Revista Nuestra América

MARXISMO CRÍTICO

Apuntes sobre guevarismo: hacia un marxismo latinoamericano

Apuntes sobre guevarismo

Hacia un marxismo latinoamericano[1]

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Por Vasco Miranda, militante de la Juventud Guevarista de Chile

 

“el socialismo, aunque haya nacido en Europa como el capitalismo, no es tampoco específica ni particularmente europeo. Es un movimiento mundial (…) No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano”.

José Carlos Mariátegui

 “Por eso el marxismo es solo una guía para la acción. Se han descubierto las grandes verdades fundamentales, y a partir de ellas utilizando el materialismo dialectico como arma, se va interpretando la realidad en cada lugar del mundo. Por eso ninguna construcción será igual; todas tendrán  características peculiares, propias de su formación”

Ernesto Guevara

Para nosotros guevarismo es sinónimo de marxismo latinoamericano o de marxismo-leninismo llevado a las condiciones históricas, objetivas y subjetivas, de Nuestra América. Entonces, ¿Por qué utilizar el concepto guevarismo? ¿Por qué ser guevarista? ¿Para qué ser guevarista?.

Pues, lo hacemos a modo de síntesis teórica, política e histórica. Economía del lenguaje que nos permite expresar mediante un solo gran concepto todo el bastimento teórico y práctico desarrollado durante los últimos cien años de lucha revolucionaria continental, que tiene como máxima expresión el pensamiento y la acción desarrolla por Ernesto Guevara, pero que recorre y recoge con holgura el pensamiento político y la acción transformada realizada por la izquierda revolucionaria mundial, especialmente la latinoamericana.

Cuatro vertientes históricas del guevarismo

Sin duda Guevara fue el revolucionario más destacado y reconocido de toda Nuestra América, y uno de los más importantes en la historia de la lucha por la emancipación del proletariado. Su brillantez como guerrillero, su coraje y ética, al igual que su lucidez y consecuencia como dirigente de la Revolución Cubana, son causa y resultado de su genio intelectual, corolario teórico y sagacidad en el ámbito de las ideas revolucionarias.

El pensamiento de Guevara se circunscribe -clara e incuestionablemente- en la tradición del marxismo y el leninismo. Pero también dentro de los marcos de un latinoamericanismo militante,  antimperialista, integracionista e internacionalista, alimentado de las luchas anticoloniales extendidas en gran parte de Asia y África durante los años 40’s, 50’s y 60’s, al igual que la larga tradición de lucha de nuestros pueblos al sur del Río Bravo.

Sobre sus ideas principales, especialmente las referidas a cuestiones de carácter programático y estratégico, además de los problemas propios de la fase de transición del capitalismo al socialismo y la visión sobre la nueva moral correspondientes a los hombres y mujeres que transitan la misma fase -pero en el ámbito de las transformaciones de su propia subjetividad-, encontramos los elementos centrales de lo que denominamos marxismo latinoamericano o guevarismo.

Pero evidentemente el marxismo latinoamericano no parte con Guevara. A nuestro parecer, dicha corriente de pensamiento tiene principalmente cuatro vertientes históricasde las cuales se alimenta:

  1. La primera vertiente es -evidentemente- el marxismo europeo y asiático, cuyo desarrollo comenzará en Marx y Engels, se profundizará y perfeccionará con los aportes sobre la teoría de la organización partidaria y del imperialismo -como fase superior del capitalismo- de Lenin, la teoría de la guerra popular de Mao (pulida posteriormente por las experiencias desarrolladas en Vietnam por Ho Chi Minh y Giap), además de otros aportes relevantes desarrollados por estos y otros revolucionarios alrededor del mundo.
  2. La segunda vertiente, nace a partir de las primeras experiencias de luchas obreras y campesinas desplegadas en nuestras tierras a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Confrontaciones mayoritariamente armadas, como las protagonizadas por José Martí en Cuba, Emiliano Zapata en México y Augusto Cesar Sandino en Nicaragua. Estas luchas se circunscribieron principalmente en el terreno de la liberación nacional y la reforma agraria, pero al mismo tiempo -y muy rápidamente- fueron integrándose a las primeras experiencias de construcción de proyectos orgánicos marxistas en nuestros pueblos.
  3. La tercera vertiente es la desarrollada e inaugurada por Luis Emilio Recabarren en Chile, Julio Antonio Mella en Cuba, Farabundo Martí en El Salvador y por quien fuera -sin duda- el más brillante y creativo de los marxistas latinoamericanos: el peruano José Carlos Mariátegui, entre otros. Este primer grupo de azuzados marxistas, impulsarían al mismo tiempo la organización independiente de la clase obrera y la construcción de los primeros partidos proletarios de Nuestra América.
  4. La cuarta vertiente, la más rica, extensa y fecunda de toda nuestra historia, estaría dada directamente por inspiración cubana y -por supuesto- encontraría gran parte de sus argumentos teóricos y prácticos en el pensamiento y la acción desarrollados por Guevara. Esta franja de revolucionarios propagados por todo el continente se alimentaría de las ricas experiencias de luchas obreras, campesinas y populares desarrolladas durante los primeros cincuenta años del siglo veinte.

