LENGUAJE Y REALIDAD

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Giannina Jaramillo, militante de la Izquierda Guevarista de Chile[1]

 

Introducción

El presente trabajo pretende reflexionar respecto al rol del lenguaje en la lucha por la igualdad de género en nuestra sociedad en el presente. Este cuestionamiento surge a partir de las diferentes posiciones y expresiones que han adoptado los diferentes grupos –organizados o no- de la sociedad civil, especialmente entre las y los jóvenes, respecto al rol del lenguaje, o si se quiere, de lo discursivo y no discursivo.

El problema del uso del lenguaje, y la necesidad de utilizar un lenguaje inclusivo es un asunto práctico, pero es también y principalmente, un problema filosófico con implicancias en lo político. Esta no es una discusión nueva, sino que lleva cientos de años en controversia, entre las diferentes corrientes filosóficas y su comprensión de la relación existente entre el lenguaje y la realidad.

La inclusión en el lenguaje como problema práctico (en este punto me refiero a la expresión concreta del lenguaje en signos verbales) goza de mayor acuerdo entre las diferentes corrientes filosóficas, las que concuerdan –en alguna medida- con que los signos verbales tienen una naturaleza de carácter arbitraria (Schaff, 1966).

Afortunadamente existe un rico desarrollo teórico respecto al lenguaje y su relación con la realidad, el que ha sido abordado desde diferentes disciplinas de las ciencias sociales y de la salud, específicamente desde la fonoaudiología. En esta ocasión cruzaré dos teorías vigentes  e influyentes en la materia: la teoría posestructuralista y la teoría crítica, y sus precisiones respecto al uso y rol del lenguaje. La primera por su influencia en el escenario hoy, y por su insistencia en el rol del lenguaje y, la segunda, por un interés respecto a las respuestas que el marxismo pudiese aportar en este debate.

De un modo más preciso, desarrollaré la visión que existe desde ambas teorías, respecto a una expresión muy reiterada en aulas y asambleas por estos días “el lenguaje construye realidad”, abordando los puntos de encuentro y desencuentro respecto a esta y a la propuesta del uso de artículos neutros.

 

El lenguaje como problema filosófico

El lenguaje como un problema de carácter filosófico será abordado desde la relación entre realidad y pensamiento-lenguaje, es decir, desde lo lingüístico, pero también desde lo extralingüístico,  extraverbal o, si se prefiere, extra discursivo. La primera gran diferencia entre respuestas filosóficas es entre aquellas que señalan que no existe relación entre el lenguaje y la realidad, y entre aquellas que sí las relacionan. Para efectos de este ensayo, me centraré las últimas.

 (…) el lenguaje, inseparablemente vinculado al pensamiento, y que conjuntamente con éste desempeña una y la misma función, sobre la cual se basa la naturaleza específica de la cognición humana y es él mismo un hecho empírico, y no producto de una convención arbitraria. Esto significa que el pensamiento-leguaje da un reflejo específico de la realidad, y que su desarrollo se debe al desarrollo de la realidad misma y al desarrollo de la comprensión humada de dicha realidad tanto en la teoría como en la práctica (Schaff, 1966)

Una discusión atingente

La “igualdad de género” se propone hoy una consigna transversal para quienes luchan contra la explotación y/o subordinación de la mujer en cualquiera de sus múltiples formas. Hay quienes la asocian a una igualdad de derechos ciudadanos y/o al término de toda forma de discriminación contra la mujer, y/o al fin de la explotación en los espacios productivos y reproductivos, etc. Es de mi consideración trabajar en este punto un planteamiento político-filosófico que dará guía a la expresión “lucha por la igualdad de género”: la lucha contra la enajenación del ser humano, y por tanto, de la cosificación de las relaciones sociales.

