Análisis de Coyuntura: dinámicas y tareas en la lucha de clases

Análisis de Coyuntura: 

dinámicas y tareas en la lucha de clases

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Por Alfredo Peredo

Equipo Editorial, Revista Nuestra América

Militante Izquierda Guevarista de Chile

La crisis consiste precisamente en que muere lo viejo sin que pueda nacer lo nuevo, y en ese interregno ocurren los más diversos fenómenos morbosos.1

Antonio Gramsci

Elaboraremos algunas cuestiones que nos parecen centrales para los desafíos del actual periodo político. Y en primer lugar, a propósito del contexto, nos parece pertinente señalar que la actual época histórica que enfrentan los trabajadores del mundo, está caracterizada principalmente por los siguientes dos elementos: un momento absolutamente desfavorable en el desarrollo de la conciencia de clase y producto de las constantes crisis cíclicas del capital el mundo entero vive una ofensiva capitalista, iniciativa de los ricos y poderosos a nivel mundial para seguir reproduciendo sus tasas de ganancia a costa no solo de un carácter agresivo por sobre el trabajo, sino sobre el medioambiente, sobre incluso Estados con tendencias –dentro del mismo modo de producción capitalista- hacia la distribución social (Siria, Libia, Ecuador, entre otros ejemplos) y por supuesto agresividad hacia los pueblos que están en disposición de lucha.

     Como señalamos el desarrollo de la conciencia de clase se vio truncado por la derrota de los “socialismos reales”. Estos últimos si bien no eran una expresión consecuente de las tareas históricas del proletariado, manifestaban, aunque agónicamente, el desarrollo político que llevo en la época de los 80 a que casi un tercio del planeta se identificara en un país de carácter socialista. Esto por supuesto nos habla de un desarrollo histórico, de condiciones sustancialmente diferentes a las condiciones que se abren tras el debacle del proyecto revolucionario a nivel mundial.

     El capital tras la irrupción de los movimientos revolucionarios más profundos, no tan solo teóricamente sino también materialmente, como lo fue la revolución cubana, la nicaragüense, la lucha de liberación nacional y social vietnamita entre otros procesos heroicos de nuestros pueblos, asumió una tarea de restauración de la dominación y el patrón de acumulación capitalista. Este tuvo diversas expresiones políticas, desde las masacres por medio de Golpes de Estados en Nuestra América o utilizando su propia institucionalidad para por medio de elecciones ubicar a gobiernos que permitieran desarrollar la tarea fundamental de esta restauración capitalista: suprimir todo avance institucional, hacia el Estado burgués por parte del proletariado2 por medio de ajustes liberalizadores, que amplifiquen las relaciones de producción capitalista a nivel mundial, yendo de la mano con un aumento significativo del consumo (expresión del fetiche, de la chatarra mercantil capitalista) y construyendo capas de distribución del capital cada vez más globales por parte de las mafias trasnacionales capitalistas, es decir lo que se conoce vulgarmente como la época del “neoliberalismo”. Dos ejemplos emblemáticos son el propio Pinochet o Margaret Thatcher.

     Salvo contadas excepcionalidades estas tendencias en el desarrollo de la conciencia se encuentran latentes prácticamente de forma absoluta a nivel mundial. Por supuesto el movimiento obrero y popular en nuestro país atraviesa por una fase similar, es decir el periodo histórico al cual nos presentamos hacia finales del siglo pasado e inicios del presente se caracterizan por este carácter ofensivo capitalista, hiperliberalizador, con la Concertación como el principal agente en llevar adelante tareas históricas para una restauración del modo de producción capitalista, la estabilidad de su proyecto orgánico y sus agentes de poder. Esto acompañado por supuesto de niveles básicos, embrionarios, incipientes y escasos del desarrollo de la fuerza material y espiritual (fe, como la entendía Mariátegui) del proletariado. Por estas tierras un caso excepcional vendría a ser las dinámicas de resistencia del movimiento de liberación nacional mapuche.

