Palestina, una causa internacional

Por Khaled Barakat

Para entender la lucha palestina y el conflicto árabe-israelí, es fundamental tener una visión histórica.

Este largo e interminable conflicto comenzó a principios del siglo pasado y continúa sin resolución hasta la actualidad. Cuando vemos a Palestina a través de una perspectiva histórica, nos enteramos de que las mismas potencias imperialistas que una vez dominaron la región árabe a través del colonialismo manifiesto son las mismas potencias que hoy tratan de mantener la hegemonía de la región, en el corazón de la cual está Palestina.

Palestina cayó bajo la colonización británica a finales de la Primera Guerra Mundial, mientras otros territorios árabes cayeron bajo la colonización francesa e italiana. De 1917 a 1948, el pueblo palestino luchó contra el colonialismo británico, por la libertad y la independencia. Formaba parte de un movimiento popular árabe que se rebeló tanto contra la estructura política tradicional –que representaba los restos de la hegemonía turca y el Imperio Otomano–, así como al poder colonial británico.

Las revueltas árabes y revoluciones se dirigieron contra el colonialismo extranjero, en lugar de contra sus propios gobernantes, luchaban por el control de sus propias tierras contra las fuerzas occidentales que reclamaban el control económico, social y político de su nación.

Por supuesto, mientras que esta lucha se lleva a cabo en la patria árabe, Europa –y el mundo– estaba experimentando grandes cambios también. Los fascistas y los nazis tomaron el poder en Italia y Alemania durante y en medio de una escalada masiva de racismo y guerras de dominación y rivalidad inter-imperialista. En este período de surgimiento de los movimientos nacionalistas de derecha, nació el movimiento sionista, en busca del poder colonial y la dominación nacional de lo que identificó como una nación judía.

La gran revolución en Rusia cambió la faz de Europa y el mundo y marcó el comienzo del campo socialista.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo de EE.UU. surgió como la nueva gran potencia, dispuesta contra el campo socialista encabezado por la Unión Soviética.

El movimiento sionista, buscando alianza con el imperialismo, creció a medida que el mundo árabe enfrentaba la colonización, la hegemonía y las revueltas. El mismo encontró apoyo en palabras de Lord Alfred Balfour, ministro de Relaciones Exteriores Británico, quien le prometió un hogar nacional en Palestina, al mismo tiempo que Gran Bretaña trabajaba para consolidar su hegemonía colonial en Palestina.

A partir de ese momento, las principales razones para el conflicto en el ámbito internacional fueron, las guerras imperiales y los conflictos por el poder colonial, por dividirse los recursos del mundo y mantener la hegemonía sobre los países más débiles, tanto en el Este como en el Sur global.

Por supuesto, dentro de las potencias occidentales hubo conflictos internos y lucha de clases, simultáneas con los conflictos imperiales que tomaron la forma de colonialismo, el robo de la tierra y los recursos de otros. En el mundo árabe, mientras que los colonialistas se preparaban para usar sus fuerzas frente al auge de los movimientos anti-coloniales, se aseguraron de establecer estados leales a ellos: en el Golfo había familias y monarquías que han tenido siempre una impronta colonial, en Egipto, el rey Farouk gobernó sobre el papel, mientras que el verdadero gobernante fue el embajador británico, la creación del reino de Transjordania bajo el régimen hachemita, y, más en el centro, el establecimiento de un estado colonial en el corazón del mundo árabe a través de la alianza con el movimiento sionista en Europa. Este proyecto fue declarado oficialmente 15 de mayo 1948 bajo la bandera del “Estado de Israel”.

¿Qué es el sionismo?

El sionismo es un fenómeno político occidental enraizada en el mundo occidental, es una entidad extranjera a la región, a Palestina, al mundo árabe, a la zona, derivado de las potencias coloniales de Europa y el nacionalismo reaccionario.

El judaísmo, por el contrario, era parte del mundo árabe; los judíos eran conocidos por los pueblos árabes y musulmanes como parte de una religión nacida en esa zona en la antigüedad y que existió todo ese tiempo. El sionismo, sin embargo, no lo era. Está claro que judíos y la judeidad de ninguna manera son sinónimo de sionismo, a pesar de los intentos de los sionistas para reclamar lo contrario.

