APROXIMACIONES A LA COYUNTURA POLÍTICA INTERNACIONAL

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Por Vasco Miranda, militante de la Juventud Guevarista de Chile

 

Características y alcances generales de la crisis económica mundial

El mundo capitalista, las economías centrales y el imperialismo atraviesan una importante crisis económica. Sus sistemas económicos centrales, extremadamente liberalizados a partir de los años 80’s (Reagan-Tatcher) se encuentran sumamente dañados. La crisis, como ya sabemos, se desata a partir de la explosión de la burbuja inmobiliaria de los denominados “créditos subprime” (capital especulativo) en los Estados Unidos, extendiéndose rápidamente a las principales economías europeas, quebrando bancos y arrastrando hasta el deafult a los países más débiles del bloque europeo (España, Grecia, Italia, Francia, Irlanda). Por supuesto, las consecuencias más terribles y nefastas las ha sufrido el conjunto de la clase obrera de los países capitalistas en crisis, en especial los trabajadores griegos, españoles, irlandeses e italianos.

 Sin embargo, no tan solo los trabajadores de los países europeos han vivido los efectos devastadores de la crisis económica, pues también el proletariado internacional ha sufrido sus consecuencias. No solo las tasas de crecimiento de los países OCDE han disminuido ostensiblemente, sino que también el PIB del bloque BRICS ha perdido su capacidad de expansión, reduciendo enormemente el consumo de materias primas y cultivos básicos de los países latinoamericanos y africanos (principalmente), afectando el crecimiento económico nacional y la estabilidad laboral de la clase obrera mundial[1].

Las medidas capitalistas de contención, al mismo tiempo que intentan mantener las tasas de ganancias de la burguesía, se han convertido en una verdadera ofensiva económica contra la clase obrera internacional. En el transcurso de los últimos años, los diferentes gobiernos de la clase dominante europea han desplegado políticas de sujeción que, mediante la reducción de los servicios sociales, han estabilizado (a la baja) las economías europeas, a costa de la clase trabajadora y su  bienestar.

La ofensiva burguesa[2] ha sido desplegada desde la Troika europea, compuesta por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea[3]. La Troika, objetivamente, no ha logrado contener o revertir la crisis. De hecho, ni siquiera ha sido capaz de desacelerar la expansión de la crisis a otros rincones del mundo. El capitalismo no encuentra salidas a la crisis económica, pese a la aguda expoliación de la burguesía sobre el proletariado internacional y el colchón económico chino que, lentamente,  se ha ido agotando.

En otro plano, tanto los partidos socialdemócratas como los social-cristianos europeos están muy debilitados en los países en crisis[4]. Durante el transcurso de la  crisis, han ido tomando un inusitado poder los partidos populistas de derecha y los partidos abiertamente fascistas[5]. La izquierda, que debiese ser el sector político que más estuviese capitalizando el descontento de las masas obreras y populares, ha experimentado un crecimiento importante, pero inferior que la derecha y el fascismo. La fuga de militantes de centro, centro izquierda y centro derecha está siendo mayoritariamente hacia la derecha dura y, minoritariamente, hacia la izquierda[6].

La izquierda europea, pese a sus interesantes intentos de re-organización y reconstrucción (como la conformación en España  de la Izquierda Anticapitalista o, en Francia, del Nuevo Partido Anticapitalista) no ha logrado superar consistentemente el rechazo de amplios sectores de clase frente al marxismo. Esto se debe, principalmente, a que el marxismo en Europa sigue siendo asociado al autoritarismo estalinista, o en algunos casos, al vulgar eurocomunismo que finalmente devino en un insulso giro a la socialdemocracia. En Europa (nuevamente excluimos de esta generalización a la Izquierda Abertzale), casi no han existido propuestas desde la izquierda revolucionaria que superen ambas acepciones, ligadas a la experiencia fallida soviética[7], como sí ha ocurrido en Nuestra América, donde efectivamente han existido -posterior al triunfo de la Revolución Cubana- alternativas revolucionarias diferentes al estalinismo reformista o autoritario.

