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Izquierda Guevarista de Chile

Juventud Guevarista de Chile

Mayo, 2018

Estamos intentando desarrollar un proyecto político integral, feminista, antipatriarcal, antidogmático, ecológico, clasista, anticapitalista, socialista, antiimperialista, internacionalista, revolucionario. Nadie, absolutamente nadie, individual ni colectivamente, lo tiene listo al día de hoy. La verdad es que lo vamos haciendo en la práctica, equivocándonos y aprendiendo, procurando avanzar, por sobre todo: con humildad y con sinceridad, con autocrítica y crítica constructiva.

Un balance colectivo y una autocrítica indispensable como primer paso

Como organización política hemos dado, desde el año pasado, algunos pasos en el desarrollo de procedimientos internos de carácter democrático para hacer frente a relaciones de violencia machista, cuando se manifiesten, al interior de nuestras filas. Y a su vez, de educación permanente del conjunto de nuestra militancia, con perspectivas a futuro, que es finalmente la dimensión medular.

De todas maneras, debemos admitir que nosotras y nosotros, así como de forma similar la gran mayoría de las orgánicas políticas y todavía de los espacios de organización más amplios y sociales, hemos tratado de responder a las situaciones de violencia machista que nos competen directamente de modo reactivo, después de ocurrida una serie de hechos o dicho más claramente, que venían sucediendo desde el pasado y no supimos actuar a tiempo, o peor aún, no tuvimos la determinación suficiente ni la claridad debida para actuar. No es verdad que nosotras/os ni nadie, al momento de expresarse esta “oleada feminista” de la que felizmente nos hacemos parte, estuviésemos ya preparadas/os con una batería de herramientas, métodos y procedimientos para responder con coherencia y eficacia. Lo que no descarta que hayamos dispuesto y estemos disponiendo, hasta el día de hoy, todos nuestros esfuerzos en construirlos y con eso aportar no solo a nuestra organización, sino al conjunto del movimiento.

Más que una realidad actual, ha sido nuestra aspiración colectiva desarrollar el feminismo de manera integral, forjando una consciencia feminista entre todas las personas a las que podamos llegar, sean militantes de nuestra organización o no. Para de ese modo, ir creando nuevos sujetos, prevenir la violencia, abordarla cuando ocurre, reparar y reeducar. Pero lo cierto es que no en todas las dimensiones lo hemos logrado como esperamos: en el camino nos encontramos con dilemas que debimos resolver, por ejemplo, cómo proceder en ausencia de los relatos que nos ayuden a esclarecer una denuncia por violencia machista que no ha sido presentada integralmente a la organización; o también, hasta qué punto o de qué manera la organización puede regular y decidir sobre ámbitos que comúnmente se entienden como parte de la “vida privada” de las personas, tales como el uso personal de las redes sociales o las relaciones sexo-afectivas que podrían establecer los/as militantes entre sí.

Casi siempre que hemos errado, o que no lo hicimos tan bien como queríamos, ha sido por falta de determinación; la inseguridad prima sobre la audacia y lo menos efectivo de todo es no hacer, o hacer tarde, o hacer sin toda la decisión -con una cuota de temor a equivocarnos-. Ciertamente nos hemos confundido, y no es que no quisiéramos enfrentar en su conjunto la problemática del machismo -de hecho creemos que sí nos hemos hecho cargo-, pero no contamos con todas las herramientas a tiempo, no teníamos tampoco una experiencia en nuestra corriente o en el movimiento sobre la cual apoyarnos directamente. Por otro lado, algo que es sano y natural hasta cierto punto, tenemos debates aún abiertos al interior de nuestra organización entre personas con distintos puntos de vista sobre los modos concretos de actuar. Y es que la práctica enseña.

Además, ha habido compañeros, sobre todo varones, de quienes nos hemos desilusionado profundamente: que habiéndose equivocado e incurrido en alguna práctica de violencia machista, no resistieron el “juicio colectivo” y prefirieron renunciar, sin hacerse cargo de lo que le toca; u otros que frente al desafío concreto de superar los vicios machistas de modo colectivo, de modo organizado, decidieron colocarse como “jueces externos” bajo un pretendido manto de pureza y dar un paso al costado, antes de asumir que “ni yo ni el resto” es completamente feminista ahora ya, pero que hacia allá apuntamos, esa es nuestra aspiración y la realizaremos práctica y colectivamente. O en otros casos, compañeros -hasta el día de hoy- no participan tan proactivamente de instancias de formación antipatriarcal ni pareciera inquietarles mucho el tema. Pues bien, avanzaremos cada vez con mayor determinación y contundencia.

