En sentido homenaje a Nelson Quichillao y los moncadistas del Movimiento 26 de Julio

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Por VILU, militante de la Juventud Guevarista de Chile

“¡Así luchan los pueblos cuando quieren conquistar su libertad:
les tiran piedras a los aviones y viran los tanques boca arriba!” [1]

Julio es un mes de dulce y agraz. En Cuba, el Movimiento 26 de Julio inicia en el oriente de la isla la rebelión contra el infame régimen de Batista, intentando asaltar el cuartel Moncada (y paralelamente el cuartel De Céspedes en Bayamo) como primer paso para recuperar la dignidad de Cuba. Varios milicianos caen en heroico y desigual combate, mientras que los sobrevivientes corren distintos destinos: algunos son bárbaramente asesinados en procesos sumarios; otros, son sometidos a lo que con mucha generosidad podría calificarse de “juicio”, para luego ser encarcelados en inhumanas condiciones, torturados, y tras algunos años, amnistiados y luego exiliados, para a la postre y tras largos años de lucha armada, derribar a la tiranía.

En el mes de Julio celebramos en todo el continente con alegría y orgullo el triunfo de la Revolución Popular Sandinista en Nicaragua, pero también conmemoramos con la más honda tristeza el vil y cobarde asesinato del comandante Mario Roberto Santucho y de gran parte de la dirección del PRT-ERP en la argentina.

En este mes, de ahora en adelante, y con el más profundo de los pesares, los chilenos recordaremos el artero asesinato de un humilde y valiente trabajador del cobre, hasta hace poco salido del anonimato, que luchaba como tantos otros millones de anónimos trabajadores contra el subcontrato, las paupérrimas y abusivas condiciones laborales que se sufren diariamente, y en definitiva, contra la súper explotación capitalista. Y no se olvidará jamás que nuevamente luchadores sociales fueron asesinados bajo la administración de Bachelet, la misma que ya tenía las manos manchadas con sangre por la muerte del obrero forestal Rodrigo Cisternas y el weichafe Matías Catrileo.

Todas esas luchas contra el imperialismo y sus agentes, algunas triunfantes y otras aplastadas, nos indican una vez más el certero diagnóstico de aquel médico cubano-argentino, a saber: que Nuestra América “es hoy un volcán; no está en erupción, pero está conmovida por inmensos ruidos subterráneos que anuncian su advenimiento” . [2]

Como era de esperar, este volcán que día a día anuncia su implacable erupción, no pasa desapercibido para nadie, y provoca que las virulentas y viperinas voces de los asesinos del mundo y los lamebotas de siempre, acusen a los luchadores como Rodrigo Cisternas, Juan Pablo Jiménez y Nelson Quichillao –y por cierto a los moncadistas- de terrorismo o violentistas.

Desde esta tribuna y arrogándonos la representación y defensa de nuestros mártires, les decimos a todos los vendepatria de Chile y Latinoamérica, con especial énfasis a Mario Desbordes[3] y a todo el séquito de facinerosos golpistas que integran su partido, que son ellos los violentistas y terroristas, que son ellos nada más que un desvergonzado tropel de hipócritas del “porte de una catedral”, ya que:

“No son los revolucionarios los inventores de la violencia. Fue la sociedad de clases a lo largo de la historia la que creó, desarrolló e impuso su sistema siempre mediante la represión y la violencia. Los inventores de la violencia fueron en todas las épocas los reaccionarios. Los que impusieron a los pueblos la violencia fueron en todas las épocas los reaccionarios ”. [4]

Y si no nos creen –y poco nos importa persuadirlos-, los emplazamos a que lean cualquier libro de historia (incluso los redactados por los historiadores más conservadores) de cualquier país del continente americano, o que hojeen el informe oficial del descarado intervencionismo yanqui sobre Chile que se encuentra disponible en el volumen XXI del “Foreign Relations of the United States.Chile 1969-1976”[5] o que desempolven de sus estantes las barbáricas “sugerencias” [6] de Milton Friedman para “reconstruir” Chile, ofrecidas en el foro que realizare en Santiago de Chile en el año 1975. Si el ejercicio anterior les fuera cognitivamente imposible, los invitamos entonces a un ejercicio más sencillo aún: que recorran –haciendo un buen uso de las degeneradas asignaciones de “movilización” que les asigna el inmoral Congreso burgués- las poblaciones, hospitales y colegios públicos de nuestra sufrida patria.

Pero si dejamos en el lugar que les corresponde – el oprobio histórico- a esos lacayos del imperialismo, y nos preguntamos con afán investigativo ¿qué tenían en común Rodrigo Cisternas, Juan Pablo Jiménez, Nelson Quichillao, los moncadistas del 26 de Julio y todas las personas que de una u otra forma combatieron el genocidio del capitalismo? En todos ellos hay un mínimo común denominador: eran personas que estaban llenas de decoro y dignidad

¡Dejemos que la voz de José Martí les rinda un justo homenaje a todos ellos!:

“Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que le pisen el país en que nació los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado. […] En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Ésos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana.” [7]

Haciendo eco de estas palabras, con justa razón decimos que ¡por algo los revolucionarios del M-26-Julio, esos hombres y mujeres llenos de decoro y dignidad, dijeron que el Apóstol de Cuba fue el autor intelectual del asalto al Moncada! ¡y sin duda alguna nuestro mártir Nelson también era una de personas llenas de luz y dignidad humana, que en su valeroso ejemplo van miles, millones, va un pueblo entero!