El Estado de Israel y sus aliados oficiales y socios en las instituciones del movimiento sionista (Organización Sionista Mundial, el Fondo Nacional Judío, y entidades similares) intentó convencer al mundo de que si uno es judío, uno debe ser un partidario de Israel, un sionista y un aliado del proyecto colonial en Palestina. De hecho, los elementos de élite entre los judíos de Europa Occidental, incluyendo grandes comerciantes y capitalistas, encuentran en el sionismo una oportunidad para debilitar a la clase obrera judía y sus organizaciones de izquierda y ayudar a los Estados europeos en la solución de lo que entonces se etiquetaba como la “cuestión judía” sirviendo a los intereses de la potencias coloniales, a través de su apoyo a la creación del Estado de Israel.

Esta alianza sirve directamente los intereses de las potencias colonialistas occidentales en la región. Estos poderes reconocen la capacidad de Israel para servir a los intereses de las potencias imperialistas en la región, a través de la dominación militar, la ocupación y el colonialismo, en cambio, las potencias imperialistas deben ser capaces de garantizar que Israel siga siendo siempre militarmente más fuerte que sus rivales potenciales en la región. Esta ecuación se mantiene así hasta el día de hoy y esta es la política que sigue operando: con el fin de servir a los intereses imperiales, institucionalizar un estado racista y orquestar una ola de colonización bajo la rúbrica de la migración de los judíos, asentándolos en Palestina, usando justificaciones e ideologías bíblicas y religiosas.

El sionismo no es un movimiento coherente, tiene diferentes escuelas de pensamiento. Es importante entender el movimiento sionista y el sionismo como una fuerza política e ideológica, incluida su relación con Israel, para entender la colonización de Palestina.

El movimiento de los palestinos y árabes

Los palestinos se rebelaron contra el colonialismo británico en 1929, y su levantamiento fue aplastado por la fuerza. Los británicos ejecutaron muchos líderes palestinos, encarcelando a miles, imponiendo toques de queda y leyes militares, algunas de las cuales se siguen utilizando contra los palestinos hasta el momento. Siete años después, los palestinos se rebelaron en lo que se llama la Gran Revolución Palestina desde 1936 hasta 1939.

Las exigencias de esta revolución eran poner fin a la colonización de Palestina y detener la migración orquestada de judíos Europeos, que los palestinos reconocían  como un nuevo proyecto colonial. Los Palestinos sintieron –y se demostró que era lo correcto– que no se trataba de una inmigración, sino un proyecto de asentamientos, y que no se trataba de desplazamiento temporal, sino un proyecto de limpieza étnica de una nación, que iba a ser reemplazada por oleadas de un orquestado y dirigido asentamiento y colonización con el fin de ocupar la tierra y expulsar a sus habitantes.

La gran mayoría de los palestinos en este momento eran campesinos, aunque en Palestina había emergentes zonas industriales y puertos, y fue un centro cultural e intelectual, sobre todo en las ciudades.

La revolución de 1936 a 1939 incluyó todos los sectores palestinos: obreros, campesinos, educadores, intelectuales, mujeres, hombres, jóvenes, ancianos, que participaron en la huelga general más larga de la historia (6 meses), de nuevo, esta revolución fue reprimida por la fuerza y una matanza masiva (casi 15.000 palestinos fueron asesinados y pueblos fueron borrados y casas líderes demolido), pero también por las promesas falsas y vacías de los británicos que crearon ilusiones que nunca fueron –de hecho– cumplidas, y sin embargo, se les dio crédito por los líderes palestinos tradicionales.

Mientras que la revolución fue sofocada, los palestinos continuaron luchando contra la colonización sionista hasta 1948, cuando los británicos terminaron su mandato sobre Palestina, habiendo hacía tiempo armado a las organizaciones sionistas (las organizaciones sionistas estaban armados por los británicos para combatir a las fuerzas revolucionarias palestinas) y creado las condiciones para el establecimiento del estado colonial-colono conocido como Israel.

Las operaciones de limpieza étnica llevada a cabo por las milicias sionistas en Palestina fueron planeadas y coordinadas de antemano, incluyendo grandes masacres en las aldeas que aterrorizaron a la población y empujaron a los civiles a huir; documentos israelís han demostrados que estas masacres se planificaron y llevaron a cabo con esa intención.

