del bloque histórico, es precisamente la tercera de las presentadas.

Así trazada la pista, es la Nueva Mayoría, Concertación ahora con la incorporación a la coalición del Partido Comunista, el agente político llamado a encabezar las tareas históricas de la burguesía y el bloque dominante. De hecho, la burguesía monopólico-financiera, el grupo Luksic y los grandes capitalistas de este bloque dominante, juegan esta carta apostando directa y financieramente por Bachelet y la Nueva Mayoría. Por si las dudas, entre paréntesis, esta relación explica por completo el encadenamiento de la situación con la nuera de la Presidenta, el caso Dávalos y el movimiento crediticio hacia la familia Bachelet, generosamente concedido por el mismísimo Andrónico Luksic. Pues bien, lo que realmente sucede es que la burguesía monopólico-financiera le está reclamando a la Concertación un antiguo “contrato”, un pacto concertado hace casi tres décadas cuando, en el origen mismo de la constitución del nuevo bloque histórico, la Concertación de Partidos por la Democracia se ubicó como el agente político hegemónico a la vanguardia del proceso refundacional del capitalismo. Fue así a través de los años y las décadas, y los cuatro breves años en que la derecha gana el Ejecutivo no rompe la vigencia de esta relación, sino que viene a confirmar la tendencia de que el bloque dominante se ha quedado sin ningún referente político habilitado para imponer los criterios dominantes sobre los explotados y oprimidos –eso es lo único que explica que la derecha haya ganado la elección pasada-. Como explicábamos, la situación es que la Nueva Mayoría se posiciona como el principal agente político en el poder –en el Estado-, pero sin hegemonía sobre la sociedad civil.

Entonces, transcurrido ya el primer año de gobierno de Bachelet, sobre el cual contrastar nuestros análisis y realizar ciertos balances, podemos ratificar una tendencia general de la política de gobierno hacia flexibilizar y ampliar levemente el régimen político, cediendo parcialmente ante la aspiración popular por “participación” –frente a la existencia actualmente de un estadio de conciencia democrático-reivindicativo de las masas- y retrocediendo, también parcialmente, en el modelo de democracia restringida, a condición de preservar los pilares mismos del modelo de dominación, lo cual se evidencia clarísimamente en la iniciativa ya ejecutada por eliminar el sistema electoral binominal -nótese, la que era una de sus propuestas pilares de campaña-.

Más concretamente, el contenido táctico –sobre las masas- que ha adquirido la política del gobierno comprende, según vemos, una serie de dimensiones que operan interrelacionadas y constituyen una unidad. En primer lugar, la cooptación política de las demandas y aspiraciones del movimiento de masas, moderando sus contenidos esenciales –radicales-, tergiversándolos, mutilándolos, etc. De la mano con la contención del movimiento de masas en ascenso, particularmente sobre sus capas más avanzadas, dinámicas y activas –las que son una verdadera amenaza para los ricos y poderosos- contrayendo su radicalidad, su carácter confrontacional y su actividad independiente de la institucionalidad burguesa. Y de aquí se pueden desprender un par más, que serían la persecución y represión selectiva de los dirigentes y militantes –o agrupaciones, organizaciones sindicales, etc- más avanzados, que no sea posible subordinar e integrar a los cauces institucionales, y que por tanto promuevan dinámicas de enfrentamiento, descabezando referentes, desaforando dirigentes sindicales, etc, como se vislumbra claramente con la reforma laboral en trámite; y la integración de sectores políticos que anteriormente eran expulsados del régimen político, de carácter minoritario y posicionados a la izquierda de la coalición concertacionista tradicional, moderados, reformistas y socialdemócratas de todo cuño –Revolución Democrática, Izquierda Autónoma, UNE, FEL, por ejemplo- ahora podrían, a partir de la reforma efectuada al sistema electoral, ir ingresando sin mayores dificultades al parlamento.

2.5. Gatopardismo[20] de la política de Estado

Valga, sobre las tareas tácticas que asume la Nueva Mayoría, observar que el bloque en el poder necesita actualmente, dada una importante activación radical de masas, demostrarle a la sociedad civil y a los movilizados que el régimen político está disponible para “todas las opiniones” y que todos pueden ingresar en él y participar, pero para eso hay que acatar sus reglas clasistas, burguesas; los que no lo hagan, van a ser golpeados con la fuerza del Estado y sus instrumentos. Una cosa esencial que hace la reforma laboral en curso, a propósito de lo señalado, es legalizar la represión de la huelga y los trabajadores que luchan. Los Boric, los Jackson, los Sebastián Farfán y Daniela López, entonces, son “niñitos y niñitas ejemplares”, cumplen objetivamente ese papel.

Por lo demás, desde las elecciones ante-pasadas -2009- la Concertación ya está de hecho empleando –y lo seguiría ocupando sistemáticamente- el mecanismo del “pacto por omisión”, que es efectivamente una especie de “resquicio legal” del sistema electoral binominal que permite la integración parlamentaria del Partido Comunista y, en esta última elección, de Izquierda Autónoma y Revolución Democrática; entendiendo que el sistema binominal es un sistema de naturaleza centrípeta, diseñado para expulsar de la institucionalidad a los comunistas y a la izquierda, y eventualmente también a la “ultra-derecha”, fascistas, neo-nazis, etc, -o sea, tiende a presionar el eje de gravedad político hacia el centro y expulsar los “extremos”- de hecho ya no estaba funcionando.

Y por último, los cambios realizados recientemente al sistema electoral –y por ende, a la configuración parlamentaria y de otras instituciones del Estado- implican que el número de diputados y senadores asciende -los diputados aumentarán de 120 a 155 y los senadores de 38 a 50-, aumentando todavía el número de parlamentarios para la Concertación+PC y la Alianza, creciendo la representación para regiones y provincias –descentralización- y, lo que nos importa destacar, incorporando a nuevos sectores políticos que deberán, como condición obligatoria, subordinarse a uno de los dos grandes conglomerados –Concertación y Alianza- por medio de una alianza política. Se genera de este modo un modelo “binominal ampliado” o, como lo han calificado los propios especialistas, un “proporcional moderado”, de forma tal que, como apuntamos arriba, se protegen y se conservan intactas las bases fundamentales del modelo de dominación.

La relación desarrollada nos habla de un régimen político de dominación que sienta su naturaleza excluyente, restringida y protegida, en buena medida, sobre su carácter centrípeto, que tiende a concentrar los ejes de gravitancia política hacia el centro, dentro del binominal –o bien ahora, con un binominal cuyas coaliciones se rodearán de pequeños satélites- y nada fuera de él. Todo lo que está fuera constituye una potencial amenaza para el modelo. De lo cual se desprende que el conjunto de la toma de decisiones políticas y la búsqueda de salidas a la crisis político-orgánica de la clase dirigente, requiere encontrar puntos de convergencia, puntos de común acuerdo entre la Concertación y la Alianza, y no solamente entre ellas, también con otros grupos, instituciones y sujetos del bloque en el poder y el bloque dominante -como los representantes de la CPC y todas sus derivaciones-, quienes no tienen otro medio de aportar estabilidad al régimen de dominación que manteniendo la unidad. Por eso, por más que Bachelet, Elizalde, Peñailillo, Andrade, Vallejo y Cariola vociferen contra la derecha –pero nunca contra los grandes grupos monopólicos-, es imposible que el programa de reformas del gobierno pase por encima de la Oposición y de los dueños del capital monopólico-financiero en vinculación con el capital transnacional.