     Esta sociedad capitalista, donde la caracterización principal es el desarrollo desigual, la constante contradicción entre el progreso/acumulación de capital y la barbarie/alienación acompañado del empobrecimiento de las masas trabajadoras,  no es eterna, ni la única forma de existencia viable –de hecho los propios pasos del capitalismo nos conducen a su propia inviabilidad. Y es que de entrada en el nuevo siglo hemos podido seguir como las crisis capitalistas han puesto en alerta y actuar –escenario previsto por el Imperialismo, el mejor ejemplo es la lucha por el petróleo tras las fuertes crisis que ha vivido el crudo en los últimos cincuenta años o a nivel teórico por Keynes- a los poderosos. Es por esto que señalamos en un principio que para las actuales tareas del capitalismo no le es funcional un gobierno aunque tenga la mas mínima expresión hacia una mixtura estatal, como Ecuador, Bolivia, Libia de Gadafi o Argentina de los Kirchner, en los cuales si bien el reino del capital estaba con fuerza, existían formas de repartición social que hoy en la actual crisis capitalista no se pueden permitir los poderosos.

     Por supuesto cabe señalar que tal funcionalidad se da en el marco de los países dependientes, de las modernas colonias de la acumulación capitalista. En el marco desigual del desarrollo capitalista, nos podemos encontrar con países que en la actual crisis si mantienen sanamente sus enfoques sociales, como por ejemplo los países Nórdicos, entendemos sí que la acumulación originaria de estos países se basa no solo en la explotación de trabajadores en otros rincones del mundo, sino también en el reino del valor de cambio por sobre el valor de uso (es decir si por ejemplo yo país dependiente exporto principalmente alimentos –lo cual es necesario para la propia subsistencia de los seres humanos- y yo país capitalista avanzado exporto joyas, diamantes, mercancías  sin valor de uso alguno más allá de los lujos de los poderosos, ese último país que exporta la chatarra adquirirá mayores niveles de ganancia pues la valorización no tiene lógica alguna que no sea la de la ganancia del burgués.

     Pero toda esta época de crisis capitalistas, guerras sangrientas en medio oriente, muchas veces mistificadas bajo la falsa conciencia de la religión, también está íntimamente conectada con un elemento sustancial para la clase trabajadora (no podía ser menos en base a la época desfavorable que se expuso recién): decimos que los grados de politización, de organización y lucha -desde finales de los ochenta- estaban por los suelos, teniendo su contraparte en la alienación, donde el mundo de las cosas claramente reina por sobre el mundo de las necesidades.

     Las cifras se han profundizando en los últimos cuarenta años, no tan solo por la proletarización, los aumentos de la tasa de plusvalía, la precarización y tercerización para fomentar la flexibilidad de la explotación y conseguir ritmos vertiginosos del desarrollo capitalista –acompañado por supuesto del desarrollo tecnológico de las fuerzas productivas que quizás desde la invención del motor por Faraday no han cesado en ningún momento, adquiriendo un impulso importante con los trabajos de Microsoft, Apple entre otros-. Por lo tanto otro elemento sustancial para el cómo entramos al presente periodo político y por supuesto cuestionarnos como salimos/avanzamos del mismo son los grados de despolitización, inorganicidad, carencia de alternativas de disputa de poder por parte del proletariado (derrota que tuvo su expresión académica, teórica, en el triunfo del posmodernismo).

     Pero ¿Qué expresión concreta existe en Chile a propósito de estas caracterizaciones del actual periodo político? Consideramos que se pueden distinguir principalmente los siguientes dos elementos, los cuales están entrelazados directamente el uno al otro: por una parte una ola de privatización, aumento del poder adquisitivo de la clase trabajadora asalariada y por supuesto un rasgo esencial de las crisis capitalistas es el aumento de la tendencia hacia el monopolio, la concentración en menos manos de mayor porción de la riqueza mientras cada vez mas compartimos la pobreza  (la cual es evidente no tan solo en Chile sino que a nivel mundial) y por otra parte esta la precarización del conjunto de necesidades sociales del pueblo, es decir si bien hay mayor fluidez hacia el consumo (con la relación sustancial de  deuda/capital bancario) hoy un televisor, un computador, un auto son más accesibles, las necesidades sociales como la salud, la educación, la cultura, las pensiones, incluso el agua, se encuentran en absoluta decadencia. Y por supuesto todo esto acompañado de un aumento de la explotación y también del embrutecimiento de nuestras conciencias. 