Dicha generación dorada de revolucionarios, que en parte comienza a acuñar el concepto de guevarismo, tendría exponentes tales como Miguel Enríquez en Chile, Mario Roberto Santucho en Argentina, Raúl Sendic en Uruguay, Carlos Marighella y Carlos Lamarca en Brasil, Luis de la Puente Uceda y Néstor Cerpa Cartolini en el Perú, Inti Peredo en Bolivia, Camilo Torres en Colombia, Carlos Fonseca en Nicaragua, Rolando Morán en Guatemala, Salvador Cayetano en el Salvador, solo por nombrar a algunos de los más destacados exponentes de esta corriente revolucionaria.

Este gigantesco e inconmensurable manantial político configurará lamatriz teórico-práctica básica de lo que hoy llamamos abiertamente guevarismo. Dichamatriz articula dialécticamente el antimperialismo, el latinoamericanismo, el cristianismo revolucionario (teología de la liberación), la economía-política, la estrategia armada y el humanismo socialista, dentro de los márgenes -y a partir- del socialismo científico: la filosofía de la praxis.

Si bien, en este pequeño documento no recorreremos las cuatro vertientes antes señaladas, si esbozaremos aspectos doctrinarios básicos, referidos principalmente al método de análisis marxista sobre el cual se erige nuestro pensamiento político, y que son la base por supuesto- de nuestra acción revolucionaria.

Método marxista y anti-dogmatismo guevariano

Guevara era un marxista ortodoxo. Pero, evidentemente, la ortodoxia de Guevara no se refiere en absoluto a las definiciones simplistas y prosaicas contenidas en los “manuales” editados por la Academia de Ciencias de la URSS. Verdaderos “ladrillos teóricos” basados en una interpretación puramente economicista y determinista de los escritos de Marx, especialmente de ciertos pasajes de El Capital.

Estos “manuales sagrados” negaban -entre otras irracionalidades más- el carácter histórico de la Revolución Socialista, y -al mismo tiempo- negaban también al ser humano, el ser social -la clase obrera- como actor y protagonista de su propia historia. Además, estos manuales subyugaban absolutamente las relaciones sociales de producción a las fuerzas productivas y al modo de producción, no comprendiendo la dialéctica que media entre el objeto económico y el sujeto social, que interviene alterando dicha relación de fuerza y contradicción. Lukács, respondiendo a lo que él denomina “comunismo-materialista-vulgar” y “positivismo-burgués”, define al economicismo-determinista como: “un fatalismo histórico, una neutralización del hombre y de la praxis social, una acción de la técnica como «fuerza natural» social, como «legalidad natural»” (Lúkacs). El pensador húngaro vincula con mucha justeza a esta corriente -vulgar- de marxismo con el naturalismo burgués.

Si las relaciones sociales de producción estuvieran completamente sometidas a las fuerzas productivas, se pregunta Guevara: ¿de qué manera fue posible la Revolución Socialista Cubana,  siendo que en la isla el desarrollo de las fuerzas productivas era casi inexistente, o al menos muy retrasado?