La conclusión política más relevante que extraemos de lo anterior es que las reformas al modelo político y económico emanadas desde el gobierno no van a ser otras que las que las capas dirigentes del bloque dominante estén dispuestas a pactar, más o menos dentro del marco de la alternativa política para la fase que ya mencionamos arriba, y no va a ser posible “jalarlas hacia la izquierda” por más que intentemos participar en la definición de sus contenidos. Esto es algo que hemos intentado hasta el cansancio hacerle entender a los compañeros del “bloque de conducción” del movimiento estudiantil, Izquierda Autónoma, FEL y UNE, y otros sectores vacilantes, que la reforma educativa y los demás proyectos de reforma no son inclinables hacia la izquierda y el “progresismo” en detrimento de las posiciones conservadoras y “derechistas” del bloque político en el poder, sino que, de nuevo, sus contenidos políticos y su carácter de clase será exactamente el expresado arriba, en función de las necesidades de la burguesía, su Estado y su gobierno.

Y claro que el gobierno podría entregarle al movimiento de masas una que otra concesión parcial –esté en el Programa o no-, eso lo hemos dicho, forma parte esencial de su apuesta de contención y cooptación, pero a cambio de sacrificar las demandas más elementales que conforman el corazón de las luchas de los trabajadores, pobladores y estudiantes de nuestros diez y quince últimos años de historia, que son las que se relacionan con la esencia de la acumulación capitalista en el período actual –la súperexplotación, tercerización, pauperización, pérdida de beneficios y protección para la clase obrera- y son, por ende, las mismas que golpean directamente al gran capital financiero. Por eso, cualquier tentativa de jalar a la izquierda las reformas del gobierno y el Estado, comprometiendo una actitud proactiva y colaborativa en la construcción de las reformas mismas, significará aportar legitimidad de masas a la institucionalidad de la burguesía y coadyuvar a su proceso de recomposición hegemónica.

2.6. Nueva Mayoría, reformas y escenario político actual

En función de todo el análisis desarrollado, podríamos pensar que, a primera vista, los objetivos concretos de la Nueva Mayoría no son tan complejos, o bien, que resultan perfectamente razonables y realizables. Es ajustar, mediante la ingeniera de la institucionalidad burguesa, determinados fenómenos que se han tornado disfuncionales para la dominación de los ricos y poderosos, porque son aberrantes, insoportables y humillantes para la sociedad civil. Por ejemplo, instalar mecanismos de apertura parcial del sistema político –para que ingresen sectores moderados del movimiento de masas-; atender a la crisis educativa, hacerse cargo de la calidad de la educación, las condiciones laborales docentes y elevar “estructuralmente” el aporte financiero; despojar al régimen político de algunos de sus resabios conservadores –los “enclaves autoritarios” de los que habla Manuel Garretón- como el sistema electoral binominal, o políticas relacionadas con la despenalización del aborto y la legalización del matrimonio igualitario –entre parejas del mismo sexo-; ajustar las condiciones laborales, subir el sueldo mínimo y combatir las políticas y prácticas anti-sindicales; desarrollar un sistema digno de salud pública; elevar la recaudación impositiva hacia las grandes empresas; resolver los problemas de centralismo del Estado de Chile, etc. Todo esto asimilando las reivindicaciones emanadas desde el movimiento de masas y sus organizaciones sindicales y políticas, conteniendo y aislando su ala radical. Y con ello, nótese, no se altera una pieza de la acumulación capitalista, y aún más, se re-anima y re-dinamiza.

Pero esto es sólo la apariencia, lo fenoménico; el complejo de la realidad no es tan simple. El desgaste endógeno de la hegemonía burguesa no es como las grietas del muro de una casa que se sellan con estuco. En la dinámica de la lucha de clases operan un conjunto de contradicciones que es necesario develar –mediante el análisis dialéctico- para acceder a sus verdaderas relaciones. Y en este caso lo que nos encontramos es con una derecha, una Democracia Cristiana –sus sectores más conservadores- e incluso los elementos más conservadores del PS encabezados por Escalona, y con gremios empresariales, asociaciones y grandes grupos económicos que se han manifestado más resistentes ante las iniciativas reformistas de lo que la propia Bachelet y sus operadores políticos hubieran esperado.

Recordemos que, como la propia Presidenta lo ha señalado, lo sustancial del programa de reformas no es más ni menos que lo que la OCDE, la OEA, la OIT e incluso el FMI han sugerido para el sistema político y económico chileno, y que los mismos miembros del bloque dominante ya se sentaron a discutir y ya definieron, de otro modo no podría haberse oficializado como Programa de Gobierno de la Nueva Mayoría. Lo que ha sucedido es que la burguesía y sus representantes políticos del ala conservadora han vacilado y temido, en pleno escenario de crisis económica nacional y mundial y de incertidumbre, que peligren sus intereses económicos, sus capitales invertidos y sus privilegios políticos de todo tipo, y han tendido a echar pie atrás respecto a la más mínima transformación estructural del régimen de dominación y explotación, produciéndose que las reformas y proyectos que hasta el momento los distintos representantes del bloque dominante han logrado acordar y zanjar, parcialmente, después de un año de gobierno, han arrojado posiciones verdaderamente reaccionarias y escandalosas para las aspiraciones del movimiento de masas y sus sectores de vanguardia.

Brevemente, nos interesa indicar que esta respuesta, que puede parecer coyuntural, realmente no lo es. Lo que está en el origen de esta actitud de la burguesía presenta un carácter histórico, puesto que la “burguesía chilena” desde los inicios mismos de nuestra vida republicana, y desde el último cuarto del Siglo XIX donde los rentistas y oligarcas más poderosos comienzan a constituirse como burgueses propiamente, nunca albergó un espíritu de desarrollo de un proyecto político nacional –salvo contadas “excepciones” que habría que explicar[21]-. Por lo general la burguesía local, tradicionalmente asociada y subordinada al capital imperialista, no poseyó un espíritu “desarrollista”, sino que presentó –en medio de una trama de relaciones mundiales de intercambio mercantil- una opción por el carácter parasitario, como dijimos al inicio del apartado, de acumulación rentista primordialmente para la apropiación inmediata y el consumo individual. Dicho carácter se acentúa en la burguesía monopólico-financiera a la cabeza del presente bloque histórico, con la consagración local y mundial del patrón de acumulación neoliberal. En esta línea, hoy, la gran burguesía rentista, dueña del poder y la riqueza, se muestra reacia frente a la tarea de comprometerse en una transformación del aparato político y, tal vez, del mismo modelo de explotación, lo que además significa contentar a las masas que se toman las calles y las fábricas y paralizan las faenas, los puertos, etc.

Recapitulando, dicho escenario ha provocado que la concreción o materialización de los proyectos de reforma se topara con considerables dificultades para producirla en los marcos del objetivo planificado, el cual es, generar todas las transformaciones que se tengan que hacer según las masas han venido exigiendo –pero moderándolas-, cuidando que esto no afecte las tasas de ganancia y el ritmo de crecimiento económico más de lo que ya está debilitado. Velando por la dinamización de la economía, la burguesía parasitaria obstaculiza los planes reformistas del bloque en el poder. No ha sido así en el caso de la reforma al sistema electoral, porque ésta no tiene una implicancia directamente financiera, pero la Reforma Tributaria finalmente se definió como completamente inocua para los intereses de los grandes capitales y sus inversiones; o las Reformas Laboral y Educacional, se proyectan diseñadas a la medida de los dueños del poder y la riqueza, cediéndoles a ellos todo tipo de concesiones y no a los movilizados y la sociedad civil.

Como se puede percibir, la balanza en la correlación de fuerzas al interior del bloque dominante se ha inclinado preferentemente a favor de la estabilización del ritmo de crecimiento económico y las tasas de ganancia de la burguesía, tal como vienen presionando los grandes grupos económicos, en desmedro de las transformaciones sociales, políticas y económicas que buscan en esencia cooptar las reivindicaciones del movimiento de masas y contener sus sectores más dinámicos. Pues como explicábamos, actualmente, en las presentes condiciones locales e internacionales de la acumulación capitalista, entre ambos objetivos media una contradicción. Es la una recíprocamente en contra de la otra. Esta contradicción infranqueable es la que se ubica en la raíz misma de las contradicciones producidas al interior del bloque en el poder y el bloque dominante, donde la burguesía y sus representantes políticos no hayan cómo darle salida y los vuelca en una verdadera impotencia para dirigir y conducir su proyecto sobre las clases subalternas.