     Como señalamos, tales características del actual periodo de lucha de clases han comenzado a mostrar fisuras, desbarates, ya no solo por los aspectos mundiales de la crisis capitalista también por el cómo los agentes en el poder de la burguesía han lidiado con tal crisis. Y no podía ser de otra forma, las condiciones materiales de los pueblos al verse profundamente precarizadas, empobrecidas ha sido una sustancia fundamental para el devenir de la organización clasista de los trabajadores.  Y al no contar con grados de organización regulares, hoy se presentan dinámicas particulares que debemos saber leer muy bien, en el caso de nuestro país para poder prever los diversos escenarios que se van a desarrollar en el enfrentamiento de clases. Toda esta ebullición son una serie de problemáticas para quienes hoy dirigen el Estado.

     Por ejemplo en nuestro país, en el marco de tal ola de privatización el sector que se ha mostrado más estoico a los embates del capital es el estudiantil. Esto último no se desentiende de las heroicas resistencias de trabajadores desde finales de los noventa y por supuesto durante estos últimos quince años y también de pueblos absolutamente precarizados en nuestro largo y angosto país.

     Y así con estas características hemos entrado a una nueva fase en la lucha de clases, dejando atrás una época absolutamente oscura para los intereses e iniciativas de los sectores organizados del proletariado y abriéndose así luchas y posibilidades importantes para profundizar una situación de crisis hegemónica. 

     Queremos señalar sí que las actuales posibilidades que presenta el periodo están lejos de ser posibilidades de un triunfo revolucionario. Ni siquiera aún en medio de la bancarrota de la política tradicional burguesa, se ha agotado o muerto el papel dirigente y dominante por parte del bloque dominante (políticos y empresarios poderosos del país).

     A propósito de cómo se ha venido enfrentado la actual crisis capitalista nos plantea un escenario bastante interesante pero que esconde su tragedia en el interior (la cual tiene relación con el último párrafo).

     ¿Cómo ha enfrentado la crisis capitalista el bloque en el poder? Al menos podemos señalar que desastrosamente. Los poderosos han estado lejos de dirigir hacia la estabilidad capitalista la actual crisis. Todo lo contrario cuando menos debían han manifestado abiertamente el carácter reaccionario de sus intereses.

     Corrupción, mafia, conservadurismo, monopolio, fraudes electorales han ido encaminando un inestable proceso de descredito de la política burguesa. Y así y todo hay sectores que ven aquí oportunidad para entrar literalmente a un pantano podrido en el cual las posibilidades de hundirse son absolutas, ejemplos como la inclusión del Partido Comunista o Revolución Democrática a las funciones del gobierno burgués de la Nueva Mayoría (hay que decir que tal maniobra de inclusión a resultado relativamente exitosa para la ingeniería política de la burguesía3).

     Por ende evidentemente existe una crisis de la actualidad y tradición política del bloque en el poder, crisis de los partidos tradicionales de masas los cuales cimentan una despolitización que en ciertos momentos, como el presente, pueden jugar malas pasadas. Esto plantea por supuesto nuevos desafíos tanto para la organización política de los trabajadores, pero también en la contraparte para los diversos actores que pretendan revitalizar a la institucionalidad burguesa. Este último desafío no ha tenido grandes resultados, la corruptela política de la burguesía no han salido más allá de tibias alternativas como Evopoli por el lado de la derecha o el PRO, MAS por parte de la izquierda. Además, quienes han impulsado líneas gradualistas y moderadas desde el propio movimiento de masas, como Izquierda Autónoma, el propio Movimiento Autonomista, hoy Izquierda Libertaria y Ukamau, no son otra expresión más que las clásicas posiciones reformistas de ocupar la empinada colina del parlamento burgués4 como señalara el Che, para generar supuestamente transformaciones sociales. Estas últimas posiciones y las debilidades de la izquierda revolucionaria que veremos más adelante, abren mayores posibilidades para que se continúe la tendencia histórica de confusión entre pequeños objetivos y logros tácticos con los objetivos y luchas estratégicas.