Guevara, en un debate con Bettelheim[2], responderá ante esta importante pregunta lo siguiente: (…) la vanguardia de los movimientos revolucionarios, influidos cada  vez más por la ideología marxista-leninista, es capaz de prever en su conciencia toda una serie de pasos a realizar y forzar la marcha de los acontecimientos, pero forzarlos dentro de lo que objetivamente es posible” (Guevara). Guevara quiere decir con esto, que mediante un correcto y acertado análisis desde la vanguardia política, puede -mediante el desarrollo de la conciencia de clase para sí del movimiento de masas, especialmente de clase obrera- polarizarse al máximo las contradicciones dadas entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción (contradicción capital-trabajo), incluso cuando las fuerzas productivas no se han desarrollado completamente, o se han desarrollado de manera desigual (producto de la intervención económica imperialista). Esta polarización, mediada por la conciencia de clase, y ante determinadas condiciones objetivas mínimas dadas, conducida -además- por una vanguardia política-militar dotada de la orientación revolucionaria correcta, puede producir el triunfo revolucionario. De hecho, en Nuestra América, las experiencias de Cuba y Nicaragua demuestran precisamente que esta concepción es acertada.

El socialismo es precisamente el dominio consciente -sin mediaciones fetichizadas- del sujeto social sobre el objeto económico. Incluso más, el proceso revolucionario mediante el cual la clase obrera y el pueblo trabajador conquista el poder político, expropia el capital y socializa los medios de producción, es también expresión de dicha capacidad transformadora de la realidad material, social e históricamente construida. Esta, evidentemente, se sostiene sobre las condiciones objetivas pero sin depender absolutamente de ellas.

En efecto, aquella idea está claramente presente en Guevara, quien afirma categóricamente que: “La mecánica de las relaciones de producción y su consecuencia: la lucha de clases, oculta en cierta medida el hecho objetivo de que son los hombres los que se mueven en el ambiente histórico” (Guevara). De lo contrario -acotamos- no se explicaría ninguna Revolución Socialista en países donde las fuerzas productivas y sus contradicciones no se hubiesen desarrollado totalmente. La revolución es fundamentalmente un hecho de consciencia y la conciencia es la principal fuerza motriz de la praxis revolucionaria. En este mismo plano, interpretando al fundador del marxismo, Guevara afirmará que:

“Marx pensaba en la liberación del hombre y veía al comunismo como la solución de las contradicciones que produjeron su enajenación, pero como un acto consciente. Vale decir, no puede verse el comunismo meramente como el resultado de contradicciones de clase en una sociedad de alto desarrollo, que fueran a resolverse en una etapa de transición para alcanzar la cumbre; el hombre es el actor consciente de la historia. Sin esta consciencia, que engloba la de su ser social, no puede haber comunismo” (Guevara)

Guevara, a todas luces, se circunscribe claramente en la tradición del marxismo revolucionario que no analiza la dialéctica de las relaciones sociales de producción y las fuerzas productivas desde un punto de vista puramente económico-estructural (como Louis Althusser o Marta Harnecker). Sino que comprende el importante rol que ejerce la consciencia en dicha relación. No obstante, matizando la afirmación de Guevara, Marx afirmó en su «Contribución a la crítica de la economía política», que:

“Una formación social no desaparece nunca antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen relaciones de producción nuevas y superiores antes de que hayan madurado, en el seno de la propia sociedad antigua, las condiciones materiales para su existencia” (Marx)

¿Marx pudo haber tenido una inclinación poco ponderada hacia el economicismo, una forma primitiva de determinismo económico en sus últimos años? Creemos que esto pudo haber sido perfectamente posible.

El fundador del socialismo científico, a lo largo de su vida, fue inclinándose progresivamente hacia cierta sobreestimación de que, mediante una crisis general del capitalismo, se produciría la debacle definitiva del sistema de explotación. Es más, en reiteradas ocasiones, Marx estimó que el capitalismo se iba a hundir prontamente. De hecho, afirmó -a partir de la importante derrota de los insurrectos franceses en 1848- que una revolución sólo sería posible bajo el contexto de una crisis económica general. Marx, en el otoño de 1851, pronosticó que dicha crisis económica general del capitalismo se produciría en la navidad de ese mismo año (Wheen). Marx, en estas consideraciones, claramente sobreestimó las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, al mismo tiempo que subestimó -en cierta medida- el papel de la conciencia en el desarrollo de la lucha de clases. Empero, en otros escritos, Marx unirá consistentemente el desarrollo de las fuerzas productivas con el protagonismo del ser social en las transformaciones de su propia historia.