Demostración clara de lo anterior es el proyecto de Reforma Laboral, que en vez de mejorar en algo las condiciones de existencia de los trabajadores, lo que hace es consolidar la liberalización y flexibilización, institucionalizando el desequilibro de fuerzas al interior del complejo laboral entre explotadores y explotados, impidiendo la vinculación política entre los trabajadores, reprimiendo e imposibilitando que los trabajadores generen medidas de presión para cambiar sus paupérrimas condiciones a través de las huelgas y los métodos que históricamente la clase obrera ha empleado[22]. Mientras que la Reforma Educacional, en materia de fin al lucro, la selección y el copago –trazando el camino de la reforma a la Educación Superior, Educación Pública y Carrera Docente- llega hasta el límite increíble de ofrecer recursos fiscales, públicos -que como señalamos no sobran en estos momentos- para subsanar las molestias y los malos ratos a burgueses, inversionistas y emprendedores que quieran seguir enriqueciéndose a partir de sus negocios educativos[23], a menos que lisa y llanamente decidan pasarse al área privada, invirtiendo capital financiero e inmobiliario que penetra en el sistema educativo y genera lucro, lo que no ha sido tocado en ningún aspecto por la Reforma ni la Nueva Mayoría. Obsérvese que una política de respuesta y movilización de la derecha, con movilización de masas -marchas masivas en la Alameda y regiones del país- y organización en la CONFEPA y la CONACEP, es más que suficiente para poner en jaque y paralizar una reforma del gobierno. Recuérdese lo que hablamos del carácter unitario que el régimen político necesariamente presiona en relación a la definición política, incluso más allá de la voluntad de tal o cual sujeto.

En definitiva, lo que se puede ir proyectando en razón del desencadenamiento de la presente coyuntura, el comportamiento del bloque dominante y el carácter de sus contradicciones, es la continuación y profundización de una tendencia al aumento de la conflictividad de masas y la polarización de clases, agravándose la crisis hegemónica de la clase dirigente. Estamos diciendo que iremos viendo en las siguientes coyunturas, como ya empezó a ocurrir, el desarrollo de un efecto boomerang, donde las grandes expectativas sociales producidas por las promesas del gobierno se vuelven contra el mismo como desaprobación y rechazo al no ser objetivizadas en políticas concretas, que es exactamente lo que está pasando. En conclusión, no se reconstituye un agente político hegemónico y no consigue serlo la Nueva Mayoría. Bachelet no logró traspasar el apoyo con el que llegó al gobierno -54% de aprobación popular según Adimark- a un conjunto de partidos que atraviesan una crisis orgánica, y por el mismo movimiento de las circunstancias que hemos explicado, hoy día tienen a Bachelet, luego del “nuera-GATE”, con una escandalosa aprobación del 31% y una desaprobación que se encumbra al 54%. Esto es el efecto boomerang en plena escalada. La Nueva Mayoría, por último, no va cumpliendo a cabalidad con los objetivos históricos de la burguesía y el bloque dominante.

 3.                  Los revolucionarios, tareas históricas, tareas pendientes: propuesta política

 

“La concepción mecanicista del marxismo vulgar acerca de la lucha de clases separa,  según vemos, la “preparación” para la revolución de la “revolución” misma;  en consecuencia, también separa la organización de la masa;  aísla los momentos individuales de la lucha respecto de su totalidad.”

György Lukács

Los apartados anteriores nos dedicamos básicamente a analizar las que creemos son las dinámicas esenciales de la lucha de clases en el presente período y en sus fases más recientes y actuales, la naturaleza de sus contradicciones y la forma como se han ido desenvolviendo y desarrollando a nivel regional y mundial. Nos detuvimos, asimismo, con un poco más de detalle en el análisis de la situación política nacional, el desarrollo de la coyuntura política y el movimiento de la confrontación de clases en Chile. Tratando de completar el ejercicio dialéctico, nos vamos a concentrar ahora en la elaboración y dilucidación de las propuestas, tareas y proyecciones políticas que como Juventud Guevarista de Chile consideramos necesario que asuma la vanguardia revolucionaria, la izquierda y los sectores de avanzada del movimiento de masas.

3.1. Vanguardia revolucionaria y conciencia de clase

Un punto que es conveniente despejar, antes que todo, es que el hecho que la clase en el Poder y los ricos y poderosos vayan topándose con dificultades y contradicciones en una tendencia creciente, no necesariamente implica que para los revolucionarios y la izquierda las cosas van de las mil maravillas. Los sectores revolucionarios en Chile enfrentamos también un magnífico desafío y una complejidad extraordinaria asociada al factor conciencia de las masas, el desarrollo dinámico de la subjetividad, la maduración de una conciencia política del pueblo trabajador. Los revolucionarios debemos tener muy presente que operamos en un período general de lucha de clases caracterizado por el reflujo del movimiento de masas -por más que esté instalada una tendencia a la reactivación y el incremento de la conflictividad de masas, eso no nos exime de los marcos condicionantes más abarcadores del período-, el desarme de la conciencia de clase del proletariado, la eliminación, envilecimiento y vulgarización del marxismo con toda su concepción de mundo y la desafección política de las masas más amplia y generalizada, propio de este período de estabilización de la lucha de clases.

Necesitamos señalar claramente, por si causó alguna confusión el apartado anterior, que el fenómeno de la crisis orgánica al que harta alusión hicimos, como de la desafección o desapego subjetivo en relación al “mundo de la política”, sus partidos, organizaciones, instituciones y representantes, no es un mal que aqueje exclusivamente a la política burguesa, sino que afecta de igual o peor manera también a los sectores marxistas y revolucionarios. Y mucho peor, en el sentido que obviamente para las masas trabajadoras, dado los actuales estadios predominantes de conciencia, inmaduros todavía e incipientes, resulta prácticamente inaccesible pensar en la necesidad y en la posibilidad real de construir un proyecto de sociedad distinto al capitalismo, justo, igualitario, digno, humanista, fraterno, libre de explotación, libre de dominación, opresión y enajenación del ser humano: el Socialismo. Las masas son incapaces de imaginar, por regla general, la realización de una sociedad donde no existan ricos y pobres, por más que así lo consideren necesario.

No obstante, la ventaja que tenemos los sectores revolucionarios, importante ventaja si sabemos emplearla hábil e inteligentemente, es que las alternativas políticas transformadoras de este régimen político y económico desgraciado para la clase trabajadora y el pueblo obrero, inclusive si son presentadas de manera radical, suelen ser apreciadas por las masas con una simpatía y un grado de aceptación que no es de subestimar, así como con una legitimidad que comúnmente reciben los movimientos de bases, juveniles, populares y obreros que impulsan acciones movilizadoras y de cambio radical, de la cual no gozan las corrientes políticas asociadas al aparato de Estado. El problema es que no pueden ser concebidas por la conciencia, atorada en un estadio reivindicativo o democrático-reivindicativo –recuérdese las condicionantes fundamentales del período-, como una alternativa política, económica, social y cultural viable, por la cual merezca la pena ingresar a trabajar.

