LA IZQUIERDA REVOLUCIONARIA DEBE MIRARSE A SÍ MISMA PARA AVANZAR

La izquierda revolucionaria debe mirarse a sí misma para avanzar

Valentina Katrilaf

Militante de la Juventud Guevarista de Chile

Somos muy buenos y buenas para criticar al capitalismo y sus valores (¿cómo no, si tienen al mundo moral y materialmente destruido?). No obstante sufrimos de cierta miopía al momento de hacernos una crítica franca al interior de nuestras propias filas. ¿Acaso no tenemos problemas valóricos, deformaciones morales o distorsiones éticas? Es obvio que parte de las deficiencias sustanciales que poseemos al momento de incorporar a la clase trabajadora a la lucha revolucionaria, a la militancia orgánica, tienen que precisamente ver con nuestras debilidades como proyecto, como fuerza social y política de cambio, en sus aspectos más sencillos y cotidianos.

Admitamos algo sencillo: la izquierda revolucionaria atraviesa una crisis moral que nos empuja -todavía más- a la imposibilidad de convertirnos realmente en una fuerza importante dentro de nuestro país y frente a nuestra propia clase. En nuestras filas, en nuestra militancia, hay personas que actúan con envidia y ambición pequeñoburguesa. ¡Si, admitámoslo de buena vez! No dudo que todos nosotros y nosotras realmente crean en la revolución y el socialismo, pero muchas veces las ansias por figurar y ser reconocidos entre sus pares empuja a compañeros y compañeras a un comportamiento miserable, penoso, vergonzoso.

Hay militantes que socavan, mediante su actitud y personalidad, las bases políticas de su propia orgánica. Esta militancia no es capaz de enfrentar a sus propios compañeros, de manera directa y franca, cuando tiene una crítica, cuando quiere decir algo que no le gusta o quiere simplemente proponer algo nuevo o diferente. Es más, incluso peor, muchas veces frente a un conflicto o una diferencia, de cara a sus pares, actúan de manera solapada, hablando con otros militantes, criticando maliciosamente a quienes son ubicados como una suerte de “enemigo” interno. La falta de disciplina y experiencia lleva a que nuestros compañeros y compañeras no identifiquen esto como un mal comportamiento; piensan que es normal, incluso lo naturalizan y lo reproducen como un comportamiento a toda luz incorrecto, fallando y fallando una y otra vez en la construcción de valores auténticos.

Militar en una organización revolucionaria hoy (la que sea) es un gran paso adelante, una decisión que la mayor parte de nuestro pueblo y sociedad no se le pasa siquiera por la cabeza. La enajenación domina de tal forma que todo aquello que suena a cambio radical y profundo, a compromiso ético y moral frente a la lucha por una sociedad diferente al capitalismo, aparece como una verdadera locura. Por tanto, cualquier persona que esté dispuesta a subirse al tren de la lucha, de transitar el camino de la revolución merece nuestra admiración y respeto, en especial cuando eligen hacerlo en nuestras propias filas.

No podemos, por supuesto, caer en la competencia boba, en la crítica solapada por debajo de la mesa, dirigida hacia otros militantes o hacia la organización en su conjunto. Muy por el contrario: debemos ir de frente con nuestra ideas, utilizar y potenciar la democracia interna y fortalecer la crítica colectiva, verdadera arma revolucionaria en tiempos donde la hipocresía y la mentira resultan lo común y corriente.

Ser revolucionario y revolucionaria significa hoy, necesariamente, practicar francamente la crítica y la autocrítica en nuestras reuniones, frente a toda la militancia, a todos nuestros hermanos y hermanas de lucha, a los cuales debemos respetar por el solo hecho de estar aquí junto a nosotros y nosotras dando su vida. No podemos permitirnos entre nosotras el desarrollo de una cultura organizativa distinta al tipo de sociedad que pretendemos conquistar el día de mañana. La revolución hoy se expresa en cada uno de nuestros pequeños actos, ahí, en ese pequeño detalle, está claro y preciso el componente moral del comunismo.

Y es que no podemos permitir que nuestra fuerza se construya desde hoy sobre bases liquidas y laxas. Por el contrario, todo el amplio y diverso campo de los revolucionarios debe entender aquí y ahora que el humanismo debe orientar toda y cada una de nuestra acciones concretas; el pelambre, el vulgar cahuín, la crítica solapada y oculta, el aprovechamiento de la confianza personal para “pasar máquina” frente a otros militantes o frente a la organización que militamos, se imponga frente a la franqueza, la crítica directa, abierta y clara; todos métodos propios de la actitud y moral comunista.

Pienso que más importante que crecer y multiplicar nuestra filas por decenas es construir una corriente revolucionaria que represente ahora mismo aquello todo que soñamos construir para la sociedad entera. Estoy segura que si nos tomamos esa tarea en serio creceremos de la manera, y con la seguridad que no hemos podido alcanzar nunca después del inicio de esta mentira llamada democracia. Seamos guevaristas en cada acto, en cada palabra, en cada pensamiento, en cada relación social y humana que construimos hoy en el presente. Ordenemos la casa ahora, enfrentemos nuestras deficiencias para así poder avanzar con mucha más fuerza y seguridad… La franja revolucionaria debe ser consecuente para caminar verdaderamente hacia el socialismo.

Xul-Solar-Pareja