Por ejemplo, en «El 18 Brumario de Luis Bonaparte», afirmó -sin determinismos económicos ni voluntarismos idealistas de por medio- que: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen en su libre arbitrio, en circunstancias elegidas por ellos mismos, sino que aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado” (Marx). En esta cita se conjugan equilibradamente las circunstancias dadas en cierto momento histórico (condiciones objetivas) y la capacidad del ser social de hacer su propia historia (la idea de la conciencia como fuerza motriz de la praxis revolucionaria está claramente expresada).

En este sentido, por ejemplo, Guevara citará los Manuscritos de París (Manuscritos económico-filosóficos) de Marx como expresión -precisamente- de esta visión. En estos apuntes es enfatizada -cuidadosamente- la conciencia del ser social, como un factor relevante en la historia de los hombres. La conciencia es, según el propio Marx, el secreto revelado de la historia, y además el ser sociales plenamenteconsciente de ello.

“El comunismo, como superación positiva de la propiedad privada, como autoenajenación humana y, por tanto, como real apropiación de la esencia humana por y para el hombre; por tanto, como el retorno total, consciente y logrado dentro de toda la riqueza del desarrollo anterior, de hombre para sí como un hombre social, es decir, humano. Este comunismo es, como naturalismo acabado = humanismo y, como humanismo acabado = naturalismo; es la verdadera solución del conflicto de la pugna entre la existencia y la esencia, entre la objetivación y la afirmación de sí mismo, entre la libertad y la necesidad, entre el individuo y la especie. Es el secreto revelado de la historia y tiene la conciencia de ser esta solución” (Guevara).

Pero Guevara, al igual que Marx en el caso anterior, no subordina completamente las condiciones objetivas a la conciencia (idealismo pequeñoburgués) ni viceversa, la subordinación total de la conciencia a las condiciones objetivas (determinismo-economicista). La unidad entre ambos es dialéctica. En este mismo sentido, para una ilustración más exacta, Herbert Marcuse definiría muy bien la dialéctica entre condiciones objetivas y subjetivas:

“La revolución depende, en efecto, de una totalidad de condiciones objetivas, requiere que se haya alcanzado un cierto nivel de cultura material e intelectual, un clase obrera autoconsciente y organizada a escala internacional, una lucha de clases muy acentuada. Sin embargo, estas condiciones se convierten en condiciones revolucionarias si son captadas y dirigidas por una actividad consciente, que tenga en mente el objetivo socialista. No existe ni el atisbo de una necesidad natural o inevitabilidad automática que garantice la transición del capitalismo al socialismo” (Marcuse)

Es por ello que el marxismo de Guevara es anti-dogmático. El guevarismo, como marxismo integral, advierte la unidad dialécticamente que media entre el desarrollo de las fuerzas productivas de una sociedad dada, con la fuerza que despliega la conciencia como catalizador de la praxis revolucionaria. No es dislocada la conciencia de las condiciones objetivas, como sucede en el marxismo vulgar, más bien los articula como totalidad, en una relación dialéctica indestructible, inseparable e indisoluble.

El marxismo vulgar (estalinismo[3]) es el hijo bastardo de la obra de Marx, Engels y Lenin. Esta corriente fue -lamentablemente- hegemónica sobre el movimiento comunista internacional durante muchas décadas, determinando los destinos de millones obreros y campesinos en el mundo. Quienes, bajo las tesis de la revolución por etapas, revolución en un solo país y la política de alianzas dirigida hacia los supuestos sectores burgueses progresistas, hipotecarían -en muchos casos- las posibilidades de realizar una revolución socialista.

Esta visión escolástica impulsaba una política de alianzas dirigida hacia las burguesías “nacionales”,  bajo el -supuesto- objetivo de desarrollar las fuerzas productivas nacionales. El marxismo vulgar suponía que como producto directo del -eventual- avance “progresivo” hacia el modo de producción capitalista, se ocasionaría el nacimiento de un “proletariado moderno” que asumiría, al mismo tiempo, el papel de vanguardia revolucionaria y verdugo de la burguesía. En este obtuso esquema economicista-evolucionista, no cabe la conciencia como fuerza motriz de la praxis revolucionaria, y menos aún la posibilidad de una revolución socialista en países donde las fuerzas productivas no han madurado totalmente. Además, no advierte que las burguesías “nacionales” no tienen contradicción alguna con el imperialismo. El intento de alianzas con las “burguesías progresistas” y la conformación -a partir de dicha alianza- de los Frentes Populares, fue una las políticas más retrógradas desplegadas por los partidos comunistas satélites del PCUS alrededor del mundo.