Una tarea esencial para los revolucionarios consiste, entonces, en enseñar y demostrar a las masas –concretamente a sus sectores avanzados- la viabilidad histórica del proyecto socialista. Hay que educar en la comprensión del movimiento dialéctico de la Historia, su naturaleza contradictoria y la confrontación entre clases sociales antagónicas, en guerra de clases; asimismo su naturaleza totalizante, la concepción universal de la realidad ligada a los momentos particulares; su carácter permanentemente cambiante, en constante movimiento, y por lo tanto la asimilación de la verdad de que no existen órdenes sociales y políticos eternos, más allá de la historia y la actividad productiva de los seres humanos, sino únicamente formaciones sociales concretas producidas históricamente. En consecuencia, la comprensión también de que la historia manifiesta una alternancia de proyectos históricos, en un entramado de proyectos en pugna producidos por las clases sociales, los cuales como un día se imponen, al otro decaen, y que así mismo ocurrirá necesariamente con el capitalismo. Además, la enseñanza de la trayectoria de los últimos 200 años de capitalismo moderno y al menos 120 años de capitalismo imperialista, en los cuales ha habido revoluciones socialistas triunfantes, con la Revolución Cubana como nuestro mayor baluarte. Y por último, la explicación de la situación actual del Imperialismo donde, producto de un conjunto de relaciones, por ejemplo, hoy día se están generando importantísimos embriones de Socialismo –de facto repúblicas populares- en las zonas donde combaten los revolucionarios independentistas al Este de Ucrania[24]. Es decir, que estamos hablando de procesos políticos perfectamente reales y presentes[25].

Sin embargo, en el escenario nacional, este ejercicio de robustecimiento de la conciencia, de la conciencia de clase para sí, por el momento se encuentra restringido para una pequeña franja de vanguardia de la clase trabajadora –o los revolucionarios organizados, no exclusivamente de extracción obrera- y no ha logrado masificarse más ampliamente hacia los sectores avanzados, que son el conjunto de los sectores dinámicos, que están luchando, se movilizan y presentan batallas radicales por aquí y por allá. Lo anterior significa francamente, a nuestro pesar, que los revolucionarios no estamos capitalizando tan contundentemente como se requiere el descontento y la energía de las masas movilizadas en Chile. Pues sí reconocemos que ha presentado la izquierda revolucionaria importantes avances y un nivel de crecimiento –cuantitativo y cualitativo- durante los últimos años, especialmente desde la coyuntura del 2011; y ciertamente es la izquierda –reformista y revolucionaria- la que últimamente capitaliza en mayor medida la movilización de masas, más que la socialdemocracia, mucho más que el conservadorismo[26] y ni hablar de las corrientes neo-nazis o fascistas, que no pasan de ser minúsculas sectas –no como en la Europa Occidental, como vimos en el primer apartado -. Pero esta ventaja relativa no se hace sentir tan consistentemente porque los niveles de disgregación, dispersión y atomización en el campo de la izquierda –y todavía más en la izquierda revolucionaria- aún son demasiado abrumadores.

El mapa político en Chile nos presenta un panorama, en definitiva, en el cual, con la izquierda a la delantera, la movilización de masas no está siendo capitalizada mayormente por ninguna referencia política de ningún tipo, a causa y como producto del desarrollo transversal de una crisis orgánica, de modo que los momentos de flujo y activación de las masas suelen ser continuadas, en gran medida, meramente por una dispersión de las fuerzas, sin alterarse significativamente la correlación de fuerzas entre las clases en ningún sentido. Vale decir por ahora, que mientras no se ubique la izquierda revolucionaria como una referencia política sólida, unificada, articulada y con capacidad de dirigir, conducir y capitalizar las luchas de masas en mayor grado de lo que está haciendo actualmente, la crisis hegemónica del bloque dominante no avanzará –por sí sola- hacia una crisis política de dominación del régimen político.

3.2. Tareas del período

De acuerdo a lo anterior, pudiera parecer a simple vista que la primera necesidad política fuera crecer –acumular, capitalizar- hacia esos millones de trabajadores desafectos políticamente de la dominación burguesa –y de toda manifestación política en general-, es decir, “hacer política para las grandes mayorías”. O bien, como se escucha en los pasillos de la izquierda, trabajar para desarrollar y recomponer la conciencia de clase de esas mayorías, absolutamente desgarrada por el triunfo de la contrarrevolución burguesa y la imposición del modelo neoliberal. O también, respecto al problema de la fragmentación social, trabajar en recomponer la “unidad de las masas”. Frente a lo cual consideramos que dichas tareas no son descartables en absoluto, dado que nuestra política no es “golpista” ni “blanquista”[27] no creemos que una minoría aislada de las masas, sin arraigo en la clase trabajadora, pueda arrebatarle el Poder a la clase dominante y generar una revolución exitosa, sino que el proyecto socialista durante su desarrollo, al calor de la confrontación de clases y a la par con la maduración de la conciencia de clase del proletariado, irá incorporando cada vez a mayores contingentes de las masas trabajadoras.

Sin embargo, sostenemos que el meollo del asunto, en el período que nos encontramos y la presente fase de la lucha de clases, donde el proceso de recomposición de la conciencia de clase se ubica todavía en un estadio embrionario, está en preguntarse por la naturaleza, el carácter o la cualidad de la fuerza social y política que se está acumulando y organizando. Si la premura por llegar a las mayorías nos presiona a rebajar la política revolucionaria, acomodándola al estadio de conciencia de las masas atrasadas, seguramente el producto de dicha intervención política no será otro que una fuerza social de corte populista, “movimientista” o socialdemócrata, que a la larga va a subordinarse –necesariamente- a los grandes ejes gravitacionales de la política burguesa, o terminará por ver maniatada parcial o totalmente su capacidad combativa[28]. ¿O no es esto precisamente lo que está pasando con Izquierda Autónoma y los sectores moderados de la izquierda libertaria y el FEL?

A diferencia, a nosotros nos motiva y creemos una intervención política correcta aquella que favorece la construcción, acumulación y organización de fuerza social revolucionaria. Ésta se acumula al interior de la movilización de masas, al calor de la lucha y es la organización y articulación misma del conjunto de los sectores más decididos, dinámicos y combativos de la clase, motivados por la necesidad de mejorar sus condiciones laborales y de vida, madurando la conciencia de clase al calor de la experiencia de lucha. En efecto, es gracias a la construcción y puesta en escena de la fuerza social revolucionaria, integrada y conducida a su vez por los sectores de vanguardia, que las grandes masas –con menor desarrollo de la conciencia- van concibiendo que las injusticias sociales deben y pueden cambiar, y no como resultado de la agitación y propaganda directa de la organización política a la masa desafecta políticamente. Demostración de aquello son los pequeños pasos adelante en la conciencia de gran parte de la sociedad civil –lo que algunos bien llaman un “cambio en el sentido común”, por ejemplo respecto al derecho a la educación, a la salud y otras necesidades sociales- como producto de la gran movilización estudiantil y de masas del 2011, no antes ni por otro medio.

Entonces bien, estamos diciendo que la fuerza social revolucionaria, la cual en el transcurso de su maduración irá adquiriendo sus propias formas organizativas y de lucha independiente, por ejemplo a través de asambleas, consejos, coordinadoras, congresos de masas, etc, por medio de las cuales en una coyuntura de flujo se canalizará la fuerza social acumulada, debe al mismo tiempo ser orientada, dirigida y conducida por los sectores de vanguardia, los revolucionarios y revolucionarias. Recordemos que una de las características de este ciclo de lucha de clases es que los ejes de expresión, reagrupación y movilización de las masas se ubican prioritariamente con independencia del aparato de Estado y la institucionalidad burguesa. En esta condición histórica, afirmamos, los revolucionarios tenemos la necesidad de capitalizar la organización, el movimiento y la fuerza de masas en clara y directa orientación al objetivo de la Revolución Socialista, en unidad dialéctica. Y en este sentido desarrollar una praxis revolucionaria, es decir, ligando en un todo el momento futuro, la sociedad nueva, la conquista del Socialismo, y la actividad revolucionaria cotidiana que se objetiva en sucesivas intervenciones sobre la realidad.