     Ahora bien la misma pregunta pero desde otra trinchera ¿Cómo ha enfrentado la actual crisis los trabajadores y el pueblo? Si bien consideramos que los niveles de conciencia, de organización, son muy bajos, debemos decir que el pueblo trabajador, consecuente con su posición histórica ha estado lejos de mostrar pasividad a la hora de enfrentar la ofensiva capitalista. Como señalamos el ejemplo del movimiento por la educación (incluyendo a estudiantes, apoderados, trabajadores de la educación y docentes), trabajadores subcontratistas, pescadores, portuarios, forestales entre otros, los ejemplos de Chiloé, Quellón o Aysén nos muestran que el pueblo no tan solo emplea los métodos históricas de lucha en la calle (huelga, barricada, paro, asamblea popular etc) sino que está en disposición de combate y en disposición de organizarse. Estas luchas de resistencia, reivindicativas, a la defensa de los derechos y necesidades básicas más mínimas que fueron y nos son arrebatados por el depredador capital, tienen sus límites y problemáticas que comentaremos en las conclusiones finales. Es así que hoy podemos definir  que vivimos un lento pero importante proceso de rearticulación, de rearme del movimiento de masas.

     Por último debemos preguntarnos ¿y las organizaciones de avanzada del proletariado como han enfrentado la crisis capitalista? Aquí encontramos una de las problemáticas fundamentales de las insuficiencias para poder avanzar y salir de este actual periodo hacia uno más favorable para los intereses del proletariado. Y es que en un contexto incluso de crecimiento cuantitativo de varias organizaciones revolucionarias, donde, a diferencia de los noventa, hay mayor animosidad de lucha, mayores niveles de organización popular, así y todo la izquierda revolucionaria está lejos de ser una herramienta, una alternativa real para el pueblo. Es una tendencia en los sectores más radicalizados, lejos estamos de ser una expresión eficiente, con coherencia en la inserción de masas para acelerar y orientar los procesos de lucha que ha venido impulsando el pueblo trabajado. Las principales tareas de la izquierda revolucionaria no han sido desarrollados de forma lucida y eficaz: nos referimos a una definición programática, el diseño de una estrategia revolucionaria, orientaciones respecto al camino a seguir en la principal organización y formas de lucha que debiera ir desarrollando el pueblo en combate y por supuesto la coordinación internacionalista de las luchas locales (cada uno de estos elementos aún cuentan con un desarrollo insuficiente). Pero principalmente la concretización del proyecto revolucionario, producto de la misma época histórica, es absolutamente ineficaz e inestable, nos referimos a que la táctica revolucionaria está lejos de ser desarrollada ordenadamente, con orientaciones claras y con alianzas robustecidas. En este último sentido las organizaciones reformistas llevan varios pasos adelante a las fuerzas revolucionarias. Por ende para un núcleo marginal, la izquierda revolucionaria, se nos presenta en la actual época y el concreto periodo de lucha de clases la necesidad histórica de la revolución, pero aún está lejos de ser necesaria históricamente la organización de los revolucionarios5, este es uno de los elementos sustanciales del porque aún no asoma lo nuevo, la superación de la actual crisis.

      Antes de señalar nuestra conclusión final y algunas líneas políticas para la coyuntura, queremos plantear que pese a todas las dificultades, como nos enseña la lucha vietnamita debemos entender a las tareas históricas del proletariado, la conciencia de clase, como un desarrollo mundial, un proceso histórico que no acaba sino que hasta la destrucción total del Capitalismo, sus clases, su Estado y toda su propiedad. En este sentido, ad portas de cumplirse 100 años de la revolución Rusa de 1917 podemos decir que aún queda mucho camino por recorrer, si la burguesía tardo más de trescientos años en conquistar el poder y encaminar así su triunfo definitivo (falso por cierto ya que no contemplo y le es imposible, la totalidad concreta de la realidad a transformar) la lucha por el derrocamiento del régimen burgués, la prehistoria barbárica que vivimos, demorara también muchos años más en desatar la última fase de esta lucha final.

