Revista Nuestra América

MARXISMO CRÍTICO

Quincuagésimo aniversario del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR de Chile

Este documento fue elaborado y leído por nuestro compañero Ignacio (miembro de la Dirección Nacional de la Izquierda Guevarista y también militante de la Juventud Guevarista), a modo de presentación de la actividad realizada el jueves 13 de agosto, en conmemoración a los 50 años de la fundación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR de Chile.


Por Ignacio Abarca, militante de Izquierda Guevarista de Chile y Juventud Guevarista  de Chile

Jueves 13 de agosto de 2015

La celebración del quincuagésimo aniversario de la fundación del MIR de Chile, más allá del cariño y el respeto profundo que nos merece el nombre del MIR, son más bien un pretexto para reunir a la izquierda y los sectores avanzados del pueblo a discutir acerca de la continuidad del proyecto revolucionario hoy en Chile, Latinoamérica y el mundo.

Pues justamente pensamos que el mérito histórico del MIR de Chile consiste en haber producido un proyecto revolucionario con una altura, contundencia y profundidad que no conocía nuestra historia, y apoyado en este proyecto, desarrollar al máximo la lucha de clases, desatar la combatividad de la clase trabajadora y los pobres del campo y la ciudad, elevar la conciencia política y madurar una conciencia revolucionaria en el seno del pueblo obrero, todo lo cual entendemos, reconocemos y reivindicamos como el despliegue de una política revolucionaria.

El proyecto político del MIR, afirmamos, ha sido el único en Chile capaz de ofrecer a la clase trabajadora, los pobres y los oprimidos una alternativa de emancipación de la barbarie capitalista, la explotación del trabajo, la enajenación de los seres humanos, la muerte y el exterminio abrumador de la humanidad y su medio natural. Es decir, un proyecto radicalmente superador de la sociedad capitalista: un proyecto socialista. Sin esta orientación lúcida y radical, explícitamente revolucionaria, sin medias tintas, sin rebajar la política a los niveles de conciencia de las masas inactivas, no hubiera sido posible que el MIR se conformara, para el período de la Unidad Popular, como el gran y único polo de reagrupación de fuerzas revolucionarias en Chile, cumpliendo el rol de un verdadero catalizador o dinamizador de la lucha de clases. Las condiciones subjetivas no se esperan, se hacen a través de la acción revolucionaria. En esta angosta tierra de explotación y oprobio a los trabajadores, los portavoces de esta filosofía fueron las y los camaradas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

Y aquí arribamos al tema que precisamente nos importa, a 50 años de la fundación del MIR de Chile: la cuestión de la continuidad del proyecto revolucionario. Podrían aparecer, en relación alo señalado, algunas preguntas recurrentes por parte del público de izquierda: ¿será posible o conveniente remontarse sobre la historia para recoger del pasado proyectos políticos surgidos al calor de situaciones históricas distintas a la actual? ¿si así fuera, este proyecto político se aplica a las nuevas situaciones de lucha de clases o más bien se reinventa?¿o sencillamente cualquier proyecto pasado queda de antemano obsoleto y debemos sujetarnos al presente, desechando nuestra trayectoria, como sometidos al eterno devenir de la historia?

Con bastante seguridad pero también con una cuota de humildad, los guevaristas sostenemos una tesis que en realidad no es nada novedosa: que los revolucionarios del mundo entero podemos hallar las respuestas correctas en relación al devenir de la historia y el transcurso de la lucha de clases, o al menos aproximarnos rodear determinados asuntos, si aprendemos a emplear adecuadamente el método dialéctico. Y la dialéctica nos enseña, específicamente acerca del problema que aquí nos interesa trabajar, que toda idea revolucionaria contiene en sí una esencia y un fenómeno. La esencia es, para el marxismo, la raíz misma de una realidad histórica global, lo que se encuentra en el fundamento mismo de la realidad como totalidad histórico-concreta -la totalidad es la unidad de lo múltiple-, de un modo de producción, un sistema social o un patrón de acumulación –lo universal-; mientras que el fenómeno es la forma particular como se expresa –se objetiviza, se exterioriza- el contenido esencial en situaciones históricas concretas. De este modo, la realidad que vivimos es el conjunto de fenómenos concatenados que adquieren la forma de una representación histórica determinada: el capitalismo.

