AÑO 2015: CON UNIDAD AVANCEMOS EN EL PROYECTO REVOLUCIONARIO

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Patricio Cid,
Militante del Frente de Trabajadores Guevaristas de Chile

Elemento sobre panorama mundial

A partir de los años 70, el sistema de dominación capitalista implementa cambios importantes, no sólo en la concepción económica sino fundamentalmente en lo político, social, cultural y militar. Implementando nuevas formas de intervención militar, de represión, de abusos y de espionaje. Se fortalece el control y manejo ideológico a través de la educación y de los medios de comunicación; el concepto de competencia desplaza al de solidaridad; capacidad se confunde con deshonestidad en la medida que todo está permitido, el dinero y la especulación adquieren más importancia que la producción.

Ya desde la segunda guerra mundial en toda Europa (occidental y oriental) se destrozan los sistemas productivos. EEUU se mantiene alejado de los destrozos de la guerra, se encarga de conservar intacta su infraestructura agrícola e industrial de tal manera que se transforma en el gran oferente de todo tipo de productos que llegan a todos los países de Europa. Sin embargo, no solo se transforma en el gran oferente de mercaderías sino también en el gran oferente de dinero. Se establece una nueva moneda mundial: el dólar, que desplaza a la libra esterlina inglesa.

De esta forma, EEUU se transforma en la gran potencia mundial proveedor de mercancías y del dinero. Adquiere el poder total: la soberanía como productor y acreedor a lo que sumaría en los años siguientes la supremacía del poder militar. El año 1975 viene la gran crisis del petróleo el cual sube de precio desde 14 a 38 dólares el barril. Mientras el resto de los países deben endeudarse o disminuir sus compras, EEUU hace funcionar la maquinita que produce billetes (sin respaldo en oro). El control del dinero mundial potencia el poder imperialista.

Después de Mao, China comunista abre sus mercados al mundo capitalista y desde entonces su economía crece a un ritmo del 10 al 12% al año (5 veces mas que el resto de las economías mundiales), transformándose en la nueva potencia económica mundial. Aumenta la producción en todos los rubros y se transforma en el gran oferente de productos manufacturados a nivel mundial, desplazando a los EEUU. Sin embargo, la moneda mundial sigue siendo el dólar, tanto así que China le presta dólares a EEUU para mantener el nivel de compras, y cuando cae el valor del dólar se encarga de comprar más dólares. Por lo tanto, se produce una simbiosis entre EEUU y China.

La gran pregunta que debemos hacernos es si es sostenible la situación donde el gran oferente de mercancías no sea a su vez el gran oferente de dinero. Asistimos a un período de grandes cambios a escala planetaria donde Rusia y China colaboran estratégicamente con el capitalismo, y encabezan un proyecto de recambios que podríamos compararlo a un segundo intento socialdemócrata, que suma a los países BRICS y a países que levantan proyectos progresistas en América Latina.

Lo evidente es que en medio de esta crisis del capitalismo a nivel mundial se levantan dos grandes proyectos para superar la crisis y fortalecer el sistema capitalista.

Por un lado la propuesta de EEUU junto a Europa, Japón y los miembros de la OTAN, que arrastra a pequeños países en los diferentes continentes, que mantienen la esencia del proyecto neoliberal actual, introduciendo algunas limitaciones a la especulación financiera pero que en lo fundamental mantiene el sistema actual, privilegiando la concentración del poder y la riqueza, profundizando los niveles de inequidad y explotación.

Por otro lado tenemos la propuesta encabezada por China junto a los demás países BRICS y otros países de menor importancia, que intentan proyectar una cara mas humana del capitalismo, ocultando los niveles de súper explotación que se dan en sus respectivos países y cuya ultima finalidad es alcanzar el nivel económico de las grandes potencias capitalistas.

