Los últimos 10 ó 15 años de nuestra historia nacional hemos podido observar una tendencia: distintos sectores de la clase trabajadora y pobladores movilizándose mediante la organización por sus propios medios, puesto que la institucionalidad burguesa y burocrática no ofrece soluciones a los problemas que se reclaman. Es el sistema de explotación el que genera miseria, exclusión y descontento, mientras que el aparataje político de los dueños de la riqueza rechaza sistemáticamente la conquista de las reivindicaciones por parte de los oprimidos.

De manera lenta e irregular, esta tendencia de la movilización de masas señala un ascenso de la protesta popular. Sin superar aún los límites propios de la institucionalidad burguesa, las coyunturas de movilización aparecen cada vez de forma más frecuente y profunda. Particularmente después de la gran movilización estudiantil del 2011, los métodos de lucha empleados por trabajadores y pobladores -sobre todo aquellos pertenecientes a las ramas y a las localidades más precarizadas, alejadas y olvidadas por los ricos y poderosos- tienden a validar y expandir el uso de la violencia de masas. Esto con el fin de atacar y ejercer presión sobre autoridades políticas, locales o nacionales, y propietarios de industrias o empresas. No es otra cosa que un proceso de agudización, lento pero sostenido de las contradicciones de clase.

Es precisamente en esta línea que se inscribe la movilización protagonizada durante finales de mayo e inicios de junio por pobladores y trabajadores de la comuna de Quellón, en demanda de condiciones hospitalarias básicas para la atención de la salud de sus habitantes. En dicha localidad medianamente pequeña ubicada en la región de Los Lagos, al sur del archipiélago de Chiloé, falleció Verónica Cosme el día miércoles 8 de Mayo del presente, a los 30 años, madre de tres hijos, producto de un diagnóstico médico desacertado al no identificar una hemorragia interna. Este caso se sumó a otro anterior cuya víctima fue Carola Concha, fallecida durante el año pasado en la misma comuna. Ambos gatillaron una gran movilización local en protesta por las condiciones hospitalarias de la zona.

El día lunes 27 de Mayo se da inicio a la movilización. La problemática: el único hospital de la comuna colapsado (diseñado para una población de 7.000, con más de 35.000 personas en Quellón actualmente); falta de especialistas y equipamiento; graves dificultades de conectividad, problemas de acceso al hospital por vías rurales. A esto se suma el fatídico problema de las negligencias médicas. Junto con ello, ninguno de los hospitales en Chiloé está normalizado (que ofrezca la atención debida: baja, mediana o alta complejidad).

Decenas de pobladores bloquearon el acceso a la comuna de Quellón como forma de manifestarse. La tranquilidad habitual fue quebrantada por barricadas en la ruta 5 Sur, las clases de los colegios municipales y particular-subvencionados fueron suspendidas, pescadores y otros gremios de trabajadores en paro de actividades y un masivo caceroleo en la plaza pública. A la movilización se unieron dirigentes y organizaciones de todos los sectores, denotándose el apoyo popular en la paralización general de la comuna.

La protesta popular fue rápidamente canalizada en la Asamblea Social de Quellón, la cual si bien estuvo controlada principalmente por el Partido Comunista y la Concertación, fue robustecida de forma importante por pescadores y pobladores que otorgaron a la lucha las herramientas de fuerza y de presión. Candidatos a diputado y otros cargos intentaron jugar aquí sus cartas y apoyaron la movilización, pero continuó siendo la Asamblea Social la que entregara las líneas y los objetivos centrales de acción. Fue así como se conformó en cosa de días un petitorio de 16 puntos, los cuales por medio del diálogo con las autoridades se elevarían hasta 25. Por medio de este se exigieron soluciones integrales al problema de salud, y no medidas económicas paliativas. Además, la movilización se mantendría hasta que no se presentara en la zona el Ministro de Salud Jaime Mañalich, único interlocutor válido para la Asamblea Social.

El Ministro apareció junto con un fuerte contingente de Fuerzas Especiales, los que finalmente no actuaron pues el diálogo resultó fructífero y expedito. La Asamblea de Quellón consiguió importantes compromisos: acelerar la confección del nuevo hospital en Quellón, con mejoras en infraestructura de salud y mayor cobertura, recinto que será de “mediana complejidad”, antes del 11 de marzo de 2014; y también, un laboratorio de especialidades médicas en la zona y un nuevo consultorio rural para la atención de comunidades mapuche.

El desenlace fue positivo al llegar a un acuerdo político, fruto exclusivo de la organización y la movilización del pueblo y los trabajadores. Vale mencionar que además de Quellón, acompañando esta coyuntura, los pobladores de Castro, Ancud, Chonchi y Quinchao levantaron sus propias asambleas, donde trabajaron en la elaboración de demandas locales.

¿Cómo podemos entender la experiencia organizativa de la movilización de Quellón?

La experiencia nos muestra, en primer lugar, que el descontento popular estalla y seguirá estallando principalmente en las zonas periféricas -en el contexto del barrio o el trabajo- donde las condiciones de vida del pueblo pobre, producto del sistema de explotación, alcanzan niveles derechamente críticos causando muertes, enfermedad, hambre, hacinamiento, anegamientos, cesantía, etc. Ejemplo de esto es Quellón pero antes fue Magallanes, Aysén, Freirina y una larga lista. Es en estos escenarios que el capitalismo golpea a la clase trabajadora y al pueblo en el eslabón más débil, punto sensible donde la cadena se rompe con mayor facilidad.

Por otro lado, enseña que la organización popular se viene desarrollando, de forma más o menos espontánea, en formatos de asamblea territorial. Aquí se trabajan las reivindicaciones de forma amplia y horizontal, integrando a distintos sectores de pobladores y trabajadores que han vuelto a convencerse de la necesidad de unirse para ganar. Este es un indicio importante en el proceso de superación de la fragmentación social, donde la asamblea popular va haciéndose soberana de deliberaciones y decisiones. Tanto es así, que en reiteradas ocasiones algunas alcaldías y partidos políticos oficiales deben someterse a las determinaciones de estas asambleas, llevándose la conducción por abajo.

Sin embargo, se ha demostrado durante estos últimos años, que estas asambleas populares suelen ser útiles de forma casi exclusiva a los episodios de estallido coyuntural, de organización para el presente inmediato en función de los problemas y necesidades más sentidas del pueblo. Pero no son capaces, por lo general, de proyectar políticamente la movilización, de conformar plataformas de lucha más complejas, de sentar bases organizativas relativamente sólidas que superen la coyuntura y vayan diseñando nuevas metas por las que luchar. Para esto se hace necesario el accionar de formas de organización que apunten al desarrollo sistemático de la conciencia de clase del pueblo trabajador.

Vislumbramos, a partir de esta experiencia, la necesidad de hallar las formas en que la organización popular vaya generando espacios de autodeterminación, donde no tenga lugar la conducción del bloque en el poder y los representantes de la burguesía. Donde sean los propios estudiantes, los pobladores, las dueñas de casa, los dirigentes vecinales, los pescadores, los campesinos y la clase obrera, quienes desarrollen de forma democrática sus propios medios de educación, organización y lucha, apuntando a la construcción de embriones de poder del pueblo.

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