Documento en PDF

El movimiento feminista en Chile, que es parte a su vez de una oleada feminista internacional, remece y socava bruscamente los cimientos del sistema patriarcal. Presiona y obliga cambios en todas las dimensiones del orden social, incluido el sistema político. No siempre por buena voluntad, el conjunto de las “estructuras” sociales y políticas tienden a ir ajustándose, más o menos forzosamente, a las demandas y exigencias de un movimiento de masas. Este solo hecho dota ya al movimiento de mujeres y feminista de un potencial progresivo históricamente, esencial para un proyecto que se pretende revolucionario. El cual, además, se caracteriza por realizar una crítica profunda a la ética y moral conservadora hegemónica hoy en día, esbozando los lineamientos de una nueva moral revolucionaria y cuestionando la manera en que nos relacionamos socialmente, desde lo más “íntimo” hasta lo más “global”.

Este movimiento feminista tiene como punta de lanza la juventud estudiantil, universitaria y secundaria. La anterior viene siendo una característica del movimiento de masas chileno las últimas dos décadas, cuya acción movilizadora de segmentos de la juventud con cierto acceso a un nivel educativo -no por ello de elite, en su aplastante mayoría- y participación en ambientes de cargada discusión política y experiencias de organización, les ha permitido, una y otra vez, instalar debates políticos a escala social -anteriormente ausentes en la vida cotidiana de las masas populares- y contribuir a cuestionar -incipientemente- las bases del sistema de dominación, capitalista y patriarcal.

Claro que las visiones más profundas, sistémicas, anticapitalistas, se disputan permanentemente al interior del movimiento social en perspectiva de convertirlas en predominantes y mayoritarias. Allí es justamente donde radica su potencial y nuestro desafío, en ensanchar, a través del trabajo concreto y esmerado de organización de  bases, el campo de las corrientes clasistas y anticapitalistas. Lo que no logran entender los moldes estrechos e infértiles del “marxismo-leninismo” tradicional, ortodoxo, añejo -y machista, por cierto-, es que existen ideas plasmadas por los movimientos sociales que involucran a una multiplicidad de capas y de clases sociales inclusive, es decir que son amplias y transversales en principio, pero que van generando un impacto subjetivo -de conscienciaen la propia clase trabajadora, en este caso, de nosotras las mujeres por sobre todo, quienes nos sentimos plenamente identificadas, convocadas y representadas por lo que se está diciendo, así como sucede en el conjunto de la sociedad.

Por su parte, la derecha intenta responder a este fenómeno social desde el gobierno con una “Agenda de Género”. Por supuesto que no están pensando en superar de raíz el patriarcado, sino por el contrario, en perpetuarlo. Sin embargo, esto no impide que el gobierno efectivamente avance en recoger determinadas demandas del movimiento, de manera parcelada, deformada y distorsionada en sus contenidos -tal cual como lo hizo Bachelet con las reivindicaciones educacionales-, bajo la fachada populista de la “igualdad de género”. En este preciso sentido, la derecha intentará ir ganando legitimidad y aceptación social, lo que en sectores populares, todo indica que la va consiguiendo. Ojo con esto, no nos enfrentamos a un gobierno “terco, conservador y fascista” necesariamente frente al movimiento feminista, respecto a lo que se ha llamado la “agenda valórica” y ante muchas otras demandas del pueblo. En muchos casos actuarán habilidosamente, capitalizando una parte no menor de los reclamos de masas a nivel social.

Lo que creemos nos toca hacer al interior del movimiento feminista, es:

Continuar profundizando y luchando por la educación no sexista en los espacios educativos, donde si bien hemos avanzado de manera importantísima en varios lugares -de hecho algunas tomas y paros se van bajando porque consiguieron rápidamente sus objetivos inmediatos, cosa que no pasaba antes con el movimiento estudiantil-, debemos llamar a las compañeras movilizadas a que la lucha por la educación no sexista, de primer orden de importancia y que ha jugado un papel de avanzada, la canalicemos y proyectemos hacia una lucha contra la violencia machista y el patriarcado en términos generales, en todas sus dimensiones.

En este sentido, retomar las banderas de lucha por el derecho al aborto libre, seguro y gratuito para todas, sin causales especiales. La demanda concreta por aborto, no está demás señalar, tiene como trasfondo la lucha por la autonomía de nuestros cuerpos: nuestro cuerpo como territorio en resistencia y recuperación. No olvidamos que el Estado -Tribunal Constitucional-, con el aval del gobierno, saboteó una mínima -pero relevante- conquista obtenida por el movimiento de mujeres al facilitar a las instituciones de salud ser “objetoras de consciencia” en las tres causales -aunque finalmente, Contraloría General de la República dictaminó que ni las instituciones públicas de salud pueden acogerse al protocolo del Ejecutivo sobre objeción de consciencia, ni las privadas que reciban fondos públicos-.

La propuesta del gobierno respecto a salud e ISAPRE’s es francamente irrisoria. Para “reducir la brecha de desigualdad” se les ha ocurrido que hombres y mujeres que “no están en edad fértil”, coticen más al sistema privado. ¡Pero qué olfato tiene la burguesía para encontrar negocios hasta debajo de las piedras! Por lo demás esta medida, ya nefasta en su fundamento, apunta a un porcentaje ínfimo de mujeres, pues el grueso de nosotras no estamos en ISAPRE. Lo que necesitamos las mujeres trabajadoras es el fortalecimiento sustantivo de un sistema de salud público, sin lucro, con acento en la prevención de manera integral y con especial atención en garantizar la interrupción del embarazo cuando la mujer así lo decida, así como en el desarrollo libre de la maternidad bajo condiciones médicas adecuadas, dignas y duraderas.

