IMPULSEMOS UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE REVOLUCIONARIA

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Por CvC, Militante del Frente de Trabajadores Guevaristas.

 

“Todo intento, directo o indirecto, de enfocar el problema de la Asamblea Constituyente desde un punto de vista jurídico formal, en los marcos de la democracia burguesa corriente, sin tener en cuenta la lucha de clases y la guerra civil, significa traicionar la causa del proletariado y adoptar el punto de vista de la burguesía. Es deber incondicional de la socialdemocracia revolucionaria poner en guardia a todo el mundo contra ese error, en que incurren algunos dirigentes.”[1]

V.Lenin.

  1. Brevemente en torno al concepto de Constitución Política del Estado.

En todo ordenamiento jurídico, es decir en el Derecho objetivo[2], hay normas de rango superior. Si el Derecho fuera una estructura escalonada, la constitución sería el punto más alto[3]. Sentadas esas premisas, podemos entonces sostener (preliminarmente) que formalmente la Constitución es la norma jurídica fundamental, a partir de la cual se estructura todo el resto del ordenamiento jurídico; en definitiva, es la “norma superior” que define los lineamientos, principios y directrices que inspiran e imbuyen a todo el resto de normas  e instituciones jurídicas de una sociedad.[4]

Sin perjuicio de lo anterior, lo cierto es que una constitución es una obra humana, y como tal, para Marx: “la Constitución seguramente no se ha hecho asimismo de forma espontánea. Una autoridad legislativa, anterior a la constitución y por fuera de la constitución debe existir o haber existido. Una autoridad legislativa debe existir más allá de la autoridad legislativa actual, empírica y establecida.”[5]

A la misma conclusión, dicho sea de paso, también han llegado los exponentes más lúcidos del liberalismo.[6]

De lo que se sigue que, desde un punto de vista ontológico, la Constitución Política de un Estado es en realidad la cristalización[7] (generalmente oculta) de la lucha de clases de los individuos inmersos en el seno de una sociedad determinada. Y por ahora, esa autoridad legislativa, anterior y por fuera de la constitución, es en realidad, nada menos que la potencia beligerante actualmente vencedora en la lucha de clases: la burguesía. Podría sostenerse entonces, y con razón, que la Constitución Política no es más que un armisticio temporal entre clases antagónicas, ya sea que éste haya sido medianamente consensuado (es decir, contando con algún grado de participación del adversario histórico[8]), o derechamente impuesto con las bayonetas[9].

En efecto, y abonando nuestra afirmación, Marx, criticando a Hegel, sostuvo que: “La constitución no es nada excepto un compromiso entre el estado político y el no político. En consecuencia, es necesariamente en ella misma un tratado entre poderes esencialmente heterogéneos.”[10]

Cerraremos este raciocinio señalando que hasta el máximo exponente de la socialdemocracia Alemana, F.Lasalle, gozó de una claridad conceptual (poco usual en él, dicho sea de paso) que los reformistas chilenos contemporáneos podrían hasta envidiarle: “Los factores reales de poder que rigen en el seno de cada sociedad son esa fuerza activa y eficaz que informa todas las leyes e instituciones jurídicas de la sociedad en cuestión, haciendo que no puedan ser, en sustancia, más que tal y como son” (…) “He ahí pues señores, lo que es, en esencia, la Constitución de un país: la suma de los factores reales de poder que rigen en ese país”.[11]

Es, por tanto, comprendiendo el hecho de que una Constitución Política como la chilena tiene su génesis y ampara precisamente los intereses y privilegios de una clase social en concreto, que podemos dar paso al siguiente análisis: cuál es el mecanismo más idóneo, para los revolucionarios, en orden a “cambiar todo lo que debe ser cambiado.”[12]

  1. Sobre la Asamblea constituyente en general y en particular.

Para empezar, diremos que Marx, en una carta dirigida a Joseph Weydemeyer, admite que él no ha inventado nada, sino que se valió de los descubrimientos de diversos investigadores burgueses, y que su aporte personal se limitó a llevar el análisis desarrollado por aquellos hasta sus últimas consecuencias lógicas[13]. Algo similar, guardando las enormes proporciones, ocurre con la tesis principal de este modesto trabajo. Un jurista liberal de principios del siglo XX, que ya hemos citado a pie de página, llamado  Raymond Carré de Malberg,  hizo una justa y adecuada distinción a la hora de hablar –seriamente- sobre la Asamblea constituyente[14]. Para él, era preciso distinguir si estamos frente a una Asamblea (o proceso) Constituyente revolucionario (ACR, en adelante e indistintamente) o si por el contrario, estamos frente a una  Asamblea (o proceso) Constituyente institucional (ACI, en adelante). Veamos, con mayor detención, cada una por separado.