Miles de millones de habitantes del planeta han dejado de pertenecer al proyecto de construcción de un futuro socialista y hoy forman parte de uno u otro proyecto capitalista. Países considerados ejemplos como Cuba y Vietnam han abierto sus puertas al desarrollo capitalista y hoy día en lo concreto están mas cerca de la propuesta encabezada por China y Rusia de los que fueron sus proyectos originales. Corea del Norte sigue siendo una excepción, sin embargo la sucesión monárquica de sus máximos dirigentes está lejos del proyecto emancipador que buscamos construir.

El grado de enfrentamiento por el control del petróleo y de diferentes territorios a lo largo y ancho del planeta, ha hecho surgir fuerzas fundamentalistas con posturas reaccionarias capaces de cometer los abusos y crímenes más atroces, fuerzas que son producto de las políticas imperialistas del cual fueron en algún momento sus aliados.

A pesar de las derrotas y retrocesos, en todas partes del mundo surgen pequeños grupos que insisten en los ideales y proyectos revolucionarios, estando presentes en América Latina y Europa, en África y Asia, destacándose hoy día la construcción del estado popular de Nueva Rusia en la zona de Donetsk, como el fortalecimiento de los sectores revolucionarios entre los kurdos que han sido capaces de parar el avance de las fuerzas reaccionarias del ISIS.

Consideraciones sobre la situación política nacional

En los primeros años de la dictadura los capitalistas chilenos intentaron competir con sus productos a escala mundial, sin embargo, por diferentes motivos (modelo político dictatorial, monto de la producción, nivel de tecnología alcanzado, etc.) sus productos tenían un costo mayor al precio del mercado mundial y, por lo tanto, la industria chilena metal mecánica, línea blanca, textiles, calzado, electrónica y de automóviles fue incapaz de competir, desapareciendo gran parte de la industria chilena.

Esto lleva a una recomposición de clase del proletariado chileno y prácticamente desaparece la clase obrera industrial. Esto sumado a la represión dictatorial y la implementación de nuevas leyes laborales (código del trabajo), el sindicalismo clásico de hace 40 años sufre grandes transformaciones. Se mantienen con capacidad de negociación los sindicatos del área estatal, los sindicatos ligados a la gran minería, como también los sindicatos portuarios, a menor escala los sindicatos del retail y de algunos servicios.

Los pequeños sindicatos pierden toda posibilidad de ejercer presión ante los patrones capitalistas lo que se agrava con el sistema de subcontratación donde el trabajador no enfrenta y ni siquiera conoce al verdadero patrón. El problema mayor está en los millones de trabajadores no sindicalizados, no sólo por un atraso en los niveles de conciencia sino porque el actual modelo, los ha disgregado, atomizado, precarizado, lo que, sumado al control ideológico impide toda forma de organización. En este contexto los cambios propuestos en el nuevo plan laboral sólo beneficiarán a los sindicatos existentes, pero la gran masa de trabajadores que no está sindicalizada, no logrará superar la actual situación.

El capitalismo chileno se basa en la exportación de materias primas, lo cual presenta como una primera característica que requiere poca mano de obra: la minería que representa un porcentaje mayoritario del PIB utiliza el 1% del total de mano de obra. Lo mismo sucede con la industria salmonera y la celulosa. La segunda característica es que la ganancia del capital en su gran porcentaje no es producto de plusvalía, de valor agregado, sino al igual que el bosque, la biomasa de los océanos, la ganancia tiene un gran componente rentista.

Por ello, la burguesía hoy día es una burguesía rentista que se apropia de recursos naturales. No están pensando en un desarrollo industrial, en un desarrollo de la república. Sino que la gran concentración del capital se queda en el sector rentista, en los servicios y en la especulación en la banca, AFP, aseguradoras, etc. Por lo tanto, se puede afirmar que no existe una burguesía industrial nacional preocupada por el desarrollo económico del país. Por consiguiente las políticas reformistas que apuntan a una alianza con una supuesta burguesía nacional son totalmente absurdas y fuera de toda lógica.

