52 años sin Masseti

Por Comité Editorial Revista Nuestra América

“Ningún revolucionario termina, sin prolongarse en su lucha y en su ejemplo. Su grito jamás se apaga, sin que encuentre el eco de mil gargantas jóvenes que lo renueven. Su sangre jamás se coagula, sin que la asimile la tierra por la cual la derramó. Esa es su única, íntima y reconfortante recompensa”

Jorge Ricardo Masseti

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Nuestras tierras rebeldes, saben mas de mártires que de victoriosos. Ha sido regada por más sangre del pueblo que la de tiranos. Son más las derrotas que los triunfos. Y es que la revolución es un proceso complejo, difícil, cuesta arriba desde principio a fin.

Saber de quienes, de que compañeros y compañeras, heredamos la lucha es fundamental para la vitalidad del proyecto revolucionario.

Uno de estos combatientes fue Jorge Ricardo Masseti, figura poco reconocida en la lucha de nuestros pueblos y peor aún, opacada en la memoria  histórica de los propios revolucionarios.

La historia de la vida de Masseti, es un ejemplo para señalar con firmeza, a que debe aspirar un revolucionario. Su vida, esta entrelazada con el acontecimiento más importante en el siglo XX para Nuestra América, la Revolución Cubana. Por ende, creemos  que la senda de Masseti, es también parte del significado de la primera revolución socialista en nuestro continente.

Si uno da cuenta de los primeros pasos periodísticos de este joven argentino, que nació en el barrio de la Avellanada, el cual se caso y tuvo dos hijos, podría saber con facilidad que las contradicciones sociales  no le eran algo ajeno. Esta última, no es una cuestión compleja. El vivir las injusticias sociales, la sensibilidad hacia el explotado, el amor hacia los que luchan, son los elementos que constituyen la esencia del ser revolucionario.

Jorge, desde los 15 años, comenzó a participar activamente en noticieros, radios y revistas; pero, no es hasta 1958, cuando desde la Radio El Mundo, lo envían a entrevistar a los supuestos niños con barba, que luchaban con las armas contra el gobierno de Batista y amenazando con el fantasma del comunismo a las tierras de Estados Unidos.  Su objetivo no era menor, conocer directamente a Fidel y el revoltoso compatriota suyo Ernesto Guevara, cuales eran los objetivos de su lucha armada contra la Cuba de Batista, sus ideas, su realidad.

Es en este viaje, donde se plasma una de las obra periodística más importante del siglo XX, “Los que lloran y Los que luchan; crónica del viaje” y encuentro de Masseti con los revolucionarios cubanos, meses previos a su triunfo heroico. Para el destacado periodista Rodolfo Wash, el escrito de Masseti, es la mayor hazaña individual del periodismo argentino, y junto con Diez Días que estremecieron al mundo de John Reed, donde se retrata vivamente la hazaña bolchevique. Estos, son textos claves para la historia de dos procesos revolucionarios fundamentales.

Para ser justos, Masseti no fue el único periodista que, en el proceso de reportear la experiencia guerrillera cubana, asumió la lucha, palpo las injusticias y vio que luchar por la libertad no es un juego, sino una posición histórica, que debe llevarse  de la forma más directa posible, aunque signifique consecuentemente la muerte. En esta experiencia, se encontró con un joven periodista ecuatoriano, Caros Bastidas, que meses más tarde, fue asesinado por la policía batistiana a los 23 años.

Pero ya antes de conocer a Fidel, a Celia, a Haydee y al Che (resulta cómico como para los cubanos era una rareza ver a dos argentinos juntos), Masetti intuía lo que sintió el Che mientras recorría y escribía sus “Notas de Viaje”. Tanta injusticia, tanta corrupción, tanta maldad, no pueden dejar indiferentes a quienes tienen sensatez en su obrar. Por tanto, ya al llegar al campamento guerrillero, Masseti se encontraba convencido de la justeza histórica que tenía la revolución de estos jóvenes guerrilleros “¿Por qué el pueblo de Cuba no terminaba de derribar a Batista, si realmente estaba con los revolucionarios?, y decenas de preguntas más (durante la entrevista con el Che, una pieza notable de la documentación revolucionaria), muchas de las cuales ya tenia respuesta en mi convicción, luego del viaje hasta La Otilia. Luego de sentir de cerca el terror de las ciudades y la metralla de los montes; luego de ver guerrilleros desramados participar de emboscadas suicidas para hacerse de un arma con la que pelear realmente; luego de escuchar explicar a los campesinos analfabetos, cada uno a su manera, pero claramente, porque luchaban; luego de darme cuenta de que no estaba entre un ejercito fanatizado capaz de tolerar cualquier actitud de sus jefes, sino entre un grupo de hombres consientes de que cualquier desvío de la línea honesta que tanto los enorgullece significaría el fin de todo y la nueva rebelión” [1].

