Por Iker CZ, militante de la Izquierda Guevarista de Chile*

“Vivimos momentos en los cuales el futuro no se decide en el futuro. El futuro se está decidiendo hoy; está presente en el presente de hoy”

Bautista Van Schouwen[1]

Los últimos diez años de lucha de clases en Chile han sido de extraordinaria riqueza política. Desde el comienzo de la década del 2000 -y como coletazos de la Crisis Asiática y el desgastamiento del régimen “democrático” burgués de fines de los 90’s- es que nuestro país viene desarrollando un importante proceso de ascenso en sus luchas y de reconstrucción del movimiento de masas. El cual, desde el inicio de los gobiernos socialdemócratas de la Concertación, se encontraba casi completamente derrotado.

El término gradual del reflujo posterior a la derrota política, orgánica e ideológica de fines de los años 80’s, está poniendo nuevamente antiguos temas sobre la empolvada mesa de discusión teórica de nuestra izquierda chilena. Especialmente, en lo que refiere a la discusión sobre cuestiones programáticas y estratégicas; cuestiones fundamentales -como muy bien sabemos los revolucionarios- para responder nítidamente ante los complejos requerimientos de la lucha de clases.

El nuevo flujo -aún relativo e inestable- de lucha de clases en Chile, nos impone un triple desafío: (a) avanzar en la profundización de la conflictividad de clases; agudización de las contradicciones antagónicas entre explotados y explotadores, al mismo tiempo que (b) debemos ir resolviendo -como izquierda revolucionaria- los procesos de reconstrucción del movimiento de masas y acumulación de fuerza social revolucionaria. Esto, junto al desarrollo de un(c) marco programático-estratégico, que permita orientar la lucha de la clase obrera y el pueblo trabajador hacia la consecución de su objetivo histórico: la derrota de la burguesía y la conquista del socialismo.

La derrota del movimiento popular y revolucionario chileno

La segunda gran derrota[2] del movimiento popular y revolucionario chileno ocurre durante el último quinquenio de los años 80’s. Si bien, no podemos establecer una fecha exacta del comienzo de la segunda contrarrevolución burguesa -ejercicio que sí podemos hacer con el golpe perpetrado el 11 de septiembre de 1973-, podemos definir una serie de situaciones políticas que nos permiten determinar que la contrarrevolución, claramente, se inició en esta época.

En primera instancia, y como una respuesta “política” a la situación general de violencia social, al desarrollo de las organizaciones armadas (Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Movimiento Izquierda Revolucionaria, Movimiento Juvenil Lautaro, etc.) y la crisis económica estructural del capitalismo aplicado en Chile por el régimen autoritario de Pinochet, es que la dictadura, la iglesia y la oposición burguesa[3], constituyen la denominada “Asamblea Nacional de la Civilidad” en 1986. Dicha asamblea fue un espacio de conciliación entre la dictadura militar, que se enfrentaba a las más amplias y radicales movilizaciones populares vistas en nuestro país durante toda el régimen autoritario, y la oposición burguesa.

Los acuerdos buscaban “apaciguar” la movilización popular que sacudía a todo el país, al mismo tiempo que pretendía “amarrar” ciertas garantías que permitieran a la dictadura militar y la burguesía monopólica tener seguridad -económica y política- respecto al proceso de transición que se iniciaba. Los acuerdos “mínimos” que se consensuaron entre los dos bloques fueron los siguientes:

a.           Impunidad para todos los oficiales y altos mandos de las Fuerzas Armadas, policías y Carabineros involucrados en crímenes contra los derechos humanos.

b.           Persistencia del patrón de acumulación capitalista en su fase neoliberal.

c.           Implementación de un régimen político democrático tutelado por las FFAA, y que proscribía a los partidos marxistas de la nueva institucionalidad (democracia limitada, excluyente y restringida).

Concretados dichos acuerdos mínimos -de los cuales no se hicieron parte los revolucionarios, ni la mayoría de las masas movilizadas- es que se da inicio al verdadero proceso de transición pactada entre la dictadura militar y la oposición burguesa. El siguiente paso, fue la desarticulación política de las organizaciones armadas y revolucionarias más importantes (FPMR y MIR).