b.1) Sobre la Asamblea Constituyente institucional (ACI)

Carré de Malbergh observa que esta primera modalidad importa “la reforma pacífica, regular, jurídica en una palabra, de la Constitución vigente. Esta reforma puede ser más o menos extensa; puede tener por objeto, bien revisar la Constitución en algunos puntos limitados, bien derogarla y reemplazarla totalmente. Pero cualquiera que sea la importancia de este cambio constitucional, sea total o parcial, habrá de operarse según las reglas fijadas por la misma Constitución que se trata de modificar.” [15]

Esta primera forma de una asamblea constituyente (precisamente impulsada y cooptada por el ala cuasi progresista de la burguesía), como es evidente, es inocua para el sistema de dominación y ha servido para embobar a diversas agrupaciones de izquierda, algunas honestas, pero la más de ellas recalcitrantemente reformistas o social-liberales. Ante esta situación, sostenemos que los dos grandes problemas de fondo en torno a la ACI son los siguientes: el contenido de clase de esa instancia y  la innecesaria dilapidación de esfuerzos de la fuerza social revolucionaria en un espacio cooptado de antemano por la burguesía.

Sobre el primer problema, lo cierto e incontrovertible es que hasta la misma burguesía prevé la asamblea constituyente como un mecanismo de reforma, enmienda o recomposición y/o relegitimación del sistema de dominación político. Ya en el siglo XIX Hans Kelsen, mucho antes que Carré de Malberg, sostuvo que: “Es posible que el órgano competente para la promulgación, derogación y enmienda de las leyes constitucionales en el específico sentido formal, sea diferente del órgano competente para promulgar, derogar y enmendar leyes usuales. Para la primera función mencionada puede convocarse un órgano competente particular, diferente, por una constitución y por el procedimiento de elección, del órgano competente para la segunda función mencionada, sea, por ejemplo, una asamblea constituyente (O, más correctamente: legisladora constituyente).”[16]

Basta con mencionar que la actual Constitución Política de Colombia emanó de una Asamblea Constituyente (institucional) del año 1991, y Colombia es quizás (junto a Chile evidentemente) el país más capitalista y represivo contra las fuerzas de la izquierda revolucionaria e incluso de las meramente progresistas del continente. Con sus matices, conviene señalar que la ACI celebrada en Bolivia el año 2006, relegitimó lo que su ideólogo Álvaro García Lineros llama textualmente, el “capitalismo andino-amazónico”[17], ese verdadero “monstrum horrendum”[18]; híbrido pseudo-socialista de la peor calaña. Finalmente, cabe mencionar que hasta la Constitución de Uruguay contempla una Convención (asamblea) Constituyente, cumpliendo determinados requisitos[19]. En todos aquellos procesos o asambleas institucionales (burguesas) efectivamente realizados, pensamos que fue la fuerza social revolucionaria (y en consecuencia los pobres del campo y la ciudad)  la gran perdedora, por cuanto consintió (ya sea por acción u omisión) que su enemigo histórico revalidara su hegemonía a nivel nacional y de ese modo, internacionalmente.

En efecto, que a nivel teórico y práctico la burguesía justifique y consagre una ACI, y lo más importante, que consienta en la ejecución de aquella, es porque sabe de antemano que un espacio aquel estará dotado del contenido que ella decida darle. Y hacer vista gorda ante hecho esencial es simplemente ser un renegado. Ya lo decía Lenin, criticando la miopía criminal de los reformistas, la socialdemocracia y demás agentes del capital en el seno del movimiento obrero: “Kautsky ha tenido que olvidar el marxismo, y no se pregunta de qué clase era órgano la Asamblea Constituyente en Rusia. No analiza las circunstancias concretas, no quiere ver los hechos.”[20] (…) “Una cosa es la forma de las elecciones, la forma de la democracia, y otra el contenido de clase de una institución determinada. Este problema del contenido de clase de la Asamblea Constituyente está claramente planteado y resuelto en mis tesis.” [21]

De forma análoga (mas no mecánica) a como ocurrió con el proceso ruso, las consignas de sectores honestamente revolucionarios (o pretendidamente revolucionarios) del tipo “asamblea constituyente autoconvocada[22]”, “asamblea constituyente ciudadana[23]”, “asamblea constituyente libre y soberana[24]”  y otras semejantes, devienen en regresistas[25] en la actualidad, del mismo modo como “la consigna de ‘Todo el Poder a la Asamblea Constituyente’ se había convertido de hecho en la consigna de los demócratas constitucionalistas, las huestes de Kaledin y sus secuaces.”[26].