El problema de la enajenación fue propuesto inicialmente por Hegel, pero fue replanteado y profundizado por Marx –quien criticó el carácter metafísico de los postulados de Hegel-. Por ahora puntualizaré en que no concibo la realización de una verdadera igualdad de género, en la esencia de lo que aquello significa, sin hablar de la liberación de mujeres y hombres; haciendo énfasis en la idea de enajenación.

La “enajenación (o “extrañamiento”) significa, para Marx, que el hombre no se experimenta así mismo como el factor activo en su captación del mundo, sino que el mundo (la naturaleza, los demás y él mismo) permanece ajeno a él. Están por encima y en contra suya como objetivos, aunque pueden ser objetivos de su propia creación. La enajenación es, esencialmente, experimentar el mundo y a uno mismo pasiva, receptivamente, como sujeto separado del objeto (Fromm, 1961)

  1. Fromm señala que entre las diversas formas de enajenación una de las más frecuentes es la del lenguaje. Ejemplifica con la expresión “te amo”, se esperaría que esto significara la realidad que esa persona siente dentro de sí. En cuanto esta expresión se pronuncia entonces adquiere vida propia y se convierte en realidad. Sin embargo, una vez dicha la palabra, realmente la persona que la pronuncia no siente nada, salvo la idea de amor que el concepto significa. Con esto quiere decir que la palabra hablada amenaza con sustituir a la experiencia vivida realmente por la persona, es decir, que la misma persona puede sentir dentro de sí algún nivel de amor por otra persona.

Postestructuralismo, feminismo y lenguaje

La historia  universal del feminismo es ordenada por algunas autoras en tres olas (Gamba, 2007): la primera corresponde al periodo de lucha por el sufragio universal posterior al nacimiento del feminismo marxista y del feminismo liberal a raíz de la Revolución Francesa. La segunda se desarrolla a partir de los importantes aportes de Simone de Beauvoir y su afirmación “lo personal es político” que tuvo implicancias en el cuestionamiento a la ideología patriarcal, y la división entre el espacio público y privado. La tercera ola feminista impulsada por Judith Butler pone el énfasis en la relación entre cuerpo y poder que trasciende el binarismo varón-mujer. Es precisamente en este último periodo, en que nace el feminismo posestructuralista.

  1. Callinicos señala que el posestructuralismo se articula en el encuentro de dos corrientes diferentes: por una parte el textualismo que “(…) desea colocar la literatura en el centro y tratar a la ciencia y a la filosofía, en el mejor de los casos, como géneros literarios” (Rorty, 1982). Por otra parte el planteamiento de “saber-poder” de M. Foucault, que se articula como dispositivo constitutivo del cuerpo social, el que define como “(…) conjunto totalmente heterogéneo conformado por discursos, instituciones, formas arquitectónicas, decisiones regulativas, leyes, medidas administrativas, afirmaciones científicas, proposiciones filosóficas, morales y filantrópicas: En síntesis, lo dicho y lo no dicho” (Foucault, 1980).

Debido a que las raíces del estructuralismo se encuentran en la lingüística, especialmente en las ideas de Saussure, el lenguaje adquiere un rol fundamental para el posestructuralismo y el posmodernismo.

El feminismo posestructuralista cuestiona y rompe con la relación heterosexual como norma dominante, rompe con la relación naturalizada del sexo biológico y los roles de género. Por tanto critica los estereotipos de género y  abre paso a la “deconstrucción de categorías como hombre, mujer, femenino, masculino, etc. (…) ya no resultaba pertinente pensar al sujeto como una esencia, sino que a partir de esta renovación teórica se piensa  la subjetividad atravesada por múltiples dimensiones/posiciones que la configuran, como la edad, la case social, étnica, sexo, género, etc.” (Zambrini, 2014).

De acuerdo con esta visión del feminismo, el lenguaje constituye un pilar fundamental puesto que está signado por la inestabilidad, a la vez que toda construcción social y cultural está también en situación de inestabilidad, y por tanto, está en permanente movimiento y cambio.