La praxis revolucionaria requiere y es en sí misma la combinación dialéctica de dos momentos distintos: la producción del proyecto revolucionario, socialista, y la inserción de aquel proyecto en los sectores avanzados y dinámicos de las masas explotadas y dominadas. O sea, la tarea de la reconstrucción de los contenidos esenciales del proyecto socialista, las definiciones programáticas y las orientaciones estratégicas fundamentales, junto con la asimilación por parte de las masas movilizadas de tales contenidos que permita el robustecimiento de la fuerza social revolucionaria, en orientación a la construcción del poder revolucionario de la clase obrera y el pueblo trabajador. En el seno de la actividad política que comprende aquella relación, en definitiva, encontramos una unidad dialéctica entre el pasado, el presente y el futuro, la transformación revolucionaria de la realidad, una praxis revolucionaria.

Pensamos que una acumulación robusta de la fuerza social revolucionaria nos permitiría catalizar considerablemente una capitalización política de las fuerzas de masas desatadas en este ciclo de lucha de clases, y al mismo tiempo, eso sólo puede ser logrado sobre la base de la referencialidad y la praxis política de una izquierda revolucionaria sólida política, teórica y orgánicamente, marxista y combativa, articulada, aglutinando a diversos sectores del pueblo trabajador, unificada a nivel nacional y legitimada por los sectores en lucha. Sin redundar más en el tema, creemos que en esta dialéctica se encuentra una de las claves para los revolucionarios en el actual período de lucha de clases: en construir la organización o la corriente política revolucionaria que, nutrida con los contenidos programáticos y estratégicos esenciales de la Revolución Socialista, penetre, influya, organice, conduzca y capitalice los elementos más dinámicos y combativos del incipiente movimiento obrero y popular que se levanta en la trama de la lucha de clases en Chile. De esta manera, los revolucionarios estaremos asumiendo la tarea de profundizar la crisis de hegemonía del bloque en el poder, contribuir a la desestabilización política del bloque dominante y desarrollar la polarización del conflicto de clases, introduciendo contenidos clasistas y revolucionarios al interior del movimiento de masas e impulsando la maduración de la conciencia de clase para sí de la clase obrera. Solamente por este medio, los revolucionarios estaremos contribuyendo al salto político de un período de lucha de clases a otro de naturaleza superior, con niveles superiores de enfrentamiento entre las clases.

Para cerrar con este punto, quisiéramos expresar como un paréntesis una tarea fundamental del período para los revolucionarios, que no nos detendremos a explicar acá. Esta tarea dice relación con la actividad revolucionaria internacionalista, propia de lo que entendemos por el guevarismo y su concepción de la Revolución Latinoamericana. Todas las tareas políticas que hemos ido desarrollando como constitutivas de una praxis revolucionaria, de organización y de lucha dentro del propio campo nacional, en el seno del movimiento de masas que batalla contra un determinado Estado, serían insuficientes si la vanguardia revolucionaria no tiene la capacidad de construir una articulación internacionalista, preparando las condiciones estratégicas para resolver una victoria para los trabajadores de todo el Continente y el mundo. Consideramos una pieza fundamental la solidaridad internacional, a implementar y desarrollar inmediatamente como una actividad en apoyo a las luchas que los explotados y oprimidos despliegan en todo el globo, entre otros componentes que sería innecesario enumerar. Vamos a preferir en esta oportunidad que la Coordinadora Guevarista Internacionalista –CGI-, que es el referente donde nos organizamos internacionalmente, cumpla las funciones de expresar este rico y vital ámbito de la lucha revolucionaria.

3.3. Movilización radical de masas, movimiento obrero y propuesta táctica

Sabemos que no faltarán quienes reclamen que nuestra propuesta política es un “aparatismo”, que la organización no se puede construir por sobre de las masas, etc, pero estas son palabras de quienes no han entendido la dialéctica. No es así, puesto que construir una corriente o una organización política revolucionaria, como lo hemos indicado, significa generar, nada más ni menos, las condiciones de agrupamiento de una masa de seres humanos en función de ideas comunes. Una corriente revolucionaria de la clase trabajadora tiene que ser tan flexible y a la vez tan precisa orgánica y políticamente que favorezca la agrupación de seres humanos, de aquellos que estudian, trabajan o pretenden trabajar y que se están movilizando, piensan, critican y consideran que es justo y necesario luchar para cambiar estas miserables condiciones de vida, en función del objetivo de la Revolución Socialista. La cuestión no pasa, por consiguiente, porque por un lado esté el “aparato organizativo” y por el otro las personas que lo incorporen. El meollo de la cuestión política radica realmente en el contenido de las ideas que van a inspirar a un grupo de seres humanos a luchar por transformar radicalmente la realidad, versus otro tipo de contenidos y otro tipo de objetivos, y en cómo ésos se desarrollen, se fortalezcan, se legitimen, se arraiguen en las masas obreras, se hagan conciencia. He ahí el desafío de la praxis revolucionaria.

Pues bien, para seguir avanzando en el diseño de la propuesta política, nuestro marco general de intervención táctica considera la necesidad de educar a las masas trabajadoras en el empleo de todas las formas de lucha que se requieran para la conquista de sus reivindicaciones. Lo cual quiere decir que necesariamente, para constituirse un movimiento de masas, para conformarse un movimiento obrero combativo y para robustecer en su seno la fuerza social revolucionaria, es preciso que transcurra un desarrollo histórico más o menos prolongado, que se produzca un acumulado de experiencias de lucha al calor de las cuales, en la confrontación de clases, los trabajadores de avanzada vayan adquiriendo aprendizajes, combatividad, conocimientos, técnica, métodos de trabajo, y vayan madurando la conciencia de clase para sí. En ese marco político, la prioridad táctica o la centralidad táctica según nuestra concepción revolucionaria se ubica en la movilización radical de masas.

Sin profundizar demasiado en esto, diremos que apostamos por la movilización radical de los explotados, es decir, que ataca la raíz de los problemas –eso significa radical[29]– sin limitarse a sus apéndices o terminales, tanto en el contenido como en la forma que adopta y bajo la cual se expresa. Y que por lo demás, esta es la vía preferente por medio de la cual se manifiestan las reivindicaciones y aspiraciones de los explotados en el presente ciclo de lucha de clases, y que va adquiriendo la confrontación de clases en general una vez que éstas se van desarrollando y agudizando. Por lo cual los revolucionarios no estamos inventando, como por arte de magia, ni los motivos ni los métodos que va a desplegar el pueblo trabajador para luchar; únicamente procuramos interpretar y asimilar esa fuerza desatada para organizarla, guiarla, potenciarla y canalizarla –ella misma- hacia sus consecuencias más acabadas: la contradicción de clases, la contradicción capital-trabajo, la contradicción entre capitalismo y socialismo. Y en ese esfuerzo, huelga explicitarlo, no solamente es legítima la lucha violenta. Las masas trabajadoras y revolucionarias también pueden avanzar –tácticamente- haciendo uso de medios legales y semi-legales o de hecho. Efectivamente, todas las revoluciones triunfantes nos enseñan el uso combinado de métodos ilegales, de hecho y legales, siempre que la orientación estratégica fundamental de todas las formas de lucha se dirija a desarrollar la guerra de clases y las dinámicas de enfrentamiento.

Políticamente entonces, según entendemos, intervenir al interior mismo del movimiento de masas para desatar o descomprimir la movilización radical, al tiempo que se orienta la lucha por la vanguardia en sentido revolucionario, significa abrir la posibilidad de dar a las luchas de masas un carácter y una orientación clasista e independiente en las presentes y las sucesivas coyunturas. Es decir, que los intereses que primen al interior del movimiento y los fines perseguidos sean exactamente los de la clase obrera, en cuyo caso estaremos hablando de una lucha clasista; y que los intereses y fines guarden la más estricta independencia política respecto a los de la burguesía, la clase enemiga, donde estamos en presencia de una lucha con independencia política de clase.