En 1982 había sido constituido en Chile el Movimiento Democrático Popular (MDP), conformado por el MIR, el PC y el PS-Almeyda[4], además de otras fuerzas menores. El MDP, fundamentalmente, pretendía convertirse en un frente político (alianza) de las organizaciones que desplegaban -en ese momento- todas las formas de lucha (entiéndase: lucha de masas, lucha política y lucha militar). El objetivo central del MDP era el derrocamiento -mediante todas las formas de lucha- de la dictadura militar y la instauración de un Gobierno Democrático y Popular, que dirigiera la transición política hacia un régimen de características socialistas[5].

Si bien, no podemos afirmar que el MDP constituía la principal fuerza política de oposición, sí nos atrevemos a señalar que era una fuerza -al menos- gravitante dentro de toda la oposición social y política a la dictadura militar.

Los acuerdos -ya mencionados- entre la oposición burguesa y la dictadura militar, mermaron la alternativa democrático-popular, a tal punto, que una parte importante del MDP (PS-Almeyda) abandona la coalición para sumarse a la proto-concertación. Por otro lado, el PC -después del fallido atentando a Pinochet y el descubrimiento de Carrizal Bajo[6]– decide abandonar el proyecto militar, y ordena la disolución del FPMR. Por su parte, el MIR también se fracciona, producto de discusiones y divergencias estratégicas entre un parte “política” (renovación) que buscaba un mayor acercamiento a las posiciones de centro, representadas por la Alianza Democrática, y -también- duras críticas a la estrategia militar de la organización. Otro sector (mayoritario), seguiría impulsando las tesis políticas que combinaban la lucha política con la lucha militar (MIR-histórico). Finalmente, un tercer sector se escindiría del MIR-histórico, enfatizando la necesidad de centralizar los esfuerzos en construir una fuerza militar secreta y, abarcando de manera secundaria -funcional a lo anterior- el desarrollo de una política hacia las masas.

De esta manera, hacia 1987, se materializa la derrota de las fuerzas populares a causa de divisiones, cuestionamientos internos y golpes represivos. Un sector de mandos del FPMR decide continuar con el proyecto armado y comienza un proceso de rediseño político, pero que no llegaría más allá de unas cuantas acciones armadas escasamente ligadas con el movimiento de masas. Mientras tanto, el MIR entra una lógica centrífuga de rompimientos y divisiones sucesivos.

El movimiento de masas en los 90’s

 El movimiento de masas, durante todo el transcurso de los dos primeros gobiernos de la Concertación (1990-2000), estuvo casi completamente exento de luchas reivindicativas (salvo contadas excepciones). La subordinación ideológica y política del movimiento popular hacia el nuevo bloque en el poder fue casi total. La burguesía recuperó, mediante la Concertación, su dinámica de  crecimiento, e incluso se expandieron sus ganancias por sobre sus propios records históricos. Chile, hasta la Crisis Asiática de los años 97-98, crecía regularmente por sobre el 7% anual, al mismo tiempo que la brecha de desigualdad aumentaba ostensiblemente y la pauperización laboral se profundizaba. El crecimiento de las ganancias de los grandes grupos económicos se hacía -evidentemente- a costa de la clase obrera.

Sin embargo, a raíz de la crisis económica ya mencionada, sumado al desgaste de un régimen democrático burgués estrecho y excluyente, es que comenzaron a estallar las primeras movilizaciones de trabajadores de los sectores productivos estratégicos[7] . Y, más tarde, las primeras grandes protestas estudiantiles, que marcarían el largo inicio delproceso de reactivación del movimiento estudiantil chileno en particular, y el movimiento de masas en general. Así, se abría en Chile una nueva fase de lucha de clases, la que paulatinamente deterioraría -aún más- la legitimidad del régimen político y -poco a poco- se transformaría en un cuestionamiento al patrón de acumulación capitalista, a la condiciones de trabajo, y al sistema educacional chileno.

La reversión en la lucha de clases y la discusión política en la izquierda revolucionaria

Como ya indicábamos, a partir de la última década, en nuestro país se comienza a vivir una importante reactivación del campo popular. Las jornadas de movilización estudiantil del año 2006 muestran claramente ese camino. Pero sin lugar a dudas, las protestas sociales desatadas por el movimiento estudiantil el año 2011, sobrepasan ampliamente la lucha meramente sectorial, transformándose en un movimiento de masas amplio. Este, contó con una fuerte participación de sectores obreros y populares. El campo popular  pasó de demandas exclusivamente economicistas a demandas de carácter político, que cuestionaban directamente tanto al carácter de clase de la educación, como al sistema capitalista que le da sustento político e ideológico.