De manera tal que, ligado al problema de la continuidad del proyecto revolucionario, si nos basamos en la dialéctica marxista como método de análisis de la realidad, podemos afirmar que su vigencia se relaciona con la utilidad que dicho cuerpo de ideas presenta, todavía, para destruir y superar las bases esenciales del capitalismo y el imperialismo. Es decir, aquellas ideas, categorías, principios y orientaciones que se encarnan en un proyecto y que apuntan, en esencia, a transformar revolucionariamente el sistema capitalista por un nuevo orden socialista, evidentemente se mantienen actuales para quienes no hemos renegado del propósito revolucionario. No podría ser de otra manera.

Sin embargo, y vemos que aquí es donde tropiezan incluso buena parte de los revolucionarios consecuentes, aquellas categorías u orientaciones esenciales que constituyen un proyecto revolucionario, junto con ser recuperadas porque se vinculan orgánicamente con los elementos esenciales del capitalismo que aún se desarrolla y se reproduce –con mayor brutalidad que nunca-, tienen que ser cargadas por los revolucionarios de un nuevo contenido histórico, adecuado al momento presente de la lucha de clases que nos toca enfrentar, en vinculación dialéctica con la realidad histórica en constante movimiento, de acuerdo a un acertado análisis concreto de la situación concreta. Los y las militantes de la Izquierda Guevarista de Chile, al menos, estamos embarcados en este esfuerzo.

Si se nos permite ser enfáticos, la idea o el principio por sí solo, el concepto petrificado, fosilizado, estático, ajeno al movimiento de la lucha de clases, es tan vacío e insignificante como la ausencia de pronunciamiento –e incluso peor, si se reconoce la desgracia de la práctica dogmática-. Es mera palabra muerta, algo así como el “cascarón” de una categoría. En fin, se trata del viejo drama del divorcio entre el concepto y la realidad, el pensamiento y el ser, la teoría y la práctica, el sujeto y el objeto, aquello que tanto fustigó Marx en sus “Tesis sobre Feuerbach” y a lo largo de toda su brillante obra intelectual.

Por lo tanto, a modo de conclusión preliminar, decimos que el contenido enraizado en un proyecto político tiene que ser producido históricamente precisamente porque está situado en la historia de la humanidad, tiene que ser creado por las y los revolucionarios conscientes, debe ser creación heroica, dotado de contenido histórico pertinente al desarrollo de la lucha de clases, ligado concretamente con la situación histórica que los seres humanos hacemos pero bajo condiciones no escogidas por nosotros mismos. ¿Por qué? Porque de lo que se trata es de transformar la realidad.Entonces, podemos sostener que los contenidos del proyecto político revolucionario, los cuales dijimos radican en la esencia de la existencia y por ende seguirán vigentes mientras subsista el sistema de relaciones capitalistas, son verdaderamente un apoyo, una guía, un insumo para la praxis. He aquí, la praxis, la acción transformadora de los seres humanos, la actividad revolucionaria de la clase revolucionaria -el proletariado consciente- donde encontramos la esencia del problema político y de la continuidad de la política revolucionaria.

En definitiva, por un lado, el proyecto revolucionario necesariamente es acción creadora, producto humano de una época histórica, fruto de la inteligencia y la práctica revolucionaria de seres humanos concretos en función del interés histórico de la clase obrera. Y por otro lado, complementando la misma idea, el proyecto revolucionario es, ni más ni menos, orientación o guía para la praxis, para la acción transformadora revolucionaria. No se comprende el proyecto, entonces, como mero “documento”, por ende estático, ni como dogma ni prescripción rígida para el porvenir, sino como simple orientación política, teórica y filosófica para la acción histórica revolucionaria: la praxis. Este, creemos, es el modo correcto de abordar la discusión.

Consintamos ahora que nuestros expositores y el debate colectivo profundicen puntualmente en el debate sobre el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile, los elementos que se ponen en relevancia, los balances, las críticas, las contribuciones, etc, así como las tareas que desde la franja de la izquierda revolucionaria debemos proponernos para producir un proyecto revolucionario –un programa y una estrategia- de manera dialéctica, creativa e inteligente.

Labor de los revolucionarios es, desde luego, desarrollar íntegramente una política revolucionaria, una praxis tan profunda, tan rica y tan poderosa que consiga, cuanto antes, la conquista del poder político por parte de los pobres y explotados del mundo, el triunfo del Socialismo en todos los continentes.

A 50 años de la fundación del MIR de Chile, desde la Izquierda Guevarista exclamamos fuerte y claro:

¡POR LA CONTINUIDAD DEL PROYECTO REVOLUCIONARIO!

¡HAY QUE HACER LA REVOLUCIÓN!

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