Tal vez aquellas consignas tendrían un sentido si se explicitara el carácter revolucionario o radical del espacio que se pretende conformar, pero si aquello que no se hace, no sólo no daña al sistema, sino que confunde a las capas avanzadas en conciencia de clase. De lo reseñado se concluye que la ACI es un mecanismo que la burguesía no tiene problemas en emplear, con lo cual pasamos al segundo problema: la innecesaria dilapidación de esfuerzos de la fuerza social revolucionaria en un espacio como ese.

Sobre el segundo problema indicado al comienzo de esta sección, sostenemos no es razonable gastar esfuerzos de la fuerzas social revolucionaria en un espacio como ese. Parafraseando a Ernesto Guevara: la asamblea constituyente, sin apellido, sin ser revolucionaria, es una colina dominada por fuego enemigo en donde se malgastan fuerzas que podrían ser empleadas para golpear con fuerza a un contrincante que se encuentra notablemente desprestigiado (crisis de legitimación) y relativamente debilitado (crisis de hegemonía). O en otras palabras, que se enarbole con tanta pasión (irracional por cierto) una Asamblea Constituyente (“autoconvocada”, “ciudadana”, “libre y soberana”, etc) implica por un lado, una incuestionable ganada y un mérito de la burguesía y de sus agentes[27], y por otro lado, la adopción de una actitud irreflexiva, carente de seriedad, y profundamente formalista por parte de algunos sectores de la izquierda que se autoreivindica como revolucionaria, en torno a la cuestión de la asamblea constituyente. Como es evidente, y para ser justos, no se le puede achacar a dichos sectores ser los pioneros en incurrir en semejantes errores. Casi hace un siglo atrás, en el año 1917, ante la coyuntura de una Asamblea Constituyente, Lenin tuvo la chance de dedicar un par de palabras al jefe de la II internacional en relación al problema que nos convoca: “Kautsky adopta en la cuestión de la Asamblea Constituyente una actitud formalista. En mis tesis he dicho clara y reiteradamente que los intereses de la revolución están por encima de los derechos formales de la Asamblea Constituyente (véase las tesis 16 y 17). El punto de vista democrático formal es precisamente el del demócrata burgués, que no admite la supremacía de los intereses del proletariado y de la lucha proletaria de clase.”[28]

Pensamos que la crítica es valedera aún hoy en día, y extensible hacia los sectores de la izquierda chilena ya individualizados. Dicho lo anterior como preámbulo, pasamos al siguiente punto de este trabajo.

b.2) Sobre la asamblea constituyente revolucionaria (ACR[29]).

Esta segunda modalidad consiste sencillamente en que una asamblea que se adueña del poder constituyente, se erige en Constituyente y hace una nueva Constitución.[30]  En otras palabras, en esta modalidad, las personas con conciencia de clase, tomando el asunto desde la raíz,  hacen un cambio radical de la ley política fundamental. No pierden tiempo en parchar una estructura que debe ser derribada para dar paso a una nueva, llena de vida. Como apuntaba Marx: “Ciertamente, constituciones estatales enteras han cambiado de tal modo que gradualmente nuevas necesidades surgieron, las viejas se rompieron, etc; pero, para una nueva constitución, una revolución real siempre ha sido requerida.”[31]

La modalidad revolucionaria de una asamblea constituyente, como es evidente, sólo se puede producir en directa confrontación con el orden previo, que no sólo es sustituido, sino que derechamente disuelto.  Decía Thomas Hobbes, con meridiana claridad, que: “Se estima como ley fundamental, en un Estado, aquella en virtud de la cual, cuando la ley se suprime, el Estado decae y queda totalmente arruinado, como una construcción cuyos cimientos se destruyen (…) es ley no fundamental aquella cuya abrogación no lleva consigo la desintegración del Estado.”[32] A partir de lo anterior, es verdaderamente estulto por parte de las diversas corrientes reformistas y de sectores de la izquierda que se proclama como revolucionaria, pensar que el Estado burgués, que actualmente convoca a un proceso constituyente institucional (ya sea mediante una Comisión Bicameral, una Convención Constituyente Mixta, una Asamblea Constituyente o un plebiscito ciudadano[33]), pretenda disolverse a sí mismo. O lo que es igual: nuestra burguesía sería la primera en cometer suicidio a nivel histórico. ¡Magnífico salto al vació lógico por parte de la “izquierda” chilena”.

