La Juventud Combativa en Chile: experiencias históricas de resistencia popular Una mirada a través del MIR, MJL y FPMR

La Juventud Combativa en Chile

Experiencias históricas de resistencia popular

Una mirada a través del MIR, MJL y FPMR

Por Andrés A, Daniel S y Francisco P

Militantes Juventud Guevarista de Chile

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El presente texto busca exponer sobre el desarrollo y la importancia de las juventudes combatientes de Chile, especialmente dentro de las organizaciones revolucionarias de la izquierda en el periodo de dictadura y post dictadura. Debido al enfoque que le daremos a este documento, lamentamos si hay elementos que quedan en el aire o que faltan. Por esta razón, dejaremos al final del texto, una serie de recomendaciones de libros que son muy buen material para estudiar a estas organizaciones y fue de los cuales estudiamos al desarrollar este documento.

Realizaremos un análisis por organización que de alguna forma se condice con el desarrollo temporal de estas, partiendo por el MIR, continuando con el MJL y terminando con el Frente. Esperamos que este documento, permita contribuir al debate de la izquierda, además de sostener la tesis de la juventud como un importante dinamizador de la lucha de clases, y mostrando así la necesidad del proyecto revolucionario en Chile y Latinoamérica, legado que tomamos directamente de las organizaciones que estudiaremos a través de las siguientes páginas.

Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR

  1. El MIR y su origen en el contexto internacional.

El Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR nace el año 65, en  medio de un Chile que se encontraba dentro de fuertes convulsiones sociales y políticas, en uno de los puntos más álgidos de la lucha de clases en Chile y en Latinoamérica, además del latente conflicto mundial de la guerra fría y con la lucha antiimperialista desatada en los distintos continentes y rincones del mundo.

Los ejemplos de Vietnam y por sobre todo de la revolución cubana del año 59, lograron remecer todo el escenario político que estaba presente hasta entonces, cambiando los paradigmas y las formas de entender la lucha por el socialismo. Cuba se convertiría en ejemplo para toda Latinoamérica y el mundo, especialmente para la juventud, que veía en Fidel Castro, el Che, Raúl y Camilo Cienfuegos, a la juventud que ellos y ellas esperaban ser, juventud que vence valiente y heroicamente al superior ejército del dictador Fulgencio Batista.

Sería también el peso de sus fundamentos teóricos, la comprensión del socialismo como una necesidad histórica para Latinoamérica, la moral revolucionaria, la crítica al dogmatismo y la comprensión de la necesidad de la lucha armada como el único medio para alcanzar el socialismo, los factores que terminarán influyendo por muchos años -y hasta el día de hoy- a las luchas del pueblo latinoamericano.

El triunfo de la revolución cubana reafirmó entonces la factibilidad de vencer al imperio mediante la confrontación directa y la necesidad –o inevitabilidad, como lo planteaba Martí- de la revolución, que hasta entonces, solo vivía en el discurso de múltiples sectores disgregados de la izquierda chilena.

Los jóvenes chilenos que estudiaremos ahora se nutrirán de las ideas de la experiencia cubana que lograrían atravesar las distintas fronteras. Es así como este grupo de jóvenes se impregna en definitiva, del marxismo latinoamericano.

2. Escenario político previo al MIR y la convergencia de organizaciones.

El MIR surge a partir de la convergencia de numerosas corrientes y organizaciones revolucionarias activas en el escenario político del país en los años 60, estas son provenientes tanto de dirigentes y militantes de base expulsados de los partidos tradicionales, como de organizaciones pequeñas y personalidades independientes con fuerte raigambre en el movimiento de masas, de trabajadores y pobladores.

Antes de que siquiera se imaginara el MIR, ya habían numerosos sectores de corte revolucionario insertos en la lucha popular en Chile.

Por un lado está el importante sector de trabajadores mayoritariamente desorganizado, entre quienes se encontraba Clotario Blest, un reconocido sindicalista, adherente de la teología de la liberación. Clotario durante su vida de activista tuvo numerosos roces con los partidos tradicionales por considerarlos oportunistas, criticándoles muchas veces que ponían sus anhelos electorales por encima de los intereses del pueblo y los trabajadores.