    Ahora ¿Cuál es la tragedia que esconde el actual periodo? Lo tragicómico dice relación con que la actual crisis de hegemonía, en la cual no existe capacidad de representar de forma clara los intereses de la sociedad por parte de ningún agente político, acompañado de un lento despertar del movimiento de masas, se ha ido profundizado, no por la actividad de los revolucionarios, sino que por la incapacidad del bloque en el poder y también por las luchas espontaneas que heroicamente ha ido desarrollando nuestro pueblo. Pero el papel de la vanguardia, la articulación revolucionaria, la claridad de las luchas defensivas y las luchas ofensivas están lejos de ser un factor importante en el escenario político.

     Y en este sentido se corren muchos riesgos. Por una parte que el repliegue posterior a este momento histórico sea más profundo, que se logre recomponer el bloque en el poder principalmente por medio del oxigeno de las organizaciones reformistas que se encaminan a posicionarse en el aparato burgués o –algo poco probable- que se coopte al movimiento de masas (decimos pocas probabilidades producto del actual drama que vive la Nueva Mayoría a propósito de sus falsas reformas y también por la propia capacidad de resistencia de los trabajadores y el pueblo).

     No obstante creemos que el proceso de acumulación de fuerzas va ir robusteciéndose. Y aquí, en tal proceso de desarrollo de la conciencia de clase, de la articulación de la fuerza social revolucionaria, del desarrollo de instrumentos políticos del movimiento de masas y la lucha radical de masas jugara un rol fundamental la política revolucionaria.

Por ende, para cerrar ¿Cuáles son las principales apuestas del guevarismo para el actual periodo? 

Articulación: consideramos que las luchas aisladas, parciales son siempre un importante instrumento pero estas son agotadas mas rápidamente en la medida que no logran la articulación con demás sectores o demás luchas dentro de las mismas. En este sentido creemos que cualquier franja del movimiento de masas, estudiantil, mapuche, No + AFP, trabajadores, vivienda, salud etc. Deben plantearse la tarea de desarrollar plataformas de lucha local y también nacional.

Poder revolucionario: No consideramos que la tarea de disputar el poder sea un mero eslogan hacia el momento de las batallas decisivas y en periodos de equilibrio estratégico de las fuerzas o etapas de maniobras ofensivas en la lucha política, en este sentido las posibilidades del periodo dejan cimentada la necesidad de ir desarrollando desde ya la construcción de frentes políticos para el movimiento de masas, articulaciones amplias de carácter anticapitalista que permitan ser los espacios que impulsen una Plataforma de lucha de carácter nacional. A este Frente político anticapitalista y antimperialista lo definimos como un Congreso de los trabajadores y el pueblo.

Lucha radical de masas: Señalamos esto ya que el pueblo a desarrollado formas de enfrentamientos, a veces bastante agudas. Es fundamental por ende que los revolucionarios sepamos impulsar tales luchas confrontacionales, confiando en la fuerza movilizadora y en la independencia de clase del pueblo trabajador. Creemos que por las características del periodo, lo putrefacto del régimen político y lo incipiente del desarrollo de la conciencia, que las formas de lucha principales (sin desentenderse de ninguna) deben estar encaminadas en la acumulación de fuerzas propias del pueblo, forjando así luchas que tiendan hacia la confrontación, hacia la ofensiva más que hacia el dialogo y la negociación.

     La tarea y el objetivo político fundamental es aprovechar la desconfianza hacia el régimen burgués convirtiéndola en confianza, animo como decía Lenin, hacia la actividad de las organizaciones revolucionarias. Y por supuesto complicar, no dar tranquilidad a las intentonas gatopardas del bloque en el poder de estabilizar la actual crisis, como dice una consigna ni un minuto de paz para los ricos.

