Revista Nuestra América

MARXISMO CRÍTICO

Apuntes sobre la apuesta clasista para el movimiento obrero

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Por  Gabriel S. Militante de Izquierda Guevarista de Chile

“Es necesario convencer a los trabajadores que son un gran poder como no hay otro, pero que la fuerza de ese poder reside en la organización”

Luis Emilio Recabarren

Mucho se ha discutido en estos meses acerca de la Reforma Laboral y las acciones de apoyo a la misma que ha realizado la dirección de la Central Unitaria de Trabajadores – CUT -, por ejemplo el pasado 22 de marzo y ahora en torno al primero de Mayo, un poco más crítica, pero empujándola en términos generales.

En un nuevo aniversario de aquel Mayo de 1886, es que se hace necesario desarrollar algunas reflexiones en torno a la política que hemos desarrollado, y podríamos potencialmente desarrollar desde la Izquierda Revolucionaria en el movimiento de trabajadores, especialmente en nuestra apuesta organizativa para la clase trabajadora y la forma en que deberíamos analizar a la Central Unitaria de Trabajadores.

Es importante mencionar la concepción que tenemos respecto a la CUT, lo que es y lo que francamente no es. En primer lugar, debemos aseverar y no engañarnos pues efectivamente es la organización sindical que mayor extensión tiene en el país. Es por excelencia el referente, la voz,  de los trabajadores (represente o no sus aspiraciones), es difícil pensar ahora en una organización que tenga el peso mediático y de masas que tiene la Central en materia de trabajadores.

Es importante despejar algunas cuestiones de análisis respecto a la Central. En primer lugar, y la más importante, la CUT no es una organización homogénea, que mantiene una línea que no sólo es acatada por las bases, sino que también es legitimada por las mismas, por lo tanto, cada vez que hagamos críticas al rumbo que toma la CUT en alguna determinada coyuntura (Reforma Laboral, “bajar” una movilización obrera o hacer caso omiso respecto a la represión que ejerce el gobierno a la clase trabajadora, cuyo más reciente ejemplo es el de Nelson Quichillao, trabajador subcontratado asesinado por carabineros el primer semestre del año pasado), tenemos que apuntar decididamente a sus vocerías, a la dirigencia actual, cooptada por los partidos de gobierno (principalmente PC y PS).

Es importante hacer la distinción en cuanto hacer una crítica al ente, como organización acabada en sus lineamientos políticos, es un error, pues en el seno de la CUT existen trabajadores de base honestos[1] y que realmente consideran que es necesaria la organización nacional de los trabajadores y trabajadoras, al mismo tiempo que ven en la CUT un referente de defensa de sus derechos, y aunque con la actual dirigencia de la central no puedan conseguir dichos objetivos (principalmente por ser claudicantes y entreguistas, aunque la mejor definición es la de conciliadores), es importante que nuestras propuestas y actuar concreto los considere, de lo contrario perdemos espacio para impulsar nuestra política, todo por una equivocada concepción[2].

Lo que sí es correcto plantear, es que la CUT en su orgánica y forma de funcionamiento es un fiel reflejo del sindicalismo instaurado en Chile por la vía institucional, vale decir, altamente burocrático. Pero ¿qué debemos entender por el funcionamiento burocrático de la organización obrera? Generalmente se asocia el concepto de burocracia al de lentitud y rigidez en la práctica de las instituciones, por lo tanto todo espacio que muestra deficiencias en el actuar y fluidez de la práctica, es catalogada como burocrática. Para nosotros y nosotras la cuestión tiene que ver con que las burocracias defienden intereses ajenos a los de sus organizaciones de base, manteniendo las y los burócratas condiciones materiales (diferencia entre el trabajo intelectual y material) y beneficios que el resto no logra obtener, a la larga, la burocracia se consuma cuando los intereses que se defienden no tienen un correlato con las necesidades de la base que constituye la organización obrera.

La importancia de saber a qué nos enfrentamos al momento de pensar en una política de cara a nuestra clase es fundamental. Si es que consideramos que la CUT es una organización que tiene sus objetivos trazados de forma impenetrable, o bien va a ser siempre un portavoz de la política conciliadora de reformistas y socialdemócratas, entonces lo más probable es que optemos por dar la pelea por fuera de la misma, levantando centrales u organizaciones alternativas que marquen su hoja de ruta propia. Mas, si por el otro lado, acordamos que la Central es una organización que se encuentra potencialmente en disputa, en la que hay espacio para organizar a la disidencia, entonces nuestra disposición debería ser distinta. Sin embargo, ¿se trata sólo de aquello la forma en que pensaremos nuestra política de cara a nuestros hermanos de clase? Creo que no.