Para una mejor comprensión de los principales aspectos del marxismo vulgar, citamos in extenso la definición del filósofo cubano y otrora director de la revista Pensamiento Crítico, Fernando Martínez Heredia:

a)                 “sus textos contenían una mezcla nada orgánica del viejo estalinismo del DIAMAT de 1938, autoritario, clasificador y excluyente, con una prosa modernizante posterior al Congreso del PCUS de 1956. Sus objetivos seguían siendo servir de cemento ideológico general del sistema, de vehículo de exigencia a los seguidores en cuanto a acatar la línea y las orientaciones, y de influencia en los medios afines. Pero ahora incluían «ponerse al día» y participar en los discursos y en la lucha de ideas del inicio de los años 60, aunque sin recuperar el marxismo revolucionario ni abordar los problemas fundamentales;

b)                trataba de fundamentar la política soviética y del movimiento comunista bajo su influencia, ciertas reformas en la URSS y Europa oriental, y, en lo internacional, la llamada «emulación pacífica» entre el capitalismo y el socialismo en la que el segundo triunfaría (…)

c)                 preconizaba para el Tercer Mundo en general el reformismo y la colaboración con sectores burgueses dominantes, en vez de la lucha revolucionaria, lo que amparaba en conceptos como el de «democracia nacional» y declaraciones solemnes como la de que «el contenido general de nuestra época es el paso del capitalismo al socialismo»;

d)                sus modelos teóricos «generales» solían ser esquemas simplificados o inconsistentes, en los cuales hechos y procesos seleccionados se convertían en «leyes». Eran inútiles para la comprensión y para ayudar a la acción. En cuanto a las situaciones, los problemas y la historia del Tercer Mundo, eran eurocéntricos y podían llevar a creencias absurdas y formas de colonización mental «de izquierda»;

e)                 en su actitud teórica, la metafísica y el dogmatismo se combinaban curiosamente con el positivismo. Esta suma teórica presentada como concepción del mundo y ciencia de las ciencias podía tener aspectos atractivos para lectores noveles, quizá porque la razón parecía confirmar a la fe. Para los convencidos, incluidos algunos muy cultos, era un dogma intangible y, por tanto, no discutible” (Heredia).

Claramente Guevara no se afiliaba a la escolástica fosilizada del marxismo vulgar: “ortodoxia” diseñada desde los gélidos y grises institutos de pensamiento de la antigua URSS, y que malamente se habían puesto sobre sí mismos la etiqueta de marxismo-leninismo[4] para auto-justificar sus tesis simplistas, pedestres y reformistas. A nuestro parecer, Guevara era ortodoxo en cuanto al método de análisis, al método científico marxista: el materialismo histórico, que no entiende de esquemas inamovibles, ni de realidades absolutamente y completamente determinadas por las fuerzas productivas (las que adquieren un carácter cuasi-metafísico bajo el marxismo vulgar).

Para Guevara todo lo construido en base a la aplicación del método podía y debía ser profundizado, ampliado e incluso corregido. Es más, los mismísimos padres del marxismo debían ser rectificados en aquellos elementos de su investigación científica que presentaran debilidades, o en los cuales estaban claramente equivocadas. En ese mismo espíritu crítico -libre de dogmas y predisposiciones apologéticas- se ubicaría también el revolucionario italiano Antonio Gramsci. Por ejemplo, el líder y fundador del Partido Comunista Italiano (PCI) afirmaría a propósito del triunfo bolchevique que:

 “Los hechos han superado las ideologías. Los hechos han provocado la explosión de los esquemas críticos en cuyo marco la Historia de Rusia habría tenido que desarrollarse según los cánones del materialismo histórico. Los bolcheviques reniegan de Carlos Marx, afirman con el testimonio de la acción cumplida, de las conquistas realizadas, que los cánones del materialismo histórico no son tan férreos como podría creerse y como se ha creído.” (MIA )

Esto, ante la supuesta imposibilidad (sostenida por mencheviques y otros sectores pequeñoburgueses y burgueses) de realizar una revolución socialista en países donde las fuerzas productivas no habían sido desarrolladas completamente, como en la Rusia zarista. Eso mismo fue lo que refutaban Guevara y Bettelheim en el debate antes citado.