Un elemento fundamental de esta corriente teórica, es el uso de las emisiones performativas como forma de accionar el lenguaje, con el uso de una emisión, experiencia y/o actuación que mediante el énfasis o la exageración, logre mostrar la realidad social y de las individualidades, a través de lo discursivo  (Butler, 2001).

Resumiendo entonces “las palabras (…) ya no significan en virtud de su referencia a los objetos, sino gracias a su relación con otras palabras. El sujeto, por ende, no es ya directamente constitutivo del lenguaje, ni confiere significado a las palabras al bautizar con ellas objeticos a los que tendría acceso independiente. El significado es autónomo, pues depende ahora de la interrelación de los significantes” (Callinicos, 2011)

En ocasiones algunas interpretaciones o derivaciones de la teoría posestructuralista generan acciones que se encuentran en contradicción con algunos de sus postulados. En la actualidad se ha adoptado la idea de comunicarse a través de un lenguaje inclusivo. En este intento, se ha expandido la idea de escribir las palabras sin género, reemplazando a/o por algunos signos verbales como “x”, “@” o “-“ entre otros, de manera de neutralizar lo femenino o masculino como categoría binaria determinante (por ejemplo en vez de solo/sola, se escribe solx/sol@/sol-/sole).

Una aproximación desde la Filosofía de la Praxis

La filosofía de la praxis ha adoptado el método dialéctico como herramienta para analizar la realidad. Este es un método complejo, entre otras cosas porque integra todos los aspectos sociales en su análisis, lo que implica un enfoque sobre la totalidad social (Ritzer, 1997). Por tanto, la dialéctica rechaza todo análisis específico que intente explicar la realidad, mientras afirma que está en permanente contradicción: “(…) la contradicción es la raíz de todo movimiento y de toda vida; una cosa solo puede moverse cuando dentro de sí misma hay una contradicción, solo así puede tener un impulso o una actividad” (Hegel, 1966).

  1. Kosík explica que la dialéctica de Marx tiene tres cualidades: es una totalidad, es decir, una unidad de las múltiples relaciones entre el ser humano y la naturaleza, y del ser humano con el conjunto de la sociedad; es negativa, pues porta en ella las contradicciones y antagonismos -sociales e históricos- donde la realidad objetiva subyace tras la totalidad negativa. Finalmente, es un movimiento histórico, el que es protagonizado por el ser social consciente de su propia realidad(Kosík, 1976).

(…) el método de exposición debe distinguirse formalmente del método de investigación. Este debe asimilar en detalle la materia investigada, analizar sus distintas formas de desarrollo y describir sus vínculos internos. Recién después de completado este trabajo, puede ser expuesto adecuadamente el movimiento real (Marx K. , 2014)

El método dialéctico marxista permitiría comprender la mistificación y fetichización de la realidad. Permitiría también poder comprender la realidad objetiva, es decir, la realidad como resultado de la historicidad concreta, negativa y en permanente movimiento, lo que nos ayuda a comprender la forma de funcionamiento del capitalismo, sus dinámicas internas, tendencias y eventuales potenciales. Se levanta como una herramienta para enfrentar al capitalismo, mediante la acción trasformadora de la praxis. Para Marx, la historia está marcada por la acción del ser social, quien determina a su vez el devenir de la misma: “Los hombres son quienes hacen la historia pero no la hacen sobre condiciones libremente elegidas” (Marx K. , 2015).

Para el marxismo la unidad entre conciencia y realidad tiene lugar en la praxis, lo que constituye la conciencia histórica de clase. Este punto es fundamental para poder comprender la visión que existe respecto al rol del lenguaje en la sociedad.

