El momento actual del proletariado internacional

El momento actual del proletariado internacional

Ignacio Abarca

Militante de Izquierda Guevarista de Chile

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Atravesamos un nuevo mayo, mes en que las organizaciones de trabajadores y la izquierda en todo el mundo conmemoran a los condenados de Chicago, traen al presente las identidades proletarias y vuelven a ubicar en contexto las demandas más sentidas del movimiento obrero y la clase trabajadora en su conjunto.

En este marco, muchos son los análisis, las posiciones y las propuestas que surgen por el Primero de Mayo en relación al movimiento de trabajadores y trabajadoras. Consideramos que una buena manera de contribuir en esta dinámica, en el mes del proletariado internacional, es presentar una lectura que se proponga, por un lado, trascender las fronteras nacionales y observar (aunque someramente) los contenidos y los rasgos de la situación internacional de la clase trabajadora, su lugar común y por lo tanto, un momento del proceso del capitalismo propiamente tal; y a su vez, intentar esbozar en su justo relieve la situación histórica del proletariado internacional en la actualidad, fuera de los dogmatismos, la fraseología revolucionaria, las proyecciones de deseos y algunas distorsiones más.

Siguiendo esta línea, la pregunta disparadora que nos interesa podría plantearse de la siguiente manera: ¿cuál es el proceso que atraviesa realmente la clase trabajadora internacional?

En función de acercarnos a un tratamiento de esta cuestión, delineamos tres componentes que creemos dan cuerpo al carácter de aquel proceso:

La debilidad o ausencia de organizaciones independientes de la clase trabajadora

Mucho oímos hablar en los debates de la izquierda y en las organizaciones sindicales acerca del problema de las burocracias obreras, las cuales capturan las organizaciones de trabajadores, obstaculizan y contienen las dinámicas de lucha, merman los flujos de las bases, representan los intereses patronales y del capital en contra del proletariado, funcionan como una correa transmisora de las aspiraciones burguesas en el seno del sindicalismo, etc. Todo lo cual es un hecho, es la constatación o descripción de un hecho real. Pero, ¿cuáles son las condiciones históricas que hacen posible y real ese fenómeno?

Por una parte, aquello que podemos comprender por “burocratismo sindical”, asociado directamente al problema del deterioro o ausencia de independencia de clase al interior del movimiento obrero, se realiza producto de todo un habilidoso aprendizaje histórico de la clase burguesa quien ha asimilado con destreza el arte de la cooptación de los líderes y elementos más destacados de un sector obrero, la compra grosera de sus dirigencias e incluso, el ejercicio de levantar sindicatos y agrupaciones obreras a iniciativa de la propia patronal. Es decir, no eliminar las organizaciones de trabajadores sino que alimentarlas, desarrollarlas y proveerlas de recursos con el fin de domesticarlas en función del propio interés de clase burgués, sus doctrinas, sus conceptos y categorías, sus objetivos, sus métodos y sus principios de relación social. Para todo aquello resulta clave la participación de los partidos dominantes o partidos del sistema, desde los que se conciben como híper-reaccionarios, conservadores, republicanos, liberales, socialdemócratas, hasta los que se visten de “progresistas”, “reformistas” e “izquierdistas” a lo largo y ancho de todo el mundo. Nadie puede negar fácilmente que este es un movimiento que la clase dominante ha logrado realizar con relativa solvencia, en detrimento de los intereses proletarios.

Pero por otro lado, lo fundamental a nuestro parecer es que la clase obrera no presenta una disposición subjetiva masiva y contundente por conquistar la dirección clasista de sus propias herramientas de organización. Estas no están apropiadas, están enajenadas de sí. En realidad, no puede concebirse una apropiación de los instrumentos de organización de clase si no existe a la vez, siempre como proceso, una apropiación del sentido colectivo, el ser social, la clase para sí. La cual al mismo tiempo no puede ser sino también una apropiación del sujeto tomado individualmente, el trabajador y la trabajadora dispuestos con un determinado carácter subjetivo al interior de un proceso histórico y social.

De esta manera, ubicamos el problema de la ausencia o debilidad de la dirección clasista (o lo que es lo mismo, de la independencia política de clase) en el seno del movimiento obrero claramente en la cuestión de la conciencia de clase de una franja avanzada del proletariado, que en este período histórico no adquiere todavía las condiciones de fuerza para imponer su orientación política por lo menos en los sectores más dinámicos de la clase trabajadora. Más precisamente, nos encontramos en ese tránsito irregular, donde la situación ampliamente predominante presenta una combinación de letargo, impotencia, desconfianza y desconocimiento de sí de la propia clase trabajadora, atravesando a su vez por momentos que dan luces (de modo más o menos esporádico) de una apropiación de las condiciones, los intereses y los objetivos de clase, por ejemplo al coordinar una lucha de resistencia contra planes de ajuste liberalizantes.

  1. La pérdida de referentes revolucionarios

Un fenómeno que de una forma u otra subyace al anterior, es que la clase trabajadora hoy día casi no posee referentes revolucionarios en el mundo.

A lo largo de la historia podemos identificar procesos regionales e internacionales que operan como una verdadera onda expansiva hacia otras zonas del mundo. El último más relevante, desde nuestro punto de vista, es la Revolución Cubana. Queremos decir que los procesos históricos, más aún los revolucionarios, los que remueven todos los fundamentos de la organización social, impactan la conciencia de la humanidad y de los pueblos trabajadores a efecto de sus concepciones acerca de la realidad. Y más específicamente para nuestro argumento, en torno a las concepciones sobre las condiciones de posibilidad histórica. Aquello que es posible, los límites de lo posible y la naturaleza de los fundamentos que las sociedades pueden aspirar como posibilidad concreta, real, material, verificable.