Organización clasista de las y los trabajadores en el horizonte de nuestra construcción

¿Qué es lo que define nuestro actuar? Pues deberíamos llegar a la conclusión que nuestra política debe tener en consideración el contexto en el cual nos desenvolvemos, del cual somos “presos” al no poder escogerlo, pero sí luchar por modificarlo, al mismo tiempo que damos pasos para poder impulsar correctamente nuestra propuesta política. Partamos por lo segundo.

En el seno de la izquierda se ha levantado con fuerza la consigna del sindicalismo clasista, pero, en términos concretos debemos saber bien a qué nos referimos con empujar una política de esas características y al mismo tiempo visualizar las posibilidades reales de llevarla a cabo de acuerdo a nuestras fuerzas e inserción en el mundo de los trabajadores.

En primer lugar, debemos tener la claridad de los pilares, las ideas fundamentales, en las que debemos levantar nuestra alternativa: Antipatronal; antiburocrática; independiente y autónoma; combativa y con un énfasis en la formación de nuestros pares.

Antipatronal en cuanto debemos levantar organizaciones obreras que tengan claro cuál es su rol y su posición en esta sociedad de clases, pues un gran problema existente dentro de la conciencia, que adquiere su materialización en la práctica política, es que muchos dirigentes de trabajadores no asumen que sus tareas en cuanto no se comprende que estamos insertos en una sociedad que encuentra en su seno a dos clases antagónicas en pugna. Y dicha pugna, esa guerra a veces encubierta, se materializa en cada puesto de trabajo y tiene a sus actores definidos en todo el mundo.

Hablamos de un sindicato u organización obrera anti-patronal cuando pensamos en una organización cuyo horizonte sea no solo luchar por la defensa de lo que han ganado los trabajadores, sino que también en la proyección de dar luchas ofensivas. Pero para eso, primero debemos tener claro de qué lado de la trinchera estamos, y esta organización, su orientación, va en franca oposición a las políticas de los patrones y de las concesiones en las que ellos siguen manteniendo su ganancia en directa relación con nuestra explotación.

Antiburocrática pues uno de los grandes problemas que hoy nos aquejan como clase trabajadora es la cuestión de la burocracia[3]. Pero es importante, en un primer momento sepamos de qué estamos hablando, pues para muchos la burocracia es sinónimo de lentitud, o de trabajo entorpecido, sin embargo lo que entendemos por ésta no sólo tiene que ver con esas prácticas, sino que con una cuestión más profunda.

Las burocracias en las organizaciones obreras son la expresión de un grupo de personas que representa intereses ajenos a los de las bases obreras, en cuanto desarrollan la política a partir de saciar sus necesidades como “dirigentes”, apartados de nuestros hermanos de clase. En Chile tenemos variados ejemplos de sindicatos que en sus cúpulas mantienen concentrado el control de la organización en función de sus intereses, por lo general, materiales[4].

Asimismo, la burocracia tiende poderosamente a la conciliación, pues dicho grupo de personas se configura dentro de la organización obrera como una casta, incluso, con formas de funcionamiento y de trato a la base propia de la burguesía, que utiliza la fuerza de nuestra clase para pactar y mejorar sus situaciones particulares. En definitiva, la burocracia se consolida cuando se abandona por completo la mejora de las condiciones o bien la lucha por reivindicaciones sentidas de la clase, para dar paso a un sindicalismo piramidal y centrado en el “sujeto dirigente”[5], y no en la base.

Independencia y autonomía de clase. La primera desde el punto de vista del trabajo práctico de la organización obrera, el cual debe estar fundado en la defensa de los intereses propios de nuestra clase, de los explotados y explotadas del país, mas no en un trabajo colaborativo con sectores patronales, en definitiva, burgueses. El actuar de nuestras organizaciones debe apuntar a enfrentar los problemas de raíz[6] y para lo mismo debe hacerlo sin concesiones. Bien conocemos en nuestro país los casos de sindicatos levantados y organizados directamente por la patronal, negociando migajas a cambio de estabilidad laboral y uno que otro “premio” a los dirigentes bien portados.

Es importante despejar el concepto de autonomía, pues para algunas corrientes políticas ampliamente difundidas y fácilmente digeribles para las masas, éste se entiende desde la imposibilidad de que existan “organizaciones políticas” en las organizaciones de base, porque establecen criterios que no son propios de las mismas. Nuestro concepto de autonomía está dirigido a que efectivamente sean las bases obreras las que definan sus pasos a seguir, en ese sentido, la organización no puede ser “propiedad” de ningún ente ajeno  a sí misma, ni a partidos; movimientos; grupo dirigencial; ni mucho menos de la patronal[7]. En tal sentido, debemos apelar a la autonomía en decisión y acción, sin obviar, pasar por alto o intentar anular, la acción consciente de organizaciones políticas o grupos organizados dentro de las organizaciones sindicales, pues no son otra cosa más que la expresión de los niveles de conciencia dentro del movimiento obrero.