Inserción y formación de cuadros: Por ultimo consideramos que las organizaciones revolucionarias deben profundizar la inserción en el movimiento de masas, nuestra existencia es aún nula. Esta inserción además debe ser consecuente, lejos de las actuales prácticas burocráticas y voluntaristas que tienden a posicionarse de forma ansiosa en movimientos con bajos niveles de construcción, buscando potenciar mezquinamente dirigentes y direcciones revolucionarias, cuando las actuales tareas más que dirigir a una clase trabajadora es organizar a la clase trabajadora. Por lo tanto es fundamental que la organización revolucionaria no solo exprese las aspiraciones inmediatas e históricas de los trabajadores, sino que nuestros elementos orgánicos pertenezcan directamente al mismo, lo cual tiene el factor decisivo en como el revolucionario se mueve, planifica y evalúa en las tareas revolucionarias en su frente de lucha (lugar donde vive, donde estudia, donde trabaja, incluso donde reza, donde juega deporte, donde se desarrolla el arte y la cultura popular etc.).

     Y además creemos que cada destacamento revolucionario, además del que representa nuestra joven Izquierda Guevarista que atraviesa su primer Congreso fundacional, debe ser una escuela de cuadros, preparando así a los mejores hijos del pueblo para las luchas del presente y las futuras, este aspecto la formación de los dirigentes, es como señala Gramsci la primera sección de la ciencia y del arte político.6 Agrega el marxista italiano que “ya que en la lucha siempre se debe prever la derrota, la preparación de los propios sucesores es un elemento tan importante como los esfuerzos que se hacen por vencer”  7

Reivindicativo y Ofensivo: En nuestra consideración son fundamentales las luchas defensivas, económicas si se quiere definir clásicamente. No desentendemos como señala Lukács lo inmediato de lo futuro –pues esta relación corresponde a la concepción de la totalidad concreta, concepción marxista integral-, a las luchas imperantes del presente de las luchas “finales” del mañana. Pero si consideramos que el arte, la muñeca de la política revolucionaria, debe ser fundamental a la hora de plantear estas luchas, pues en su defecto termina siendo esterilidad reformista por parte de la izquierda.

     Las Plataformas de lucha creemos pueden responder al desarrollo de una política que logre ser un péndulo que oscile constantemente, que conecte a la actividad defensiva con un desarrollo de carácter ofensivo. Es decir si señalamos que uno de los instintos de la clase trabajadora es el rechazo al monopolio pues que las luchas de los trabajadores tiendan hacia la colectivización y soberanía por los recursos que explotan los mafiosos extranjeros y parasitaria burguesía del país. O si hoy la educación es privada y antidemocrática, debemos luchar a muerte por la gratuidad universal y el poder al interior de las instituciones donde queremos se funda el proyecto emancipador del pueblo trabajador (si estos elementos –y otros- no son absorbidos por la burguesía no se puede negociar nada, este elemento que han entendido cientos de estudiantes y trabajadores conscientes en las ultimas coyunturas estudiantiles y de NO + AFP).

     Por último como hemos señalado la ofensiva capitalista está mostrando claros signos de agotamiento. La política capitalista está lejos de poder subvertir tal realidad, en la práctica ha hecho todo lo contrario (incluso cuando ya no se puede pensar en algo peor salen con distorsiones propios de una lumpen burguesía). Existe por lo tanto una oportunidad histórica de poder mostrar por las luchas inmediatas el falsa rostro de los escuderos de este sistema injusto; no es casualidad la salida publica de un Luksic, de los sostenedores de los Colegios, de los dueños de la AFP; los trabajadores deben saber que tras nuestras demandas existe una dictadura de la minoría que vive a costa del trabajo, del esfuerzo, del consumo y el endeudamiento ajeno. El malestar de la clase trabajadora debe seguir acumulando fuerza revolucionaria en la lucha masiva y radical y en las fisuras de la clase dominante debemos encontrar la certeza en la construcción de nuestro poder revolucionario.