Esto sentimiento de Masseti, se expresa crudamente, cuando se agudiza el enfrentamiento entre las fuerzas revolucionarias dirigidas por Fidel y las del ejercito mercenario conducido por Estados Unidos y el gobierno títere de Batista, entre mediados y fines del año 1958. Dice Masseti, en medio de un pueblo que fue bombardeado indiscriminadamente por aviones imperialistas, “¡Que hacia yo ahí, con la lapicera en la mano, en lugar de estar apretando el gatillo de una ametralladora!”[2].

El viaje de vuelta para difundir las grabaciones, que debió hacer dos veces por perder su primera documentación, fue con ese vacío de dejar en Cuba a los que luchan, y volver con la indiferencia de los que lloran.

Masseti, no tardo en volver a Cuba con su familia. Ya en junio del año 1959, funda la primera agencia de prensa independiente de latinoamericana, “Prensa Latina”, con el apoyo constante de su ya compañero de lucha y comandante de la revolución, Ernesto Che Guevara. A propósito del aniversario de Girón, Masseti dio su vida en la defensa revolucionaria del asedio imperialista en 1961. El espíritu revolucionario, internacionalista de Jorge no canso, sabiendo que tal como le expreso el Che en su entrevista “yo considero mi patria no solamente a la Argentina, sino a toda América”[3], y en cualquier lugar donde exista explotación y alienación agregaría la propia experiencia de los compañeros, es que Masseti,  luego de ir a luchar en Argelia junto al Frente de Liberación Nacional Argelino, toma la decisión junto al Che de planificar la intensificación de la lucha revolucionaria. Una de las primeras tareas, será el desarrollo de una base militar en la selva de Orán provincia de Salta.  Se funde, en la agitada lucha de clases en Argentina, el Ejercito Guerrillero del Pueblo (EGP), del cual Masseti fue el Comandante Segundo, declarando a los campesinos, a los pobres del campo y la ciudad que “Así es nuestra vida y así la de ellos. Nosotros trabajamos para morir pobres. Ellos explotándonos para vivir ricos… Pero para que las cosas cambien, sólo queda el camino de la pelea”[4]

Un 21 de Abril de 1964, el EGP es derrotado y sus militantes asesinados, encarcelados o hechos desaparecer, tal como el cuerpo de Masseti, que hasta el día de hoy no aparece. El comandante Segundo desapareció, cuando tenía tan solo 34 años.

La praxis revolucionaria de Masseti sigue vigente, tal como siguen vigentes las causas de su lucha. Desde Nuestra América sabemos que existen dos caminos: el de los que luchan como el Che, como Celia, como Fidel, y el de los que lloran, los que se lamentan y los que muestran cuanta falta hicieron en los momentos de las derrotas.

Masseti amo, y amo de tal manera, que comprendió que la justeza de la lucha revolucionaria, requiere el sacrificio de nuestras vidas y no el comodismo pacifista. Hoy, es ejemplo para los revolucionarios del mundo: se fundió en el guevarismo, se fundió en las luchas de su pueblo y, tal como escribe a sus hijos en su Carta de despedida, “Vuestro padre ha peleado duro siempre por principios revolucionarios. Ahora está peleando también duro, en una batalla definitiva. No puedo darles más detalle. Sólo quiere que sepan que en cada batalla, en cada combate, armaré mi brazo con más fuerza al saber que ustedes me estarán juzgando”.

[1] Ibídem, pág 78

[2] EGP, Mensaje a los campesinos, en Jorge Ricardo Masseti, Los que Luchan y los que lloran, textos del EGP, pág 268.

[3] En Los que luchan y los que lloran, Jorge Ricardo Masseti, Editorial Nuestra America, pág 77.

[4] Ibídem, pág 110.

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