Ahora bien, para que el movimiento de masas en Chile adopte un carácter clasista e independiente, en la presente coyuntura de luchas, se precisa una irrupción decidida de la clase obrera en las mismas. Decimos esto porque a lo largo de los últimos cinco y diez años, si bien el sujeto protagonista de las movilizaciones ha sido la clase trabajadora, manifestándose en las fábricas y empresas, en las poblaciones o en los centros de estudio –aunque también se han movilizado numerosas capas pequeñoburguesas-, los objetivos reivindicativos y las orientaciones políticas no han representado la mayoría de las ocasiones los intereses de su propia clase. Pues es factible, debido al factor conciencia –cuando no hay una conciencia para sí-, que los sujetos de la clase dominada luchen por intereses ajenos, o en el mejor de los casos solapando las causas de manera ambigua. El ejemplo más emblemático es el movimiento estudiantil, cuando las capas populares luchan, sin comprender una proyección política, por el fin del lucro o por la gratuidad de la educación, sin más; si la crítica a la base de esta demanda es meramente “anti-neoliberal”, o como está de moda por estos días “anti-subsidiaria”, quien objetivamente se favorece de esta movilización es la burguesía. O en general, cuando una lucha del pueblo no supera un techo simplemente reivindicativo, sin alcanzar un carácter político, la burguesía es capaz de asimilarla y emplearla en su provecho. Pero pensamos que, en las actuales correlaciones de fuerzas del conflicto de clase en el país, irrumpiendo masivamente la clase obrera a la lucha reivindicativa, como ya ha venido sucediendo, y elevando extensamente la lucha hacia un carácter político, podría de hecho alterarse la configuración política de la lucha de clases y agudizarse hasta una nueva fase una crisis de dominación del bloque en el poder.

Dado que las demandas de los obreros, sobre todo de aquellos que sufren las más brutales, flexibles y desprotegidas condiciones de explotación y que en todo este ciclo de luchas se van a expresar, en la presente fase de desarrollo de la acumulación capitalista no tienen otra alternativa que golpear frontalmente los intereses de la burguesía monopólico-financiera, su involucramiento masivo en la escena política no podría presentar otro resultado que el de alterar contundentemente la estabilidad del conflicto de clases. Consolidándose este proceso, por consiguiente, se estaría dando un salto cualitativo desde un movimiento de masas ya relativamente estable, instalado y bien constituido, hacia la emergencia propiamente de un movimiento obrero y popular. La última vez que vimos constituirse un movimiento obrero y popular en el país fue durante el ciclo de luchas del 83’ al 85’ contra la dictadura militar; tal sería la significación histórica de su recomposición. En este sentido, sostenemos que una de las tareas esenciales del período es la rearticulación y reactivación de un movimiento obrero y popular en Chile.

Finalmente, apuntamos que para avanzar en aquella dinámica, tenemos la necesidad imperiosa de agudizar en el seno de las masas movilizadas la contradicción capitalismo-democracia, bajo el entendido que según nuestra concepción, el capitalismo es el régimen de expoliación de una clase hacia la otra, la dictadura de la burguesía contra el proletariado, independientemente del modelo político que adquiera en uno u otro período. De este modo, la burguesía puede permitirse abrir regímenes políticos relativamente democráticos durante los períodos de estabilidad, pero cerrándolos e imponiendo las más feroces y criminales dictaduras frente a una polarización de las contradicciones de clase. En términos estratégicos, entonces, nunca la tarea central para los revolucionarios y el proletariado puede pasar por democratizar el aparato de Estado, pues el verdadero Estado de democracia para los trabajadores se conquistará con el Socialismo, jamás dentro del capitalismo. La lucha reivindicativa de los trabajadores, en definitiva, por reformas democratizadoras y mejora de las condiciones de existencia es absolutamente legítima y necesaria, pero instalando y robusteciendo la comprensión de que entre capitalismo y democracia –obrera, socialista, la única verdadera democracia- media una contradicción, la cual es preciso superar por la vía revolucionaria.

Procedemos ahora a presentar nuestras propuestas tácticas mediante las cuales pretendemos encarar la actual fase de la lucha de clases en el país:

3.3.1. Construir un Frente Político de Masas: fortalecer el Congreso por la Educación para los pueblos

Antes de pasar a hacer mención sobre el Congreso por la Educación para los Pueblos, debemos explicar qué estamos diciendo por un Frente Político de Masas –FPM-. Un FPM, según entendemos, es una organización, un espacio organizativo o una articulación de masas en la cual diversas capas y sectores de la clase trabajadora se agrupan para hacer frente a problemas y necesidades materiales, es decir, relacionadas con las condiciones materiales de vida afectadas por el propio funcionamiento del sistema capitalista, tales como no contar con una vivienda digna donde formar una familia y una relación social fraterna; ver contaminada la comunidad y el medio ambiente inmediato por grandes industrias y empresas destructivas; padecer masivamente cesantía; no poder acceder a una educación de calidad ni una salud que cubra las necesidades vitales más apremiantes de los pobres, etc. Los FPM, por ende, dado su carácter más bien reivindicativo, evidentemente van a experimentar su mayor dinamismo y fortaleza en medio de las coyunturas de flujo donde el conjunto de los sectores de avanzada se decidan a la lucha y la organización; pero para que una organización como un FPM se pueda poner en pie, y pasada la coyuntura de mayor flujo perdure, se consolide como actividad política, se proyecte políticamente y se logre articular a escala regional y nacional, requiere indispensablemente de la intervención de los sectores de vanguardia.

Los FPM, dentro de nuestro diseño táctico, adquieren sentido y trascendencia política en función de la consideración que hicimos más arriba: que el proyecto revolucionario, el objetivo programático por la conquista del Socialismo, si bien es producto de la praxis revolucionaria de los sectores de vanguardia, no puede quedar restringido exclusivamente a esta franja de vanguardia y permanecer inaccesible a la comprensión y la asimilación de éste por parte de los sectores avanzados, dinámicos, movilizados. Un FPM, pues, es el instrumento organizativo que por excelencia nos va a permitir cumplir con la tarea de extender los márgenes de influencia del proyecto revolucionario y socialista, al mismo tiempo que sirve a la clase trabajadora para ganar sus demandas materiales concretas y avanzar en la lucha reivindicativa; coadyuva la maduración de la conciencia de clase, que aquí va a manifestarse como la disposición a luchar por objetivos cada vez superiores; e impulsa la organización política de los trabajadores. Un FPM, en este sentido, debe procurar combinar los elementos de lucha reivindicativa, las demandas económicas, con las demandas de carácter político rumbo a la lucha política de la clase obrera.

Levantar un Frente Político de Masas con las características descritas constituye uno de los componentes centrales de nuestra táctica para el período, en torno al cual se vaya forjando la unidad del pueblo movilizado. Y en este momento, pensamos que el espacio político-organizativo de masas que mejor cumple con dichas condiciones, es el Congreso por la Educación para los Pueblos. Específicamente, a modo de propuesta, creemos que el Congreso por la Educación para los Pueblos a lo largo de este año debe:

a) Constituirse como un referente político radical de masas

Es decir, adoptar frente a las coyunturas de lucha y el desarrollo del movimiento obrero y popular, posiciones claramente radicales e inclusive revolucionarias, pero con un cierto grado de flexibilidad. No será un espacio monolítico, por lo que las definiciones políticas pueden guardar un determinado grado de diferencia interna y convivir perfectamente al interior del mismo. El aspecto que determina precisamente la ubicación política del instrumento y de las organizaciones y sujetos que lo compongan, será la radicación en la vereda de una izquierda radical, o sea, consecuentemente ubicada del lado de las luchas del pueblo trabajador. Esta posición es la que debe manifestarse a través de toda la actividad política, las acciones, las proclamas, los símbolos, las declaraciones, para de ese modo convertirse en un verdadero referente de las masas trabajadoras.

Por consiguiente, estamos diciendo que la articulación y unidad al interior del Congreso por la Educación para los Pueblos se va a realizar en función de lo táctico –no de lo estratégico y lo programático-, de la lucha, de la movilización de la clase trabajadora y las necesidades organizativas y políticas que alimenta. Pero que sea táctico no significa que sea coyunturalista o cortoplacista; muy por el contrario, el Congreso necesita proyectarse más allá de coyunturas específicas, como un referente orgánico para las masas avanzadas. Que sea táctico significa más bien que es una política de masas, y no una política dirigida hacia la vanguardia revolucionaria.

b) Ser un instrumento para todas las luchas de la clase obrera y el pueblo trabajador

Creemos, en una palabra, que el Congreso por la Educación para los Pueblos tiene que practicar la solidaridad de clase, haciéndose partícipe y presente de uno u otro modo, en forma física o declarativa, entregando apoyo, facilitando medios, construyendo canales y contactos, etc, en todas las luchas de la clase trabajadora. Pensamos y proponemos que el Congreso no es un instrumento de utilidad exclusiva para el gremio docente, y proyectándose, tampoco lo es únicamente para los trabajadores de la educación y el movimiento social por la educación, sino que lo entendemos como una herramienta para el conjunto de la clase. Por lo tanto, es un referente político de masas radical y clasista.

c) Contar con una plataforma de lucha

Esto es, un “programa” o un “pliego” de reivindicaciones concretas de la clase a luchar y conquistar. La plataforma de lucha no hay que inventarla, ya está, incorporando y sintetizando los productos de las extensas discusiones y el trabajo del Congreso Nacional realizado el año pasado y la Escuela de Verano en enero del presente en Santiago. Este pliego de demandas debe hacerse público difundiéndose con energías por todos los medios, como referencia abierta para el pueblo trabajador.

La plataforma de lucha señalará claramente los motivos concretos por los que lucha el Congreso por la Educación. Allí se deben incluir, con énfasis en la educación que es el ámbito que convoca a la mayoría de los sujetos y organizaciones presentes actualmente, las luchas transversales de la clase.

d) Articularse como un instrumento de lucha a nivel nacional

Siendo capaz de extenderse y relacionar dialécticamente la lucha nacional, regional y local, interpretando y asimilando la movilización del pueblo en todos estos niveles.

3.3.2. Construir una Coordinadora de Estudiantes Revolucionarios

Tenemos muy claro que el Congreso por la Educación para los Pueblos, un Congreso de Masas como una apuesta táctica para el período, no resuelve directamente nuestras necesidades inmediatas en el frente estudiantil, en el movimiento estudiantil y el movimiento por la educación. Esta necesidad se relaciona básicamente con la tarea de avanzar en la unidad y la acción coordinada de la izquierda radical al interior del movimiento estudiantil y dentro de la CONFECH, para de este modo elevar nuestra capacidad de disputar políticamente con el reformismo y la socialdemocracia y, lo más importante, dotarnos de las fuerzas necesarias para ganar la conducción de este instrumento organizativo.

La propuesta de construir una Coordinadora de Estudiantes Revolucionarios considera los siguientes simples elementos:

a) Es una Coordinadora integrada fundamentalmente por organizaciones políticas revolucionarias o de izquierda radical que operan al interior del movimiento estudiantil a nivel nacional.

b) El principal objetivo que tiene, ahora, es constituir un bloque revolucionario o una fuerza revolucionaria articulada al interior de la CONFECH.

c) Intentaremos por medio de este instrumento imprimir una orientación revolucionaria y un carácter clasista al movimiento estudiantil, por ejemplo, promoviendo con todas las energías que la CONFECH se manifieste y luche resueltamente contra las políticas del gobierno y el bloque en el poder a la medida de los ricos y poderosos, y que apoye y se haga partícipe del conjunto de las luchas que está desplegando la clase obrera, siendo un factor progresivo en el rearme y la rearticulación de un movimiento obrero y popular combativo en el país.

Nos despedimos dejando un fraternal saludo a los compañeros y las compañeras del Frente de Trabajadores Guevaristas, esfuerzo político y orgánico impulsado por un conjunto de trabajadores revolucionarios que, de igual modo que nosotros, busca desarrollar una política revolucionaria para el sector estratégico de la lucha de clases en el país, la clase obrera. Y también ofrecemos un combativo y caluroso abrazo a las organizaciones del Octubre Revolucionario y la Coordinadora Guevarista Internacionalista, junto a las cuales lucharemos hasta vencer o morir.

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[1] La gran mayoría de las líneas de este apartado fueron obtenidas de nuestro artículo “Aproximaciones a la Coyuntura Política Internacional”, disponible en el sitio virtual de la Revista Nuestra América, y de las discusiones desarrolladas en el VIII Encuentro Guevarista Internacional. Para acceder a notas específicas y el documento íntegro, visite el link: https://revistanuestramerica.wordpress.com/2014/08/12/aproximaciones-a-la-coyuntura-politica-internacional/

[2] Este elemento se relaciona directamente con el carácter destructivo del propio medio de vida del capitalismo, por lo que la crisis capitalista se expresa profundamente en el deterioro y la amenaza de la vida misma de los seres humanos y las diferentes especies que habitan el planeta.

[3] Si gusta, revisar datos y cifras en el link indicado en la nota número 1.

[4] Bloque compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, con una importancia cardinal de China.

[5] Marx, Artículos Periodísticos, Ed. Alba Clásica, p. 216.

[6] Tal como de manera genial teorizó Lenin sobre el Imperialismo en “El imperialismo, fase superior del capitalismo”.

[7] Karl Marx, El Capital Tomo III, FCE, 1966, p. 214. Y puede revisarse el artículo de Iñaki Gil de San Vicente, “¿Que nos enseña 2014?”, en http://www.resumenlatinoamericano.org/?p=8363

[8] Marx descubre lo que se conoce como la Ley de la Baja Tendencial de la Tasa de Ganancia, o “Ley de la tasa de ganancia decreciente”, que como su nombre lo indica, significa que los capitalistas ganan cada vez menos por igual masa de trabajo explotado, puesto que “el aumento del valor del capital orgánico es cada vez mayor en relación al valor aportado por la fuente desde donde se nutre dicho capital, esto es, la fuerza de trabajo. Constituyéndose la tasa de ganancia en la relación entre la masa de plusvalor creada por la fuerza de trabajo y el valor del capital global empleado, ésta disminuye o decrece por lo tanto en forma constante.” Para contrarrestar esta tendencia, pues, es decir, para a pesar de ella mantener estable o incluso elevar sus tasas de ganancia, la burguesía hace uso de medidas o causas contrarrestantes. Todas éstas -elevación del grado de explotación del trabajo, reducción del salario por debajo de su valor o súperexplotación, entre otras- traen como resultado el desangramiento de la clase obrera, quien carga los efectos de la crisis. Agradecemos a los compañeros de Trabajadores al Poder el exponer sintéticamente este ámbito de la teoría marxista en su “Situación Política Nacional e Internacional – Diciembre de 2014″, del cual nos servimos para sostener el análisis.

[9] Enfatizamos esta idea para contrastar con el planteamiento que sostiene, con uno u otro matiz, que el enfrentamiento inter-imperialista señalado sería una disputa entre dos proyectos político-económicos contrapuestos de formaciones sociales distintas. Los más obtusos ven incluso en el bloque Euro-Asiático la promesa de un proyecto más “igualitario”, “redistributivo”, más “socialdemócrata” y todavía “socialista” para los pueblos del mundo. No es así, ambos son exactamente proyectos capitalistas, liberales. Lo que pasa es que, como Marx, Engels, Lenin, Guevara y otros revolucionarios lo tuvieron siempre presente en su teoría y su praxis, los peces grandes intentarán liquidarse entre sí –competencia- para coger una porción mayor del cardumen, y las alianzas que tejan serán momentos tácticos para avanzar a dicho fin estratégico. No hay tras esta relación una mayor consideración “filosófica”.