La ACR, por el contrario,  es revolucionaria precisamente por cuanto es el fruto o resultado de la toma del poder de forma efectiva por parte de la fuerza social revolucionaria y los pobres del campo y la ciudad; es revolucionaria, porque implica el descubrimiento de la lucha de clases en el seno de la sociedad; es revolucionaria, en fin, porque implica la declaración de guerra entre dos potencias enemigas que, al decir de Marx, ya no pueden ni quieren pactar:  “El rey … de otra parte,  la Asamblea Nacional … ¡Dos soberanos!. Desde el momento en que ambos soberanos no quieran o no puedan pactar, se convierten en dos soberanos enemigos. El rey tiene el derecho de retar a la Asamblea, la Asamblea tiene el derecho de retar al rey. Y tendrá  más derecho quien demuestre tener más poder. El poder se revela en la lucha. Y la lucha se hace valer en la victoria. Ambos poderes pueden imponer su derecho solamente por medio de la victoria, y su carencia de derecho por medio de la derrota. El derecho está de parte del poder. La frase jurídica está de parte de la impotencia.”[34]

Cerramos esta sección haciendo eco una vez más de las palabras de Lenin, y diremos: “con meridiana claridad digo: señores pequeño burgueses vacilantes que os habéis atrincherado en la Asamblea Constituyente: aceptad la dictadura del proletariado o triunfaremos sobre vosotros “por vía revolucionaria”.”[35]

  1. Propuesta: Una ACR gestada, garantizada e impulsada por un Congreso de los Trabajadores y los Pueblos (CTP).

Lo esencial de nuestra propuesta radica en el siguiente pasaje escrito por Marx: “Puesta correctamente, la cuestión es simplemente esta: ¿Tiene el pueblo el derecho de darse a sí mismo una nueva constitución? La respuesta debe ser un sí sin calificaciones, porque una vez que ha cesado de ser una actual expresión de la voluntad del pueblo, la constitución se convierte en una ilusión práctica.”[36]

Teniendo aquel principio por premisa de nuestra praxis, pensamos que el espacio de dónde puede emanar un contenido realmente transformador, y el más idóneo para impulsar consecuentemente una ACR, es un Congreso de los Trabajadores y el Pueblo[37]. Ese espacio, aglutinador de los más avanzado y granado de la fuerza social revolucionaria, garantizaría una verdadera independencia de clase, en el sentido correcto del concepto. Sabemos, no obstantes, que podemos estar equivocados; no somos portadores de una verdad revelada. O como diría Lenin “Puede ser que mi solución no sea atinada. Nada nos gustaría tanto como una crítica marxista de nuestro análisis.”[38]Críticas que por cierto, escasean en el medio nacional.

En cuanto los mecanismos concretos, preliminarmente debemos tener presente que hasta el liberalismo tiene claro que “el pueblo, al conservar en sus manos el poder constituyente, no queda obligado por la Constitución: ésta podrá obligar a las autoridades constituidas, pero no puede encadenar al soberano mismo, o sea al pueblo, que siempre es dueño de cambiarla.”[39] Es decir, que reducir el plan de acción de la izquierda revolucionaria a tratar de impulsar la alternativa de la ACI que ofrece el gobierno, o intentar dotar aquel espacio de contenido “popular”, o  en fin, de “tomar por asalto” la ACI, es simplemente estar incluso más atrasado que el liberalismo.

Se dirá que no ofrecemos un mecanismo elaborado, concreto, especificado hasta el último detalle en relación a cómo ejecutar y poner en marcha la ACR.  Quienes procedan a esgrimir una crítica tan mezquina, probablemente ni siquiera saben que “La Constitución soviética no se ha escrito según un “plan”, no ha sido compuesta en despachos ni impuesta a los trabajadores por los jurisconsultos burgueses. No, esa Constitución ha surgido del proceso de desarrollo de la lucha de clases, a medida que maduraban las contradicciones entre ellas.”[40]

Para finalizar este documento, diremos que nosotros como Izquierda Guevarista, a diferencia del reformismo y demás corrientes con “intención revolucionaria”, tenemos plena confianza en la inteligencia y creatividad del proletariado, especialmente en sus capas más conscientes, quienes al calor de la lucha sabrán darse, como siempre lo han hecho, los mecanismos democráticos más adecuados para su realidad concreta[41]. No corresponde que una fuerza política revolucionaria ofrezca a la fuerza social revolucionaria y a los pobres del campo y la ciudad, un reglamento de cómo llevar a cabo un proceso constituyente, detallándolo hasta la última coma; aquello, sería proceder de forma paternalista o mesiánica, lo cual atenta contra la lógica emancipadora[42] que enarbola el marxismo. Por el contrario, simplemente nos hemos limitado a ofrecer algunos principios generales, para debatirlos con alturas de mira. Una vez que se logren los acuerdos necesarios dentro del Partido[43] de la Revolución,  nos pondremos al servicio de esa fuerza social revolucionaria, de forma solidaria y desinteresada.