Una vez concluida la efervescencia propia de las movilizaciones nacionales, pasamos -los sectores movilizados- a profundizar aún más en la discusión política interna, que ya se venía dando desde el nuevo ciclo de lucha de clases de principios del milenio. Las cuestiones que antes parecían discusiones “cavernarias” para muchos sectores de los autodenominados como “izquierda radical”,  comenzaron a resucitar en la discusión teórica. Ya derribado el mito de la infalibilidad del modelo económico y el régimen político, nos comenzamos a preguntar nuevamente por el quehacer político y orgánico, táctico y estratégico, por el futuro del movimiento de masas y las posibilidades reales de desarrollar la lucha revolucionaria en nuestro país.

Sin embargo, los años de anquilosamiento teórico de las corrientes revolucionarias, más los contrabandos y la dispersión ideológica en la izquierda de los años 90’s (renovación socialista, hegemonía socialdemócrata, crecimiento del pensamiento -metafísico- posmoderno) nos han pasado la cuenta duramente, en cuanto a la claridad  y la profundidad de nuestro análisis.

Hoy en Chile, nos estamos plateando -a veces de manera soterrada y en otras ocasiones de forma frontal y directa- la reconstrucción del proyecto revolucionario bajo condiciones absolutamente distintas a las presentes durante la década de los 90’s.

a.      Ya no existe un régimen democrático burgués absolutamente legitimado por nuestra sociedad de clases, de hecho, progresivamente los sectores explotados y marginados de nuestra sociedad han abandonado las urnas burguesas. Esto, a la vez que asumen un papel mucho más activo en la movilización social y popular. El régimen burgués de dominación política se empieza a fisurar lentamente…

b.      Las corrientes pequeñoburguesas posmodernas han pasado a una fase de retaguardia ideológica. Básicamente sobreviven en los  movimientos de masas más lejanos a la clase obrera. El carácter de clase de la lucha política retoma su protagonismo histórico…

c.       Las organizaciones, partidos y movimientos de base marxista (no necesariamente revolucionarios), ocupan importantes espacios de representación política en los sectores de vanguardia del movimiento de masas, especialmente dentro del sector estudiantil. El marxismo recupera porfiadamente su carácter de teoría científica del proletariado, de guía práctica para la acción revolucionaria…

d.      El sistema económico, pese a mantener tasas estables de crecimiento por sobre el 5% anual y una tasa de cesantía estructural baja para los estándares del capitalismo (alrededor del 5%), ya no posee en nuestro país la legitimidad y el reconocimiento entre los sectores obreros. El régimen burgués de explotación comienza a ser desnudado, la contradicción -antagónica- capital/trabajo comienza a desvelarse de manera mucho más clara…

e.      La crisis económica internacional -que de todas formas no ha golpeado con fuerza a nuestro país- trunca las posibilidades en Chile, de re-instalar la necesidad de alcanzar el nivel de crecimiento de los “países desarrollados”. La crisis mundial del capitalismo se traslada al campo de los explotados, la estabilidad política y económica del régimen mundial de explotación está -al menos- en duda en nuestro país…

Este marco nacional e internacional ha permitido -como ya señalábamos- re instalar cuestiones de importancia estratégica en la discusión nacional. Hoy en día se presentan las siguientes discusiones -con cierta pobreza teórica- entre los sectores más avanzados del movimiento de masas:

a.      Las formas principales de lucha que debe adquirir el movimiento de masas: institucional o extra-institucional, dentro de los márgenes del aparato estatal o fuera -contra- ellos.

b.      Las formas principales de organización social de la clase obrera y demás sectores en lucha: recuperación de las principales organizaciones de trabajadores (como la Central Única de Trabajadores) o la constitución de nuevas formas de organización sindical. En cuanto a la organización poblacional (territorial), la discusión gira en torno al fortalecimiento de las organizaciones vecinales o al desarrollo de las denominadas asambleas territoriales o populares. En cuanto al movimiento estudiantil, la discusión se plantea entre el fortalecimiento de las organizaciones estudiantiles asamblearias, o el copamiento de la instituciones tales como centro de estudiantes y federaciones estudiantiles.

c.       Las formas principales de organización política: la discusión se da fundamentalmente entre organizaciones sociales -movimientos- amplios sin mucha rigurosidad organizativa, pero dinámicos y flexibles, o la construcción de organizaciones -o partidos- revolucionarias y de cuadros.