Las salidas del Imperialismo

Como señalamos anteriormente, los intentos de salida a la crisis yanqui-europea han estado marcados por fuertes medidas contra la clase trabajadora. El movimiento obrero europeo es muy débil, pero se ha reactivado con relativa fuerza. Sin embargo, no ha sido determinante a la hora de definir los destinos del proletariado, más bien sus movilizaciones -salvo en Grecia donde han sido desestabilizados el poder ejecutivo y el poder legislativo- han sido testimoniales, y han servido solo para justificar los recortes económicos destinados a las familias obreras, así como para agudizar la represión contra las masas trabajadoras.

No obstante, el Imperialismo Occidental[8] ha incrementado su guerra contra los pueblos del mundo dependiente que poseen riquezas minerales o que son importantes fuentes para la extracción de plusvalor, necesarias, por supuesto, para la recuperación -y expansión- económica del capitalismo occidental. Los ejemplos más conocidos son la -exitosa- guerra contra Gadafi en Libia, el intento de derrocamiento del gobierno sirio, y el recrudecimiento de la guerra contra el pueblo palestino, especialmente en Franja de Gaza (ante el reagrupamiento de las fuerzas político-militares palestinas). Pero, también son ejemplos importantes: el derrocamiento del gobierno pro-ruso de Ucrania, la invasión de Malí por Francia y la multiplicación de las bases militares en toda América, además de los intentos desestabilizadores contra el gobierno reformista de Venezuela y el fortalecimiento de la Alianza del Pacífico (Chile, México, Colombia y Perú), con nítidas implicancias geoestratégicas, geopolíticas y geoeconómicas para Nuestra América. Estos,  son tersos ejemplos de la ofensiva imperialista yanqui-europea sobre los pueblos trabajadores del mundo.

No hay salida a la vista para las economías capitalistas en crisis. Las tasas de crecimiento de la denominada “Edad de Oro” del capitalismo (1947-1973), o de la época de dominación unipolar absoluta de los EEUU y la UE (1991-1998, hasta la Crisis Asiática), se encuentran completamente fuera del alcance del gran capital internacional. Recordemos, por ejemplo, que durante la llamada Edad Dorada del capitalismo, la Alemania occidental (prácticamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial, por la ofensiva soviética hasta Berlín) mantuvo un promedio de crecimiento aproximado de 6%, casi tres veces superior a sus más altos registros históricos (anteriores a la Primera Guerra Mundial). Japón, (recordemos que además de poseer una economía destruida, fue bombardeado atómicamente en dos ocasiones por el imperialismo yanqui) alcanzó un promedio de crecimiento, durante esta época, superior al 9% (casi cuatro veces más a su promedio anterior a la Segunda Guerra Mundial). Lo mismo ocurrió con Francia e Italia, que triplicaron sus crecimientos anteriores al inicio de ambas guerras. Si bien, los EEUU mantuvieron más o menos estable su tasa de crecimiento, es menester comprender que ninguna de las dos conflagraciones mundiales tuvo efectos negativos sobre su economía. Muy por el contrario, la economía yanqui terminó convirtiéndose en la más importante del mundo, mediante -primero- la fabricación y venta de armas, -segundo- los préstamos a los países devastados por la guerra y -tercero- la nueva repartición del mundo, con claras ventajas para desarrollar mayor explotación para los EEUU sobre los pueblos bajo tutela política, económica y militar. De hecho, fue tal el crecimiento de las economías capitalistas, que la cesantía (“caldo de cultivo” para comunistas y fascistas según los economistas burgueses de la época) promedió, en los años 60’s, un 1,5% en toda la Europa occidental, alcanzando porcentajes considerados como pleno empleo.