Sobre los trabajadores y el campo popular

Por lo tanto la lucha actual debe ir contra el fetichismo de “querer cosas” (consumismo), y los trabajadores y el sindicalismo debemos preocuparnos fundamentalmente de las necesidades educativas de salud, de cultura, de deporte, de recreación.

Esto quiere decir que a la lucha economicista que llevan adelante hoy día los sindicatos debe potenciarse con una lucha por conseguir otros avances para lo cual se debe combinar el trabajo sindical con el trabajo territorial, las demandas económicas con demandas temáticas como salud y educación, recreación, etc.

En otras palabras nos debemos dar cuenta que mientras no se ataquen los nudos gordianos de la actual súper-explotación, el robo y abuso que se cometen todos los días contra los trabajadores, las reivindicaciones economicistas clásicas no harán daño al sistema capitalista. Esto impone que a partir de ahora tengamos claridad de la situación demostrando que solo cambios profundos, estructurales, verdaderamente revolucionarios pueden llevarnos a una situación diferente.

El objetivo fundamental de nuestra actividad política debe estar dirigido al mundo de los trabajadores, donde debemos hacer los máximos esfuerzos para llegar con nuestros planteamientos y reflexiones, para lo cual debemos fortalecer el recientemente formado Frente de Trabajadores Guevaristas de Chile , que nace bajo una concepción claramente anticapitalista, impulsando la lucha reivindicativa en concordancia con la lucha por la conquista del poder por parte de los trabajadores y el pueblo. Para esta tarea resulta imprescindible el rearme teórico y práctico de la clase trabajadora para enfrentarse a la clase dominante, como también combatir las posiciones reformistas que por años han cercenado la capacidad revolucionaria de los trabajadores.

Valoramos las nuevas formas de organización democrática que la clase obrera y el pueblo se ha dado, tales como asambleas, junto a otras formas organizativas que se desarrollan con un amplio espíritu democrático y participativo. En su esencia nacen al calor de la lucha detrás de reivindicaciones concretas, sentidas por el conjunto del pueblo, que entran en una espiral de ascenso en los niveles de organización y de lucha, cuyos ejemplos más claros los tenemos en Aysén y en Freirina. Sin embargo, el grueso de los sectores revolucionarios no fuimos capaces de estar allí presentes y el ímpetu rupturista de esos pueblos terminó en nada. Esto producto de políticas entreguistas, reformistas o envueltos en esperanzas de falsas promesas por parte de las autoridades de turno.

Al interior de nuestras propias organizaciones hemos tenido la experiencia de construir asambleas y de ver sus potencialidades. Pero también es cierto que hoy día, en etapa de repliegue del movimiento de masas, las formas de organización asamblearia prácticamente han desaparecido. Pese a ello es tarea de los revolucionarios extraer de allí las mejores experiencias, y darse cuenta que nuevas formas de organización y de lucha deben se aprendidas por el conjunto del pueblo, para que en el futuro las próximas experiencias democráticas y de base se transformen en organizaciones permanentes, capaces de acumular estratégicamente fuerza social revolucionaria de cara a la construcción del poder revolucionario de la clase obrera y el pueblo trabajador. Debemos discutir la posibilidad de desarrollar organismos democráticos de masas, con diferentes ejes temáticos independientes o al interior de un movimiento democrático y popular madre, para discutir a nivel de la comunidad temas como salud, educación y medio ambiente con posturas y soluciones concretas apoyadas de grandes movilizaciones de masas.

Este nuevo año, con un nuevo gobierno encabezado por Michelle Bachellet nos impone a los sectores populares, a los trabajadores, pobladores, estudiantes, defensores del medio ambiente, y a todos los que no estamos de acuerdo con la situación actual estar especialmente atentos. Sus propuestas reformistas serán paulatinamente suavizadas, demostrándose una vez más que el poder no está al interior de la institucionalidad sino en el bolsillo de un pequeño número de magnates, que con un pequeño estornudo pueden hacer temblar a los administran la economía nacional.