Además de estos sectores estaba el Partido Comunista y el Partido Socialista, partidos que, por aquél entonces ya tenían problemas internos, que derivaban en una cantidad considerable de militantes que estaba en disgusto con las políticas conciliadoras de sus partidos, el electoralismo, el burocratismo y el constante esfuerzo por adormecer las protestas populares, encausándolas hacia procesos institucionales que disolvían la fuerza masiva que traían consigo.

El escenario cambiará a partir de las huelgas del ‘57, año en que se producen violentas manifestaciones insurreccionales contra el gobierno de Ibáñez del Campo; los saqueos y robos serán respondidos con una dura represión, aquí, los partidos políticos tradicionales llamarían a bajar las protestas para poder volver a la institucionalidad y alcanzar las elecciones. Estas revueltas y las de los años 60 tuvieron una gran importancia, puesto que rompieron los paradigmas y también remecieron a los partidos tradicionales.

Es en este contexto que la lucha de clases evoluciona y la juventud pone en práctica la acción directa y la autodefensa; se polarizan las posiciones y se agudizan las contradicciones, condiciones que generan movimientos y crecimiento cuantitativo en la militancia de las organizaciones políticas. Esto, sumado al impulso y el llamado a la revolución internacional hecho por Cuba a través de la segunda declaración de la Habana en el año ‘63 haría que muchos jóvenes militantes salieran de las organizaciones hasta entonces más grandes, en búsqueda de nuevos rumbos.

En 1962, un joven Miguel Enríquez de 18 años, junto a Bautista Von Schouwen, quienes se habían conocido 3 años atrás durante su enseñanza secundaria, ingresaban a militar en la Federación Juvenil Socialista FJS. Se integran al núcleo “Espartaco”, en el cual ya militaban desde el año anterior su hermano Marco Antonio y su amigo de Noli. Todos ellos, más otros militantes forman paralelamente ese mismo año y bajo el liderazgo de Enríquez la fracción clandestina MSR Movimiento Socialista Revolucionario. Simultáneamente su hermano Edgardo comienza a militar en la Federación Juvenil Socialista en Santiago, estableciendo más tarde junto a Andrés Pascal un núcleo similar al MSR de Concepción. En febrero de 1964 se materializa la marginación del grupo liderado por Miguel del Partido Socialista, quienes se integran a la VMR (Vanguardia Marxista Revolucionaria).

La VMR es una organización fundada en 1960 producto de la convergencia de escisiones de las juventudes comunistas y de las juventudes socialistas, además de diversas organizaciones políticas de corte maoísta y trotskista. Este grupo, sumado al Movimiento de Fuerzas Revolucionarias que agrupaba a Clotario Blest, a disidentes del PS, el PC, sindicalistas y anarquistas, levantará en el año 1965 el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Declaraba así el MIR en 1965 que:

“Las directivas burocráticas de los partidos tradicionales de la izquierda chilena defraudan las esperanzas de los trabajadores; en vez de luchar por el derrocamiento de la burguesía se limitan a plantear reformas al régimen capitalista, en el terreno de la colaboración de clases, engañan a los trabajadores con una danza electoral permanente, olvidando la acción directa y la tradición revolucionaria del proletariado chileno. Incluso, sostiene que se puede alcanzar el socialismo por la “vía pacífica y parlamentaria”, como si alguna vez en la historia las clases dominantes hubieran entregado voluntariamente el poder.”

3. La Praxis de las Juventudes del MIR.

La agitación estudiantil llega a las calles de Concepción y la izquierda revolucionaria crece en su influencia en la medida que su accionar no queda en la palabra y se convierte en los hechos en participación activa en todos y cada uno de los enfrentamientos. El MIR se ha convertido ya a fines del 65 en la fuerza preponderante dentro de los sectores de izquierda de la Universidad de Concepción y su presencia comienza a hacerse notar en sectores de obreros textiles y del carbón.