El crecimiento económico exorbitado permitió la constitución del llamado Estado de bienestar, caracterizado por las prestaciones sociales hacia las clases trabajadoras, y por el control estatal de importantes áreas de la producción y la banca. A partir de la crisis del petróleo de 1973, el mundo capitalista nuevamente conoció la hambruna, la pobreza y la cesantía estructural, extendiendo crisis económicas hasta los países dependientes (la crisis económica de petróleo pegó con mucha fuerza en nuestro país a comienzos de los años 80’s, y se extendió prácticamente hasta fines de la década). Durante los 90’s, la estabilidad económica de los países capitalistas, nuevamente explotó a partir de la Crisis Asiática (desde los denominados Tigres Asiáticos). Si bien, la época de estabilidad post-URSS fue de considerable crecimiento económico, en ningún caso alcanzó los niveles conseguidos durante el período 1947-1973, siendo -además- mucho  más breve en tiempo, apenas unos 7 u 8 años. La segunda crisis post-URSS (Créditos Subprime del 2008 hasta la actualidad), terminó por hundir la economía capitalista mundial a niveles no vistos desde el “Crash” de 1929 en Wall Street (incluso, quizás, sus alcance sean más nefastos aún).

Pese al complejo panorama económico mundial para el capitalismo y el imperialismo, no hay que pensar -inocentemente- que el capitalismo “caerá por su propio peso”, o que las crisis económicas desatarán un descontento popular tan amplio, que las masas obreras saldrán de sus fábricas a derribar el Estado burgués, expropiar a la burguesía y construir el socialismo, como lo viene sosteniendo hace años el trotskismo (de todo cuño). La clase obrera junto al pueblo trabajador, no desatará -si quiera- una crisis de gobernabilidad (dominación) del bloque en el poder, si no está dotada de una conciencia de clase para sí. Dicha situación, el desarrollo de la conciencia de la clase obrera y el pueblo explotado, determina el alcance político -en el plano de la lucha de clases, por supuesto- de la actual crisis económica del capitalismo.

Dentro de los marcos políticos anteriores es que señalamos -categóricamente- que el capitalismo no atraviesa ninguna crisis de hegemonía[9], y que solo en algunos casos -bastante puntuales, por lo demás- estaría en curso una crisis de dominación[10].

El proyecto histórico del capitalismo no atraviesa ninguna crisis de hegemonía a escala global (ni regional, por ejemplo en Europa o en Latinoamérica). De hecho, desde prácticamente ningún lugar del mundo -hablamos puntualmente de las economías que sufren los grados más agudos de la crisis económica- se cuestiona al capitalismo como modo de producción, como patrón de acumulación de capital de una clase sobre otra. Así mismo, ningún movimiento de masas o fuerza revolucionaria, ha logrado instalar esa crítica en el seno mismo del movimiento obrero y popular. Por lo tanto, no se desarrolla en absoluto un movimiento revolucionario de masas que se proponga el derrocamiento del imperio del capital en las economías burguesas en crisis. El conjunto de la clase explotada no posee dudas respecto a que el capitalismo -junto a su régimen y Estado clasista- sea el único modo de producción, sistema económico y régimen social, político y cultural posible.

Más bien, las críticas de los sectores obreros y populares más descontentos y golpeados por la crisis económica, se ubican sobre el régimen político burgués y su funcionamiento excluyente y elitista (en muchos casos también extremadamente corrupto, como en Italia y Grecia). Pero insistimos, aquello no significa que la clase obrera y el pueblo trabajador esté considerando -mayoritariamente- que el régimen político burgués o su Estado sean intrínsecamente “perversos”, o que en realidad, son producto de una determinada estructura económica  que responde a los intereses de la clase en el poder.

Por el contrario, las mencionadas críticas desde los sectores obreros y populares, se ubican aún en las formas, mecanicismo y sujetos (individuales y colectivos) que son parte activa del régimen político y el Estado de la clase dominante. O más claramente: en el régimen político de dominación y en el bloque político en el poder, que administra los intereses de la clase capitalista desde la superestructura estatal, especialmente desde los órganos de dirección (legislativo) y conducción (ejecutivo). Por ello, podemos hablar en muchos casos de crisis de dominación, la que se despliega fundamentalmente por medio de los poderes del Estado burgués (más no de crisis de hegemonía). De hecho, múltiples son las protestas que inundan el mundo capitalista y que ubican el problema político-económico solo en el plano de la “mala administración” del Estado o de la corrupción de la “clase política”, la que no estaría comprometida con los intereses del “pueblo”.