Pero siguiendo con el argumento anterior, para Guevara era perfectamente posible impugnar errores a los padres fundadores del socialismo científico, y no por ello el grueso de su obra perdía consistencia. Por ejemplo, en sus «Notas para el estudio de la ideología de la Revolución Cubana», sostendría que:

“A Marx, como pensador, como investigador de las doctrinas sociales y del sistema capitalista que le toco vivir, pueden, evidentemente, objetárseles ciertas incorreciones. Nosotros, los latinoamericanos, por ejemplo, podemos no estar de acuerdo con su interpretación de Bolívar o con el análisis que hicieron Engels y él con los mexicanos (…) Pero los grandes hombres, descubridores de verdades luminosas, viven a pesar de sus pequeñas faltas, y éstas sirven para demostrarnos que son humanos, es decir, seres que pueden incurrir en errores, aun con la clara conciencia de la altura alcanzada por estos gigantes del pensamiento” (Guevara)

El marxismo de Guevara es creativo, está en permanente movimiento, es crítico, flexible, dialéctico e integral, y -como sostuvimos al comienzo- ortodoxo. Lukács, respecto a lo mismo, desarrolló una definición bastante completa de lo que nosotros verdaderamente entendemos como ortodoxia. Para el pensador húngaro, el marxismo ortodoxo:

“(…) no significa por tanto, un adhesión sin crítica a los resultados de la investigación de Marx, no significa un acto de «fe» en tal o cual tesis, ni tampoco la exégesis de un libro «sagrado». La ortodoxia en cuestiones de marxismo se refiere, por el contrario y exclusivamente al método. Implica la convicción científica de que con el marxismo dialéctico se ha encontrado el método de investigación justo, de que este método sólo puede desarrollarse, perfeccionarse; porque todas las tentativas de superarlo o de «mejorarlo» tuvieron y no pueden dejar de tener otro efecto, que hacerlo superficial, ecléctico” (Lúkacs).

He allí la clave de la ortodoxia metodológica guevarista, base auténtica de cualquier investigación, análisis o propuesta de características revolucionarias. Desconocemos si Guevara tuvo la oportunidad de analizar profundamente los escritos de Lukács[5], pero sin duda su pensamiento se encuentra  perfectamente en línea con la definición del filósofo húngaro. Ambos revolucionarios coincidirán también en su posición anti-dogmática. Sin embargo ante la situación del silenciamiento de Lukács -que se produjo de facto a manos de la represión soviética-, este no podría expresar con toda libertad su crítica, como si lo hiciera Guevara más tarde en la Cuba revolucionaria.

Siguiendo su espíritu anti-dogmático, Guevara comenzó a elaborar una crítica cada vez más profunda sobre los caminos seguidos por la URSS después de la muerte de Lenin. El revolucionario expresaría con vehemencia que:

“Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente. Y, lo que es trágico, esto no se refiere a un campo determinado de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas pero cuyos resultados finales son incalculables” (Guevara).

Incluso, Guevara dedicó parte de su Crítica al Manual de Economía Política soviético a todos los cubanos que debido a la hegemonía ideológica del bloque socialista oriental, tenían que lamentablemente “aprender «verdades eternas», en las publicaciones que vienen, sobre todo, desde la URSS y observar cómo nuestra actitud y los repetidos planteamientos de nuestros dirigentes se dan de patadas con lo que leen en los textos” (Guevara). De hecho, Guevara, respecto a la necesaria lucha contra los dogmas, apuntaría en su diario de campaña en Bolivia: “el significado de 26 de julio: rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios” (Guevara)

Guevara estuvo siempre convencido de que el método marxista era el único que nos podía llevar a la verdad científica, a la comprensión de la realidad y sus multíplices relaciones (económicas, sociales, políticas, culturales, etc.) como un todo dialécticamente interrelacionado. Pero todas las conclusiones extraídas mediante el método de análisis, podían ser corregidas y perfeccionadas. Ni los más grandes pensadores del socialismo científico estarían exentos de ello. Guevara reconocerá errores y omisiones en Marx, Engels, Mao, como también en Lenin[6] y otros importantes referentes de la revolución mundial.