Es decir, no se parte de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí al hombre de carne y hueso, se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida (Marx & Engels, 2014)

 

Algunas Reflexiones y conclusiones

  1. Las interpretaciones actuales mencionadas antes del posestructuralismo, y más especialmente de las lecciones de J. Derrida, han adoptado la idea de neutralizar los artículos femeninos y masculinos. Otras veces se transforma en un trabalenguas que incluye artículos femeninos y masculinos repetitivamente, y que complejiza el mensaje que se quiere entregar. Ambas complejizan el lenguaje trasmitido de manera oral. El posestructuralismo ha dicho a través de los postulados de J. Butler, que la reiteración de las prácticas discursivas juega un papel fundamental en la creación de las identidades culturales de las y los sujetos.

La contradicción se encuentra en la idea de que la reiteración discursiva crea identidad cultural, y por este mismo motivo, es que es tan importante el  uso de expresiones lingüísticas neutras. Sin embargo, como se ha expuesto antes, la comunicación por excelencia se ha desarrollado en la historia de la humanidad a través del lenguaje oral. Entonces, intentar generar una transformación a partir de la reiteración de palabras en neutro, que son impronunciables e inentendibles en la práctica oral, se traduce en un sinsentido de la idea, lo que hace cuestionar la pertinencia de esta, de acuerdo a los postulados de su origen teórico y en su impacto en la realidad misma.

Judith Butler tomando los postulados de J. Derrida respecto a la reiteración e iteración de los signos para ser considerados, afirma que “a partir de la combinación entre las operaciones citacionales, iterables y performativas del lenguaje es que llegar a producirse las identidades culturales y por consiguiente, las identidades de género. Por ende, los sujetos se vuelves inteligibles socialmente en la reproducción de las normas” (Zambrini, 2014).

Pareciera ser que la realidad se articula de manera lineal y mecánica para Butler, pues existe una relación unidireccional entre la operación del lenguaje, producción de identidad cultural y producción de identidad de género. Esta relación se encuentra en contraposición con la visión que el marxismo tiene de cómo se articula la realidad, es decir, de manera dialéctica.

  1. Ambas corrientes teóricas señalan algunas cuestiones fundamentales en las que coindicen, una de estas es que la realidad no es estática ni se petrifica en sus prácticas sociales, sino que por el contrario, está en permanente movimiento, es siempre dinámica y por tanto, está en permanente transformación. Otro elemento transversal es la concepción de que las y los sujetos adquieren una identidad de género, debido a la influencia de la identidad cultural con que han sido construidos socialmente. Nuestro comportamiento, identidad y rol de género, etc. están construidos de acuerdo a la manera en que hemos sido socializados y socializadas, y en ningún caso, responde a cuestiones de origen natural.
  1. Uno de los grandes elementos que separa ambas teorías, es dónde se pone la atención y qué es lo que se toma para realizar un análisis de la realidad. La corriente posestructuralista menciona que lo que hay que atender son las particularidades de los sujetos, pues en cada una de estas hay un mundo en particular por explorar. La filosofía de la praxis en cambio, señala que el objetivo es comprender la realidad, la que se puede entender solo a través del conocimiento de la totalidad. Lo que importa al marxismo es comprender la esencia/naturaleza en contraposición a considerar lo aparente/fenoménico, buscando conocer el movimiento real o interno y no el movimiento aparente, pues de lo contrario lo que se general es lo que Marx llamó como ideología –falsa conciencia-.
  1. Otro elemento que pareciera diferenciar ambas corrientes, es la visión que existe respecto al rol de los individuos que son parte de una sociedad. Para el marxismo, el sujeto es parte activa de la producción y reproducción de sus condiciones de vida, no es objeto estático. El posestructuralismo, en cambio, posiciona a un sujeto que vive en un permanente movimiento de la realidad, y que se forma desde la construcción social, sin embargo el poder ejercido por “otros poderosos” va determinado la situación que desde cierta pasividad, vive el individuo.
  1. Concluiré este bosquejo señalando que el sistema económico imperante hoy, el capitalismo monopólico-financiero y el modelo político neoliberal, han sumergido a nuestra sociedad, y específicamente a la clase trabajadora, en un profundo estado de enajenación. Por tanto, no será hasta que se logre desarrollar una conciencia práctica, que se pueda transformar la realidad en que vivimos. El problema de las mujeres, y específicamente de las mujeres de los sectores empobrecidos tiene su raíz en la cosificación de las relaciones sociales y del ser social, es decir, que vivimos en un sistema de relaciones sociales, como llama Lukács, de cristalización. Hemos perdido dinamismo y al ser real y hemos adquirido relaciones de carácter estático y mecanizado, debido a la Fetichización de la mercancía.