A nivel del campo popular, en los últimos años se han instalado dos concepciones. Por un lado está la concepción clásica de la izquierda, presente en los últimos cien años en la cual se plantea una diferencia entre lo político y lo social, dejando la propuesta política para que se desarrolle al interior del Estado y por lo tanto su táctica ha sido intentar tomar posesión de la totalidad o parte del estado, de la institucionalidad, del gobierno central como de los gobiernos municipales.

Sabiendo esta izquierda que la actual institucionalidad, impuesta por la dictadura, solo favorece a los dueños del poder económico, levantan la consigna de mejorar las leyes que regulan los procesos eleccionarios para modificar la institucionalidad a través de una nueva constitución. Se plantea que sea por medio de un proceso constituyente encerrado en la actual institucionalidad, y los más osados, plantean la necesidad de una asamblea constituyente, sabiendo que mientras la correlación de fuerzas globales es adversa al pueblo y los trabajadores, las clases dominantes no entregarán soberanía al conjunto del pueblo.

Por otro lado, se expresa un movimiento popular que adquiere mayor protagonismo, que rompe con la matriz ideológica que postula que la política solo se puede hacer al interior del Estado, sino que intenta recuperar su soberanía en los espacios que le son vitales, en sus lugares de trabajo y producción, en sus lugares de estudio y de vida. Son los sectores que han sido protagonistas de las grandes movilizaciones y protestas populares, sin alcanzar a desarrollar un proyecto que signifique un proceso de acumulación de fuerzas en la perspectiva de un cambio revolucionario.

Acerca de las tareas para los revolucionarios

Hoy, después de muchos años, constatamos el inicio de un proyecto revolucionario que supera los obstáculos del reformismo como los contrabandos ideológicos del post modernismo, que detrás de una propuesta de autonomía y de horizontalidad aparece siempre el caudillo o un pequeño grupo de caudillos, que intentan ocupar el lugar de los trabajadores y los pueblos.

Si nos damos cuenta de la envergadura de los futuros problemas, la tarea de los revolucionarios es doblemente compleja y se vuelve central concentrarse en los objetivos históricos y la necesidad de construir una amplia alianza socio cultural que empieza en lo local pero que debe tener como estrategia una dimensión continental y universal. Que sea capaz de reemplazar al capitalismo no solo en el contexto de la propiedad de los medios de producción, sino en el plano de la transformación profunda de la condición humana, capaz de construir una nueva sociedad sustentada en nuevas necesidades, en nuevas relaciones entre los seres humanos y en nuevas relaciones entre estos y la naturaleza.

En este contexto estimamos necesario fortalecer nuestros conocimientos de marxismo, llevándolo a los tiempos presentes, especialmente a través de las experiencias y enseñanzas que nos dejara el comandante Ernesto Che Guevara, junto a todas las experiencias posteriores desarrolladas entorno al guevarismo. Debemos recoger los instrumentos que nos ha heredado la historia, recuperar el pensamiento de Marx, fundamentalmente el enseñarnos a pensar, a leer la realidad, a descifrar las contradicciones, a volver a ocupar la dialéctica materialista, que el estalinismo y sus herederos tergiversaron o simplemente ocultaron.

Debemos recuperar la utopía comunista, volver a ser comunistas abiertos, libertarios, marxistas, dialécticos, críticos y pensantes. Debemos superar el determinismo reformista, que aseguraba el paso automático por diferentes etapas hasta llegar a la sociedad soñada.

Hemos aprendido que es necesario actuar aquí y ahora a partir de una voluntad colectiva que se inicia con una profunda transformación del individuo, con una revolución al interior de nosotros mismos, cuestión que Miguel Enríquez siempre fustigó. Debemos ser capaces de superar las visiones fragmentarias como las concepciones reformistas y post modernistas para dar paso a políticas de impugnación revolucionaria del capitalismo, poniendo énfasis en el método dialéctico como articulador de la concepción marxista.

