El Gatopardo sigue sonriendo

El Gatopardo sigue sonriendo 

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Gerardo Benavides

Revista Nuestra América

Tancredi confiesa a su tío el príncipe Fabrizio de Salina que está a favor de los “revoltosos” que amenazan acabar con el orden existente, sin embargo, ante la preocupación del príncipe, éste expresa su célebre frase “Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”.

Con ésta frase comenzaré un breve análisis de lo que acontece hoy, donde la indignación causada por la abultada pensión de la ex mujer del Diputado Andrade (PS), gatilló en el cuestionamiento de todo un mecanismo creado para financiar al empresariado con las imposiciones de los trabajadores, hace a veces pensar que por fin, gracias a los movimientos y múltiples organizaciones, se avanza a paso firme hacia un despertar de la conciencia de clase gracias a las agudizaciones de las contradicciones, que si bien no cuestionan el sistema mismo, sí cuestionan el modelo y pide cambios profundos a los pilares de éste, que la clase dominante sabe que de sufrirlos, correrían serio riesgo de caer desde dicha base, tal vez no hoy inmediatamente, pero si a futuro.

Si bien se puede ver que comienza a brillar con intensidad el sol del alba por la montaña para todos aquellos que apuntamos a romper con éste sistema capitalista salvaje, no es menos cierto que si no somos algo pesimistas de que no todo es tan fácil como se ve y de que el enemigo no se va a entregar tan fácil, ésta oportunidad para los sectores revolucionarios puede significar un nuevo retroceso y en el peor de los casos, nos puede nuevamente colocar en una posición de punto muerto.

Aunque la llegada de la Nueva Mayoría al Gobierno levantando banderas en torno a las demandas más sentidas por la “sociedad” auspiciaban un avance en ciertas materias claves, el paso del tiempo y los intereses privados que cruzan transversalmente a todos los actores que integran aquel conglomerado y sus herramientas políticas, terminaron por volver a traer la vieja política concertacionista bajo el eslogan del “realismo sin renuncia”, negando en todos los proyectos de ley enviados al parlamento las promesas de campaña hechas, bajo la excusa de un mercado mundial que le impide crecer al país al ritmo que habían previsto, como sucede por ejemplo, en el caso de la prometida consolidación del Derecho a la educación, creando una beca de nombre gratuidad, cuya cobertura se quiere someter al crecimiento del país, y no asignando parte del PIB de éste a esta obligación contraída internacionalmente por Chile hace ya más de dos décadas (PIDESC. art 13.). Está también el caso de la reforma Laboral, que solo ha significado un retroceso para los trabajadores, negando la negociación por rama, aumentando quórums para constituir sindicatos, quitándole titularidad para negociar, permitiendo el reemplazo en Huelga y obligando a los trabajadores movilizados a mantener ciertos servicios de la empresa en funcionamiento, entre otras más. Mencionar también la Reforma Tributaria que debía dar el ancho para financiar todas las demás reformas (incluso la que garantizaría la gratuidad en educación) pero que fue literalmente cocinada para no afectar a los de siempre, los grandes grupos económicos. La farsa del aumento de la delincuencia, fomentada gracias a los medios masivos de comunicación e información, que permitió aprobar en tiempo record la “agenda corta antidelincuencia” que no es otra cosa que la ley Hinzpeter rechazada por la entonces Concertación en el Gobierno de Sebastián Piñera, utilizada para otorgar más facultades a una policía sin control, que reprimía y reprime sin medirse, a quienes se manifiestan en las calles por justas causas y ahora podrán con aún más libertad, controlar a ciertos grupos (los pobres) y a aquellos identificados por los medios como “terroristas”, “extremistas” y otros “istas” por el solo hecho de expresar abiertamente su rechazo al sistema y su institucionalidad. Como no mencionar también al famoso Proceso (tongo) Constituyente, intento desesperado de liberar un poco la presión de ésta olla, invitando a todos los actores a discutir sobre ideas para una nueva Constitución a través de un “proceso” NO vinculante (excepto para el gran empresariado a los cuales la propia Presidenta les aseguró no tocar temas esenciales como la Propiedad), que patea el mecanismo final para determinar dicha carta para años más adelante y que será escogido exclusivamente por un Parlamento que en ningún caso representa a la mayoría ni ha querido representarla, como ha quedado bien en claro luego del destape del caso PENTA, SQM y otros, todos de financiamiento a las campañas de políticos sin distinguir partido, los cuales a cambio, han pagado promulgando desde hace años las leyes al pie de la letra, según sus benefactores señalan(ban) en sus mails. (Siendo uno de los casos más mediáticos lo ocurrido con la Ley Longueira, que hasta hoy se ha señalado involucraría a más parlamentarios que los hasta hoy acusados pero que queda claro hoy con la salida del Fiscal Arias a través de la ley mordaza aprobada dentro del paquete de la agenda corta antidelincuencia, que existiría un acuerdo para mantener la reserva de nombres si es que no lograr la impunidad). Problema de la corrupción que se intentó dejar atrás mediante la vieja táctica de los acuerdos transversales, apellidados siempre ridículamente como “nacionales” como si hubiéramos consentido en que colocaran toda su basura bajo la alfombra como ya han hecho en el pasado a propósito del estallido del caso MOP-Gate.