Combativo en el sentido que debemos educarnos en los métodos históricos de lucha de nuestra clase. Una organización combativa es fundamentalmente la que está en disposición de lucha, una vez superados los impotentes medios legal-institucionales, y de acuerdo a sus capacidades objetivas y principales demandas. Priorizar, por lo tanto, el uso de la acción directa y la movilización radical al momento de avanzar en los niveles de confrontación con la patronal.

Nuestra formación en métodos de lucha, tiene que ver fundamentalmente con hacer frente a la realidad concreta, a que en esta dictadura capitalista, la burguesía tiene a favor la legislación (en función del asegurar el Derecho a la propiedad, la libre empresa, flexibilidad laboral, etc.), sino que, “legalmente”, también mantiene el monopolio de la violencia, la cual no ha dudado en utilizar cada vez que la clase se levanta con fuerza, el caso más reciente es el de Nelson Quichillao.

La cuestión fundamental, por lo tanto, es que la organización obrera mantenga disposición de lucha a nivel local, pero también de política global que afecta a la clase, y llevando adelántelas acciones pertinentes de acuerdo a la intensidad en la que se esté desarrollando la confrontación.

Actualmente la mayoría de los sindicatos está llevando adelante un trabajo que se asemeja más mucho más al de Recursos Humanos, u oficinas de asistencia social, en vez de preocuparse por las reivindicaciones que hay en las empresas, o bien a nivel nacional (AFP, Reforma Laboral, nacionalización de recursos naturales, entre otras). Un sindicato combativo va en franca oposición a esa forma de concebir la organización, poniendo el énfasis en la preparación y desarrollo de  luchas defensivas u ofensivas de nuestra clase.

Por último, es importante que podamos romper con nuestra praxis, la dependencia que muchas veces se genera entre las bases y los dirigentes, además del provecho que pueden sacar burócratas de la situación de ignorancia respecto a algunos temas existentes ampliamente en nuestra clase. La educación debe ser un elemento complementario (pues no debemos olvidar que la mejor escuela es la que se da al calor de la lucha), pero al mismo tiempo clave en el desarrollo de una apuesta política clasista, en cuanto es deber del sector “más avanzado”, el nivelar a nuestros hermanos de clase “hacia arriba”, de esta forma tenemos mayores probabilidades de encontrar potenciales dirigentes y dirigentas en el seno del movimiento.

III. De vuelta al comienzo ¿Dónde está nuestra centralidad?

Como todos los temas que se han tratado en este breve artículo, la cuestión de la centralidad en el movimiento obrero da para una larga discusión, sin embargo me gustaría plantear un par de elementos para contribuir al debate.

¿Participamos en la CUT y la recuperamos “desde adentro”? ¿Abandonamos ese espacio para crear otra central auténticamente clasista y combativa? ¿Nos dedicamos a posicionar dirigentes de actitud combativa?¿Nos enfocamos en el trabajo de bases y en la constitución de la fuerza propia?, parece que son las preguntas que abundan en las organizaciones que pretenden tener influencia real en el movimiento de trabajadores, pues, digamos las cosas como son: hoy ninguna organización que pretenda hacer la revolución en Chile tiene una influencia amplia en el movimiento de trabajadores, ni tampoco existen posibilidades inmediatas de así hacerlo, por muchas ganas que tengamos, por su puesto, de que así sea.

Si es que partimos por la premisa de que lo que nos interesa, en una perspectiva estratégica, es el desarrollo del poder revolucionario de nuestra clase (siempre con la humildad de nuestra situación organizativa actual), tenemos que inclinarnos por el desarrollo de una organización con las características que planteamos en el apartado anterior. Por lo tanto, la discusión debe pasar por cómo lo vamos a desarrollar de acuerdo a nuestras fuerzas.

Para el desarrollo de una alternativa clasista, a priori, no es contraproducente el despliegue de nuestra política dentro y fuera de la Central Unitaria, pues no pasa por ahí la discusión, sino por lo que aspiramos al tipo de organización obrera que aspiramos construir y, más aún, de qué forma creemos que debemos formarnos y educarnos como clase trabajadora. La cuestión de la burocracia, el alejamiento que hay entre los dirigentes burócratas y las bases que buscan de alguna u otra forma solucionar sus problemas inmediatos, es un antecedente que no podemos dejar de lado al momento de plantearnos nuestra política, en la constitución de una corriente clasista.