[1] Lenin, Vladimir. “Tesis sobre la Asamblea Constituyente”, EN  Obras escogidas en XII tomos, editorial Progreso, Moscú,  1977, tomo VII, pág. 443.

[2] “En síntesis, el ordenamiento jurídico no es sino el conjunto de normas jurídicas (Derecho objetivo) que, formando un sistema, tiene vigencia en cierta época en un determinado grupo social.” Alessandri R, Arturo; Somarriva U, Manuel; Vodanovic H, Antonio. Tratado de Derecho Civil. Partes preliminar y general.  Tomo I. Editorial Jurídica de Chile, séptima edición, 2005, Santiago. Pág. 14.

[3] “El orden jurídico no es un sistema de normas de derecho situadas en un mismo plano, ordenadas equivalentemente, sino una construcción escalonada de diversos estratos de normas jurídicas (…) Si, por de pronto, se observa un orden jurídico estatal, el estrato superior jurídico positivo, está representado por la constitución.” Kelsen, Hans. “Teoría pura del Derecho”, editado por la Universidad Nacional Autónoma de México, segunda reimpresión de1982,  México D.F,  pág. 232.

[4]  Hay tantas definiciones y conceptos de “Constitución” cuantos autores existen; por lo que, en este trabajo, sería imposible ofrecer un listado que sea omnicomprensivo. Nosotros aventuramos una definición en base a lo dicho por Jellinek: “La constitución de los Estados abarca, los principios jurídicos que designan los órganos supremos del Estado, los modos de su creación, sus relaciones mutuas, fijan el círculo de su acción y, por último, la situación de cada uno de ellos respecto del poder del Estado.” Jellinek, Georg. “Teoría General del Estado”, Oxford University Press, México, 1999, pag 303.

[5] “But, again, the constitution has surely not made itself spontaneously. A legislative authority prior to the constitution and outside of the constitution must exist or have existed. A legislative authority must existe beyond the actual, empirical, established legislative authority.  Marx, Karl. “Contribution to the Critique of Hegel’s Philosophy of Law.” En MARX, Karl y ENGELS, Frederick. Collected Works. Volume 3: 1843-44. International Publishers, New York, 1975, pp 54 y 55. Traducción libre.

[6] En efecto, un autor en soliloquio se pregunta: “¿A quién corresponde elaborar la constitución misma? ¿Quién estará calificado para determinar los órganos estatales y para repartir entre ellos el ejercicio de la potestad nacional? En otro términos, ¿en quién reside el poder constituyente” Y tras un rodeo, nuestro liberal sostiene, tal vez con algo de disgusto, que: “Finalmente, se llega al reconocimiento inevitable de que la Constitución primitiva del Estado, aquella que lo originó, no pudo ser obra de sus órganos, sino que procede de una fuente situada fuera del Estado; y por consiguiente, este reconocimiento implica que en la base del Estado existe una voluntad y una potestad distintas de las del Estado mismo; voluntad o potestad que no pueden ser sino de individuos; voluntad generadora del Estado que aparece como anterior y superior a ella (…) En una palabra, se llega a reconocer así que la soberanía propiamente dicha y en el sentido absoluto de la palabra está situada primitivamente fuera del Estado. Es necesario, por lo tanto, acabar siempre buscándola en los individuos.” Carré de Malberg, Raymond. “Teoría General del Estado”, Fondo de Cultura Económica, México, 2001. Pag 1161 y 1162 respectivamente.

[7] De forma análoga ocurre con la mercancía, pues aquella es la cristalización de un tiempo de trabajo humano socialmente necesario, que no aparece a primera vista frente al observador. Ver: MARX, Carlos. “El Capital. Crítica de la economía política”. Tomo I. Fondo de Cultura Economica, México D.F, 2010, pág 6.

[8] Pensamos que es el caso de la Constituciones políticas de países como Suecia y otros países capitalistas avanzados; en los que hubo un gran acuerdo obrero-patronal (cuya génesis, por razones de espacio, no podemos explicar aquí), coronado por una asamblea constituyente que ofrece un armisticio  y un catálogo de beneficios comparativamente más generoso que el resto de países capitalistas retrasados (como el nuestro).