A esto podemos agregar que reconocemos hoy día, sin complejos pero con plena consciencia colectiva de la cuestión, que si no fuera gracias a un grupo de avanzada de compañeras que hace años viene impulsando el feminismo en la organización, y hasta podríamos hablar de las compañeras de militancia más en general, el contenido feminista de nuestro proyecto no se habría desarrollado. Compañeras de la organización hemos tenido que superar, además de toda la violencia patriarcal que nos amenaza y azota diariamente, ciertas resistencias por parte de varones militantes desde tiempo atrás, la mayoría de las veces bajo formas “sutiles” pero no por eso menos influyentes, expresadas como indiferencia, desinterés en la temática, indolencia frente a determinadas situaciones complejas para las mujeres, relegación a un segundo plano del problema de la violencia machista y el patriarcado en las lecturas y análisis o en los planes de trabajo, etc. En cierto sentido, para nosotras y nosotros reconocer lo anterior con claridad y con valentía, hace parte de un “volver a partir” con un salto cualitativo en nuestra base.

Finalmente, con toda sinceridad, como organización pedimos disculpas a las mujeres que se puedan haber visto afectadas, de cualquier manera y a todo nivel, a causa de un actuar lento, torpe, ineficaz o negligente por parte nuestra. El compromiso honesto es tratar de remediar dentro de lo posible y rectificar hacia adelante.

Métodos de trabajo del feminismo, masculinidades, espacios mixtos y “separatistas”

El proceso en que nos encontramos actualmente es de impulsar, aunque de forma todavía incipiente e insuficiente, el desarrollo entre los varones de la militancia de nuevas masculinidades antipatriarcales a través de círculos de varones, discusiones de bases y otros espacios más amplios de cuestionamiento y reconocimiento de la propia identidad masculina con todos los sesgos machistas que trae insertos, desde los más evidentes hasta los menos. Como también entre las compañeras, promover relaciones de contención y apoyo, de protección colectiva, a través de la sororidad y el amor, igualmente en círculos de mujeres u otro tipo de talleres para mujeres, autodefensa feminista, etc. Claro que en momentos, varones y mujeres pueden juntarse para intercambiar sus experiencias, lo que puede resultar muy rico y fructífero. Pero, afirmamos la utilidad práctica de las instancias exclusivas para mujeres y disidencias sexuales, por un lado, y de varones por el otro, para poder trabajar en ambientes de mayor confianza y más claro compromiso, en el caso de los varones, las problemáticas correspondientes.

Ahora bien, esto es muy importante: sostenemos que no podemos quedarnos con los ejercicios de “reflexión y abstracción” únicamente, tal como en estricto rigor, son los círculos -de mujeres y de varones-. Por sí solos, hemos observado por experiencia propia que pueden servir asimismo a la autocomplacencia y el confort individual. Más bien, la lógica debe ser volcar el conjunto de nuestras fuerzas a una actividad práctica -que después pasaremos a detallar-, al ejercicio de la acción política y más concretamente, al despliegue de la lucha política como esfera sustantiva a partir de la cual puede madurar una consciencia mejor dotada de atributos cualitativos. En este sentido, los diversos espacios de organización con objetivos políticos y con líneas de acción práctica a desplegar, los entendemos como la base de un trabajo feminista. Mientras que las instancias de reflexión, debate, “introspección colectiva”, abstracción en definitiva, son herramientas complementarias al desarrollo de la organización y la lucha.

En el movimiento feminista estudiantil, apoyamos e impulsamos decididamente la política de organización de espacios exclusivos de mujeres. Quiere decir, no tan solo que las compañeras dirijan y protagonicen la movilización, sino además que se organicen, deliberen y decidan en instancias exclusivas de mujeres -asambleas, claustros, tomas, etc-. Las razones ya han sido ampliamente desarrolladas por el propio movimiento: las compañeras necesitamos espacios seguros, de comodidad, de confianza y de exclusiva autonomía para discutir en profundidad nuestros problemas y resolver. La verdad, si esto se llama “separatismo” o se llama de una forma distinta, la encontramos una discusión secundaria y hasta cierto punto, semántica. Estamos de acuerdo con el “separatismo”, mientras por ello estemos entendiendo la política ya mencionada.