Estas masacres, cometidas en 1947-1948, y la captura militar de Palestina significaron que la gran mayoría de los palestinos que se encontraron, en un abrir y cerrar de ojos, refugiados fuera de Palestina –en Jordania, Líbano, Siria y Egipto– y muchos fueron desplazados internamente, en particular, a las áreas de Palestina que cayeron bajo el control de Jordania y Egipto, con la etiqueta de “Cisjordania” y la “Franja de Gaza”. El número estimado de estos refugiados palestinos fue entre 700-750.000, que hoy, con sus descendientes, son más de 6 millones de personas, que representan la gran mayoría de la población palestina tanto en ese momento y en el día de hoy.

Los países árabes sintieron la presión popular para resistir el establecimiento de Israel y se vieron envueltos en una guerra contra las milicias sionistas, pero fueron derrotados frente a un mayor número y armamento más sofisticado y avanzado – combinado con la falta de un verdadero compromiso por parte de los regímenes árabes para apoyar a los palestinos.

Los palestinos han llamado a este desplazamiento la Nakba, que significa “la catástrofe”. Esta catástrofe del pueblo palestino fue la ejecución sobre el terreno del llamado plan de partición elaborado por las Naciones Unidas emitido el 29 de noviembre de 1947 en la forma de la Resolución 181, asignando el 55% de Palestina no a los palestinos, sino a la colonización incipiente. Sin embargo, Israel desconoció incluso esa resolución, ya que ocupa el 78% de Palestina. El 11 de diciembre de 1948, la ONU aprobó la Resolución 194, pidiendo respetar el derecho de los refugiados palestinos a regresar a sus hogares. Esta resolución no es y nunca ha sido implementada – Israel se negó y se niega hasta este día a permitir que los refugiados palestinos regresen a sus hogares.

El núcleo de la lucha del pueblo palestino ha sido desde entonces el derecho de los refugiados palestinos a regresar a sus hogares. No se puede entender la cuestión palestina sin reconocer el derecho de retorno como el núcleo del movimiento palestino. Después de 1948, la lucha por la libertad de Palestina ya no existía sólo en el interior de Palestina, los palestinos aprendieron la palabra shatat o “diáspora”, y junto con los palestinos que fueron esparcidos por todo el mundo, esta lucha con ellos a todas partes. En ese momento, los líderes políticos del pueblo palestino también estaban fuera de Palestina, pero no había en ese momento ninguna representación política real de los palestinos.

Este reclamo de los Palestinos por el derecho al retorno y la liberación de Palestina, y las ondas de choque que viajaron a través de la nación árabe a partir de la ocupación del 78% de Palestina contribuyó al siguiente gran cambio político: la revolución egipcia de 1952, la aparición del movimiento pan-árabe y el nuevo régimen de Jamal Abdel Nasser. Este nuevo movimiento proporciona esperanza a la gran mayoría de los palestinos, en la lucha contra la colonización y el sionismo y el reconocimiento de la liberación de Palestina como indispensable para el movimiento por la unidad árabe y el socialismo. A pesar de los muchos logros del nuevo Egipto y la participación de los árabes en los movimientos anti-coloniales emergentes en Asia, África y América Latina, en 1967, Israel propinó otra derrota militar perjudicial para el régimen de Nasser y otros estados árabes, con el firme apoyo de las potencias occidentales. En la guerra de 1967, Israel demostró su utilidad para el imperialismo y su capacidad para actuar como un freno a las aspiraciones militares árabes por lo que fue recompensado con ayuda militar masivo y armamento.

A raíz de la guerra de 1967, los palestinos reconocieron que necesitaban organizarse por sí mismos y tomar sobre sí  mismos la responsabilidad de liberar su tierra y su gente. Emergieron nuevas fuerzas revolucionarias palestinas y los grupos se hicieron más fuertes, o fueron recientemente establecidos, incluyendo Fatah (Movimiento de Liberación Nacional) y el Frente Popular para la Liberación de Palestina. La Organización para la Liberación de Palestina se restableció a medida que las organizaciones políticas armadas palestinas entraron en ella y volvieron a centrar la organización en las formación de un paraguas nacional palestino de los partidos políticos, al igual que otros movimiento de liberación nacional, por ejemplo, el Frente de Liberación Nacional de Vietnam o el Congreso Nacional Africano en Sudáfrica.