La crisis de dominación (ingobernabilidad, en la jerga burguesa) no necesariamente -o automáticamente- se trasforma en crisis de hegemonía. Aquello solo es posible si el movimiento obrero y popular se encuentra armado de los contenidos programáticos adecuados (los del proletariado). Y sin duda,  que todas las crisis de hegemonía-dominación pueden desembocar en el triunfo revolucionario, en la medida que se convierta en una crisis política nacional del bloque histórico.

Pero, en definitiva (volviendo un poco más atrás en nuestro análisis), es muy importante comprender que la crisis económica no conlleva necesariamente una crisis política o una crisis ideológica del capitalismo, entendida como divorcio subjetivo desde las clases trabajadoras (no del conjunto, sino de los sectores de avanzada) para con el proyecto histórico burgués. Como no existe, desde el punto de vista de la conciencia de los explotados y dominados, una ruptura subjetiva con el proyecto histórico de la burguesía -lo que conlleva, además, un grave retraso en cuanto al desarrollo de un movimiento obrero y popular clasista y en la construcción de organizaciones revolucionarias de vanguardia- la posibilidad de una salida favorable a la clase obrera y al pueblo explotado, es casi nula.

El carácter de los enfrentamientos inter-imperialistas

Desde la caída de la URSS -a principios de los 90’s- , que la hegemonía yanqui se había fortalecido sobre toda la extensión del mundo. La antigua URSS se fragmentó en múltiples Estados -casi todos, títeres de la Unión Europea y la OTAN, y el gigante Chino, durante los 90’s- siguió avanzando firmemente hacia el capitalismo (proceso iniciado en 1979 por Den Xiaoping). Si durante los 80’s el regreso al capitalismo de China era prácticamente imparable, en la década siguiente fue claramente de, por un lado, consolidación política y, por otra, de una expansión económica exorbitante. La expansión de China durante los 90’s, sumada al crecimiento económico (posterior al año 2000) de Rusia, India, Brasil y, recientemente, Sudáfrica, es determinante para comprender el actual panorama económico mundial y la relación entre los dos bloques imperialistas: EEUU-EU (Imperialismo Occidental) y Rusia-China (Imperialismo Euro-Asiático).

Sin bien, en el plano económico, ambos bloques mantienen relaciones estables (de hecho China es prestamista de los EEUU), en el ámbito geoestratégico y geopolítico las relaciones entre ambos bloques se están volviendo cada vez más inestables. No obstante lo anterior, aclaramos inmediatamente que, desde el punto de vista de los proyectos económico-políticos (modo de producción), no existen diferencias de ningún tipo para el proletariado mundial[11]. Y, también aclaramos, que los EEUU siguen siendo el principal agente político hegemónico del imperialismo global.

Lo que ocurre, fundamentalmente, es que el Imperialismo Euro-Asiático se está planteando muy seriamente la disputa de la hegemonía mundial al Imperialismo yanqui-europeo, y en ese camino, el control mundial de las economías dependientes es esencial.

El gigante asiático tuvo un promedio de crecimiento, entre 1980 y 2010, de un 10,3%[12]. Dicho promedio de crecimiento ha sido a costa, claramente, de la explotación y la súper-explotación de su proletariado, la destrucción del medio ambiente y la depredación de la naturaleza (contribuyendo a la aceleración del calentamiento global). No obstante, ello ha permitido convertir la economía retrasada China[13] en la segunda economía mundial en volumen de producción, y la primera en volumen de consumo local. De hecho, todos los organismos económicos internacionales coinciden en que la economía de este país asiático se convertirá en la más grande del mundo durante la segunda parte de esta década, superando a la norteamericana.