La tarea que tenemos hoy en el movimiento obrero es el de la constitución de una corriente clasista, que despliegue una política consecuente en cada lugar donde podamos desarrollarla de acuerdo a nuestras fuerzas. Considero que a partir de dicho objetivo es que debemos comenzar a plantearnos si participar o no en la Central, pero no como lugar exclusivo en el cual despleguemos nuestras fuerzas, sino que utilizando la palestra y la llegada a sectores que, dentro de ella, están por una vía alternativa a la conducción claudicante y conciliadora de la Nueva Mayoría, sin dejar de lado las alternativas organizadas que se levantan desde sectores que se plantean críticos a la conducción de la CUT.

Si situamos la centralidad de nuestra labor en los trabajadores y trabajadoras de base, y nos alejamos de las pretensiones de figuración y la construcción de castillos en el aire con acuerdos entre dirigentes y sin esfuerzos de movilización de bases, al mismo tiempo que dejamos de lado el sectarismo, el ego y lo superficial, para enfocarnos en lo esencial de nuestros objetivos, podremos avanzar en tareas reales y cuestiones concretas de acuerdo a las condiciones que nuestra franja (revolucionaria) hoy presenta. Esto, claro está, sin dejar de lado la audacia que debemos tener al momento de realizar nuestras acciones de cara a nuestros hermanos de clase.

Insisto en que cada uno de los elementos que acá se exponen requieren de un debate profundo entre los sectores de avanzada de nuestra clase y más claro tengo que tampoco se solucionarán en la polémica de correctos o buenos escritos, por el contrario, se definirán al calor de la lucha: en la discusión y movilización nuestros pares; en la empresa; la construcción; la faena y en las asambleas de base, en definitiva, en nuestra praxis.

[1] Es importante señalar que no se puede caer en el análisis vulgar del supuesto enfrentamiento entre bases y direcciones, apelando a que las primeras están en permanente disposición de lucha. Por el contrario debemos pensar en un análisis más integral, considero que, al menos, hay tres factores que explican nuestra situación actual: a) Amplios y masivos niveles de enajenación y alienación existentes en nuestra clase, b) cooptación por parte de conducciones claudicantes y entreguistas, que, entre otras cosas, fortalecen la alienación en las bases, y c) la periférica y aún insuficiente acción organizada y consciente por parte de sectores de nuestra clase que estén en función de una apuesta clasista y combativa en las bases obreras.

[2]Similares análisis se hacían desde organizaciones “radicales” en el seno del movimiento estudiantil antes del 2011 (o incluso durante el mismo), planteaban análisis similares respecto al CONFECH, planteando que era en sí misma una organización claudicante, obviando el movimiento y las posibilidades que existían en la misma para impulsar líneas de lucha e incluso confrontar las políticas del gobierno de turno. Hoy las organizaciones que niegan la participación en la CONFECH (o incluso en federaciones estudiantiles) son absolutamente marginales, la mayoría abandonó dicha concepción.

Lo peligroso de dichas aseveraciones está en el alcance de análisis, pues la izquierda “revolucionaria” muchas veces (o la mayor parte del tiempo) cae en dicotomías que no tienen una cabida en la realidad, donde elementos tácticos pasan a ser cuestiones permanentes, por ejemplo debates que debemos dar en la organización de acuerdo a las críticas que realizamos en torno a la cuestión electoral, constituyente, etc.

[3]Para mayo referencia respecto al problema de la burocracia en las organizaciones obreras, ver: Ernest Mandel, “La Burocracía”, 1969. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/mandel/1969/burocracia.htm

[4]Especialmente en rubros donde hay mucha ganancia de por medio, como la minería y el montaje industrial.

[5] Se podría profundizar mucho más la discusión respecto a los orígenes de la burocracia en las organizaciones de trabajadores, algunas prácticas que tiendan hacia dicha manifestación (como por ejemplo la “profesionalización” del dirigente, aquel que se dedica a labores sindicales de lunes a viernes en horario de oficina, pero no se ocupa de las cuestiones latentes de la base). Considero que las condiciones materiales modifican la situación subjetiva de los sujetos, más el elemento clave en la buena ocupación de determinado cargo y condición laboral, es el desarrollo de una férrea conciencia de clases. Aunque este debate puede quedar para otro artículo, pues mucho se ha reflexionado en la historia al respecto.

[6]Al respecto, otro debate es el de la conceptualización tradicional de luchas “económicas” y “políticas”, entendidas como dos momentos distintos. No obstante, muchos pensamos que lo que debemos conseguir los militantes es el vincular en cada lucha económica, su raíz política, y de esa forma educarnos en la lucha, en el fuego y no “en frío”, esperando que en algún momento de forma espontánea, comencemos sólo a dar luchas “políticas”.

[7]Otra discusión táctica y del quehacer de cada organización versa en la constitución de “organizaciones de masas” compuesta única y exclusivamente por militantes de determinadas organizaciones. Práctica que más bien tiene que ver con el oportunismo y con el querer hacer el camino “más corto”, sin trabajo de bases real, sino que posicionando una alternativa “desde arriba”.

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