Los regímenes árabes, en particular, el Reino de Jordania, donde la gran mayoría de los refugiados palestinos habían huido, y que controlaba Cisjordania entre 1948-1967, vieron en la revolución palestina una amenaza para su dominio. Los palestinos comenzaron la realización de operaciones militares contra Israel desde sus zonas de Jordania y usando diversas tácticas en la lucha armada para lograr la atención mundial hacia la causa palestina, dirigida a los intereses británicos, israelíes y de EE.UU. en todo el mundo.

El régimen jordano estaba particularmente amenazado y atacó a las fuerzas revolucionarias palestinas militarmente. Mientras tanto, en Egipto, Nasser murió poco después de la guerra de 1967 y Egipto comenzó un cambio hacia políticas alineadas a los intereses de los Estados Unidos.

El resultado del conflicto fue que las fuerzas militares palestinas dejaron Jordania para ir a Líbano y el centro de la revolución se trasladó junto con ellos desde Jordania a Líbano, ante un régimen jordano fuertemente respaldado por occidente. Los palestinos entraron en el Líbano, que se encontraba entrando en una Guerra Civil, en la que diversos partidos y poderes internacionales tenían intereses y poderes en juego en el conflicto. Los palestinos fueron vistos como parte del campo socialista y los movimientos de liberación del Tercer Mundo, mientras que los regímenes reaccionarios árabes fueron apoyados por los EE.UU., y estos conflictos se manifestaron en la lucha por el poder en el Líbano.

En 1982, Israel invadió el Líbano y expulsó las fuerzas palestinas del Líbano, empujándolas aún más, a Sudán,  Túnez y Yemen, lejos de la propia Palestina.

El liderazgo palestino comenzó a convencer de que la “solución” tenía que venir a través de negociaciones. Al mismo tiempo, este fue también el comienzo del ascenso de las fuerzas políticas islámicas.

En 1979, la revolución iraní tuvo un gran impacto en la región en su conjunto, y ayudó en la creación de organizaciones islámicas de carácter político, como Hezbollah, Amal, y la Jihad islámica posterior. En respuesta a la influencia iraní, otros regímenes reaccionarios, en particular, el de Arabia Saudita, proporcionaron financiación a gran escala y apoyo para el establecimiento de otras fuerzas políticas islámicas que representaran sus propios intereses políticos y creencias religiosas, con el apoyo de los Estados Unidos.

Mientras que la revolución fuera de Palestina fue impulsada más lejos de Palestina, el movimiento dentro de Palestina crecía, y el levantamiento popular palestino en 1987 proporcionó a los palestinos más oportunidades para hacer frente a la cuestión en el plano internacional. Tras cinco años de Intifada y sacrificio de los palestinos en el interior – y la movilización de los palestinos en shatat en todo el mundo – los líderes palestinos de la OLP firmaron el Acuerdo de Oslo en septiembre de 1993. Cabe señalar que este fue también el momento de la caída de la Unión Soviética y el campo socialista, y la aparición de lo que parecía ser un mundo unipolar bajo la hegemonía de EE.UU.

El acuerdo de Oslo y el liderazgo palestino que lo firmó, representaban a las personas con algún interés o esperanza de encontrar un lugar dentro de ese nuevo alineamiento mundial, pero no a las clases populares palestinas.

Oslo y más allá

De hecho, el liderazgo palestino no tuvo en cuenta las demandas y necesidades del pueblo palestino. Después de 1993 y la firma de los acuerdos de Oslo, los palestinos perdieron la fe en el logro de sus derechos nacionales y el movimiento palestino sufrido graves reveses.

Los refugiados palestinos consideraron que el derecho de retorno había sido ignorado y amenazado. Incluso los palestinos en Cisjordania y Gaza, a los que se les prometió beneficios de Oslo, reconocieron que el llamado acuerdo de paz sólo servía para proporcionar cobertura a las fuerzas de ocupación que han triplicado su actividad de asentamiento en sus tierras.

Mientras tanto, los palestinos que se quedaron en 1948, que vivieron a través de la ley marcial y que se convirtieron en ciudadanos de Israel, alcanzaron una población de 1.5 millones, sin relación claramente definida con el resto de espectro político palestino, viviendo bajo un sistema de apartheid en Israel.