Sin embargo, dichas críticas no irían a contrapelo del socialismo como sistema económico, político y social, sino muy por el contrario. Irían -precisamente- en el sentido de su profundización y perfeccionamiento como única alternativa posible contra el capitalismo. Por otro lado, la crítica de Guevara se extenderá con fuerza también a los problemas estratégicos y tácticos de la lucha por el poder, lo que lo llevará -inevitablemente- a enfrentar al siempre obtuso reformismo latinoamericano, hijo predilecto de los rígidos, pobres y poco útiles esquematismos soviéticos. Más adelante, en esta misma perspectiva, profundizaremos sobre las cuestiones referidas a la estrategia y a la táctica para la revolución Latinoamericana, desarrolladas por Guevara y que chocan frontalmente contra las tesis del reformismo, del marxismo vulgar.

Trabajos citados

Guevara, E. (1968). El diario del Che en Bolivia. Santiago: Punto Final.

Guevara, E. (1969). Escritos Económicos. Córdoba: Pasado y Presente.

Guevara, E. (1997). Mensaje a los argentinos (y otros mensajes). Buenos Aires: Perfil.

Guevara, E. (2006). Apuntes críticos a la Economía Política. Melbourne: Ocean Sur.

Heredia, F. M. (2007). Pensamiento social y política de la revolución. Criterios, 6-7 .

Lúkacs, G. (1970). Historia y conciencia de clase. La Habana: Instituto del Libro.

Marcuse, H. (1971). Razón y revolución, Hegel y el surgimiento de la teoría social. Caracas: Alianza.

Marx, K. (1989). Contribución a la crítica de la economía política. Moscú: Progreso.

Marx, K. (2010). El 18 Brumario de Luis Bonaparte. Buenos Aires: Longseller.

MIA . (Viernes de Noviembre de 2013). Obtenido de Marxist Internet Archive: http://www.marxists.org/espanol/gramsci/nov1917.htm

Wheen, F. (2007). La Historia de El Capital. Barcelo: Debate.

[1] Este documento es solo un extracto de análisis mucho más extenso, por tanto probablemente se encuentren presentes todos los problemas asociados a un documento incompleto. Sin embargo, pensamos que puede ser un interesante pie para la tan necesaria discusión relacionado con el tipo de marxismo que debemos construir los militantes revolucionarios de Nuestra América.

[2] Charles Bettelheim fue un importante filósofo y economista de origen francés. Protagonizo ásperos debates con Guevara, respecto a la organización de la economía en los periodos de transición del capitalismo al socialismo. Bettelheim defendía las tesis soviéticas sobre el cálculo económico y la planificación.

[3] Desistimos de utilizar el concepto “estalinismo” para referirnos al marxismo vulgar, debido a que el desarrollo de este “tipo de marxismo” no responde únicamente a la ideas desarrolladas por José Stalin. Los ideólogos de esta vulgata son –lamentablemente- muchos más que solo el malogrado Stalin. Sin embargo, para nosotros hablar de marxismo vulgar y estalinismo es exactamente lo mismo.

[4] Creemos que el concepto de leninismo es muy útil, pese a ser diseñado por el estalinismo para poder justificar a través del nombre de Lenin, tesis que poco y nada tienen que ver con el pensamiento y la acción del líder bolchevique. Creemos que el concepto de leninismo es útil para definir al conjunto de aportes realizados por Ilich, en el plano de la teoría de la organización partidaria, del imperialismo y de la fase de transición que media entre el capitalismo y el socialismo.

[5] Tan solo sabemos que dentro de los documento de estudios que llevaba consigo en Bolivia, se encontraba un ejemplar del libro “El Joven Hegel” de Lukács.

[6] Guevara criticó severamente las consecuencias ulteriores de la Nueva Política Económica (NEP) de la URSS diseñada por Lenin. Más adelante profundizaremos sobre los aspectos y alcances de esta crítica.

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