Sin embargo, lo entendemos desde el punto de vista de una herramienta de organización del movimiento, legítima y necesaria, e incluso en determinados espacios y con determinada funcionalidad, al interior de nuestra propia orgánica que es mixta. Pero en ningún caso, entendemos ni nos hacemos parte del “separatismo” en un sentido estratégico, como una corriente dentro del feminismo que “…defiende la completa separación [entre sexos] como parte de la estrategia consciente de liberación” -Marilyn Frye, “Separatismo y poder”-. Posición que difiere de nuestro proyecto por el socialismo, con un alcance estratégico no binario, llamémosle mixto o del conjunto de la sociedad. Lo que distingue nuestro feminismo de otras corrientes, es que aspiramos a ser antipatriarcales, clasistas, anticapitalistas y revolucionarias -ecosocialistas, ecofeministas, antifascistas, podríamos agregar-, y que nuestro proyecto de sociedad, por tanto, comprendemos debe ser mixto, del conjunto de la clase trabajadora y los pueblos. Sin desmedro de que podamos constituir e integrar espacios exclusivos de mujeres y disidentes -como exclusivos de varones- como herramienta táctica organizativa en medio de la coyuntura y de forma permanente, como ya señalamos.

Creemos profundamente y estamos convencidas del potencial político, moral y subjetivo que entrañan los procesos amplios y de bases que se pueden desarrollar en estos espacios de mujeres y disidencias sexuales.

Asimismo, a nivel del movimiento creemos indispensable impulsar el desarrollo de nuevas masculinidades antipatriarcales, las cuales deben ser fruto del esfuerzo propio de los varones a fin de no reproducir y recargar el rol de educadora que el patriarcado ha impuesto históricamente a las mujeres, obligando a las compañeras a luchar contra el sistema y además, reeducar a los varones en relación a su machismo.

En este sentido, hablando de la responsabilidad particular de los varones, pensamos que su labor en el movimiento feminista no es de “apoyo”. Esta tesis, asumida por ellos en ocasiones -y enunciada también por parte de compañeras-, ha servido en concreto para desligarse de las responsabilidades prácticas de una acción política, que como ya destacábamos, es el fundamento de una transformación en la subjetividad. Se suele omitir la acción antipatriarcal a desarrollar cotidianamente en sus relaciones de pareja, en los hogares, en el trabajo doméstico y no doméstico, en todos los aspectos de la vida: en suma, la evidencia y concreción de un cambio en la consciencia de verdad. Sin perjuicio de que las protagonistas de esta lucha son siempre las mujeres de la clase trabajadora y otros sectores subalternos, discriminados por su orientación e identidad sexual, etc.

Además, se hace necesario que individualmente exista un reconocimiento y una reparación consciente y responsable de los daños provocados a otras personas haciendo uso de los privilegios en tanto que varón; porque es parte de desnaturalizar la violencia ejercida, pero también porque es necesaria la autocrítica y el perdón. Seguramente debe causar temor el admitir prácticas machistas, tomando en cuenta las “funas” y la forma como muchos casos se han abordado; no obstante lo cual, es un deber moral el enfrentarlo y buscar su reparación. Hacerlo, con todo lo que conlleva, es un acto revolucionario. La verdad es siempre revolucionaria.

También confiamos en el potencial político, moral y subjetivo de estos procesos que se dan en la base, pero los varones definitivamente deben urgirse -si es que no lo están ya- y apurar el ritmo. Si no creyéramos en las posibilidades educadoras y transformadoras de la humanidad, la verdad es que el proyecto revolucionario carecería completamente de sentido.