Las tres grandes tendencias políticas palestinas que reemergieron en el período post-Oslo fueron Fatah, las fuerzas islámicas, en particular de Hamas, y la izquierda palestina, en particular el Frente Popular para la Liberación de Palestina.

La era palestina de la fragmentación y la división emergió de Oslo, una época causada por Oslo, que continúa hasta nuestros días. Fatah, el partido de Yasser Arafat, se convirtió en el partido de la Autoridad, manteniendo el control hegemónico sobre la Autoridad y la OLP.

Mientras Fatah mantiene grandes cantidades de lealtad y apoyo popular, en un nivel de liderazgo político representa el camino de Oslo, la Autoridad Palestina, y por lo tanto, todo lo que viene con ello – el poder y la autoridad sobre el dinero y el empleo, pero también la cooperación de seguridad con Israel y la subordinación a los EE.UU.

Nuevas fuerzas islámicas, en particular la de Hamas, que surgió en la Intifada, trabajan desde hace años en las organizaciones sociales y religiosas que prestan servicios a las masas palestinas y se sabe que son menos corruptos que la OLP, y adoptaron la lucha armada contra la ocupación, jugando un papel protagónico en la resistencia y obteniendo más y más apoyo popular en oposición a la OLP que, sobre todo dentro de Palestina y cada vez más fuera de Palestina, ha vuelto a centrarse en la Autoridad Palestina, en la cooperación de seguridad con Israel y el enjuiciamiento de la resistencia.

Para muchos jóvenes palestinos, esto parece como el camino alternativo, y más teniendo en cuenta la experiencia exitosa de Hezbolá y la resistencia libanesa en el Líbano contra la ocupación israelí. En 1993, Hamas y el Frente Popular para la Liberación de Palestina formaron una alianza de diez fuerzas para oponerse a los acuerdos de Oslo, conectándose a las otras grandes fuerzas de la resistencia palestina que rechazan Oslo.

La izquierda revolucionaria palestina, representada principalmente por el FPLP, se encuentra en una situación muy difícil, viendo por una parte, a los dirigentes palestinos junto a los que luchó en el pasado vendiendo los derechos de los palestinos y traicionando a toda la historia de la revolución palestina. Y por otra parte, tiene fuertes diferencias con las nuevas fuerzas islámicas en materia social y democrática, así como en la cuestión de la OLP, donde el FPLP continúa viendo a la OLP en sí misma como un frente común que incluya a todas las facciones de resistencia palestinas.

La posición del Frente Popular es diferente a la de Hamas y Fatah en términos de su visión estratégica hacia la liberación de toda Palestina y el establecimiento de una Palestina democrática y socialista en toda su tierra, de la mano con el movimiento de liberación nacional árabe. El FPLP también ve esta lucha como internacional, no sólo entre palestinos e israelíes. La importancia y la sensibilidad de este conflicto se derivan de la posición estratégica de la patria árabe, incluyendo la existencia de petróleo, como un componente muy importante de la estrategia imperialista.

El FPLP, a lo largo de su historia , participó en la OLP, pero nunca renunció a su visión independiente, así como la lucha interna dentro de la OLP para dar prioridad a las clases populares palestinas y sus necesidades y para reconstruir y reformar las instituciones de la revolución palestina a partir de bases democráticas e inclusivas.

El FPLP también mantuvo su compromiso con la lucha armada, a pesar de los cambios y las presiones a las que fue sometido. Además, a pesar de la complejidad de la lucha en Palestina y el exilio el FPLP conservó su patrimonio democrático, a diferencia de otros partidos palestinos, a nivel interno.

Retos

El primer desafío entre muchos que enfrentan al pueblo palestino y sus partidos políticos es el establecimiento de la unidad nacional basada en la lucha por la liberación de Palestina y continuando la lucha por el derecho de los refugiados a regresar, saliendo de la era de la división creada por Oslo.

El segundo desafío es reconstruir las instituciones políticas palestinas y rehacerlas para un era post-Oslo, en el que todos los palestinos se sientan representados y tengan el derecho de participar en la toma de decisiones.

El tercer desafío es el mantenimiento de la independencia política palestina en la toma de decisiones, a pesar de los conflictos regionales e internacionales, y volver a dar forma a un liderazgo palestino basado en las clases populares palestinas, en particular los refugiados, dentro y fuera de Palestina, en lugar de las fuerzas que tratan de encontrar beneficios económicos a través del acomodamiento a la ocupación.

