¡¡ SEREMOS COMO EL CHE !!

Comité Editorial de la Revista Nuestra América

Si queremos expresar cómo aspiramos que sean nuestros combatientes revolucionarios, nuestros militantes, nuestros hombres, debemos decir sin vacilación de ninguna índole: ¡Que sean como el Che!  Si queremos expresar cómo queremos que sean los hombres de las futuras generaciones, debemos decir:  ¡Que sean como el Che!  Si queremos decir cómo deseamos que se eduquen nuestros niños, debemos decir sin vacilación:  ¡Queremos que se eduquen en el espíritu del Che!  Si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que no pertenece a este tiempo, un modelo de hombre que pertenece al futuro, ¡de corazón digo que ese modelo sin una sola mancha en su conducta, sin una sola mancha en su actitud, sin una sola mancha en su actuación, ese modelo es el Che!  . Fidel Castro, discurso pronunciado en la velada solemne en memoria de Ernesto Guevara, 18 de Octubre de 1967

Es difícil aún, incluso tras 40 años desde que se fundiera con el infinito, dimensionar a cabalidad toda la obra de ese gigante de Nuestra América que con cariño apodamos “El Che”. No cabe duda que aquel hombre ha pasado a ser símbolo mundial de la lucha contra el imperialismo y referente obligado de todos aquellos que anhelan fervorosamente la emancipación radical de la humanidad. Intentaremos, en vez de escribir una elegía de su heroica caída en combate, rendir en las líneas que siguen, un justo y conciso repaso de los aspectos claves del pensamiento y praxis del  Comandante, que tan hondo han calado en todos los movimientos auténticamente revolucionarios de este continente.

  • Guevara, el teórico de vanguardia

Se podría decir que Guevara fue un marxista ortodoxo, a la vez que anti dogmático. Famoso es el emplazamiento que hacía a los revolucionarios en orden a no aceptar ciegamente manuales que no se adecuaban a las condiciones objetivas y subjetivas de un determinado teatro de operaciones: “hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas” (El socialismo y el hombre en cuba).

Otro aporte fundamental fueron sus tesis sobre la tarea primordial de la conquista de las conciencias, pues Guevara sostenía que “No puede existir socialismo si en las conciencias no se opera un cambio que provoque una nueva actitud fraternal frente a la humanidad” (Discurso en la Conferencia Afroasiática en Argelia). Eliminar las taras de la vieja sociedad, esa era su consigna. En estrecha relación con lo anterior, el rol que asigna a la conquista de las conciencias, no es otro más que el de servir de premisa ineludible para garantizar una adecuada edificación del socialismo y posteriormente, del comunismo. Para Guevara “No hay otra definición de socialismo, válida para nosotros, que la abolición de la explotación del hombre por el hombre. “  (Discurso en la Conferencia Afroasiática en Argelia). O en otras palabras, solo un hombre nuevo, puede tener la capacidad efectiva de jamás explotar a otro hombre nuevo.

En el ámbito económico más técnico, Guevara es reconocido mundialmente como un innovador audaz y prominente. Propone un “sistema presupuestario de financiamiento”, que en síntesis (con el peligro que toda síntesis supone) se traduce en la necesidad de aplicar la centralización y planificación en el ámbito económico en todo cuanto sea posible, y no dejar espacio alguno al espontaenismo y al azar en materia económica, pues la anarquía de la producción capitalista, era precisamente lo que se debía desterrar de una vez y para siempre del territorio liberado de Cuba.

 Finalmente, cabe resaltar que Guevara, como teórico, supera y sublima viejas y bizantinas discusiones sobre “socialismo en un solo país o revolución permanente”. Tras una nutrida experiencia como guerrillero internacionalista, plantea la necesidad de saltar la etapa “democrático burguesa”, y de denunciar todo intento de conciliación de clases mediante la caduca fórmula de “frentes populares” con la burguesía nacional (pues aquella, siempre terminará traicionado al movimiento revolucionario y obedeciendo al imperialismo de turno). En lugar de aquello, aboga por un autentico  internacionalismo proletario bajo el marco de una estrategia de proyección continental y mundial. Este último aspecto se puede revisar in extenso en un artículo de reciente publicación en nuestra Revista, titulado “El internacionalismo del Che”