      Esta política clasista y revolucionaria, profundamente internacionalista, feminista, humanista (hoy más necesario que nunca, la propia vida de los seres vivos se encuentra en riesgo) será el cimiento para el desarrollo de la conciencia de clase y de esta forma construir al proyecto organizativo de los pobres, en un agente gravitante de la lucha de clases, entrando así a un proceso de enfrentamiento cualitativamente superior y donde el aprendizaje de los actuales procesos, la moral comunista que debemos impulsar en cada lucha cotidiana, será el manantial de la construcción revolucionaria por venir.

     Pero si la política revolucionaria, la independencia de clase no están insertas en el seno de la clase trabajadora, nuestra actividad-por muy clara y consecuente que resulte ser- no dejara de caer en simulacros políticos una y otra vez, más cuando creemos suplir este déficit en las elecciones burguesas como se presentan en el actual momento concreto de lucha de clases8. Por ende más allá de las intenciones, creemos que la tarea fundamental, no reside en buscar dirigir y dotar de horizonte revolucionario, marxista a las luchas. La tarea consiste en algo más básico, en organizarnos como clase trabajadora, como sectores desposeídos, pues de la mano de esta organización ira desarrollándose la necesidad de la lucha revolucionaria y su organización política.

Las formas de organización del proletariado –el Partido, en primera línea- son formas de medición concretas en las cuales y a través de las cuales se desarrolla y es desarrollada la conciencia de clase que corresponde con el ser social del proletariado.9

Gyorgy Lukács

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Notas

1 Antonio Gramsci, Antología, Siglo XXI, pág. 313.

2 En nuestra opinión por el marcado carácter institucional que se le dio a las luchas proletarias (producto de las orientaciones y direcciones políticas de los partidos reformistas hegemónicos en el movimiento comunista internacional), es decir demandas hacia el Estado, exigencias de mayor amplitud, participación en el sistema político, fueron modificados naturalmente el carácter del Estado burgués, para por supuesto mostrar supuestos cambios para conseguir no cambiar nada en lo esencial. Es en este sentido que durante el siglo XX existió un Estado desarrollista, con mayor protagonismo, existencia de políticas sociales que incluso beneficiaron parcialmente al proletariado (pues no podemos desconocer que hacia estos intereses institucionales se desataron heroicas batallas del proletariado), Estado por supuesto era una forma de contención de un movimiento obrero y popular que pese a los objetivos mezquinos trazados por los reformistas, de luchar meramente hacia disputas en las colinas parlamentos de la burguesía, se fue desarrollándose robustamente en su conciencia de clase y formas de lucha la clase trabajadora.

3 Como señala Rafael Agacino en su prefacio al libro de Frank Gaudichaud “Las fisuras del neoliberalismo chileno”

4 “Son pequeñas colinas dominadas por el fuego de la artillería enemiga. La colina parlamento, la colina legalidad, la colina huelga económica legal…” En Táctica y Estrategia para la Revolución Latinoamericana. Ernesto Che Guevara, Obras Escogidas, Tomo II, pág. 505. Casa de las Américas, Cuba.

5Antonio Gramsci, Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno, pág. 32, Nueva Visión.

6Antonio Gramsci, Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno, pág. 25, Nueva Visión.

7Antonio Gramsci., Notas…, pág. 34.

8 Por supuesto esta frase singular no alcanzaría a abordar el tema de la lucha electoral, los métodos legales y pacíficos como corresponde sea  tratado. Se comprende que con un análisis de periodo las piezas (formas de lucha) del tablero de ajedrez son diversas y muy dinámicas –bajo la transversalidad del rechazo a la política-, es por esto que los elementos expuestos buscan aportar a la discusión sobre táctica revolucionaria, pero no profundizar singularmente en una u otra expresión para la coyuntura inmediata. Dicho esto nos parece que el tema de las elecciones es siempre un aspecto bienvenido para los balances y proyecciones de la acción revolucionaria, es por esto que nos comprometemos a aportar con algunas ideas al respecto en un artículo específico sobre la lucha electoral y la táctica.

9Gyorgy Lukács, Derrotismo y Dialéctica. Pág. 48, Herramienta ediciones.

 

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