Reivindicaciones y banderas del movimiento feminista estudiantil

En este apartado trataremos de ser bien sintéticas/os. Apoyamos y somos partícipes, siempre de modo crítico y constructivo, de las demandas que el propio movimiento feminista ha planteado:

  1. a) Desvinculación de las instituciones educativas de todos los profesores, funcionarios y/o estudiantes que hayan incurrido en violencia de género y/o prácticas machistas contra cualquier mujer.
  2. b) Diseño de protocolos y procedimientos adecuados y únicos para abordar integralmente la violencia de género, desde la educación, prevención, investigación, sanción y reparación.
  3. c) Creación de comisiones triestamentales -estudiantes, funcionarios/as y profesorado- que se hagan cargo de la investigación y sanción de casos de violencia de género.
  4. d) Implementación de programas de educación sexual; conjuntamente a la implementación de exámenes gratuitos para detectar enfermedades de transmisión sexual para toda la comunidad, tanto en instituciones de educación superior como escolar.
  5. e) Incorporación obligatoria en todas las mallas de asignaturas que traten el problema de la violencia de género desde un enfoque feminista, tanto en instituciones de educación superior como en los planes curriculares de colegios y liceos.
  6. f) Reconocimiento de las identidades trans; utilización de su nombre social en el espacio universitario y secundario.
  7. g) Otra/s que podamos estar omitiendo.

Junto a lo anterior, impulsamos y apoyamos la triestamentalidad de las demandas y del trabajo organizativo, como una bajada concreta de la mirada clasista que estamos planteando y que se lleva a la práctica en los espacios movilizados; pues entendemos que a nivel de entidades educacionales no sólo las estudiantes son acosadas, abusadas y discriminadas, sino que trabajadoras, docentes y funcionarias son objeto de las mismas -o a veces peores- violencias y vejaciones por el único hecho de ser mujer.

Por último, consideramos necesario y muy importante respetar la autonomía de las asambleas y los distintos espacios organizativos del movimiento, cuidando en todo momento la no-interferencia en relación a sus dinámicas y toma de decisiones. Si bien sabemos que el ejercicio de la política consiste en persuadir, disuadir e influir a través de los argumentos y el diálogo para con los elementos de nuestra clase, expresado en práctica política concreta en busca de la modificación de las relaciones sociales, pensamos que una de las prácticas que más daño genera a la organización de masas y a la política de izquierda, es la “sobre-intervención” o “intervencionismo” desde núcleos u orgánicas políticas hacia las instancias sociales. Este uno de los principios a través de los cuales participamos en la movilización social, buscando siempre ser un aporte en cada lugar que nos insertamos.

El desarrollo de la amplitud de la movilización: una tarea ineludible

En este momento, creemos y proponemos que existen algunos ejes mediante los cuales desarrollar la amplitud y la fuerza de la movilización feminista, evitando y anteponiéndonos a su necesaria pero no tan cercana todavía, curva descendente. Estos son los que se señalan a continuación:

De la movilización universitaria a una movilización feminista estudiantil

Rápidamente el estudiantado secundario debe desarrollar procesos de discusión interna, llamamiento a asambleas locales, sectoriales y territoriales, en todos los tipos de establecimiento bajo la consigna de educación no sexista y espacios educacionales seguros -protocolos, formación y capacitación, infraestructura, iluminación, etc-. Felizmente, esto ya ha empezado a ocurrir, con principal fuerza en los liceos de niñas. Pero todavía no se vuelve suficientemente extensivo.

De la movilización feminista estudiantil a una movilización de mujeres, feminista y clasista

Movilización de mujeres por su composición fundamental; feminista, clasista y anticapitalista por los objetivos que persigue y por su carácter social y político. Este movimiento debe apuntar a ser de masas, de bases y popular, y para ello es importantísimo su territorialización, especialmente en las poblaciones, barrios y en los propios sectores donde está ubicado un establecimiento educativo movilizado. Algunas de las reivindicaciones más sentidas y urgentes que debemos agitar son: por una Ley de Violencia de Género; contra los feminicidios y violaciones; contra el acoso callejero; contra la violencia física y psicológica en los barrios; aborto libre, seguro y gratuito; educación no sexista; igual salario por igual trabajo; socialización, reconocimiento y remuneración de las labores domésticas; no más AFP; en defensa de las aguas y los territorios, entre otras.

Movilizar y organizar en los territorios, a territorializar la lucha feminista: las asambleas territoriales de mujeres y asambleas territoriales de varones antipatriarcales

Es una necesidad que en los territorios podamos conformar redes de mujeres que nos permitan, entre otras cosas, transformar el lugar en que habitamos en un espacio seguro. Para esto, por supuesto es fundamental la organización y la lucha. Una buena herramienta para avanzar en ese sentido son las asambleas locales o comunales de mujeres, para organizar a las mujeres jóvenes y trabajadoras de un sector, crear redes de apoyo, contención y protección, canales de comunicación, medios de denuncia; incluso instancias de expresión cultural y creación artística, técnicas de autodefensa, entre muchas otras iniciativas que se pueden impulsar a nivel de bases. Desde estas asambleas se pueden desprender los círculos de mujeres, para fortalecer lazos de sororidad y procesos de reparación colectiva.