Luciano Cruz como dirigente del MIR no sólo impulsa el trabajo entre los estudiantes, sino que además lo lleva hasta el seno del proletariado urbano. La tradición de combate de los estudiantes de Concepción ha comenzado a tejerse. Así el año 66 la crisis que vive la Universidad lleva a los estudiantes a una prolongada huelga que culmina con la ocupación del barrio universitario y en enfrentamientos casi diarios en las calles penquistas. Luciano se convierte en el primer agitador de la zona, mientras su nombre adquiere notoriedad en todo el país.

Frente a los altos niveles de represión por el gobierno de Frei hacia los estudiantes que estaban insertos en las luchas del pueblo, nace el Movimiento Universitario de Izquierda (MUI), bajo el impulso y la conducción del MIR. Este será dirigido por Luciano, Miguel y Bautista, quienes se involucran en las nuevas movilizaciones, se ligarán así los estudiantes a las barricadas en los barrios obreros. La toma de predios e industrias surgen nuevamente como formas de lucha de los trabajadores y a ellas se ligan los estudiantes.

En 1967, en el tercer congreso de la organización, Luciano es elegido para el comité central con la más alta votación junto a Miguel Enríquez como secretario general, ambos de 23 años de edad, saltaban a la palestra nacional a la cabeza de una nueva forma de hacer política, de una nueva praxis revolucionaria y bajo la consigna de la creación autónoma del camino hacia la revolución chilena y la construcción del socialismo en América Latina. Surgía entonces una nueva generación que rompía las viejas prácticas políticas de los partidos tradicionales y ponía la toma del poder por los trabajadores como la orden del día, fomentaba el poder popular y la autogestión obrera en fábricas e industrias, así como asumía la responsabilidad de dotar a los obreros del poder militar que permitiera la revolución socialista.

Hacia 1968, ya siendo Luciano presidente de la FEC, es invitado a Cuba, volviendo a inicios de 1969 a su trabajo político en Chile. Esta visita a la isla reafirma aún más sus convicciones y recibe formación importante de parte del gobierno de Fidel Castro. A partir de este momento, se volcará hacia tareas de inteligencia e información, con una habilidad increíble mientras el MIR pasa a la clandestinidad por la persecución de Frei.

En este contexto Miguel Enríquez, ya como secretario general, analizará el papel de la juventud diciendo que:

“Los estudiantes de Concepción comprendieron que su papel no es el de trepadores sociales a la caza de los beneficios de un título universitario, sino que, como ‘grupo de edad’ y en su calidad de ‘joven intelectual’ al cruzarse con la agudización de los conflictos sociales a nivel nacional y  latinoamericano, se integran al movimiento revolucionario entendiendo que a la Universidad no vienen sólo a estudiar, sino también a luchar. Y lo más importante, los estudiantes de Concepción entendieron, y mostraron con su ejemplo, un camino que todavía sectores de la izquierda tradicional no pueden o no quieren aprender. La única forma de detener una ofensiva represiva y reaccionaria, el sólo método de impedir una dictadura legal o un golpe militar, no es bajar la cerviz, vestir piel de cordero y de rodillas jurar pacifismo y legalismo, sino muy por el contrario, enfrentar al represor, combatirlo sin ceder, denunciar cada uno de sus tenebrosos pasos y seguir adelante, haciéndole retroceder, no a su punto de partida, sino mucho más atrás.”

En estas palabras se verifica su visión de la juventud como dinamizador de los procesos históricos, además de la fuerte influencia que tuvo sobre estos compañeros, el marxismo latinoamericano. Estas experiencias son las que permitirían una nueva caracterización del revolucionario, como una persona que busca ser ejemplo, encarnando la actitud combativa y comprometida con la revolución y acercarse a moral del individuo en la nueva sociedad; y segundo, propone al igual que Martí, Mariátegui y el Che, de que la única solución es la revolución.

4. La maduración política del MIR y la fuerza social revolucionaria. 67 – 73

En un inicio el MIR se manifestó como un partido marxista-leninista reconocedor de la lucha de clases en la historia y posicionado junto a los explotados y contra los explotadores. También los miristas creyeron siempre en la necesidad de destruir el capitalismo y construir el socialismo en cada proceso, por lo que fueron ajenos al electoralismo y  consideraban la vía armada como única forma de llegar a esta transformación de la sociedad que sería tan necesaria. A diferencia de la propuesta estratégica comulgada por la URSS y seguida fielmente por el PC chileno, que llamaba a alianzas con la burguesía nacional para hacer cambios paulatinos, el MIR negó la existencia de ‘burguesías progresistas’ y llamaba a la organización y la acción directa de la clase.