De esta manera se explica cómo es que la violencia contra las mujeres se ha vuelto costumbre, tanto así que la subordinación de los géneros se han naturalizado, pues las ideas y las prácticas se han cosificado, petrificando la subordinación de las mujeres – también la de otros sectores subalternos, como lo entendía Gramsci– y la heteronorma, que se han transformado prácticamente en leyes sociales. Esto por supuesto, significa que también la conciencia se cosifica, o en palabras más precisas, se aliena, pues sale del movimiento del proceso histórico concreto, que está siempre en movimiento y transformación.

  1. La cosificación por tanto subyace en la esencia de la dominación del hombre sobre la mujer, y la violencia –en sus distintas formas.- son expresiones fenoménicas de la cosificación. Por esta razón es que las formas de la violencia, si bien se mantienen, han ido cambiando en su manifestación, más la relación asimétrica de poder se mantiene.

Por tanto, no será hasta que se logre la real liberación del ser humano, que se pueda romper con las relaciones de subordinación, y específicamente con el binarismo hombre – mujer. Esto por supuesto, requiere de la participación organizada[2] que vaya desarrollando una práctica consiente, es decir, praxis transformadora… “El proletariado se realiza a sí mismo al suprimirse y superarse, al combatir hasta el final su lucha de clases y producir así la sociedad sin clases (…) no es solo una lucha con el enemigo externo, con la burguesía, sino también y al mismo tiempo una lucha del proletariado consigo mismo, con los efectos destructores y humillantes del sistema capitalista en su conciencia de clase.” (Lukács, 2013).

Es necesario marcar distancia con el análisis mecánico del marxismo vulgar que, amparado en la idea de estructura y superestructura, han relegado el problema de la mujer a un problema únicamente cultural, y dentro de la superestructura, el que se modificaría con la socialización de los medios de producción. Esta visión economicista no da abasto, pues la modificación de  la esencia de la cosificación, es una transformación que debe hacerse praxis en el día a día, y frente a todos los ámbitos que implican al ser social: No es únicamente cultural, ni únicamente económico, ni únicamente político, es dialéctico… “Ser radical es  aferrar las cosas por la raíz. Mas, para el hombre, la raíz es el hombre mismo” (Marx K. , 2010)

Considerando todo lo anterior, es que finalmente concluyo que la realidad no se comprende ni se modifica de manera unidireccional, por tanto, desde un ámbito de análisis como el lenguaje o el discurso, no es posible tener un análisis concreto y arraigado a la realidad.

En la clasificación clásica del marxismo, los ámbitos de la economía, la cultura y la política, están en permanente movimiento y contienen dentro de sí los aspectos que son propios de la vida social. En este sentido, el lenguaje y especialmente el lenguaje oral, es trasmisión de conocimiento y cultura, y por tanto aporta significativamente en la construcción social identitaria. Sin embargo, es un aspecto más dentro del abanico de aspectos que constituyen al ser social. Por tanto, por una parte no construye realidad, pues estos aspectos están relacionados de manera dialéctica con los seres humanos, pero esto no significa que no sea parte de la construcción de la realidad, pues en los hechos eso es así. Lo que significa que es una parte muy importante de la socialización, y en este sentido, si lo que queremos es abolir la sociedad de clases y con ello, terminar con la alienación de la conciencia, entonces debemos necesariamente visibilizar a través de todas las formas y medios posible, la cosificación de las relaciones sociales, lo que implica también el uso de lo discursivo y lo no discursivo en función de este objetivo.