Asimismo, proponemos la conformación en los territorios de “asambleas de varones antipatriarcales”. Como decíamos más arriba, lo central es que tanto las asambleas de mujeres como las de “varones antipatriarcales” sean instrumentos populares y de bases al servicio de la articulación y la lucha política, apuntando a trascender las reivindicaciones por educación no sexista -centrales y valiosas sin lugar a dudas- y abarcando el campo del movimiento feminista vinculado a otras reivindicaciones populares, como las mencionadas en el apartado de arriba. Agitando y persiguiendo demandas, en el caso de las mujeres sobre todo, discutiendo y formándose en torno de estos objetivos concretos de lucha; y poniendo en práctica el ejercicio solidario por parte de los varones.

Por ejemplo, a nivel territorial los varones pueden desplegar campañas de concientización sobre las prácticas o costumbres machistas que violentan a la mujer; realización de agitación y propaganda en las calles y de talleres pertinentes de carácter abierto. También se podría intentar hacer de los territorios espacios más seguros para las mujeres, por ejemplo movilizando protección ante una situación de sumo riesgo donde las instituciones del Estado no sirven por su lentitud e ineficiencia. Desde las “asambleas de varones antipatriarcales”, en la actual coyuntura el principal motivo de convocatoria será el apoyo al movimiento feminista. Pero más adelante, bien se pueden proyectar en constituirse como herramientas de carácter permanente a nivel territorial. El carácter de dichas asambleas debe ser explícitamente antipatriarcal y anticapitalista.

Finalmente, aprovechamos este espacio para mencionar que adherimos con todas nuestras fuerzas a la “Protesta Popular Feminista” este viernes primero de junio. Que los diferentes territorios sean espacio de lucha, protesta y manifestación. Desde ya, y en perspectiva, la articulación territorial debe tener en vista como una de las líneas de acción centrales, el ejercicio de la movilización y la protesta popular.

La unidad en la lucha y los indispensables procesos de articulación regional y nacional

Como ya se desprende del apartado anterior y de las propuestas, el alcance del movimiento feminista no se agota en lo estudiantil. Existe una idea instalada, por ignorancia, por prejuicios o simplemente por resistencias, de que el movimiento feminista es solamente las demandas de las estudiantes dentro de sus establecimientos -a las cuales como ya hemos dicho, otorgamos un gran valor de todos modos-, y eso no es así. La lucha contra la violencia machista y el patriarcado tiene un carácter transversal pero interpreta, por sobre todo, a las mujeres más vulnerables de la clase trabajadora. La violencia física y psicológica en el medio familiar, los abusos sexuales, violaciones y feminicidios, muchas veces a niñas, están asociadas directamente a la precariedad de la vida de las mujeres del pueblo trabajador, a la pobreza, el hacinamiento, la droga y el alcohol, la precaria educación, etc. Todo el mundo sabe esto.

De modo que consideramos relevante avanzar en el desarrollo de la unidad en la lucha, articulando e integrando a un movimiento feminista de clase a los diferentes sectores de mujeres con organizaciones, intereses y banderas de lucha, en perspectiva nacional, articulando desde lo regional hacia lo nacional.

Ponemos como un referente importante, el potencial que puede desarrollar a nivel nacional la Coordinadora 8 de Marzo -C8M-. Aquí, o en otra articulación -el nombre es lo de menos- deben converger sectores y organizaciones de mujeres pobladoras; en lucha por la vivienda; mujeres de la CNT No + AFP; de la lucha por las aguas y los territorios; tal vez, por el Wallmapu, mujeres del Pueblo Mapuche; mujeres inmigrantes; expresiones culturales y del movimiento estudiantil, colectivos populares; estudiantes secundarias, de CFT’s e IP’s, estudiantes periféricas; de comités, sindicatos y mujeres sindicalizadas, representantes de la lucha contra el régimen de honorarios, etc. Como también de Ni Una Menos, COFEU. Nuestra lucha feminista debe ser ejemplo de integración, unidad y lucha clasista.