En los moncadistas y en Nelson encontramos también personas libres, con una elevada conciencia de clase, dispuestos a ofrecer generosamente su vida luchando contra la patronal y el aparato represivo que resguarda el genocidio capitalista. Esas personas, que se encuentran repartidas por todo el mundo y que jamás dejarán de florecer, serán recordados como hombres y mujeres nuevos, hombres y mujeres totales, que rompieron las cadenas de la humillación, para que los que seguimos en la guerra, grabemos con sangre y fuego esta invaluable lección:

“solamente con un alto espíritu combativo y conciencia de sus intereses de clase el hombre decide a luchar pese al sacrificio de su vida (…) El hombre con conciencia de clase lo tiene todo; puede, con las manos vacías, apoderarse del arma de su enemigo para matarlo”. [8]

¡Y que nadie desespere o se llame a engaño! ya que no hay ninguna fuerza represiva ni sistema de explotación que pueda mantener por siempre subyugado a un pueblo que lucha por la emancipación del género humano, porque bien Guevara decía:

“Un pueblo que ha alcanzado la alta conciencia política y la alta fe combatiente, no estará mucho tiempo prisionero de algunas bayonetas o de algunas balas, porque las balas y las bayonetas pueden cambiar de manos, y pueden resultar muertos los asesinos”. [9]

Y aun cuando el heroico asalto al Moncada haya sido contrarrestado por el ejército de la tiranía o que la huelga de nuestros súper-explotados mineros subcontratados haya sido disuelta a punta de balas por parte de los carniceros Carabineros de Chile, ello no impedirá que la victoria final sea nuestra, pues en cada derrota, en cada 26 de Julio que se viva en cualquier parte del mundo, están las lecciones que pavimentarán nuestra victoria. Nuestro objetivo final, en tanto nos anime un soplo de aire y nos habite una gota de sangre, seguirá siendo este:

“La toma del poder es un objetivo mundial de las fuerzas revolucionarias. Conquistar el porvenir es el elemento estratégico de la revolución”. [10]

Queridos Nelson y rebeldes del Moncada, nosotros en nuestra angosta y larga franja de tierra, no dudamos ni por un segundo que:

“Si hubo un 11 de septiembre, como en Cuba hubo un 10 de marzo, ¡en Chile habrá también un 26 de Julio y en Chile habrá también un Primero de Enero!” [11]

¡El mejor homenaje a nuestros héroes caídos es continuar con su lucha!
¡Hay que hacer la revolución!
¡PATRIA O MUERTE!


[1] Castro, Fidel. “La Historia me absolverá”. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado y Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2008, pág 44

[2] Guevara, Ernesto. “Táctica y estrategia de la Revolución Latinoamericana” en  “Che Guevara Presente. Una antología mínima”. Editorial Ocean sur, Bogotá, 2007, pag 309.

[3] Ver declaraciones de Mario Desbordes en el sitio web <http://www.eldinamo.cl/nacional/2015/07/23/mario-desbordes-tiene-miedo-porque-los-jovenes-en-chile-siguen-al-che-un-violador-de-dd-hh/>> consultado el 26 de Julio de 2015.

[4] Castro, Fidel. “Discurso pronunciado el 2 Diciembre de 1971, Santiago de Chile”. En “Fidel Castro, antología mínima”. Editorial Ocean Sur, México, 2008. Pag 388

[5] Disponible virtualmente en <<<http://static.history.state.gov/frus/frus1969-76v21/pdf/frus1969-76v21.pdf>> consultado el 26 de Julio de 2015.

[6] Un análisis más detallado sobre las medidas vendepatria, terroristas y genocidas de Milton Friedman para Chile, se pueden encontrar en la parte final del artículo “Reflexiones en torno a la violencia y el terrorismo”.
<<http://nuestra-america.org/?p=205>> consultado el 26 de Julio de 2015.

[7]Martí, José. “La Edad de Oro”. Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2012, pág 19 y 20.

[8] Giap, Vo Nguyen. “El hombre y el arma” en “El hombre y el arma”, Editorial Cienflores, Buenos Aires, 2013, pág 44

[9] Guevara, Ernesto. “Discurso al primer congreso latinoamericano de juventudes” en “Che Guevara Presente. Una antología mínima”. Editorial Ocean sur, Bogotá, 2007, pag 252.

[10] Guevara, Ernesto. “Táctica y estrategia de la Revolución Latinoamericana” en “Che Guevara Presente. Una antología mínima”. Editorial Ocean sur, Bogotá, 2007, pag 308.

[11] Castro, Fidel. “Discurso pronunciado en el acto de solidaridad con el heroico pueblo de Chile” en “Chile y Allende. Una mirada al proceso revolucionario Chileno”. Editorial Ocean sur, México, 2009, pag 305.