LA CRISIS DE UCRANIA Y LA VIGENCIA DE LA LUCHA ARMADA

Por Fernando A., militante de la Juventud Guevarista de Chile

El mundo está próximo a llegar al primer aniversario del punto de ebullición máximo de la crisis en Ucrania que derivó en una cruenta guerra civil, situación que persiste a pesar de las tentativas de cese al fuego, sistemáticamente violadas por el ejército regular ucraniano y su sección mercenaria (el tristemente célebre “batallón Azov”, al cual me referiré más adelante). Lo que parecía una sublevación de temporada típica de regiones marginadas en Europa, se ha convertido en el más radical ejemplo de la férrea defensa de proyectos políticos y los grandes relatos, que fueron inclusos capaces de organizar en un principio a las ahora dirigencias fascistas del país. Esta vorágine geopolítica ha entrampado en numerosas ocasiones a la prensa burguesa, quienes se han reducido a catalogar el conflicto como una mera contraposición de dos bloques de poder (imperialista); por un lado una Rusia que se rehúsa a perder soberanía sobre territorio otrora soviético y por el otro un bloque occidental que no se resiste a absorber países de la misma región y transformarlos en nuevas Grecias y Españas, con un alto grado de endeudamiento fiscal y desempleo, con el fin de expandir y oxigenar su hegemonía a nivel mundial. Esta visión resulta ser una arista más de un conflicto del cual sería profundamente deficiente acotar su alma máter en la mera ambición de dos grandes bloques, por una serie de elementos que nutren y logran abrir paso a la comprensión de un problema de no acabar en el Este de Europa:
1.- Existe un factor histórico de suma relevancia que nos ayuda a comprender cómo un país pasa “de imprevisto” a un estado de guerra civil, me refiero a la frágil situación cultural existente en las regiones del este del continente. Sólo hace falta echar un vistazo a los conflictos armados recientes en los países que la conforman y sus brutales consecuencias a la población civil; Bosnia, Chechenia, Bielorrusia, Moldavia, Georgia, todos países que viven en una constante fricción cultural característica de indoeuropa, donde existe un apego significativo a la nación rusa (no necesariamente ligado a la Federación de Rusia en cuanto a Estado-Nación), además de fuertes choques con el islam y culturas más prominentes hacia el Oeste (Europa) o el Sur (Asia). En el Este de Ucrania, un porcentaje significativo de la población es rusoparlante y se identifica con la historia de la URSS más que con los relatos provenientes de Kiev, donde tiene más popularidad el concepto de “rusofobia”, un tipo particular de discriminación hacia las personas que llevan consigo la cultura, lengua e idiosincrasia de Rusia. Esta arista adquirió una relevancia primordial en las primeras fases del conflicto, en el cual muchos policías y militares depusieron sus armas y se demostraron en favor de las Repúblicas Populares, debido a su conexión con el contenido cultural de estas acciones.
2.- La región en la cual se desenvuelve el país es de grandes contradicciones con la identidad forjada actualmente en la Europa Occidental; existen altas tasas de marginalidad, delincuencia y pobreza, elementos que pueden encontrarse cuantiosamente en el imaginario colectivo de regiones como Latinoamérica, África o Asia. La población reside en ciudades pequeñas y existe en abundancia el campesinado y los sectores rurales. Esta caracterización la ejemplifica cabalmente Moldavia, el Estado más pobre de Europa donde el hacinamiento y la explotación son tan brutales y explicitas como en cualquier región “vulnerable” del globo. En otras palabras, la contradicción de clases es más aguda y violenta que en la Europa Occidental, estamos hablando de todos aquellos países que han sufrido las consecuencias fatales de un capitalismo post-soviético, expuesto al rigor de sus vecinos, quienes controlan y dominan gran parte de la economía mundial a expensas de la miseria de los países explotados, como lo que actualmente ocurre en Grecia.
3.- El elemento histórico y político que nutre el conflicto y nos remonta a períodos de lucha directa entre soviéticos y fascistas a la orden de la Segunda Guerra Mundial. Uno de los legados más importantes de la Unión Soviética reside en su construcción ideológica realizada en las masas, situación que es vigente hasta nuestros días y ha sido capaz de organizar a pobladores para constituir los primeros grupos de autodefensa y los cuadros militantes armados en el Donbass (Regiones de Lugansk y Donetsk), lo que ahora es un ejército cuantioso de personas dispuestas a combatir el fascismo y lograr la autodeterminación de las regiones en conflicto. Las calles de Ucrania no tardaron en teñirse de banderas soviéticas en cuanto Poroshenko asumió su mandato y trató de ponerle un fin a la sublevación popular existente en el Este, lo cual tuvo fatales consecuencias en enfrentamientos con manifestantes adeptos al fascismo, neonazismo o simple nacionalismo Ucraniano. Este proceso no sólo se alimenta de un pasado remoto sino que se regenera en nuevos hechos históricos como la masacre de Odessa, en la cual militantes fascistas bloquearon e incendiaron un edificio sindical en el cual se realizaba un encuentro de organizaciones comunistas y antifascistas obreras, calcinando vivas a 46 personas.