Por una Ley contra la Violencia de Género

A este respecto, nos permitimos citar un extracto de una declaración recientemente emanada por nuestra organización, titulada “A propósito de la “Agenda de Género” del gobierno y las movilizaciones feministas”, disponible en juventudguevarista.cl y nuestra-america.org:

“Por último, si bien el gobierno habla de reimpulsar un proyecto del mandato anterior de Bachelet, “Mujeres libres de violencia”, anunciando, por ejemplo, la máxima urgencia a los proyectos que sancionan la violencia en el pololeo, señalamos que no se está pensando ni haciendo en orientación a la protección institucional efectiva de las mujeres, más allá de lo “simbólico” o de cambios conceptuales en el papel. Creemos que sería interesante posicionar la demanda por una Ley contra la Violencia de Género -inexistente en Chile, solo hay una ley de violencia intrafamiliar, pero que queda muy corta frente a las innumerables formas de violencia hacia las mujeres-, que permita medidas concretas especialmente frente a los femicidios y las violaciones, lo que realmente nos hace vivir en el terror.

El objetivo a nuestro entender, de una demanda como la anterior, tiene que ver con fijar una meta concreta al movimiento que además de poseer sentido material, práctico, impulsa el ejercicio de la presión de los sectores movilizados hacia el gobierno y el Estado, como de su organización y robustecimiento de bases en la lucha política, en la protesta. Criticamos desde este punto de vista la noción de una Iniciativa Popular de Ley, pues si bien los movimientos de masas a través de sus organismos democráticos deben avanzar en discusiones políticas y proyección de sus luchas, pretender sentarlos a crear leyes es una cosa completamente distinta y el efecto concreto e inmediato que presenta es que desmoviliza, desarticula, desvanece las fuerzas y domestica en tanto la canalización institucional del descontento y la movilización. Por lo demás, los sectores populares no tienen la intención ni las ganas de redactar leyes; esa tarea se la van a delegar a sectores intelectuales, más bien pequeñoburgueses.”

Mujeres mapuche, migrantes y asesinadas

Finalmente, queremos subrayar que desde nuestro punto de vista, el movimiento feminista se preocupa y lucha como uno de nuestros ejes centrales, porque no nos maten por el hecho de ser mujeres, porque amamos la vida y deseamos vivir. Como asimismo, solidarizar estrechamente con los derechos y la dignidad de las mujeres migrantes -particularmente haitianas, mujeres negras- discriminadas por toda la sociedad, pero sobre todo por la clase en el poder. Y con las mujeres del Pueblo Mapuche, objeto del más cruel y despiadado terrorismo del Estado, el latifundio y las grandes empresas por ser mujeres, por ser mapuche y por luchar por su emancipación como pueblo ancestral.

También a veces se oye la idea, de nuevo a causa de ignorancia, prejuicios y resistencias, de que las estudiantes que hoy día van a la cabeza de la movilización feminista jamás se preocuparon de protestar por la muerte de Joane Florvil, joven madre haitiana que, detenida presuntamente por abandonar a su hija en agosto del año pasado, muere recluida en una comisaría en circunstancias que aún no han sido esclarecidas. O por el asesinato de Macarena Valdés, mapuche, luchadora y madre, asesinada -como ya está comprobado- por sicarios de una empresa transnacional de energía eléctrica de origen austríaco. Pero esto tampoco es verdad. Si bien no de forma tan masiva como ha sido a nivel universitario y escolar, sectores del movimiento feminista alzamos la voz y nos movilizamos en las calles a lo largo del país para cuando el asesinato de Joane -fue asesinato-, de Macarena Valdés y todo el proceso de peritaje posterior, y por la libertad de la machi Francisca Linconao, ex presa política mapuche -recientemente liberada- y guerrera ejemplar de cuya lucha somos parte.

Por eso, por todas ellas, por todas nosotras, la consigna que levantamos para la jornada de protesta popular este primero de junio es: “Por nosotras y por las que se llevaron”, aludiendo a los feminicidios, violaciones, torturas y vejaciones atroces por el hecho de ser mujeres, y por ser mujeres pobres, trabajadoras, negras, inmigrantes, mapuches y combatientes.

¡Feminismo o barbarie!

¡Mujer, Vida, Resistencia!

¡No nacemos machos!

Contra toda expresión de machismo: ¡organización, combate y feminismo!