[9] Esta es la regla general. Basta con señalar que la inmensa mayoría de las Constituciones Políticas de América Latina (y la de España por cierto) son fruto de violentos golpes de Estados de la minoría burguesa, en que el ganador aplastó sangrientamente al rival y no negoció nada. Evidentemente, algunos procesos constituyentes –verdaderas orgías de sangre diría Marx- incluso tuvieron verdaderos shows, como el Chileno, en que se “plebiscita” una Constitución con papeletas que entre otras gracias, sugerían el voto mediante intimidación (la bandera negra en la opción “no” y la bandera chilena en la opción “sí”), no se contaba con un TRICEL, lo cual posibilitó sufragios por partida doble o triple, etc Para un análisis exhaustivo de lo fraudulento del proceso chileno, ver: Palma G, Eric. “De la carta otorgada de 1980 a la constitución binominal de 2005.” <http://repositorio.uchile.cl/bitstream/handle/2250/126943/de-la-carta-otorgada-de-1980-a-la-constitucion-binominal-de-2005.pdf?sequence=1&isAllowed=y>>.

[10] “The constitution is nothing but a compromise between the political and the unpolitical state. Hence, it is necessarily in itself a treaty between essentially heteregeneous powers.” Marx, Karl. “Contribution to the Critique of Hegel’s Philosophy of Law”, Op.cit, pag 57. Traducción libre y énfasis nuestro.

[11] Lasalle, Fernando. “Qué es una Constitución”. Editora Cenit S.A, Madrid, 1° edición de 1932, pág 58 y  65 respectivamente.

[12] Castro, Fidel. “Discurso pronunciado el día internacional de los trabajadores”, el 1 de mayo del  año 2000. Disponible en: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2000/esp/f010500e.html

[13] Ver: Marx, C y Engels, F. “Obras escogidas”, editorial progreso, Moscú, 1969. Pág. 719.

[14] La distinción se encuentra profusamente desarrollada en:  Carré de Malberg, Op.cit, pág. 1171 y ss.

[15] Carré de Malberg, Op.cit, pág. 1173.

[16] Kelsen, Hans. “Teoría pura del Derecho”. Op.cit, pag 234.

[17] “Nuestras fuerzas se encaminarán fundamentalmente a la puesta en marcha de un nuevo modelo económico que he denominado, provisoriamente, “capitalismo andino-amazónico”. Es decir, la construcción de un Estado fuerte, que regule la expansión de la economía industrial, extraiga sus excedentes y los transfiera al ámbito comunitario para potenciar formas de autoorganización y de desarrollo mercantil propiamente andino y amazónico.” Para profundizar sobre esa aberración conceptual denominada “capitalismo andino amazónico”, ver: García Lineros, Álvaro. “El capitalismo andino amazónico”, disponible en http://www.lemondediplomatique.cl/El-capitalismo-andino-amazonico.html

[18] Expresión de Virgilio, usada por Fidel Castro en su alegato de autodefensa de 1953,  para describir la figura aborrecible de Fulgencio Batista. Ver: Castro, Fidel. “La Historia me absolverá”  EN “Fidel Castro, Antología Mínima” Editorial Ocean Sur, México, 2008

[19]“Así, el artículo 331 de la Constitución de Uruguay establece cuatro alternativas para realizar una reforma parcial o total: (a) por iniciativa popular que supone el respaldo del 10% de los ciudadanos inscritos en el Registro Cívico Nacional; (b) por iniciativa parlamentaria que cuente con 2/5 del total de componentes de la Asamblea General; (c) por proyectos de ley presentados por senadores, los representantes (diputados) o por el Poder Ejecutivo aprobados por mayoría absoluta de la Asamblea General; y (d) mediante leyes constitucionales que requieren para su sanción del voto conforme de los 2/3 de componentes de cada una de las Cámaras dentro de una misma legislatura. Sólo en el caso de la letra c) del artículo 331, vale decir, cuando la iniciativa legislativa provenga de senadores, representantes (diputados) o Poder Ejecutivo (presidente de la República) se establece como exigencia adicional el llamado a una Convención Nacional Constituyente.”  Soto Barrientos, Francisco. “Asamblea Constituyente: la experiencia latinoamericana y el actual debate en Chile.” Estudios constitucionales,  volumen 12,  n°.1, Santiago,  2014. Disponible en http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-52002014000100010&script=sci_arttext.

