LA BANDERA NO NOS CUBRE

“Nosotros, que desde hace tiempo ya estamos convencidos que nada tenemos que ver con esta fecha que se llama el aniversario de la independencia nacional, creemos necesario indicar al pueblo el verdadero significado de esta fecha, que en nuestro concepto sólo tienen razón de conmemorarla los burgueses, porque ellos, sublevados en 1810 contra la corona de España, conquistaron esta patria para gozarla ellos y para aprovecharse de todas las ventajas que la independencia les proporcionaba; pero el pueblo, la clase trabajadora, que siempre ha vivido en la miseria, nada, pero absolutamente nada gana ni ha ganado con la independencia de este suelo de la dominación española”.

Luis Emilio Recabarren, “Ricos y pobres”

Un nuevo aniversario de la mal llamada Independencia de Chile se acerca, y con él, la más amplia mayoría de nuestro pueblo trabajador, se dispone a celebrar. Criticamos este nefasto festejo, y al hacerlo corremos el riesgo de ser acusados de “graves” y “amargados”, sin embargo, no ha de preocuparnos, pues aquel dejo de amargura, tiene para nosotros una fuerte fundamentación, y es que nuestra clase no tiene nada que celebrar. Lo afirmamos convencidos, pues la emancipación es una meta que aún no hemos alcanzado.

Dieron los burgueses su batalla hace siglos, buscaron librarse de la Corona Española, y sin embargo, dicha victoria les corresponde a ellos, y no a nosotros, pues los beneficios obtenidos han pasado de largo a un costado de nuestro pueblo trabajador, que sigue subyugado económica, política y culturalmente. Al pueblo no sirvió de nada aquella suerte de liberación burguesa, pues los eslabones de la cadena se extendieron hacia nuestra clase con una firmeza tal, que ha hecho imposible su ruptura, no importa el paso de los años, porque esta cadena de explotación, se ha fortalecido con el transcurso del tiempo.

Vemos el énfasis mediático que nos incita al festejo, a hablar de “chilenidad”, cuando francamente, lo único que debiese importarnos es la fraternidad entre los pueblos oprimidos de América Latina y todo el denominado Tercer Mundo. Se nos invita a rendir honores a una serie de simbolismos nacionalistas, de exacerbado tinte chovinista. En nuestras escuelas, los niños y niñas deben bailar ante una bandera absurda, un escuálido emblema que no significa nada, que no nos representa, pero que sin embargo, nos obligan a colgar desde nuestras ventanas.  Es una bandera que no nos cubre, porque responde a un proyecto burgués, a esa patria en la que creen unos pocos, los de arriba, quienes nos explotan y oprimen, sacando el jugo a nuestra fuerza de trabajo. Es una bandera que cubre sus intereses, y deja completamente afuera, los nuestros.

No queremos homenajear a un símbolo que para nosotros no posee significado ni valor alguno, no queremos entonar un himno patrio cuya letra no nos incluye, porque no dice nada que sea siquiera cercano a nuestra realidad. Este ambiente tricolor nos resulta nauseabundo, no debe ser para nuestra clase trabajadora un motivo de alegría, pues nos significa más bien rememorar una derrota. Únicamente los ricos y poderosos tienen motivos para celebrar, pues fueron los vencedores, y habiendo logrado su independencia, se vieron facilitados en su tarea de doblegarnos, de pasar por encima de los y las trabajadoras sin importar el costo, porque sus intereses fueron, y siguen siendo, defendidos a toda costa.

Esta fecha y el bombardeo comunicacional absurdo, repleto de asados y rodeos, de cuecas y palo encebado, se acopla perfectamente con aquella enajenación de nuestro pueblo que tanto bien hace a los objetivos de la clase dominante, pues hace al trabajador concentrarse en la fiesta, sentir orgullo de ser chileno, y dejar a un lado su realidad, aquella rutinaria verdad en la que sus días se gastan mientras el rico se apodera de todo el excedente de su trabajo.

Pueden tildarnos de “graves” y asentiremos, pues nos parece grave que se siga pensando que el pueblo trabajador tiene motivos para celebrar esta falsa emancipación. Pueden llamarnos “amargados”, y volveremos a asentir con la amargura propia de la explotación y la opresión a la que nuestra clase sigue siendo sometida. Sin duda alguna, nos corresponde tomar posición desde el lugar en que nos hallamos, y si los medios de comunicación convencionales incitan y celebran la enajenación de los trabajadores y trabajadoras, nosotros incitaremos a nuestro pueblo a tomar conciencia, a organizarse y a continuar en la lucha, porque nuestra emancipación está en curso, y batallando en la senda del socialismo, es que podremos alcanzar la verdadera libertad.

 Comité Editorial de la Revista Nuestra América