Todo esto solo es posible contando con una organización revolucionaria, donde confluyen los mejores exponentes de la clase obrera y el pueblo, de los jóvenes e intelectuales, de las mujeres, de los excluidos y marginados, de los explotados, de los discriminados. La organización revolucionaria, el partido revolucionario, es nuestro refugio estratégico. Allí debe existir la confianza, el respeto y el apoyo recíproco, donde nos fundimos en compañeros y en hermanos.

Debemos dejar de lado las concepciones verticalistas de organización y dar paso a lo que fueron nuestros inicios, donde se interrelacionaba la responsabilidad y el compromiso militante. Apostando por una democracia revolucionaria organizada que implique el mutuo reconocimiento de sus componentes, la participación de todos en la fijación de los grandes ejes políticos, donde reconocemos un liderazgo, y en determinadas tareas reconocemos un mando. El conjunto de la militancia debe contar con los elementos para ser parte del proceso de decisiones, una vez tomadas y aprobadas por la mayoría, a través de Conferencia o Congreso, los acuerdos deben ser implementados por todos. Para no volver a situaciones vividas por experiencias históricas pasadas es esencial que los liderazgos y los mandos sean controlados en primer lugar por el conjunto de la organización y el liderazgo de la organización es a su vez controlado por el conjunto del pueblo organizado.

Los militantes además de ser militantes somos parte del pueblo y debemos ser actores en las diferentes organizaciones sociales, sindicales juveniles, milicianas, etc. y en ese contexto seremos parte de los sindicatos, de los centros y federaciones de estudiantes, de las asambleas territoriales, de los congresos por la educación en la perspectiva de construir a mediano plazo la coordinación de todos los estamentos sociales en el congreso nacional de los trabajadores y los pueblos.

El tema de la organización es hoy día fundamental y la no organización no cabe en el proyecto revolucionario, pero el concepto de organización debe ser un concepto dinámico, que al igual que la táctica debe integrarse dentro de una concepción dialéctica. Debemos impedir que las organizaciones sociales se burocraticen o se enreden en los aspectos institucionales. Debemos estar atentos para levantar las propuestas junto a movilizaciones concretas, implementando diversas formas de lucha en concordancia con nuestras fuerzas.

El motor de la unidad debe estar centrado en nuestros planteamientos rupturistas con la institucionalidad y en la perspectiva de construir un movimiento social y político que logre enfrentarse en todos los terrenos a la institucionalidad vigente, a los poderosos que nos oprimen como a los lacayos que se le suman, sobre la base de movilización radical de masas.

Partimos de la base que aspiramos a construir una sociedad fraterna entre iguales, que debemos iniciarla aquí y ahora y por lo tanto valoramos en toda su dimensión los acuerdos alcanzados en la Coordinadora Octubre Revolucionario y aspiramos que en este año 2015 realicemos los máximos esfuerzos por fortalecer los procesos de unidad entre los revolucionarios y echar las bases para la construcción del partido revolucionario.

Hoy es necesario fortalecer los esfuerzos unitarios, y por lo tanto estar dispuestos a sumarnos a organizaciones hermanas que han avanzado más que nosotros y con los cuales hemos ido construyendo día a día en la lucha un pensamiento común que se entrona en la concepción guevarista, que recogemos como síntesis teórica política, histórica, en la medida que integra la dialéctica materialista, la continentalidad de la lucha, la importancia del compromiso y la conciencia. Todo esto para impulsar una lucha frontal contra el capitalismo, lucha que debe darse a escala continental y planetaria, para lo cual debemos encontrarnos con los pueblos hermanos que luchan en diferentes partes del mundo.

UNIR PARA LUCHAR
LUCHAR HASTA VENCER

Enero del 2015, Chile