El cuarto desafío es el fortalecimiento de la relación del movimiento de liberación nacional palestino con otras luchas en todo el mundo como parte de un gran movimiento opositor a la colonización, al imperialismo y la hegemonía.

La historia de la resistencia palestina es también una historia de la construcción de puentes con otros movimientos de liberación nacional – Los palestinos recibieron educación en los países liberados de la colonización, los movimientos armados palestinos proporcionaron formación militar para combatientes de la libertad en todo el mundo, incluyendo, por ejemplo, el movimiento sudafricano contra el apartheid.

Esta es una historia que debe continuar, ya que mientras los palestinos han aprendido de otros movimientos, la experiencia palestina también ha sido una fuente de conocimiento en términos de lucha contra el colonialismo.

Hay muchos otros desafíos que enfrenta el movimiento de los palestinos, pero estos se presentan como cuestiones clave mientras aspiramos a una nueva era de lucha palestina que deje atrás la era de Oslo. De este modo, una nota final: a pesar de estos problemas políticos, la tarea principal del movimiento de solidaridad internacional sigue siendo de apoyo a los derechos nacionales de los palestinos y su lucha por la liberación y regreso y no se debe desanimar o alienar por la realidad de la falta de unidad política palestina hoy.

Los palestinos necesitan la liberación y el retorno, no “soluciones” impuestas, y la solidaridad y el apoyo a la lucha palestina para lograr la liberación nacional completa, incluyendo la incidencia política y la organización para el aislamiento de Israel, incluyendo boicots y sanciones, es un mecanismo por el cual los activistas internacionales pueden ayudar a apoyar este movimiento.

En conclusión, los palestinos han participado continuamente en una lucha de liberación nacional en los últimos 64 años, tratando de liberar a su patria y establecer o construir una sociedad en la que todas las personas puedan vivir con dignidad. Los principales obstáculos delante de los palestinos para lograr esto son potencias imperialistas internacionales, los regímenes reaccionarios árabes, Israel y el sionismo.

La lucha del pueblo palestino es una lucha internacional y al mismo tiempo una lucha nacional, al mismo tiempo, que nace de la crisis y las exigencias del imperialismo.

Por lo tanto, cada victoria contra el imperialismo en el mundo es también una victoria para Palestina y toda lucha contra el imperialismo y el colonialismo es una lucha por Palestina.

Los palestinos tienen una rica historia y un patrimonio de resistencia y creatividad, los palestinos han sido capaces a lo largo de su historia de inventar nuevas tácticas de lucha para poder mantener su lucha. Los pueblos bajo el colonialismo o que luchan contra la ocupación y la opresión ven a esta experiencia como una útil y significativa en el desarrollo de su resistencia.-

Palestina está en el núcleo del movimiento internacional contra el imperialismo y la hegemonía y es fundamental no sólo para los árabes y los palestinos, sino también conectado a todos los movimientos de liberación nacional en el mundo.

Cuando los trabajadores logran victorias en Egipto, o los campesinos en Filipinas o los pueblos indígenas y nativos de Canadá, es una victoria para Palestina, y asimismo son victorias para Palestina potenciar todas las luchas contra el colonialismo y el imperialismo.

La causa palestina sigue siendo la causa principal de la nación árabe y esto es importante tener en cuenta. A pesar del sectarismo y de las guerras, el de Palestina y de la causa palestina siempre será un tema central para la nación árabe y contiene en su interior la esperanza y el potencial para vencer el sectarismo y prever la liberación de Palestina y de la nación árabe.

Las condiciones políticas y sociales del pueblo palestino, y las políticas israelíes, se combinan para crear ondas de rechazo popular. Incluso en épocas de división y retroceso aparente, estas políticas producen resistencia y, finalmente, la revolución.

Estas ondas de rechazo no se desvanecen simplemente – son acumulativos y llegan a un punto en que los palestinos llamas la Intifada.

La resistencia global y la lucha contra el imperialismo, la opresión y la explotación son parte integrante de las olas de la resistencia y la Intifada que siguen proporcionando esperanza de una visión revolucionaria del futuro palestino, árabe e internacional.

Fuente: Revista Pensamiento Crítico de la Coordinadora Guevarista Internacionalista, año 2 n° 2 Abril de 2013.