Luego del tercer congreso de 1967 se toma un vuelco. Se conformaron los Grupos Político-Militares (GPMs), que eran estructuras orgánicas intermedias que articulaban bases de masas activas en el movimiento político, operativas, técnicas y con infraestructura. La política de reclutamiento se hizo más rigurosa, aplicándose criterios de selectividad, en la perspectiva de construir un partido de cuadros; se comenzó a desarrollar una política de acciones armadas —principalmente recuperaciones financieras— que apuntaban a foguear a las unidades especiales y a desarrollar la estructura de seguridad.

En el plano de masas se aprovechó la agudización experimentada por la lucha de clases en el período y la coyuntura electoral de 1970 para penetrar en los sectores más radicalizados del movimiento popular. Se articuló una línea de frentes intermedios entre los que estaban: Frente de Trabajadores Revolucionarios (FTR), Movimiento Campesino Revolucionario (MCR), el Movimiento de Pobladores Revolucionarios (MPR) y las dos organizaciones juveniles: el Movimiento Universitario de Izquierda (MUI) y el Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER) destinados a sistematizar las demandas populares y a conducir sus luchas.

La juventud mirista, no sólo fue activa en lucha estudiantil, obrera y barrial; también fueron quienes se insertaron en la lucha mapuche, ejecutando codo a codo con comunidades su política de acción directa. No sería correcto decir que los y las miristas, llevaron la recuperación de ideas al pueblo mapuche, proceso que se venía gestando desde hace tiempo atrás pero que hasta ese momento se había encerrado entre la burocracia y las trabas legales e institucionales.

El aporte concreto de la juventud, fue el ímpetu combativo y la esperanza de victoria, primero estrechando lazos de confianza, luego, mediante el trabajo político con la juventud mapuche, esta iba adoptando una actitud más combativa, y estos jóvenes mapuches eran quienes convencían a los jefes de familia para las recuperaciones de tierra, apoyado en la reforma agraria y del movimiento de masas en Chile

La forma que tomó la lucha campesina impulsada por el MIR se encarna en el MCR y en las masas campesinas con las “corridas de cerco”. Consistían en mover la cerca hacia el interior de los fundos de los terratenientes, que separaban a las comunidades mapuche de sus tierras ancestrales. Esto con mucho ímpetu y gallardía, debido a que los materiales eran precarios y tampoco había armas de defensa, cosa que sí poseían los terratenientes.

Así las corridas de cerco fueron siendo cada vez más numerosas, y las comunidades empezaron a unirse, una a una, al movimiento campesino. Nuevamente, en la práctica política del MIR es la juventud la que dinamiza un importante sector del pueblo, esta vez el campesinado y las comunidades mapuche. Además de estas corridas de cerco alejadas de las urbes, también participaron en numerosas tomas de terreno para levantar poblaciones en las expropiaciones a los terratenientes. Quizás la más importante de estas experiencias fue la formación y consolidación de la población “Nueva Habana”, creada el 1 de Noviembre del 1970.

Con estas tácticas se buscaba la construcción de una Fuerza Social Revolucionaria, con la masividad y el profesionalismo suficiente para combatir finalmente las fuerzas burguesas. De esta forma, aparece fuertemente en el discurso el concepto de poder popular, que vendría a ser el camino para alcanzar el poder político sin tener que seguir los cauces del estado burgués, mediante el fortalecimiento de la organización autónoma de las fuerzas del pueblo.

Por tanto, la manera de salir de las crisis de poder es, únicamente, el enfrentamiento armado; en este caso con la estrategia de la Guerra Revolucionaria Irregular y Prolongada. En esta perspectiva la línea de construcción de la Fuerza Social Revolucionaria apuntaba a ganar la conducción del movimiento de masas, para ello resultaba imprescindible insertarse en los frentes sociales e incentivar las formas rupturistas de lucha; construir una gobernabilidad paralela, en la que el gobierno de la UP y sus políticas debían contribuir a radicalizar el proceso; desarrollar la fuerza militar propia, sobre la base de núcleos orgánicos especializados, masa armada y penetración en el aparato militar del Estado; y radicalizar las posiciones revolucionarias al interior de los partidos de la UP. Se buscaba crear “Poder Popular”.