Así vemos como la elite ha hecho uso de cuanto los manuales de táctica indican que debía hacer, para frenar la efervescencia que inunda cada vez más las calles exigiendo cambios estructurales, sin embargo, no es la intención de éstos párrafos señalar que no existen ya alternativas para el Poder, si no, dar cuenta de lo que se viene tejiendo hace ya un tiempo para conseguir de una vez por todas superar éste momento en el cual la lucha de clases, parece hacerse más abierta.

El Gatopardismo al encarnar la idea de cambio de todo pero sin que nada cambie parece ya una táctica agotada, dado que las “reformas” prometidas no lograron contentar a las masas a pesar de los nombres rimbombantes y explicaciones de ellas que prometían dar solución a los problemas más sentidos de la población, pero no es esto del todo cierto, pues debe tenerse en claro que “el cambiar todo para que nada cambie” también involucra el cambio de los actores a la cabeza de nuevas herramientas políticas, y soy enfático en esto, se viene gestando desde hace tiempo, no solo con la salida de ciertos grupos desde los partidos que conforman hoy el denominado “duopolio” que formaron nuevos partidos, pero de iguales ideales, con un discurso un poco más acogedor a las demandas sociales, sino también desde los mismos grupos que son parte de los movimientos sociales, en especial el estudiantil, desde los cuales las nuevas generaciones de dirigentes, con discursos cargados de crítica hacia la elite, promesas de cambio y empatía hacia los grupos más golpeados por la barbarie capitalista, han ido capitalizando toda ésta fuerza, pero sin embargo en la práctica, solo han puesto el apoyo de amplios sectores de la población y la legitimidad que ello representa al servicio de los mismos que hoy viven una crisis institucional de la cual pareciera no existe vuelta atrás. Siendo prueba palpable de ello lo que sucede con la reforma educacional. Desastre del cual se ha señalado como culpable no solo al Gobierno, el cual fiel a la política de los acuerdos terminó presentando un proyecto que perfecciona el mercado de la educación; sino que también a Revolución Democrática, los cuales fueron parte del Ministerio de Educación, y a la actualmente dividida Izquierda Autónoma, los que a pesar del rechazo a seguir el camino de la “incidencia” (o como han denominado ellos, “disputa de la reforma”) por parte de la CONFECH y otros órganos de representación estudiantil, han utilizado no solo éstos mismos órganos, sino también a representantes electos por el estudiantado que son parte de su militancia, para llamar a un “dialogo” sin que el Gobierno se haya comprometido a retirar la reforma e incluso al lobby en el mismo Congreso.

Pero no solo lo anterior es muestra del rol que hoy juega este “recambio político”, si no también lo que sucede en vísperas de las elecciones municipales, hecho que ha sido aprovechado para llamar a la formación de un nuevo conglomerado de “izquierda electoral”, el Frente Amplio de de Izquierda inspirado en el que existe en Uruguay (y que permitió a Mujica llevar adelante una política neoliberal escondida bajo la mascara de su filosofía de vida austera) cuyo objetivo es ir a disputar en elecciones cargos de representación, armando una nueva bolsa en la cual cabe cualquiera, desde los descolgados de la Nueva Mayoría (IC y MAS), hasta progresistas involucrados en casos de corrupción política, haciéndose visible la táctica de rearticulación de aquellos que no quieren ver perdidos sus privilegios, a través del encauzamiento de los deseos de cambio, nuevamente dentro de ésta “democracia representativa” en la cual tenemos la capacidad de votar por quienes ellos nos imponen como candidato, pero que una vez escogidos no se les puede exigir nada pasando de ser representantes a verdaderos monarcas sin obligación de responderle a nadie por lo que hacen, institucionalidad que ya 26 años ha servido de justificación para los actos de abuso por parte de la clase política-empresarial que pareciera sigue la idea de Axel Kaiser de que hacer caso a la calle, a la gente, es irresponsable y que lo que deben hacer (la elite) no es dejar que la calle defina la agenda ni a donde vamos a seguir pues son ellos los que gobiernan, dejando en claro de que la palabra democracia es una bonita máscara para un dictadura de la minoría más rica de éste país, de voto universal pero de participación en la toma de decisiones reservada solo a aquellos que pertenecen a la clase más acomodada y privilegiada.

A pesar de todo, no nos podemos contentar con identificar la táctica que lleva adelante la elite, es necesario también, llevar a cabo aquellas acciones que permitan evitar que todo caiga en nada, y relevante ha sido el incipiente llamado de ciertos actores como Carola Canelo o los mismos participantes del movimiento “No más AFP”, habiendo dicho que las calles se quedaron chicas, han también propuesto medios de acción directa para presionar al Poder, con tal de que ceda a las demandas de la mayoría, amparados en la desobediencia civil que en su momento levantaron los pescadores y que hoy recogen a través de medidas concretas como lo es el no pagar la deuda del CAE (crédito con aval del Estado) o el cambiarse de forma masiva al Fondo E de las AFP para hacer quebrar al sistema en sí, dando así pie a pensar en un camino que evite al Poder encauzar todo con políticas gatopardistas hacia las urnas y de paso obligue a quienes hoy representan la renovación de los explotadores, a tomar posiciones más allá del discurso para la galería, como ya es tónica, colocándolos contra la pared siendo ellos encauzados en la dirección que la gente en las calles quiere.

Chile, Septiembre del 2016

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