La memoria también es un campo de batalla

“Nuestras clases dominante han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como la propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas. Esta vez es posible romper el círculo”

Rodolfo Walsh

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Jorge Silva

Militante de Izquierda Guevarista de Chile

Caminando por las calles de una ciudad gris, marchita y deshumanizada que constantemente entra en contradicción con su propia esencia, llegué, sin quererlo, a la intersección de Irán con los Plátanos en la comuna de Macul. Ahí, por esa casa esquina, pasaron innumerables y valiosos hijos del pueblo y la clase obrera, e incluso algunos niños. Muchos de ellos engrosan la lista de detenidos desaparecidos, y como si fuera poco la brutalidad de los agentes represivos de la dictadura, casi la totalidad de los desaparecidos aparecen en la lista de los 119 u  Operación Colombo.

Pero más allá de una operación de carácter militar llevado a cabo por la tiranía, porque quellos que decían trabajar por informar y salvaguardar el carácter de “perro guardián” de la democracia se prestaron para elaborar títulos tan despectivos y deshumanizados como por ejemplo “Exterminados como ratones” o “Exterminan como ratas a miristas”. La respuesta, a mí parecer es una sola y concisa, la lucha de clases – y como decía aquel combatiente que supo escribir su nombre en las estrellas cuando una ráfaga de balas acababa con su vida – es una guerra encubierta y la burguesía chilena, fiel a su estilo rastrero, ocupó y ocupará los métodos más sangrientos y violentos para salvaguardar, como sea, sus intereses de clase. Por eso, no fue de extrañar que cientos de civiles prestaran ayuda al nuevo régimen que acabó con el período más rico y elevado de la lucha revolucionaria en nuestro país.

Esa casa esquina sigue ahí, como si nada hubiese pasado, como si nuestros muertos no existieran, como si su lucha hubiese acabado con ellos al igual que la historia rebelde y popular de la clase trabajadora. ¿Pudo realmente la dictadura y los gobiernos de la Concertación, hoy Nueva Mayoría con el “Partido Comunista” como vagón de cola, borrar cada recuerdo, cada nombre, cada lucha confrontacional y sin cuartel contra la burguesía rastrera? ¿Debemos empezar sin aprender las lecciones y equivocarnos nuevamente? ¿Es acaso eso lo que hubiesen querido los miles de revolucionarios caídos a lo largo de esta angosta franja de tierra? ¿Y las experiencias de otros lugares de nuestra América? ¿Dónde están? ¿Por qué es tan difícil retomar la historia y sacar los aprendizajes para revertir lo establecido?

La amnesia es colectiva, te hunde y te lleva con ella, te duerme en un sueño profundo, la ausencia se forma parte de lo cotidiano, la rutina te consume; el tiempo lo manejan ellos o eso quieren establecer como regla de una sociedad construida en los cimientos de cientos de combatientes. Pero una pequeña luz, hace volver a creer, el letargo comienza a terminar. La articulación aparece como orden del día. La construcción popular se multiplica y nuevamente las calles vuelven a teñirse de los colores de la revolución latinoamericana representados por el luto, el sacrificio, la sangre y la pasión de los cientos de mártires y héroes de la clase caídos a lo largo y ancho de nuestra América.

Nuestros combatientes, los bravos compañeros están y su legado, al igual que su lucha, está para guiarnos, para sacar las lecciones históricas que nos permitirán de una vez por todas, cambiar el orden establecido y que por los campos y las montañas de América, por las faldas de sus sierras, por sus llanuras y sus selvas, entre la soledad, o en el tráfico de las ciudades, o en las costas de los grandes océanos y ríos la dignidad se haga costumbre. No serán lágrimas por nuestros compañeros, será una rosa clara, un grito de combate y entre las multitudes, de nuevo, la sonrisa de la mujer obrera.

Patria o Muerte

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