Están aún exentas de este debate las discusiones sobre el carácter de las trasformaciones sociales que deben ser llevadas adelante por el movimiento de masas. Esto es, básicamente, si lo que hay que llevar acabo es una revolución social o tan solo reformas específicas y limitadas a los ámbitos de mayor explotación y exclusión del sistema capitalista. Más ausente aún, está la discusión de si las formas generales y a largo plazo que debe adquirir el movimiento obrero, campesino y popular, son de carácter armado o no armado.

Nosotros pensamos, que gran parte de los puntos de este debate -que mayoritariamente fueron  resueltos durante los primero cincuenta años de vida del marxismo- son sumamente artificiales. Esto, porque en su mayoría se muestran como opuestos y contradictorios -antagónicos-  cuestiones que en realidad están unidas dialécticamente.

A nuestro parecer, el movimiento de masas debe ser capaz de utilizar la institucionalidad burguesa a su favor en la medida en que esta le permita fortalecer las formas de lucha extra-institucionales: el despliegue de la lucha de masas confrontacional y radical, sin caer en ilusiones y fetichismos reformistas. En el caso particular de la participación electoral, creemos que por las características limitadas y excluyentes del régimen político burgués, y por la inminente crisis de representación que se abre en el actual período de lucha de clases, las prioridades de los revolucionarios deben estar ubicadas en profundizar sus contradicciones por fuera -y en contra- del aparato de dominación política estatal.

Respecto a la utilización de los espacios de representación y organización de la clase, la tarea de los revolucionarios se encuentra ubicada certeramente en la recuperación de los espacios que  históricamente estaban al servicio de la lucha de los explotados (como la CUT). Pero a la vez,  debemos innovar en formas más democráticas de organización de base. Al mismo tiempo que recuperamos la CUT, debemos ser capaces de democratizarla. Respecto a las organizaciones territoriales, la situación es similar. Los espacios de organización local desarrollados por el movimiento de pobladores durante gran parte de la primera mitad del Siglo XX, deben ser nuevamente puestos al servicio de las demandas y la organización popular. Al mismo tiempo,  debemos ser capaces de reconocer en las asambleas territoriales y populares, nuevas formas organización política del campo popular, las cuales despliegan toda su fuerza en los momentos más álgidos de coyuntura política. En relación a los espacios estudiantiles, pensamos que las instituciones de representación han permitido un mayor y más profundo desarrollo de la lucha de masas, además de una mayor legitimidad social y política. Estos espacios, que históricamente habían estado en manos del reformismo, deben ser utilizados por las fuerzas revolucionarias en función de un mayor desarrollo de la lucha de clases.

Por último, respecto a las formas principales de organización política, consecuentemente con nuestra posiciónguevarista,  creemos firmemente que la tarea de construir la organización de cuadros, el partido de la revolución, es un imperativo programático y estratégico. Si ese proceso se da por la convergencia de múltiples sectores revolucionarios o si es producto de un largo y solitario camino de algún grupo de compañeros de avanzada, lo resolverá el propio desarrollo de la lucha de clases. Sin embargo, a nuestro parecer, el proceso de convergencia revolucionaria debiese ser el que nos permita dar una respuesta política mucho más contundente e inmediata a las necesidades de la lucha de clases hoy en día.


* Articulo para la revista Pensamiento Critico de la Coordinadora Guevarista Internacionalista (CGI)
[1] Dirigente histórico del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), torturado, asesinado y desaparecido por la dictadura militar de Pinochet en diciembre de 1973.
[2] La primera gran derrota fue el golpe militar perpetrado por la burguesía y el imperialismo el 11 de septiembre de 1973.
[3] La Alianza Democrática existió desde 1983 hasta 1987, luego paso a denominarse como Concertación de Partidos Por la Democracia. La Alianza Democrática fue ideada y liderada por la Democracia Cristiana, logrando aglutinar a los partidos de oposición más moderados del espectro político nacional.
[4] Fracción político-militar del Partido Socialista de Chile.
[5] Ciertamente habían divergencias importantes respecto a este tema entre el MIR y el PC (carácter del futuro gobierno democrático popular) para efecto de este documento no serán profundizadas.
[6] Operación de internación de armas.

[7] Trabajadores forestales, del cobre y portuarios.