[20] Lenin, V.I . “La revolución proletaria y el Renegado Kautsky”, EN  Obras escogidas en XII tomos, editorial progreso, Moscú,  1977, tomo IX, pag 40

[21] Lenin, V.I . “La revolución proletaria y el Renegado Kautsky”, Op.cit,  pag 41

[22] Propuesta, entre otros, por el Partido Comunista Acción Proletaria (organización stalinista). Ver Artes, Eduardo: “El Estado de Chile, su carácter y la lucha por la asamblea constituyente autoconvocada”, 17 de febrero de 2015. http://remolinopopular.blogspot.cl/.

[23] Tesis del Partido Humanista (socialdemocracia). Ver: http://www.cehum.cl/2015/04/29/asamblea-constituyente-para-chile/.

[24] Propuesta del Partido de Trabajadores Revolucionarios, PTS y ACR (trotskistas). Vienen levantando esta consigna de “asamblea constituyente Libre y Soberana” desde el 2011. http://www.ptr.cl/nacional/a-fortalecer-la-alianza-en-las-calles-de-trabajadores-y-estudiantes-por-una-asamblea-constituyente-libre-y-soberana-basada-en-la-movilizacion/ (agosto de 2011). Luego, repiten la misma idea aquí: http://www.ptr.cl/nacional/es-necesaria-que-tipo-de-asamblea-constituyente-levantar/ (diciembre de 2014). La última entrada que indicaremos es una de mayo de 2015: http://www.ptr.cl/nacional/apuntes-sobre-la-asamblea-constituyente-y-la-politica-de-los-marxistas-revolucionarios/ .

[25]Entendemos por “regresismo”  o ser “regresista” en el sentido que Ernesto Guevara planteaba: “Marx recomendaba siempre que, una vez comenzado el proceso revolucionario, el proletariado tenía que golpear y golpear sin descanso. Revolución que no se profundice constantemente es revolución que regresa”.  Guevara, Ernesto. “Guerra de guerrillas: un método” en “Che Guevara Presente”. Editorial Ocean sur, Bogotá, 2007. pág.  79

[26] Lenin, V.I . “La revolución proletaria y el Renegado Kautsky”, ibídem.

[27]El siguiente párrafo de Ernesto Guevara es aleccionador, especialmente para quienes impúdicamente se reivindican los hijos “del Che, Chávez y Fidel”: “Se lanzan algunas fórmulas limitadas: luchas electorales de menor cuantía, algún avance electoral, por aquí; dos diputados, un senador, cuatro alcaldías; una gran manifestación popular que es disuelta a tiros; una elección que se pierde por menos votos que la anterior; una huelga que se gana, diez que se pierden; un paso que se avanza, diez que se retroceden; una victoria sectorial por aquí, diez derrotas por allá. Y, en el momento preciso, se cambian las reglas del juego y hay que volver a empezar. ¿Por qué estos planteamientos? ¿Por qué esta dilapidación de las energías populares? Por una sola razón. En las fuerzas progresistas de algunos países de América existe una confusión terrible entre objetivos tácticos y estratégicos; en pequeñas posiciones tácticas se ha querido ver grandes objetivos estratégicos. Hay que atribuir a la inteligencia de la reacción el que haya logrado hacer de estas mínimas posiciones defensivas el objetivo fundamental de su enemigo de clase. En los lugares donde ocurren estas equivocaciones tan graves, el pueblo apronta sus legiones año tras año para conquistas que le cuestan inmensos sacrificios y que no tienen el más mínimo valor. Son pequeñas colinas dominadas por el fuego de la artillería enemiga. La colina parlamento, la colina legalidad, la colina huelga económica legal, la colina aumento de salarios, la colina constitución burguesa, la colina liberación de un héroe popular… Y lo peor de todo es que para ganar estar posiciones hay que intervenir en el juego político del estado burgués y para lograr el permiso de actuar en este peligroso juego, hay que demostrar que se puede estar dentro de la legalidad burguesa.”  Guevara, Ernesto. “Táctica y Estrategia de la revolución latinoamericana” en “Che Guevara Presente”. Editorial Ocean sur, Bogotá, 2007. pág.  317

[28] Lenin, V.I . “La revolución proletaria y el Renegado Kautsky”, EN  Obras escogidas en XII tomos, editorial progreso, Moscú,  1977, tomo IX, pag 40