Según los diagnósticos emitidos desde el MIR, hacia el 1973 se contaba con dos posibles caminos: o un fuerte retroceso de las ganadas obtenidas institucionalmente, con la vuelta al liberalismo mediante el mismo electoralismo en que se había avanzado, o una contraofensiva revolucionaria que logre doblegar las amenazas reaccionarias. Decían que, de desatarse un golpe estando las masas activas, existían las condiciones para poder aplastar la conspiración; lamentablemente, entre la poca preparación real ante la amenaza de las fuerzas armadas y el desarme de la clase llevado a cabo por Allende con la ley de control de armas, la resistencia fue paupérrima.

5. Resistencia del MIR en dictadura (1973-1986)

Es sabido que el 11 de septiembre del 1973 se ejecutó el golpe de estado de Augusto Pinochet, al que le sigue un período de una dictadura sangrienta y represiva. La apuesta programática básicamente no cambió, siguió con la idea de la lucha armada, pero ahora para resistir la tiranía. En consecuencia con esto, se lanza la consigna “el MIR no se asila” y así entran en la clandestinidad, haciendo más hermética la compartimentación y levantando la resistencia desde un principio. Esta resistencia toma, ahora, la forma de la Guerra Popular Prolongada y que propone que, ante la desfavorable correlación de fuerzas, el pueblo en su conjunto debe mantener una resistencia temporalmente larga y que sin dudas será fatigante.

En un principio, el MIR logró mantener de cierta manera su actividad y su orgánica, incluso haciendo lazos con el PRT-ERP de Argentina, el MLN Tupamaros de Uruguay y el ELN de Bolivia creando la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR). Pero desde 1974, se verá afectado por una represión más directa y evolucionada, representado con la creación de la DINA con el fin de cazar al movimiento. Este órgano de inteligencia, con una capacidad técnica muy eficaz y una crueldad horrible, dedica sus esfuerzos en desmantelar al MIR; deteniendo, torturando, asesinando y desapareciendo militantes todos los días.

 

En Diciembre de 1973 es detenido Bautista Van Schouwen en una parroquia, junto a un sacerdote y un compañero. Posteriormente es torturado y desaparecido. Hacia octubre del 1974 es asesinado el secretario general, Miguel Enríquez, luego de un enfrentamiento en el que resistió sólo contra un equipo de la DINA durante dos horas. Así, casi toda la dirección del MIR y miles de militantes son sacados de la lucha, aglutinándose más tarde los cuadros que sobreviven en la base madre Miguel Enríquez para intentar reconstruir la estructura partidista bajo la clandestinidad, asumiendo la dirección Pascal Allende. En 1977-1978 se impulsa la “Operación Retorno”, para que volvieran a Chile cuadros que se habían exiliado o que estaban formándose en Cuba, a formar una nueva resistencia popular. Entre las acciones más importantes que llevaron a cabo están el robo de la bandera de la independencia, en 1980 y el asesinato del intendente General Carol Urzúa en 1983.

En los años posteriores a la Operación Retorno, la mayor parte del trabajo político del MIR es enfocado en el trabajo poblacional mediado por la Organización de Pobladores (ODEPO) y en la reconstrucción del movimiento estudiantil tanto universitario como secundario, con la creación de la Unión Nacional de Estudiantes Democráticos y la Juventud Rebelde Miguel Enríquez. También participaron militantes en organismos defensores de los derechos humanos de los opositores a la dictadura, principalmente impulsando la formación del CODEPU (Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo). Hacia 1983-1987, el MIR en conjunto con el PC, participó en la creación del Movimiento Democrático Popular, que buscaba la coordinación de las organizaciones de izquierda que iban por el fin de la brutal dictadura militar.