China avanza decididamente sobre Asia, África y América Latina (relaciones Sur-Sur) en materia económica, movida principalmente por la necesidad de consumo de materias primas para el desarrollo de su industria. Si bien, por las dimensiones descomunales de China (cerca de 1400 millones de habitantes), este país no necesita mano de obra de otras partes del mundo, sí necesita mercados que consuman su inmensa producción, la que cada vez se encuentra más diversificada y avanzada. Podemos afirmar con seguridad, que las ambiciones chinas sobre el mundo están ubicadas -por ahora- principalmente sobre un plano geoeconómico (consumo de materias primas y venta de su producción -exportación/importación-) y geopolíticas (ganar un marco de influencia global -especialmente en el hemisferio sur del mundo- para la expansión, sin oposición o resistencia, de su economía sobre –principalmente- el mundo retrasado, y que vaya -gradualmente- desplazando a las economías capitalistas occidentales), revistiendo una nueva amenaza para el Imperialismo Occidental, como también para los pueblos trabajadores del mundo.

La mayor parte de los enfrentamientos indirectos entre ambos imperialismos, se da precisamente en el plano de la disputa de los mercados y los agentes de producción de materias primas, como también en un nuevo reordenamiento geopolítico y geoeconómico que favorezca a la expansión económica de sus economías. En ese teatro político se da el enfrentamiento en Siria (bajo la tutela rusa) y Ucrania (también bajo la tutela rusa e indirectamente china).  No podemos ver aún las implicaciones que pueden tener estos nuevos enfrentamientos entre ambos imperialismos, y menos aún, prever cuáles serán las implicaciones para el desarrollo de la lucha de clases a escala global. No obstante, tenemos la certeza de que se avecinan cambios importantes -en el corto y mediano plazo-  en la correlación de fuerzas mundial. Por tanto, se abrirán importantes brechas para los pueblos trabajadores del mundo que luchan por la emancipación del capitalismo.

Agosto del 2014, Chile


[1]En España, hoy en día, hay más de seis millones de obreros sin trabajo, alcanzando un impresionante 30% de cesantía (superior al 45% entre jóvenes menores de 30 años). Mientras en Portugal, Irlanda e Italia el porcentaje de cesantía ronda el 20%. Millones de trabajadores europeos y norteamericanos han sido lanzados a la pobreza o, en el “mejor de los casos”, a la precarización laboral. De hecho, la pobreza en los EEUU ha crecido desde una base 10% hasta cerca de un 16% en el transcurso de la crisis económica (aproximadamente 50 millones de pobres).

[2] Profundización de las medidas liberales.

[3] Órgano multinacional de conducción político-ejecutivo del conjunto de la Unión Europea.

[4] Salvo en Alemania, donde los efectos de las crisis han sido menores y la democracia cristiana sigue en el poder

[5] Frente Nacional de Francia y el partido Amanecer Dorado en Grecia.

[6] Aclaramos que la Izquierda Abertzale de Euskal Herria responde a otras lógicas, y ha logrado capitalizar el descontento político y social vasco por sobre cualquier grupo de centro o de derecha como el PP español o el PNV vasco, incluso por sobre el PSOE.

[7] Tampoco el trotskismo ha logrado convertirse en una alternativa obrera real.

[8] Nos referimos EEUU-UE, lo distinguimos del Imperialismo Euro-Asiático de la alianza Rusia-China

[9] Dirección intelectual y moral de la clase dominante sobre el conjunto de la clase dominada y de los demás sectores subalternos

[10] Capacidad de conducir políticamente –mediante el régimen político burgués y sus instrumentos de consenso y mecanismos de fuerza, de manera combinada, al conjunto de la clase dominada y de los demás sectores subalternos

[11] Ni siquiera reviste de importancia práctica o teórica el hecho de que las economías chinas y rusas tengan mayor control estatal que las economías occidentales, sobre su producción

[12] Cifra descomunal contemplando la cantidad bruta producida por un país que posee a más del 20% de la clase obrera mundial.

[13] La revolución industrial que se produce durante los siglos XVIII y XIX en el mundo capitalista occidental, recién ocurre a partir de la segunda mitad del siglo XX en China, cien años después.