[29] Que las siglas ACR no nos llamen a confusión. La agrupación chilena trotskista “Asociación Combativa y Revolucionaria” (ACR), filial juvenil del PTR chileno y del PTS argentino, sólo por casualidad comparte aquellas siglas. Como vimos, aquella organización adhiere abiertamente a participar en una “asamblea constituyente libre y soberana”, consigna que hasta un demócrata o progresista burgués podría enarbolar sin mayores problemas. El quid del asunto radica en que fallan en explicitar la  importancia del carácter o contenido de una Asamblea Constituyente, a saber: institucional o revolucionaria.  Dicho sea de paso, también postulan “recuperar” la CUT, como quien pretende resucitar un cadáver putrefacto (como quien en su época pretendió salvar o “recuperar” la socialdemocracia alemana o la persona de Kautsky) en lugar de apostar por acelerar el nacimiento de una  vida nueva que sea engendrada por los elementos más honestos y conscientes del proletariado chileno. El fetichismo por la CUT, siendo justos, no es un defecto exclusivo de dicha organización.

[30] Carré de Malberg, op.cit, pag 1172. Más adelante, señala: “en suma, la cuestión del poder constituyente se presenta aquí en los mismos términos que en la época de la formación originaria del Estado: se reduce a una cuestión de hecho y deja de ser una cuestión de Derecho.” Carré de Malberg, ibídem, pag 1173.

[31] Certainly, entire state constitutions have changed in such  a way that gradually new needs arose, the old broke down, etc.; but for a new constitution a real revolution has always been required. Marx, Karl. “Contribution to the Critique of Hegel’s Philosophy of Law. Op.cit, pag 56

[32] Hobbes, Thomas. “Leviatán: o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil”. Fondo de Cultura Económica, 2 edición, México, 1980.  Pag 236 y 237.

[33] Esas son las alternativas propuestas por  el gobierno de la burguesía. Ver: http://www.gob.cl/2015/10/13/8-conceptos-del-proceso-para-la-nueva-constitucion/.

[34] Marx, Carlos. “La crisis de Berlín”. Neue Rheinische Zeitung, núm 138, 9 de noviembre de 1848. En  Marx, C y Engels, F. “Las revoluciones de 1848”, Fondo de Cultura Económica, ,México, 2006, pág 347-348

[35] Lenin, V.I . “La revolución proletaria y el Renegado Kautsky”, EN  Obras escogidas en XII tomos, editorial progreso, Moscú,  1977, tomo IX, pag 40

[36] Posed correctly, the question is simply this: Has the people the right to give itself a new constitution? The answer must be an unqualified ‘Yes’, because once it has ceased to be an actual expression of the will of the people the constitution has become a practical illusion. Marx, Karl. “Contribution to the Critique of Hegel’s Philosophy of Law. Op.cit, pag 57

[37] Para profundizar en torno al Congreso de los Trabajadores y los Pueblos, ver: http://nuestra-america.org/?p=474

[38] Lenin, V.I . “La revolución proletaria y el Renegado Kautsky”, Op.cit,  pag 41

[39] Carré de Malberg, ibídem, pag 1165.

[40] Lenin, V.I . “La revolución proletaria y el Renegado Kautsky”, EN  Obras escogidas en XII tomos, editorial progreso, Moscú,  1977, tomo IX, pag 73

[41] Sabemos que no faltarán los dogmáticos (generalmente stalinistas o trotskistas) que digan: “Pero si los bolcheviques defendieron la Asamblea Constituyente en la época de Kerensky”.  Damos tribuna a la voz de metal de Lenin, quien es quizás el más calificado para brindarles una respuesta a nuestros dogmáticos:  “1. Era completamente justo que la socialdemocracia revolucionaria incluyera en su programa la reivindicación de que se convocase una Asamblea Constituyente, porque, en una república burguesa, este organismo es la forma superior de la democracia” PERO  “2. Al reclamar la convocación de la Asamblea Constituyente, la socialdemocracia revolucionaria subrayó más de una vez, que la República de los Soviets es una forma de democracia superior a la república burguesa ordinaria, con su Asamblea Constituyente.” Lenin, V.I. “Tesis sobre la Asamblea Constituyente”, EN  Obras escogidas en XII tomos, editorial progreso, Moscú,  1977, tomo VII , pág 439

[42] Sobre la emancipación  y liberación humana, ver “Sobre la cuestión Judía”, C.Marx.

[43] En el sentido que Marx le daba a esta palabra, a saber: el Partido de la Revolución (el proletariado) que se enfrenta al Partido del Orden. Ver: “El 18 brumario de Luis Bonaparte”, en C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en tres tomos, Editorial Progreso, Moscú 1981, Tomo I

015_ Tina Modotti, Chitarra, falce e cartucciera, 1927