  • Guevara, el estratega militar

 Este es quizás uno de los aspectos más conocidos del Comandante. Su filosofía de la praxis en esta materia lo sitúa sin lugar a dudas, como un verdadero “genio bélico” (Clausewitz, De la guerra). Cabe mencionar, que la teoría de la guerra de Guevara siempre estuvo en constante perfeccionamiento. Las experiencias de Cuba, el Congo, Argelia y Bolivia, entre otras, lo motivaron a estar siempre corrigiendo sus propias concepciones y métodos. Recordemos que a lo largo del libro “Guerra de guerrillas”, Guevara hace múltiples anotaciones marginales donde  señala perfeccionar tal o cual pasaje, o tomar en cuenta tal o cual nueva experiencia (gustaba mucho hacer referencia al heroico e inédito caso vietnamita). Incluso, en el prólogo, señala que el libro originalmente lo debió haber escrito (o por lo menos complementado) Camilo Cienfuegos, aquel inigualable héroe de la revolución Cubana, “Señor de la Vanguardia” en palabras de Guevara, el cual falleció también un día de Octubre, sin poder entonces aportar su granito de arena en el famoso manual ya aludido. Aquello demuestra que Guevara era ante todo un  militar y estratega humilde, sereno y sobre todo, responsable. En cuestiones tan peligrosas como la guerra, nunca se puede considerar tener la última palabra, pues hay pocas actividades humanas, tan dinámicas como aquella. Guevara, lejos de  ese nefasto paradigma de “revolucionario de escritorio”,  ególatra e individualista, que se cree dueño de la verdad, estuvo siempre presto y llano a recibir aportes de todos los maestros del arte de la Guerra, como el General Vo Nguyen Giap, Camilo Cienfuegos, Fidel Castro, Mao Tse Tung, Vladimir Lenin, Carl Von Clausewitz, entre otros, a los cuales, por cierto, gustaba siempre citar.

 Otro asunto es la tergiversación de sus tesis militares, que se reducen a las pueriles acusaciones de “foquismo” o “guerrillerismo”, que los calumniadores suelen repetir majaderamente y hasta la saciedad, creyendo que repitiendo una mentira o una falsificación, esta se hará verdad. Invitamos al lector a profundizar más detenidamente en esta polémica, en nuestro artículo titulado “Guevarismo: a propósito del ‘foquismo’ y otras caricaturas”.

  • Guevara, el rol del ejemplo y el voluntario más entusiasta

Cabe señalar que el Che no partió siendo un Comandante. Como expedicionario del Granma comenzó realizando trabajos estrictamente médicos, y por tanto, antes de cumplir las grandes labores que le depararía el  futuro, tuvo que primero ejecutar las tareas menores, sin nunca despreciarlas. Por el contrario, criticaba despiadadamente a sus compañeros que se rehusaban a cumplirlas, o que holgazaneaban y dilataban su ejecución. Es por eso que en su diario anotó que “La conducta revolucionaria es espejo de la fe revolucionaria y cuando alguien que se dice revolucionario no se conduce como tal, no puede ser más que un desfachatado” (Pasajes de la Guerra Revolucionaria)

Pero con el devenir del tiempo, y haciendo gala de sus aptitudes y talentos, Guevara ascendió de rango  Sin embargo, su concepción primigenia seguía inalterable. Ahora como dirigente, señalaba: “Uno de los grandes factores educativos es el ejemplo. Por ellos los jefes deben constantemente ofrecer el ejemplo de una vida cristalina y sacrificada” (La guerra de guerrillas). Guevara, tras el glorioso primero de Enero, pasó a tener funciones administrativas y civiles, y aun así seguía pensando lo mismo que al comienzo, cuando era un soldado raso más: “Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización”. (El socialismo y el hombre en cuba).

Por el ejemplo que debe dar el dirigente, se explica que Guevara siempre participara, defendiera y promoviera el trabajo voluntario como gran escuela forjadora de la conciencia del hombre nuevo (El trabajo voluntario, escuela de conciencia revolucionaria.).

Es necesario no pasar por alto su rechazo irrestricto a todo tipo de granjerías o prebendas a los cuadros revolucionarios que ejercían cargos estatales. Por eso no ha de extrañarnos que Guevara al partir a luchar  en el cielo azul de Bolivia, dijera “no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse” (Carta a Fidel Castro, 1965)

  • Guevara, el hombre tras el fusil

Al leer las cartas que el Comandante dirigía  a sus hijos, padres, y esposa, se revela un hombre que más de alguien no esperaría encontrar en aquel guerrillero de “mente fría pero corazón ardiente”. Se revela un padre, esposo  e hijo amoroso, atento, y profundamente preocupado de en cada línea expresar su cariño eterno por si llegase a fallecer en combate,  y sobre todo, especial énfasis ponía en transmitir a su familia  la ética comunista por la cual estaba raudo a dar la vida si ello fuese necesario: “y sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario. “(carta a sus hijos, 1965).

Finalmente, que nadie se llame engaños: bajo ningún punto de vista, esta editorial podría considerarse un culto a la personalidad de Guevara, pues él mismo creía firmemente que   “Aquí lo que hace falta no son homenajes, sino trabajo. En cuanto a los honores, se los agradezco, pero les voy a responder en francés, que es más delicado, para no ofenderlos: Les honneurs, ca m´emmerde!.”

Cerraremos este breve repaso de los aspectos fundamentales del pensamiento de Guevara,  en el día que lamentamos su partida física tras heroico y desigual combate, con esa frase inmortal que, sin lugar a dudas, resume el ideario de El Che:

¡PATRIA O MUERTE!

!VENCEREMOS!