Cada día que pasa la organización económica y sobre todo, la organización política del sistema capitalista (“democracia burguesa”) junto a su maquinaria bélica de destrucción militar, pierden legitimidad y adhesión de masas, al menos en las sociedades “occidentales” y por lo menos a nivel de “instinto”, sin por ello necesariamente comprender los complejos entramados de relaciones que lo constituyen. Pero es evidente que no se concibe realmente una alternativa social al capitalismo, opuesta y antagónica al capitalismo, vigente y concretable. Particularmente respecto a la cuestión de la revolución y el socialismo, la actitud de los pueblos trabajadores se divide abultadamente entre quienes lo consideran indeseable y entre quienes lo estiman deseable pero imposible.

Desde nuestra perspectiva, dichas concepciones hegemónicas en relación al mundo que es necesario y posible conquistar, condiciona gravitantemente la naturaleza, la profundidad y el grado de desarrollo de las organizaciones que la clase trabajadora se provee para sus propios objetivos y el carácter integral del conjunto de su actividad. Por lo tanto, si un cambio social radical (en el sentido de la superación del capitalismo) no se concibe masivamente como posible, tampoco las organizaciones del proletariado tendrán un carácter radicalmente clasista el día de hoy en su actividad concreta.

En efecto, actualmente no identificamos en una nación, un movimiento o un proceso unitario a millones o cientos de miles de trabajadores y trabajadoras luchando, organizándose y dispuestos a dar la vida por el socialismo o por una noción de socialismo (por desintegrada, heterogénea y contradictoria que esta pueda ser). Con la valiosa excepción de los procesos venezolano, cubano y, quizás, con el cuidado de no entenderlos cabalmente, los procesos del pueblo kurdo y de la zona de Donetsk y Lugansk (Novorossia), lo que se nos presenta es una abrumadora carencia de referentes revolucionarios en la actualidad. Dicho de otro modo, la actualidad de la revolución, la vigencia de la revolución, la cual sostenemos con obstinada porfía, no se encuentra respaldada por referentes mundiales o regionales concretos, vigorosos y ejemplares que empujen como una ola nuevos movimientos revolucionarios en el momento actual.

La ausencia de un ethos y una moral socialista

Pero hay un tercer elemento que, de forma articulada con los anteriores, es tal vez el más sustancial a nuestro parecer. Cuando decimos que la clase trabajadora internacional (como fenómeno global) no concibe el socialismo como posibilidad histórica, como real alternativa al capitalismo, estamos asumiendo que se hallan de manera significativa desmanteladas sus esperanzas.

Al fin y al cabo, el efecto dinamizante de una revolución victoriosa e inclusive, de un proceso de resistencia muy digno (como el del pueblo palestino hasta el día de hoy), radica en que infunde en las luchas de otros pueblos una mística, un relato, una retórica, una pasión, una “cultura”, una autoconfianza amparada en el ejemplo que torna posible saltos históricos bruscos, radicales e inadvertidos. Así sucedió con la Cuba revolucionaria de los barbudos; tal cual fue con la Rusia de Lenin, los bolcheviques y los soviets de campesinos/as, obreros/as y soldados que estremecieron al mundo completo; así lo hizo por vez primera el proletariado rebelde y desfachatado de Francia en 1871, sin lo cual no se entienden las sucesivas huelgas proletarias en Europa y Estados Unidos.

Este ethos de clase es el que marca, ni más ni menos, el espíritu de una época. Y lo que sucede es que en el período actual el ethos (es decir el “carácter humano”) y la moral proletaria, o moral socialista, se encuentran gravemente deprimidos. Para ser completamente claros, esta es probablemente la época donde el proletariado internacional se encuentra más profundamente enajenado de sí en estos últimos 150 (breves) años de historia.

Los revolucionarios y revolucionarias debemos reconocer este proceso con nitidez. Lo que significa que más allá de las “condiciones económicas objetivas”, la desintegración de los circuitos productivos, el desarrollo de los monopolios internacionales, etc. (matriz obligatoria de un análisis de la realidad, en todo caso), el proceso al que hemos intentado hacer alusión consiste esencialmente en el avance voraz del capitalismo en un preciso sentido: el de la destrucción más colosal y generalizada de la calidad humana, de la inteligencia, de su pensamiento, del sistema de valores morales, la naturaleza de los vínculos sociales y afectivos, etc.

Como genialmente expresara Marx en sus “manuscritos”, base filosófico-teórica de El Capital, lo que tenemos en frente es la obra más desarrollada e íntegra del capitalismo: la enajenación de la humanidad. Un punto en que a nadie puede quedarle duda que la propia humanidad ha creado un mundo que se volvió en su contra como ser independiente, hostil, tirano, depredador…el mundo de la mercancía.

En este sentido, cuánta verdad, relieve y actualidad adquiere la célebre frase pronunciada por Rosa Luxemburgo desde la prisión en 1915, en “La crisis de la socialdemocracia alemana”, donde señala que la humanidad enfrenta dos rumbos posibles…la conquista del socialismo o el camino de la barbarie, de la más profunda decadencia humana. La clave es que esta disyuntiva sigue estando en manos de los pueblos, sobre los hombros de la conciencia y la actividad vital de los pueblos del mundo. Claro que mientras las grandes masas de la clase trabajadora internacional no lo entiendan así, nos guste o no, la senda en que la humanidad es empujada por las condiciones dominantes es la de una profundización de la barbarie y una constante amenaza del mundo de la muerte y la destrucción, el rostro descubierto del capitalismo.