Respecto a las pensiones no hay una palabra en el anuncio de gobierno. Van a hacer lo imposible por sostener las AFP’s, castigando bajo la lógica del negocio, una vez más, a la mujer trabajadora. Claro, salvo que se las ingeniaran para elevar las cotizaciones de los hombres, entonces problema de la desigualdad resuelto. Nos oponemos rotundamente a la salida de este gobierno de los ricos de aumentar la edad mínima de jubilación, por sobre todo en mujeres. Levantamos la alternativa de un sistema de jubilaciones de reparto, solidario, único, tripartito y con enfoque feminista, como única salida legítima a la crisis de las pensiones en Chile.

Además, el trabajo realizado por las mujeres en el hogar –trabajo doméstico– sigue sin ser remunerado, es decir, sin reconocimiento social como trabajo siquiera de acuerdo a las reglas del régimen de salarios. Quiere decir que las bases económicas del patriarcado se mantienen prácticamente intactas, mientras no rompamos esta relación. Asimismo, no tenemos “igual salario por igual trabajo” ni el gobierno dice nada de eso, una de las banderas importantes del movimiento feminista internacional que también apoyamos. A pesar de que, es necesario decirlo, igual salario por igual trabajo es una demanda que interesa directamente a un porcentaje también menor de mujeres, pues la brecha salarial entre trabajadores y trabajadoras aumenta a mayor cualificación o grados académicos; en los salarios mínimos o bajos -ampliamente mayoritarios- varones y mujeres perciben pagos igualmente miserables.

A su vez, el problema de la penalización del aborto es el problema de la maternidad precaria para las mujeres de la clase trabajadora, y en consecuencia, de una infancia de sufrimientos y miserias con marcado carácter de clase, lo que es el drama del SENAME, etc. No nos vengan a hablar de “sala cuna universal para trabajadoras y trabajadores con contrato” que la gran mayoría de mujeres en este país trabajamos en la informalidad, boleteando o bajo régimen de honorarios en la máxima de las precariedades laborales. Lo que necesitamos, junto con pelear de manera integral contra todas las expresiones de precariedad y abuso laboral, es que el Estado se haga cargo de un sistema público y unificado de guarderías, salas cunas y cuidado general de la infancia, con un énfasis en la prevención y la educación y no en el enclaustramiento. Atendiendo entonces, de nuevo, a la verdadera necesidad de la mujer trabajadora.

De los anuncios de gobierno queda nítidamente evidenciado que a las mujeres se nos sigue valorando a propósito de nuestra capacidad reproductiva y maternidad, desde el lente conservador y patriarcal de la familia nuclear. Lo cual se observa con claridad en las propuestas para facilitar el matrimonio -reformas de divorcio y patrimonio- y el apoyo a las “maternidades vulnerables”. Estas políticas en nada representan las demandas asociadas a la autonomía de nuestro cuerpo y a la libre decisión de vivir y disfrutar nuestra sexualidad de la manera que nos plazca. De lo anteriorse desliza también nuestra posición respecto a la libre adopción de diversas identidades, orientaciones y preferencias sexuales; no nos identifican los cánones de la familia nuclear, la heteronorma ni estereotipo alguno de género.

Por último, si bien el gobierno habla de reimpulsar un proyecto del mandato anterior de Bachelet, “Mujeres libres de violencia”, anunciando, por ejemplo, la máxima urgencia a los proyectos que sancionan la violencia en el pololeo, señalamos que no se está pensando ni haciendo en orientación a la protección institucional efectiva de las mujeres, más allá de lo “simbólico” o de cambios conceptuales en el papel. Creemos que sería interesante posicionar la demanda por una Ley contra la Violencia de Género -inexistente en Chile, solo hay una ley de violencia intrafamiliar, pero que queda muy corta frente a las innumerables formas de violencia hacia las mujeres-, que permita medidas concretas especialmente frente a los femicidios y las violaciones, lo que realmente nos hace vivir en el terror.

El objetivo a nuestro entender, de una demanda como la anterior, tiene que ver con fijar una meta concreta al movimiento que además de poseer sentido material, práctico, impulsa el ejercicio de la presión de los sectores movilizados hacia el gobierno y el Estado, como de su organización y robustecimiento de bases en la lucha política, en la protesta. Criticamos desde este punto de vista la noción de una Iniciativa Popular de Ley, pues si bien los movimientos de masas a través de sus organismos democráticos deben avanzar en discusiones políticas y proyección de sus luchas, pretender sentarlos a crear leyes es una cosa completamente distinta y el efecto concreto e inmediato que presenta es que desmoviliza, desarticula, desvanece las fuerzas y domestica en tanto la canalización institucional del descontento y la movilización. Por lo demás, los sectores populares no tienen la intención ni las ganas de redactar leyes; esa tarea se la van a delegar a sectores intelectuales, más bien pequeñoburgueses.

Para cerrar, nos sumamos a la agitación por la sustitución del Ministro de Educación, Gerardo Varela. Pero nos desmarcamos completamente de la perspectiva y los intereses que disponen en eso organizaciones del Frente Amplio, que en realidad son sus propios fines electorales. Mucho más nos interesa seguir profundizando y consolidando contenidos del movimiento y llevando adelante líneas de acción, produciendo organización en todos los espacios y territorios que podamos, impulsando asambleas o comités de mujeres por necesidades urgentes y sentidas; asambleas de varones antipatriarcales en los barrios y brigadas de varones antipatriarcales; talleres educativos, instancias de autodefensa feminista, etc, en una perspectiva clasista y anticapitalista. Removiendo así, las relaciones y concepciones de todo espacio organizativo mediante el ejercicio de la acción política honesta y decidida.

Con o sin Agenda Mujer:

¡Feminismo o barbarie!

 

26 de mayo de 2018

Izquierda Guevarista de Chile