Por Izquierda Guevarista y Juventud Guevarista de Chile

 

El pasado domingo 20 de mayo Nicolás Maduro fue reelecto presidente de Venezuela, aproximándose a unos contundentes 6.000.000 de votos, dentro de un no tan contundente 47% de participación -aunque aceptable en relación al promedio de las “democracias occidentales” en la actualidad-, superando ampliamente a los candidatos Henry Falcón -Avanzada Progresista-, Javier Bertucci -Esperanza por el Cambio- y Reinaldo Quijada -Unidad Política Popular 89-.

Es positivo, desde todo punto de vista, que Maduro haya ganado las elecciones. Era necesario como condición político-histórica para pensar, en perspectiva, en la senda de un proyecto socialista que debe ser conquistado y construido -inexistente y extraviado en la actualidad, no solamente en Venezuela sino en el mundo-; y al corto y mediano plazo, en las posibilidades de una política de “resistencia antiimperialista”, particularmente del imperialismo yanqui, principal enemigo y amenaza en esta región. Maduro ganó sin fraude, alrededor de seis millones de venezolanos/as, pese a todo, votan “chavismo”.

De este modo, reprobamos abierta y decididamente la actuación del “Grupo de Lima”[1] que desconoce la legitimidad del proceso y se constituye como una necesidad de primer orden, hoy en día, rechazar el intervencionismo. Lo contrario, o cualquier política que no apunte claramente en este sentido, significa a la postre avalar la masacre del pueblo a manos del imperialismo. Lo que se viene ahora y para lo que hay que estar preparados/as, es un proceso más crudo todavía de asfixia económica hacia el pueblo venezolano, dirigido por los EEUU y secundado por sus peones en América Latina y el resto de los continentes.

Sin embargo, lo anterior no quiere decir de ninguna manera que prestemos un apoyo acrítico ni incondicional al gobierno; y en segundo lugar, las elecciones y la mantención de Maduro en la presidencia no resuelven en absoluto el complejo problema material y político que envuelve al pueblo trabajador.

Este es un gobierno que, desde los últimos años, viene perdiendo estrepitosamente el apoyo y la legitimidad popular. La razón es que el pueblo no es estúpido y sabe que las causas de la crisis que azota al país no se encuentran solamente en el imperialismo y el boicot económico y diplomático, sino también en la propia casta burocrática chavista, la corrupción, la degeneración moral, la ineficiencia del gobierno y de un “aparataje público” obeso. Ni que hablar del problemazo de la delincuencia, del cual la burocracia dirigente es parte integrante. El pueblo venezolano no quiere a la derecha gobernando el país. Pero tampoco está satisfecho con este gobierno y estos gobernantes, en lo más mínimo. Ambas son expresiones de consciencia. Por eso no nos sentimos saboteadores/as al decirlo; el pueblo bien lo sabe ya.

Uno de los aspectos más preocupantes, desde nuestro punto de vista, es que el proceso bolivariano ha ido perdiendo, más allá de la crisis y los ataques imperialistas -que por cierto, muchísimo daño han provocado-, esa impronta de una “democracia de bases” con amplia participación y movilización popular que en su momento -de unos cinco años hacia atrás- lo hizo de alguna forma característico, con perspectivas concretas, arraigadas en las masas, de una “democracia comunal”, de un “poder comunal”, etc. Retrotrayéndose cada vez más, en contenido y forma, hacia los rasgos definitorios de una democracia burguesa común y corriente -lo que en estricto rigor, nunca ha dejado de ser-.

La dirección dominante del partido oficialista -PSUV: Partido Socialista Unido de Venezuela- contrasta y se antepone a la fuerza organizada de las bases populares. No en términos abstractos y absolutos, porque hay cientos de miles de venezolanas/os del pueblo trabajador, organizados/as, conscientes, revolucionarios/as, que se reivindican “chavistas” y que inclusive integran la herramienta del PSUV, ya sea por convicción o por necesidad. Sí en términos de los intereses y las aspiraciones políticas de la gran mayoría de la casta burocrática, versus los intereses y las aspiraciones del pueblo trabajador en su conjunto.

Podemos citar al respecto: a) el desarrollo concreto de la Asamblea Constituyente, que ni ha sido democrática ni ha resuelto los problemas reales e inmediatos del pueblo, habiendo podido hacerlo; b) y los casos de desplazamiento, aislamiento político y maniobras de anulación de ciertos elementos socialistas más radicales, críticos a la burocracia dirigente. Como son Ángel Prado, dirigente de la Comuna El Maizal, y Eduardo Samán, figura importante del chavismo, ex integrante del gabinete de Chávez; ambos impedidos, de forma arbitraria, de participar justamente como candidatos en las últimas elecciones municipales. Una de las necesidades tácticas del gobierno, en toda esta fase, es contener y anular a los factores y sectores de izquierda que no se encuentren subordinados ni controlados por la dirección del PSUV.

Creemos que la política revolucionaria debe radicar en impulsar la autoorganización del pueblo a través de los Consejos Comunales y las Comunas, así como existen ahora, con las masas populares y los niveles de consciencia concretos en la actualidad. Fortalecer las organizaciones propias del pueblo trabajador en las urbes y grandes urbes, pero sobre todo en las zonas semi-rurales y rurales. Esto es distinto del “movimiento obrero” propiamente tal, puesto que la organización sindical, de trabajadoras y trabajadores más bien forma parte de la burocracia y las redes de la delincuencia, con un carácter más reaccionario que revolucionario en su generalidad. Multiplicar la economía de propiedad social, con las manos del pueblo trabajador. Desarrollar la organización, la formación política, los métodos de autodefensa, los medios de prensa alternativa, los canales de comunicación y apoyo, las responsabilidades y vocerías independientes, sobre la base de la Comuna. Avanzar en lo que podríamos entender como la “vía comunal al socialismo”, en un proceso histórico único, pero con una dirección independiente y revolucionaria. Para este objetivo, dispondremos los esfuerzos y nuestros modestos recursos en el sentido de la articulación internacionalista.

Con la fuerza del pueblo organizado,

¡Comuna Socialista o Nada!

Izquierda Guevarista de Chile

22 de mayo 2018

[1] Firman un comunicado conjunto los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía.