Revista Nuestra América

MARXISMO CRÍTICO

Mujer y educación en América Latina durante el Siglo XX y XXI

Mujer y educación en América Latina 

durante el Siglo XX y XXI

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Javiera Vergara

Militante de Juventud Guevarista de Chile, Secundarios

Introducción

A lo largo de la historia se han producido sustantivos cambios en torno a lo que atañe la relación entre mujer y educación, hecho que determina directamente el rol doméstico con el rol educacional, cuestión que queda absolutamente clara cuando observamos el vínculo entre carreras profesionales y cotidianeidad. En este mismo sentido, podemos dar cuenta, se han producido transformaciones en distintos ámbitos, tanto políticos, como sociales y culturales, lo que ha permitido lograr -parcialmente- el objetivo de obtener mayor integración social de la mujer. Estos avances han sido victorias ganadas tras décadas de lucha. Si bien, formalmente, ahora es posible acceder a las carreras y ámbitos formativos que se requiera por cada individuo, no podemos obviar que, históricamente, ha habido una ligazón determinante de la mujer y sus “deberes naturales”, siendo, por ejemplo, el área pedagógica en donde hay más estudiantes y profesionales mujeres. Y es que históricamente los deseos de la mujer por acceder a la educación han sido acallados por la sociedad patriarcal al ser subyugadas exclusivamente a las tareas del hogar, sirviéndoles a sus maridos y familia.

Francisco Ferrer, pedagogo y libre pensador, en 1905 creó la Escuela Moderna, entregando educación de calidad, libre y crítica a hombres y mujeres de diferentes edades, rompiendo completamente con la segregación que, hasta ese momento, se había hecho presente en la educación a nivel mundial.

El objetivo de esta investigación es dar a conocer el avance que ha tenido la mujer en el ámbito educativo desde el siglo XX hasta la actualidad, evaluando diversos aspectos  sociales y culturales de este cambio. De hecho, el último de estos aspectos, ha tenido mayor influencia en el desarrollo del rol del estereotipo de la mujer, refiriéndose esto a que, empíricamente, las posibilidades de desarrollarse académicamente son casi nulas. El objetivo es informar, educar y concientizar en relación a la lucha que las mujeres han dado a lo largo de la historia (de manera subliminal no obstante). En el presente informe se desarrollan los temas que han abarcado estas luchas de forma explícita, dejando en claro en qué momento de la historia acontecieron y sus motivos centrales.

Mediante el desarrollo de la investigación, también haremos observaciones sobre el rol histórico de la mujer. Rol, sabremos reconocer, caracterizado por la determinación de patrones culturales, propios del patriarcado, tales como lo “servicial”, “acogedora”, “delicada” y “femenina” que cada mujer -supuestamente- posee en su propia naturaleza. Nos explayaremos sobre el rol biológico y el -supuesto- “sexo débil” (categoría que hace referencia al ciclo menstrual y maternidad, entre otras caracterizaciones símiles, referidas a su anatomía). También al analfabetismo, al ser la mujer, por lo general, desplazada a un segundo plano en términos de formación intelectual y profesional en detrimento de los hombres, cuestión que se expresa más claramente en la configuración de las llamadas “carreras maternales” relacionándolas directamente con su rol biológico, sentenciándolas a seguir manteniendo su rol maternal y de trabajo doméstico llevadas al ámbito laboral. También desarrollaremos algunas ideas relacionadas a la educación sexista y como se expresa en los colegios y liceos, entregando así una enseñanza que va más allá de las murallas educativas y adentrándose en su quehacer cotidiano.

Finalmente recorreremos parte de las olas feministas y sus logros tanto en lo educativo como en lo político (sufragio), abordando, en particular, la situación específica la relación entre mujeres negras y educación. Por último veremos cuáles son los resultados que se pueden recoger en la actualidad, los avances, los puntos de continuidad, etc., que nos permitan seguir avanzando sustancialmente en ese importante ámbito de la lucha social y política de las mujeres en su conjunto.

El rol histórico de la mujer

En el desarrollo de la historia se han ido dando importantes procesos políticos y culturales de cambios que operan sobre los sujetos sociales. Por supuesto, las principales víctimas de este desarrollo han sido los hombres y las mujeres, uno de estos más afectado que el otro. En el largo devenir de la historia se han ido construyendo roles para cada sexo, ligándolos con un género y cada género con determinados deberes y responsabilidades sociales. La relación sexo-género que se ha desarrollado en la historia es algo atingente y que afecta al conjunto de la humanidad.

Ahora, centrándose un poco más en el desarrollo cultural del rol de la mujer y de lo “femenino”, podemos observar que se ha ido relacionando, a lo largo de la historia, en primer lugar, con los cuidados de los/as niños/as, la familia y el hogar, negándosele derechos que los hombres poseen de forma inherente, diferenciando de gran manera las capacidades y potencialidades (limitadas por la cultura y sus procedimientos deterministas) entre ambos sexos.

En segundo lugar, está el rol conservador, que se apoya en la “tradicionalidad” -supuestamente- inherente a la mujer a lo largo de la historia. Frases típicas como “siempre ha sido así” y “nada cambiará’, son expresión de valores, creencias y costumbres profundamente arraigadas en la sociedad y cultura, pero que no dan cuenta del carácter histórico (por tanto dinámico) de los roles sociales. En tercer lugar, encontramos el “rol biológico” de la mujer, que por supuesto debilita por completo el discurso “divino”, declarando que, al ser sexos distintos, con cuerpos distintos, tendrían tareas distintas. La mujer, en esta determinación biologicista, es caracterizada como un ser deficitario, debido a que sufriría múltiples “enfermedades” (llamando de ésta manera a la menstruación y la menopausia). Esta deficiencia biológica ubicaría a la mujer en un rol de pasividad y reclusión, donde no hay opción distinta al quedarse en casa, o sea, “cuidando”, “criando” y “manteniendo el hogar”. De este premisa se extrae incluso una tesis más radical aún, la cual ubicaría a la mujer como un ser anormal (básicamente al no poseer pene), retrayéndolas a un objeto sexual, el cual, además, puede ser fácilmente obtenible. De hecho, justamente, es de allí donde nace el incesto desarrollar mejor la idea del incesto, explicarla y citar (que no tiene el mismo significado que en la actualidad), pues se produce un intercambio de mujeres al ver que no se pueden seguir reproduciendo, tal como ocurre con una simple mercancía.

Todos estos roles son construcciones culturales e históricas, todas estas tareas y deberes que son atribuidas a las mujeres, son construcciones sociales propias del machismo y el patriarcado, donde no podemos obviar que tanto tareas como deberes operan de manera excluyente a la formación y educación de la mujer.

Analfabetismo

Un punto muy relevante referente al sistema educativo en América Latina, es la gran brecha social entre los sectores urbanos y rurales. Este último presenta sustanciales deficiencias en su desarrollo, producto de la escasa accesibilidad a la educación e inequidad, cuestión que se traduce en un alto grado de analfabetismo, especialmente entre las mujeres. De todos modos, las cifras consideradas de los últimos años han demostrado que éste ha ido decreciendo. Según datos difundidos por la Unesco en 1988, para 1970 la cantidad de analfabetos, hombres y mujeres, representaba un 27.3% de la población total del continente, para 1985 se había reducido a un 17,3%. 

No obstante, estas cifras disminuyeron incrementando el progreso únicamente en el sector urbano, haciendo más notables las desigualdades entre el sector nombrado y el rural, siendo el último un área que cuenta con una deficiente accesibilidad a la educación, la cual tiene como objetivo -en perspectiva- formar personas óptimas para el ámbito laboral y social. Cuando se logra este acceso, en general, no es lograda la calidad óptima debido a que no se presenta docentes con la experiencia necesaria en la enseñanza; como tampoco es equitativo en relación a géneros, pues la educación es prioridad en los hombres, fundamentalmente para mano de obra y producción. Del mismo modo la mujer permanece en casa bajo la práctica de los trabajos domésticos y de crianza, sin la posibilidad de aprender a leer, escribir y educarse, cuestión que también tiene consecuencias directas en el apoyo educativo de los hijos, presentando -a largo plazo- una notable carencia, y por lo tanto un resultado deficiente en el rendimiento laboral, como también bajos salarios, por supuesto sin grandes aspiraciones o participación social.

En consecuencia, el analfabetismo, se convierte en un problema vigente tanto para el sector de periferia como para el indígena; en contraste el sector urbano presenta mayores oportunidades de igualdad educativa, manteniéndose de este modo la diferencia entre dichos niveles.

Aun así, el contraste es mayor si se habla de la educación femenina, la que a pesar de ser la más beneficiada -en términos de ampliación del acceso en comparación con hombres- apunta su desarrollo en la calificación de las capacidades tradicionales en torno al rol social de la mujer, sumado a que también es un considerable objetivo su formación únicamente al trabajo y la producción, descuidando la entrega de valores, el aprendizaje de sí mismas, sus aspiraciones como personas y el cómo los esquemas sociales afectan en ello junto con su identidad, entre otros temas. Esto, por supuesto, desemboca en la persistente discriminación sexual al momento de ingresar al ámbito laboral, fortaleciendo la división capitalista del trabajo, ya que destina a las mujeres a labores y carreras que no se desligan de la cultura patriarcal y su cultura degradante y cosificadora.

La posibilidad de un desarrollo activo e íntegro (en todos sus estamentos) se ve tardo por la ausencia relativa de alfabetización, necesaria para llevar estos modelos a cabo. Esto conlleva a que las brechas sociales no se puedan erradicar del todo, puesto que están estrechamente relacionados con la representación de los roles sexuales implantados en y por la sociedad patriarcal. De esta manera se evidencia que el contenido de  las asignaturas en el sistema educativo ayudan a que dichos papeles se vean considerablemente acentuados.

La educación como medio de inclusión de la mujer

Es evidente el conjunto de avances sociales que se han producido en América Latina a lo largo del siglo XX y XXI en torno a la mujer y su inclusión en la sociedad. En cierta medida, a través de la evolución del rol en la educación, se fue creando una situación de conflicto entre los factores de cambio que el sistema educativo comenzó a producir en la población y los elementos de continuidad que consideran a la educación como un instrumento de persistencia de valores y roles sociales pre-existentes.

Los instrumentos de cambio no sólo se traducen en desarrollo de habilidades y capacidades, sino que también -y sobre todo- en el desarrollo del conocimiento del papel específico de los estudiantes en la sociedad, su proceso de formación y sus aspiraciones. Esto implica, desde la abolición del sistema de continuidad en relación a los roles sexuales implantados tradicionalmente hasta elementos tales como el “anhelo de movilidad social”, cuestión que, por ejemplo, ha provocado un crecimiento en el acceso igualitario de las mujeres en la educación.

Hasta la mitad del siglo XX, la petición que formulaba la sociedad a la mujer para contar con profesionales que se hicieran cargo de la educación para poder mitigar la brecha entre la formación de clases sociales mediante el oficio, generó una situación de debate respecto a la incorporación de la mujer a estudios superiores que, en ese tiempo, sólo estaba disponibles para los hombres.

Basándose en el Decreto Amunátegui y aplicándolo al contexto de manera general, éste se basa en tres principios, que son “el beneficio de la estimulación de la mujer para dedicarse a un estudio sólido y continuado; que ellas pueden practicar profesiones de científicas y humanistas con notable ventaja; y la importancia de proporcionar sustento propio”. Por lo que se decretó que “las mujeres que deseaban ejercer una profesión, su formación superior debía ser bajo las mismas circunstancias que los hombres”.

Aquello, evidentemente, significó un cambio relevante en la educación y referencia respecto a las aspiraciones de la mujer, las cuales casi por “naturaleza” no iban más allá del labor en el hogar. Las primeras profesiones de mujer fueron en torno al rol tradicional de madre y esposa, de marcada vocación asistencial, centrándose, por supuesto, en la educación de niños y jóvenes bajo el rol de maestra; posteriormente las carreras más demandadas se relacionarían estrechamente con el cuidado de la otra persona, tales como obstetricia, puericultura o enfermería.

No obstante, el acceso femenino hacia el campo laboral profesional aumentó su sentido crítico y reflexivo, adentrándose, por ejemplo, en profesiones relacionadas con la ciencia, medicina, derecho y áreas artísticas, a partir de donde surgen grandes exponentes de la música, la poesía, la pintura, etc.

Entre las primeras estudiantes mujeres que lograron el acceso a la educación superior podemos identificar Eloísa Díaz, estudiante de la Universidad de Chile, quien fue la primera médica profesional de Latinoamérica. También lideró la lucha contra el alcoholismo y la tuberculosis. Incluso, posteriormente, organizó el primer Congreso Médico Chileno (cabe destacar que Díaz fue la única mujer presente). Entre otros muchos aportes se destaca la fundación del Consejo de Instrucción Primaria y la Sociedad Científica de Chile y el Consejo Nacional de Mujeres 

Al mismo tiempo que Eloísa terminaba sus estudios también lo hacía Ernestina Pérez, médica y activista feminista. Juntas fueron las dos las primeras médicas profesionales en Latinoamérica. Pérez especializó sus estudios en Alemania, centrándose en Ginecología y conocimiento sanitario, divulgando diversas obras de esta índole. También participó de organizaciones como la  Asociación de Mujeres Universitarias de Chile, siendo su presidenta.

También, a través del tiempo, se irían incorporando mujeres en el campo político y las reivindicaciones por sus derechos como ciudadanas, exigiendo papeles en el gobierno para aplicar políticas públicas y leyes construidas por y para mujeres, orientados a una transformación social y cultural, por medio de la sensibilización de la población, en camino a una verdadera equidad de género. Así se fue logrando, gradualmente, la inclusión de la mujer en diversas áreas de la sociedad, hallando un justo medio entre la transformación del rol social de la mujer y los factores de continuidad determinados por la misma configuración social.

Olas feministas de los últimos tiempos

Entre las décadas antecedentes del siglo XX se aprecia una radicalización en la construcción histórica y sociocultural del género y lo “femenino”, proponiendo a la sociedad el logro de la equidad y democracia a través de una integración gradual, basada en el potenciamiento de habilidades fuera del sistema impuesto en conjunto a un proceso una emancipatorio. El pensamiento y movimiento feminista, ligado estrechamente con los movimientos sociales, pretendía debatir los hábitos de pensamiento patriarcal desmontando la opresión de cualquier carácter hacia la mujer. Este movimiento, hasta el día de hoy, sigue adquiriendo fuerza producto de la demanda de un nuevo camino en la política.

La voz de las mujeres, desde mediados del siglo pasado, se comienza a levantar colectivamente como ideario libertario y reivindicativo, en un contexto incalculable de lucha social y política (hallándose en que sus pensadores llevaron a la atmósfera pública la exigencia de  derechos sobre su cuerpo y sexualidad, que estaban notablemente privados). Como propuesta social, se comenzaría a desarrollar en los grandes ideales para pronunciar una conciencia definida en lo que encierra los derechos de las mujeres y el ideal de un sociedad justa, lo que requiere la liberación femenina, obtención de derechos y equidad en estos.

Como resultado, a partir del siglo XX se gesta la denominada “Segunda Ola Feminista” o “Liberal Sufragista” caracterizada por huelgas  que exigían la ciudadanía civil para mujeres, derecho a voto y principios sociales y culturales que debían poder cambiar la costumbre, basada en los roles tradicionales de esposa, madre y ama de casa. La conquista del sufragio femenino culminaría a finales de la Segunda Guerra Mundial puesto que en ese período el papel de la mujer adquiere un aspecto crucial para liderar este movimiento. Las exigencias de la Segunda Ola estuvieron basadas principalmente en el ejemplo de la “Declaración de la Independencia Estado American”, sirviendo de inspiración para los movimientos, manifestaciones y huelgas que se llevarían a cabo en años posteriores. En términos sociales, dichos movimientos serían llevado a la actividad en las clases medias y bajas con liberales, burgueses, obreros, socialistas y anarquistas, pero con un claro objetivo en común: mejoras en la práctica del sistema en relación a la mujer y planeación de disyuntivas con el fin de lograr una sociedad más igualitaria y democrática, estos aspectos destacan en el amplio petitorio de la segunda parte del alzamiento feminista.

El derecho a voto en mujeres se vería logrado paulatinamente. En el contexto de  América Latina, Cuba fue el primer país en permitir el voto femenino en 1934 al mismo tiempo que lo conseguía Turquía, seguido de Chile en 1949 y Colombia en 1954.

Fue ya en el período de la Tercera Ola cuando el feminismo se posicionó en la política de manera autónoma y desligada de sus actividades con los hombres para organizar grupos y colectivos mediante la propuesta de la anti-jerarquía, con el objetivo de enfrentarse ante la opresión política ejercida hacia las mujeres. Esta ola se ubica desde una perspectiva más radical que relacionaría a la interacción de la mujer con el ambiente público, incorporando valores y sentimientos desde un punto de vista distinto respecto al al poder y las bases en las cuales se ha construido la jerarquía política.

Otras ideas feministas consistían en la abolición de la visión negativa de la sociedad ante mujeres que ejercen una profesión exitosa con un sustento propio, resultado del crecimiento del acceso a estudios superiores. Así cuestionando el sujeto masculino laboral y la división de labores.

El feminismo de pensamiento libertario también tuvo una crucial influencia en esta ola debido a que demandaba la libertad sexual de la mujer, creación de derechos que protegían la libre elección de la mujer sobre su cuerpo, honrando lo puro y natural de la figura femenina. Como creían en la libertad de la mujer, apoyaban firmemente el derecho de las mujeres de manera amplia y desarrollada en todos sus aspectos, pues citaban que las profesiones y oficios no deberían tener barreras por razón de sexo.

Las fuertes tendencias feministas y sus movimientos para lograr los derechos que éstos reclamaban, obtuvieron frutos en 1975, en México, donde se realizó la Primera Conferencia de la Mujer de la ONU.

Carreras maternales

Es evidente que el ingreso de las mujeres al ámbito educativo es un gran logro para algunas, sigue siendo insuficiente para otras, el motivo de esto es que, ahora estudiando, preparándose para salir al  mundo laboral, es que tendrán doble e incluso triple trabajo (dependiendo de qué carrera estudien). Según estudios, las carreras en donde hay más presencia femenina, es el área pedagógica, parvulario y en enfermería, ¿a qué se debe esta mayoría de mujeres en éstas carreras? Solo una cosa puede dar la respuesta: el hecho  concreto es que son carreras en donde, por ejemplo, la pedagogía, tiene que ver directamente con el cuidado y enseñanza a niños y niñas no mayores a los 18 años, del mismo modo que las educadoras parvularios. Por otro lado, la enfermería se basa en el cuidado de enfermos. Esto dice claramente que son carreras en donde un alto porcentaje del estudiantado son mujeres. Podemos agregar, por otro lado, que los hombres, en carreras como la educación parvularia, son mal vistos por el solo motivo de que el hombre no debe interactuar con niños y niñas porque debiese estar -supuestamente-  ligado a carreras que son más complejas (un ejemplo claro de carreras más “complejas” donde hay una gran presencia de hombres y una baja de mujeres son las ingenierías).

Esto deja en claro, una vez más, que las construcciones culturales entre la relación sexo-género afecta en completamente todo. Otro claro ejemplo, y el más fehaciente, es el que, actualmente, se genera en la Universidad de Los Andes, en donde existe una carrera que se llama “Administración de los servicios del hogar” donde se enseña a las mujeres a ‘“explotar su supuesto talento natural para ser amas de casa”.

‘¿Por qué estudian esta carrera? Una de las pudientes chicas de aritos de perla explica: “Lo más importante es que me enseñan a ser una súper mujer, súper woman o súper nana. Nos fijamos en cosas que el resto no: la casa, la cocina, la pieza, el orden y saber callar cuando tienes que callarte“.

Otra chica cuenta por qué a los hombres les gusta que estudien esto. “Nos encuentran exquisitas porque somos súper femeninas, nos preocupamos de nuestra apariencia física, de cultivarnos intelectual y espiritualmente. Eso hace el medio más bonito”. O sea, el “ideal de mujer“, dice otra.’

Con estas declaraciones se deja en claro que la construcción de una “súper woman” es, según una sociedad machista, la construcción de una mujer subordinada, sumisa y pasiva. Preocuparse del aseo, saber cocinar, ser señorita y saber callar cuando se debe son actitudes que han sido ligadas a la mujer a lo largo del tiempo y, las cuales no se han podido cambiar de manera radical.

Éstas carreras están completamente ligadas con el llamado “rol histórico de la mujer” la cual la instruye a servir a su esposo, a criar y estar en casa, rol que debe ser quitado de la mente de cada persona para lograr, así, una igualdad de género.

Educación sexista.

Primero, para comprender la educación sexista y cómo se refleja en las instituciones educativas, hay que saber qué es género y de donde nace.

Los estudios de género comienzan con las olas feministas, con los estudios de la mujer, en la década de los 60 del siglo pasado. Cuando se habla de género se suele pensar en las mujeres, esto está completamente erróneo, pues no son sinónimos.

“La categoría de género analiza la síntesis histórica que se da entre lo biológico, lo económico, lo social, lo jurídico, lo político, lo psicológico y lo cultural. El género es el conjunto de atributos, de atribuciones y de características que implican al sexo, pero que no agota ahí sus explicaciones.”

Al inicio de los estudios se solía utilizar el sexo para establecer diferencias de los seres humanos (mujer y varón) teniendo base en el carácter biológico, dejando de lado su ámbito espiritual, funciones, etc. Luego surgió la categoría de “género” lo cual ha sido capaz de explicar ciertos aspectos que diferencian hombres de mujeres en la construcción sociocultural.

Quienes primeramente empezaron a generar la relación entre sexo y género son John Money y Robert Stoller en los años 50 y 60 del Siglo XX, a partir de estudios que realizaron con personas hermafroditas y transexuales. De esta manera, se dieron cuenta que las personalidades, deberes y derechos de ambas eran completamente dependientes de la manera en la cual habían sido socializados y la identidad entregada por sus órganos reproductores y hormonas. En 1951 Money utilizaba el concepto de “gender” para referirse a las construcciones culturales o influencias educativas según los sexos. La definición de “género” surge como la necesidad de diferenciar sexos, en donde influye lo genético, lo hormonal, cromosómico y fisiológico y el género como construcción sociocultural e histórica de lo femenino y lo masculino.

Tal como se nombra más arriba, en el género influye de manera muy minúscula el sexo pero, de gran manera, la construcción sociocultural.

La educación sexista se refleja en varios ámbitos de lo educativo, como se mencionó anteriormente, en las carreras maternales, y un poco antes en el desarrollo de liceos de hombres y mujeres, en la vestimenta e incluso en la forma de actuar y pensar de las personas.

Adentrándose un poco más en el ámbito educativo, se ve claramente a lo largo de la historia, en el tardío ingreso a la educación, posteriormente en la malla curricular, en las enseñanzas y los privilegios educativos que tenían/tienen los hombres, siendo a las mujeres a quienes le refuerzan en área humanista y a los hombres el área científica, abriéndole una mayor gama de oportunidades y opciones al momento de elegir qué estudiar y, de ésta misma manera, generando mayores ingresos económicos en el momento de salir al mundo laboral.

Escuela moderna.

Francisco Ferrer en los inicios del siglo XX, en 1905, propone dejar de lado la educación sistemática que se había llevado a cabo hasta el momento, la cual no había tenido buenos resultados hasta el momento, dejando como opción la llamada Escuela Moderna, la cual proponía llegar a los estudiantes de una manera más cercana, dejando completamente de lado la iglesia de lo educativo para así, tener estudiantes integrales, formados para el día de mañana construir un país libre.

¿Por qué la Escuela Moderna se relaciona con la mujer y la educación? Porque fue una de las primeras en realizar clases mixtas, las que aseguraban una igualdad educacional en hombres y mujeres en todos los ámbitos.

Refiriéndose a su escuela, Sebastián Faure emite la siguiente opinión

‘He tomado veinticuatro niños de ambos sexos, la mayoría huérfanos, o aquellos cuyos parientes son demasiado pobres para pagar. Son vestidos, alojados y educados a mis expensas. Hasta los doce años recibirán una elemental y perfecta educación. Entre la edad de doce y quince -continuando todavía sus estudios- se les enseña algo de comercio, teniendo en cuenta sus disposiciones y aptitudes individuales. Llega, por último, el día en que, libremente, dejan La Ruche para iniciar la vida en el mundo exterior con la seguridad que pueden, en cualquier momento, regresar a ella, donde serán recibidos con los brazos abiertos y se les dará la bienvenida, cual hacen los padres con sus amados hijos. Entonces, si desean trabajar en nuestro establecimiento, pueden hacerlo bajo estas condiciones: un tercio para cubrir sus gastos o sustento, otro tercio que se añade al capital general puesto aparte para acomodar nuevos niños, y el último tercio destinado a ser entregado para el uso personal del joven, como él o ella lo crean conveniente.

La salud de los niños que están ahora a mi cuidado es excelente. El aire puro, la comida nutritiva, el ejercicio al aire libre, los largos paseos, la observancia de las reglas higiénicas, el breve e interesante método de instrucción, y, sobre todo, nuestra afectuosa comprensión y cuidado de los niños han producido admirables resultados físicos y mentales.

Sería injusto afirmar que nuestros pupilos han realizado maravillas; pero, si tenemos en cuenta que pertenecen al término medio, no habiendo tenido oportunidades previas, los resultados son verdaderamente satisfactorios. La facultad más importante que han adquirido -un rasgo raro en los niños de la escuela ordinaria- es el amor al estudio, el deseo de conocer, de ser informado. Han aprendido un nuevo método de trabajo, uno que vivifica la memoria y estimula la imaginación. Hacemos un esfuerzo particular para despertar el interés del niño por lo que le rodea, con el propósito de hacerle descubrir la importancia de la observación, la investigación y la reflexión, de manera que cuando los niños alcancen la madurez no sean sordos y ciegos para las cosas que les circundan. Nuestros niños nunca aceptan nada con fe ciega, sin inquirir el por qué o el motivo; ni se sienten satisfechos hasta que sus preguntas son completamente contestadas. De este modo sus mentes están libres de dudas y temores resultantes de respuestas incompletas o carentes de verdad; esto último es lo que debilita el crecimiento del niño y crea una falta de confianza en sí mismo y en los que le rodean.

Es sorprendente ver cuán francos y buenos y afectuosos son nuestros pequeños entre ellos mismos. La armonía que reina entre ellos y los adultos es en extremo animadora. Sentiríamos como una falta si los niños nos temieran u honraran simplemente porque somos sus mayores. No dejamos nada por hacer para ganar su confianza y amor; realizando esto, la comprensión reemplazará la duda; la confianza al temor, la afección a la severidad.

Nadie ha descubierto plenamente todavía la riqueza de simpatía, bondad y generosidad oculta en el alma del niño. El esfuerzo de todo educador verdadero debería ser abrir ese tesoro -para estimular los impulsos del niño y hacer florecer sus mejores y más nobles tendencias-. ¿Qué premio más grande puede haber para un hombre cuya vida de trabajo es vigilar el crecimiento de la planta humana, ver cómo va desplegando sus pétalos y observar su desarrollo en una verdadera individualidad? Mis camaradas en La Ruche no desean premio más valioso, y es debido a ellos, a sus esfuerzos, más que al mío propio, que nuestro jardín humano promete producir hermosos frutos.’

Rompiendo así dos mitos, el primero que dice que hombres y mujeres no pueden estudiar y tener los mismos conocimientos y, el segundo que dice que la educación debe ser sistemática y que debe tener poca relación entre estudiante-pedagogo.

Es por eso, que Francisco Ferrer y sus ganas de sacar adelante la escuela modera eran, en su época, una idea completamente descabellada, sobretodo por querer quitar de la educación la Iglesia Católica. Tras seguir duramente sus ideas y metas es que fue perseguido arduamente por la iglesia Católica, encerrándolo en 1906 y, en 1909 fue muerto.

La idea de una Escuela Moderna, no sistemática, que cree a gente con pensamiento y crítica sigue vigente en algunas partes del mundo.

La idea de una educación igualitaria para hombres y mujeres es una que aún está más que vigente en la actualidad, la igualdad de derechos. Es por eso que hoy en día se lucha por una educación NO sexista, que no haga diferencias entre mujeres y hombres por las supuestas capacidades que se les ha otorgado a lo largo del tiempo.

Conclusión.

En el desarrollo de este documentos podemos observar las transformaciones de la construcción histórica y sociocultural que han logrado los levantamientos sociales en defensa de los derechos de la mujer integrándola al desarrollo político, económico, cultural a través de programas feministas de educación basándose en estrategias para llevar a cabo una sociedad igualitaria independiente del sexo, ya que toda persona es capaz de recibir educación.

Se da a conocer, de manera clara y crítica, las diversas actividades a las cuales ha estado ligada la mujer, el nulo derecho a la educación que, desde un inicio afectó al desarrollo de ésta y, aunque, ahora sí tienen masivo acceso a la educación, sigue siendo una educación sexista en una sociedad culturalmente machista y opresora que instruye a una imagen del género femenino relacionándolo con los quehaceres del hogar, clasificándolo como el ‘sexo débil’ para excusar su nulo desarrollo hacia los estudios superiores y el mundo laboral de manera profesional.

Por otro lado, la escuela moderna intenta abolir, en 1905, la segregación que afectaba educativamente a la mujer realizando, por una cierta cantidad de años, una escuela en donde hombres y mujeres aprendieran de forma igualitaria diversos contenidos y, esto es tomado como referencia para posteriormente desarrollar uno de los tres argumentos del Decreto Amunátegui, el cual señala las mujeres deben ser admitidas a obtener títulos profesionales, sometiéndose a rendir exámenes válidos con las mismas disposiciones que se le ejercen a los hombres.

Los resultados del decreto rindieron fruto inmediatamente en estudiantes como Eloísa Diaz o Ernestina Pérez que no se graduaron de una carrera maternal como la mayoría de las mujeres en ese momento, cabe destacar que estas dos mujeres fueron importantes activistas feministas en sus lugares de estudio, la influencia fue tal que llegaron a crear el Consejo Nacional de Mujeres.

De esta misma manera, las olas feministas rindieron frutos en algunas mujeres las cuales, en un intento de emancipación, tomaron la educación, la sexualidad y el mundo laboral como una forma de lucha. Los ejemplos se manifiestan principalmente en el aumento de mujeres lesbianas, puesto que, en su tiempo, el lesbianismo era tomado como una resistencia política a la época, de esta misma forma, rompiendo con los esquemas y normas implantadas en una sociedad machista y patriarcal, siguiendo así una innumerable lista de maneras de luchas y resistencias. Así mismo, la idea de no tener hijos/as fue, durante un tiempo, la principal manera de oponerse a este sistema.

Se logra ver que la construcción histórica y cultural no influye solamente en su manera de actuar, sino que también, de una manera muy violenta, en sus deseos y aspiraciones.

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