Una vez aclaradas las aristas más influyentes del conflicto, resulta preciso aclarar que nos encontramos ante todo con una fase avanzada de lucha revolucionaria y digna de apoyar y saludar. Lo que ocurre actualmente en el Donbass es un ejemplo revitalizador para los revolucionarios e internacionalistas del mundo, ya que lejos de entregar su soberanía a la Federación Rusa (como ocurrió con Crimea) y entendiendo que su nación es rusa pero dicho país no representa sino los intereses del mismo imperialismo sobre su territorio y su comunidad, han puesto en jaque tanto a las fuerzas reaccionarias como a los intereses de Putin, aclamando su independencia de los Estados burgueses y con claras intenciones de consolidar un proyecto político que avance hacia el socialismo y el comunismo, traspasando las unidades productivas como fábricas y minas al control obrero de producción y bajo una distribución consciente de sus riquezas locales. Asimismo, nos encontramos con el mas explicito ejemplo de la vitalidad y vigencia de la lucha armada como vía de defensa de un proyecto en disputa, consecuente a una sociedad capitalista de clases. La moral existente en la población del Donbass resulta un fenómeno digno de análisis pero es ante todo sobrecogedor, debido a la disposición masiva de los pobladores por quedarse en sus tierras y tomar las armas para defenderlas de la agresión imperialista. Ante esto, la reacción no ha tenido vacilación alguna en bombardear áreas civiles o torturar a pobladores para exprimir toda moral y causar el desdoblamiento ideológico de los compañeros, acciones realizadas en su mayoría por el Batallón Azov, un destacamento de mercenarios de todo el mundo de carácter fascista y neonazi, dirigido por Igor Kolomoisky, conocido oligarca de la zona que posee la propiedad de grandes industrias y adepto al sionismo en su faceta más radical. Esto, sumado a los innumerables intentos de flaqueo militar, apoyo táctico y armamentístico de parte de Occidente y sus referentes como Estados Unidos, quienes además invierten recursos en dirigir ataques comunicacionales en contra de los rebeldes, acusándolos de estar coludidos con Putin y de ser responsables entre otras cosas, del derribo del vuelo 17 de Malaysia Airlines, ataque que dejó 297 personas asesinadas.

El imperialismo no ha desechado método de lucha alguna en contra de un enemigo identificado y concreto, la clase trabajadora que lucha por consolidar un territorio independiente y soberano para la conquista de su dignidad. Es en esta lucha donde se adquiere la solidaridad y el compromiso total por parte de los guevaristas en función de demostrar que un pueblo no estará solo en la lucha por su emancipación del capital y quienes lo ostentan (la burguesía), es nuestro deber como militantes dar a conocer a la clase trabajadora el ejemplo de lucha armada y de consolidación de las masas articuladas políticamente, impregnándolas de ímpetu revolucionario que yace latente en cada trabajador del planeta. Es necesario rescatar las lecciones y no olvidar los métodos burgueses de represión a movimientos contestatarios a su hegemonía en el mundo. Los pobladores de Nueva Rusia se enfrentan ante la primera línea de choque del capitalismo, cuando la hegemonía cultural y dominación económica sin escrúpulos deja de ser suficiente; nos referimos al fascismo, la más brutal de las capas protectoras del bloque en el poder, que no presenta barreras morales ni materiales en extirpar vidas en masa e infundir la dominación por medio de terror ante las tentativas de rebelión de sus mismos compatriotas. La tarea asignada es la de seguir empujando los engranes de la revolución socialista contemplando la lucha que se da a diario en el Donbass, que es la misma lucha a muerte en cualquier sociedad de clases y que se conforme bajo a las lógicas capitalistas, recordar que cada trinchera es de combate contra la burguesía y seguir apoyando de manera material e ideológica los fundamentos de la rebelión ucraniana, que existen en el espíritu de cada revolucionario que sea capaz de mirar más allá de sus fronteras y los problemas irrenunciables que presentan sus vecinos y compañeros. No hay cause más digno que ofrecer las fuerzas, las disposiciones y la vida misma en la conquista de la emancipación total de la humanidad.

POR LA FÉRREA RESISTENCIA DE NOVOROSSIA Y EL TRIUNFO DE LA REVOLUCION SOCIALISTA DEL PUEBLO TRABAJADOR DE UCRANIA