La finalidad de enseñar sobre el lenguaje y la literatura

Por Camila Álamos, militante de la Juventud Guevarista de Chile

La discusión respecto al sistema educativo en Chile es algo vigente, sobre todo, en lo que refiere a su financiamiento. Reconocemos, por supuesto, que este aspecto económico es fundamental de ser, no tan sólo abordado y debatido, sino defendido en lo que respecta nuestra postura como revolucionarios: luchamos por la gratuidad. Pero sin duda, entendiendo que son las condiciones materiales las que afectan y determinan la vida cotidiana de los y las trabajadoras, reconociendo la necesidad de acabar con las prácticas capitalistas en algo tan esencial para el desarrollo humano, como lo es la educación, creemos firmemente que el tema no se agota allí. La discusión que nos compete es mucho más profunda, y si luchamos por educación gratuita y “de calidad”, pues debemos ser capaces de ahondar en una propuesta de proyecto educativo, emanada por supuesto, desde nuestra clase trabajadora.

Sabemos que una tarea de tan alta envergadura no se puede zanjar rápidamente y sin ser perspectivada con gran responsabilidad. Así mismo, las proyecciones en torno a esto, no pueden ser plasmadas en un artículo editorial cuyo espacio es acotado únicamente a plantear una opinión, una propuesta. Desde nuestra mirada socialista, aspirante a la emancipación del pueblo trabajador, nos referimos hoy a un punto sumamente específico respecto a la enseñanza que actualmente se imparte en colegios y liceos municipales y particulares subvencionados: el lenguaje y la literatura.

Respecto a lo anterior, quisiéramos enfatizar en el rol que debe cumplir un docente en el aula. Nos parece, por supuesto, que más que tratarse de traspasar una serie de conocimientos adscritos a una determinada malla curricular, un profesor, una profesora, debe potenciar las capacidades de sus alumnos, ayudándoles a desarrollar un pensamiento crítico y analítico, que les permita no tan sólo comprender lo que leen en un texto, sino lo que sucede en su realidad. Cuando un profesional de la educación se compromete con este objetivo, puede lograr maravillas en los estudiantes, haciéndolos pensar, contribuyendo a abrir sus mentes, a sacar a la luz sus ideas y opiniones.

Esto se logra cuando el profesor no trabaja a modo de enciclopedia, sino que comprende que el dictar conocimientos es altamente infértil para los niños y niñas de su aula. El objetivo de educar a seres humanos que piensen por sí mismos y sean capaces de analizar y criticar, se logra cuando el docente conecta los contenidos académicos con la realidad más concreta de sus alumnos, a través de dinámicas tan sencillas como el uso de ejemplos que aterricen la materia en la vida misma de los alumnos. Si se enseña el significado de una palabra, esta palabra debe ser puesta en un contexto determinado que sea cercano al estudiante, y no expuesta a modo de diccionario, disgregada de la vida cotidiana. Y así, con cada contenido revisado.

El profesor comprometido con la transformación radical de la sociedad, debe entregar a sus alumnos herramientas que los hagan comprender a su entorno con una visión crítica, de manera que estos, sepan que todo su aprendizaje será útil también en términos prácticos.  Un profesor de lenguaje, debe hacer que sus estudiantes comprendan el valor de la palabra y la importancia que esta tiene para darse a entender frente al mundo. Es el lenguaje el que permite la comunicación entre seres humanos, a través del lenguaje es que pensamos y damos a conocer nuestras ideas y propuestas, debatimos, escribimos, y en definitiva, nos presentamos ante el resto. Es el lenguaje el que nos permite defender nuestras convicciones, argumentar nuestras posiciones, y por tanto, es una herramienta básica y tremendamente poderosa si es usada con inteligencia.

La literatura, por otra parte, no puede enseñarse únicamente a través de la lectura de un determinado libro, para la posterior aplicación de un cuestionario vacío sobre aspectos superfluos de la obra. Un buen docente, debe sacar el jugo a la lectura que realizan sus estudiantes, estimulando su capacidad de análisis, y por sobre todo, estableciendo nexos entre la realidad planteada en una novela, poema, cuento u obra de teatro, y la realidad en la que el alumno vive inserto. Es decir, si se determina que un curso va a leer novelas como Sub Terra, de Baldomero Lillo, o Hijo de ladrón, de Manuel Rojas, esto debe servir como punto de inflexión entre la vida de los personajes y lo que los estudiantes perciben en su realidad. Entonces, las evaluaciones de las denominadas “lecturas complementarias”, deben estar orientadas hacia el desarrollo del análisis, de la crítica y la opinión de los estudiantes, fomentando el desarrollo de sus ideas, y no limitándolos a responder con alternativas que no generan aprendizaje alguno.

Sin duda alguna, este tema merece ser abarcado con mayor profundidad en otro tipo de instancias. Sin embargo, nos parece fundamental emitir nuestra opinión al respecto, pues el lenguaje y las letras son herramientas potentes a la hora de forjar a estudiantes conscientes y críticos de esta sociedad, capaces de analizar lo que sucede a su alrededor y plantearse con una postura firme, valiéndose del uso del lenguaje para defender sus convicciones, y por qué no, contribuir a la transformación radical de este mundo. Una buena enseñanza del lenguaje, una orientación literaria conectada con la vida real, es sin duda, un importante paso hacia la libertad y el desarrollo de seres humanos íntegros que piensen por sí mismos, sin temor de aportar a las transformaciones que esta sociedad requiere.