Afirmo entonces que es absolutamente necesario y pertinente el uso de un lenguaje que sea inclusivo, que vaya visibilizando y cuestionando la hegemonía que hasta hoy tienen los varones y que critique directamente la heteronorma, falocéntrica y androcentrista.

Este lenguaje inclusivo debe aportar a través de su expresión/manifestación en la visibilización del binarismo hombre – mujer, debe reapropiar conceptos propios de la clase trabajadora, y debe develar/trasmitir las relaciones de subordinación existentes.

En consecuencia, este lenguaje no debe parecer trabalenguas pues dificulta su compresión y masificación, así como también debe ser perfectamente pronunciable. En la misma línea me parece pertinente aseverar que “La historia de las mujeres es indispensable y básica para lograr la emancipación de la mujer” (Lerner, 1990), pues es fundamental  para el proceso de construcción identitaria de la sociedad. Así mismo, me inclino por los postulados de aquellas autoras que señalan ir más allá de los elementos estéticos o lingüísticos, nuestro lenguaje debe relacionarse dialécticamente con la realidad histórica consciente que día a día intentamos construir, ya no como hombres o mujeres o transexuales por ejemplo, sino como seres humanos, que como la realidad, estamos en permanente transformación.

 

Bibliografía

Butler, J. (2001). El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Buenos Aires: Paidós.

Callinicos, A. (2011). Contra el posmodernismo. Buenos Aires: RyR.

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Fromm, E. (1961). Marx y su concepto del hombre. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.

Gamba, S. (2007). Diccionario de estudios de género y feminismos. Buenos Aires: Biblos.

Hegel, G. W. (1966). La fenomenología del espíritu. México: Fondo de cultura económica .

Kosík, K. (1976). Dialectics of the concrete: a study on problems of man and world. Springer.

Lerner, G. (1990). El origen del patriarcado. Barcelona: Crítica.

Lukács, G. (2013). Historia y Conciencia de clase. Buenos Aires: RyR.

Marx, C., & Engels, F. (2014). La Ideología Alemana. Artículos, borradores y anotaciones destinados a: I. Feuerbach. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

Marx, K. (2010). Crítica de la filosofía del Estado de Hegel. Madrid: Biblioteca Nueva.

Marx, K. (2014). El capital: Crítica a la economía política, tomo I, Libro I. El proceso de producción del capital. México: Fondo de Cultura Económica.

Marx, K. (2015). El dieciocho brumario de Luis Bonaparte. Alianza Editorial.

Ritzer, G. (1997). Teoría Sociológica. México D.F.: McGraw-Hill Inc.

Rorty, R. (1982). The consequences of pragmatism. Brighton.

Schaff, A. (1966). Introducción a la Semántica. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.

Zambrini, L. (2014). Diálogos entre el feminismo posestructuralista y la teoría de la interseccionalidad de los géneros. Revista Punto Género, 133.

[1] Chilena. Cientista Política con Especialización en Relaciones Internacionales, postulante al Diplomado de “Enfoque de Género, Familia y Políticas Públicas”

[2] La organización es acción vital para el proceso de desarrollo de la conciencia, pues de lo que se trata, es del empoderamiento de la clase trabajadora, cuestión que requiere básicamente de su unidad… “La organización es la forma de la mediación entre la teoría y la práctica. Y como en toda relación dialéctica, aquí tampoco los miembros de la relación dialéctica adquieren concreción y realidad sino en su mediación y por ella (…) toda tendencia o divergencia de opinión <<teórica>> debe transformarse instantáneamente en cuestión de organización, sino quiere quedar como simple teoría, opinión abstracta, si realmente tiene la intención de mostrar la vía de su realización” (Lukács, 2013)

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