[10] Debido básicamente al surgimiento, como señalamos, durante los 90’ e inicio de los 2000’ de diversas economías emergentes.

[11] Tomamos esta idea, con gran agradecimiento, de nuestros compañeros de la JOP, Jóvenes por Palestina.

[12] Aprovechamos de expresar que, si bien el ISIS se encuentra lejos de ser exterminado por los diversos gobiernos y movimientos armados que hoy lo combaten, recientemente ha sido expulsado del territorio de Kobane, mientras las y los guerrilleros kurdos siguen liberando pueblos antes oprimidos por ISIS. ¡Arriba el Kurdistán! ¡Arriba el Partido de los Trabajadores del Kurdistán!

[13] Por ahora, pues no debemos perder de vista que Rusia posee el segundo ejército más poderoso del mundo, después de EEUU.

[14] No tenemos el espacio para detenernos en este punto, pero enviamos el más caluroso y combativo abrazo a los revolucionarios y las revolucionarias de la República Federal de Nueva Rusia, que continúan avanzando en sus conquistas. ¡Vivan las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk!

[15] Valga la aclaración, identificamos ésta como la razón fundamental, pero no la única ni aislada de un contexto histórico global. No tan sólo se explica mecánicamente que si una organización política revolucionaria existe y se referencia, capitaliza, y si no está, no lo hace. Aquí influyen fuertemente las relaciones históricas que una nación y un continente ha construido durante décadas respecto al nazismo, el fascismo y el propio marxismo, profundamente desprestigiado producto de las prácticas autoritarias y totalitarias del estalinismo.

[16] Como declaramos en el artículo “Aproximaciones a la Coyuntura Política Internacional”, en la mayor parte de las regiones del globo “el conjunto de la clase explotada no posee dudas respecto a que el capitalismo -junto a su régimen y Estado clasista- sea el único modo de producción, sistema económico y régimen social, político y cultural posible”.

[17] Como dice Karel Kosík en su “Dialéctica de lo concreto”.

[18] Pese a un repunte de la exportación cuprífera en las últimas semanas que ha logrado aplacar levemente la desaceleración: http://www.bcentral.cl/publicaciones/politicas/pdf/ief2014_2.pdf

[19] A lo largo del análisis iremos planteando que está cursando –desigualmente- una crisis orgánica del bloque dominante, pero que en rigor no está consolidada ni avanzada. Es decir, producto de la incapacidad de los revolucionarios de impulsar una alternativa socialista que consiga ir ganando la hegemonía a su favor, la crisis orgánica aún no ha madurado a tal punto de ver quebrada y superada la dirección única de la burguesía, sintetizada en el “partido orgánico” de las clases dominantes.  Estas categorías históricas, como las de bloque histórico, crisis de hegemonía, bloque en el poder y dominante, las hemos rescatado del filósofo marxista Antonio Gramsci. Se puede revisar: “Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno”, A. Gramsci, Nueva Visión, Madrid; a su vez se puede ver la “Antología” de Gramsci elaborada por Manuel Sacristán, Siglo XXI editores; y también hemos utilizado un estudio esencial del pensamiento de Gramsci elaborado por el francés Hugues Portelli, “Gramsci y el Bloque Histórico”, Siglo XXI editores.

[20] Expresión que quiere decir “cambiar algo para hacer que nada cambie”, o bien, cambiar aspectos periféricos con el propósito deliberado de preservar el conjunto del sistema.

[21] Podría entenderse como una excepción el proyecto político desarrollista de José Manuel Balmaceda, durante la década de 1880 y hasta 1891, posterior al triunfo del Pacífico por parte de la oligarquía y las fuerzas militares de Chile y toda la actividad minera que ello permitió. Pero es que Balmaceda, si bien pertenecía a la elite oligarca, se forjó más bien como un intelectual, un hombre de la política, imbuido fuertemente de un pensamiento “independentista” que se expresaba ya en esa época como “nacional-desarrollismo”, más que como un burgués de actividad rentista. De hecho, la naciente burguesía criolla en alianza con los conservadores y el capital imperialista británico se unieron para derrocarlo de la presidencia. (Continúa)

Y el proyecto industrializador del gobierno radical de Pedro Aguirre Cerda desde 1938. Pero en ese caso, por aquella época empujaba a las economías más avanzadas de América Latina un impulso irrefrenable por la adopción de un patrón de acumulación desarrollista, implementando todas el “modelo ISI”, orientadas por Raúl Prebisch y la CEPAL. En este contexto, la burguesía local obtuvo mayores tasas de excedente de la explotación del trabajo -necesariamente- en una dinámica industrializadora.

[22] Para acceder a un análisis político pormenorizado de la Reforma Laboral, invitamos a revisar el excelente trabajo que realizaron los compañeros y compañeras del Frente de Trabajadores Guevaristas, disponible en su página web: http://trabajadoresguevaristas.cl/?p=121

[23] Informarse en http://reformaeducacional.gob.cl/wp-content/uploads/ProyectoLSCNEGSenado.pdf

[24] Revisar el primer apartado de este documento.

[25] Por si las dudas –bien o malintencionadas-, la elevación al grado de desarrollo de la conciencia que aquí delineamos no implica necesariamente que el sujeto maneje un conocimiento “ilustrado” o “académico” de toda la Filosofía que ha producido la Humanidad, la filosofía hegeliana, etc, ni siquiera de la obra del propio Marx. Tal planteamiento sería lisa y llanamente absurdo, pocas personas alcanzan ese nivel intelectual en cada época histórica en todo el mundo. Por lo demás, ser un erudito marxista a nadie convierte necesariamente en revolucionario. A lo que nos estamos refiriendo acá –sin desmedro que los militantes revolucionarios debemos educarnos disciplinadamente en el marxismo- es a la asimilación de la concepción dialéctica de la realidad, como método de análisis, como sistema de pensamiento y acción, como Filosofía de la Praxis. Eso está al alcance, y la historia lo ha demostrado, de cualquier obrero o miembro de todas las clases que incorpore, entienda y asuma con su vida las tareas revolucionarias del proletariado. Eso es la conciencia revolucionaria de clase.

[26] Destacar que estamos refiriéndonos aquí a la capitalización política que se genera sobre el movimiento de masas, los sectores dinámicos, que no es lo mismo que hablar de las masas en general; obviamente los vastos sectores atrasados son más proclives a ser subsumidos por el abanico de alternativas políticas burguesas.

[27] De Louis Blanqui, revolucionario francés de mediados del Siglo XIX que luchó por los ideales socialistas, pero bajo la concepción vulgar de “asaltar el poder” por parte de una minoría en armas para administrar un nuevo proyecto. Se puede también revisar, a propósito, a Lukacs en “Oportunismo y Golpismo”, pag 103-113, de György Lukacs, “Táctica y Ética”. Escritos Tempranos, 1919-1929, Herramienta Ediciones. Aquí trabaja de forma dialéctica dichos elementos.

[28] Añadir que se ha corroborado, hasta el día de hoy, que estas expresiones organizativas de carácter “movimientista” o “populista”, sin orientación política clara, sin firmeza teórica, carentes de marxismo, son enormemente propensas a verse caladas por las diversas concepciones de las ideologías postmodernas, promotoras por ejemplo de las tesis del autonomismo social.

[29] Tal como señalara Marx en su Introducción a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, p. 60, señalando la necesidad de que el análisis dialéctico tenga su síntesis en la praxis –y no en el idealismo absoluto-, el postulado es el siguiente: “Ser radical es tomar la cosa de raíz. Y para el hombre la raíz es el mismo hombre”.