Entonces, a inicios de los 80’s, el MIR contaba con alrededor de 3000 militantes, con lo que  apostará por crear la Estructura de Fuerza Central EFC, la que sería su esqueleto combatiente para poder liberar la lucha contra el dictador. Así, es instalado un destacamento guerrillero en las cercanías de Neltume y Nahuelbuta, la cual es detectada y desarticulada por la inteligencia de Pinochet en 1981, además de ser desmantelada la EFC entre el 1982 y el 1984. Por esto, para el comienzo de la ebullición social de 1983 en adelante, el MIR no contaba con capacidad de maniobra suficiente para poder tomar un rol protagónico en la lucha contra el régimen, porque sus esfuerzos por levantar resistencia habían desgastado sus fuerzas y habían sido prácticamente aniquilados.

A pesar de esto, en 1984 se sigue levantando la resistencia territorial en poblaciones, donde ocurren distintos enfrentamientos, mayormente tragedias. Entre estas desgracias, se encuentra la de Paulina Aguirre, asesinada un 29 de Marzo de 19185 tras una emboscada de agentes de la CNI que la acribillan de 8 disparos y levantan un montaje de un supuesto enfrentamiento, Paulina militó desde los 14 años en el MIR y cumplió diversas tareas en la resistencia. El mismo día, murieron los hermanos Vergara Toledo, quienes fueron asesinados cuando un agente infiltrado en el MIR les tiende una trampa. Serán interceptados, acorralados, y luego acribillados por carabineros armados con un fusil y una subametralladora y sus armas de servicio, siendo posteriormente abandonados cerca de la Villa Francia.

También está el caso de Mauricio Maigret, que estuvo presente durante el levantamiento de Pudahuel, el 29 de marzo de 1984. Debía realizar contención durante el ataque a la Subcomisaría Teniente Merino. Fue en esa situación cuando las fuerzas represivas llegaron y él cubrió heroicamente la acción y huída de sus compañeros, siendo alcanzado por dos balas que le quitaron la vida. Su heroísmo permitió que sus compañeros pudieran salir a salvo.

La dificultad para organizar el movimiento entre la represión, la falta de discusión interna producto de las dificultades propias del hostigamiento y la represión, sumado a la divergencia de propuestas tácticas y posturas políticas iría minando la situación interna del MIR. A partir de 1987, la organización sufrió varias divisiones internas, a partir del debate sobre las formas de lucha a tomar en el periodo de transición a la democracia. Se conformaron inicialmente tres fracciones: El MIR Militar de Hernán Aguiló que privilegiaba las formas armadas de lucha, el MIR Político de Nelson Gutiérrez y Jecar Neghme, que planteaba su rechazo a la lucha militar, y el MIR Histórico Andrés Pascal Allende, que buscaba combinar formas de lucha de masas con acciones armadas. El MIR Militar y el Histórico fueron sucumbiendo producto de la represión de la dictadura militar y posteriormente de la concertación, terminaron desapareciendo en pequeños grupos autónomos. Una última expresión mirista sería el MIR EGP (Ejército Guerrillero de los Pobres) que realizó acciones armadas durante el inicio de la transición política lo que llevó a muchos de ellos a la cárcel.

Movimiento Juvenil Lautaro MJL

  1. El MAPU en sus inicios

Para analizar la historia del MJL necesariamente debemos remontarnos a su predecesor, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), organización que surge en el año 1969 como un quiebre de la Democracia Cristiana impulsado por una fuerte crítica hacia el gobierno de Eduardo Frei Montalva y particularmente hacia su política pro-norteamericana y, por tanto, imperialista.

El MAPU se empieza a vincular con las corrientes socialistas e ingresa al proyecto de la Unidad Popular de la mano de Salvador Allende. Este proceso lo llevaría a desarrollar tesis cercanas al marxismo y a acercarse principalmente a través del trabajo territorial a una organización más de izquierda cristiana o del cristianismo revolucionario. Esto generaría que ingresaran pobladores, universitarios, intelectuales, campesinos y por sobre todo cristianos, siendo este último factor el que sería gravitante para atraer a la juventud.

En octubre del año ‘72, se realiza el segundo congreso del MAPU, donde se zanja una línea política marxista alejada de los bloques internacionales y de la URSS. Sería elegido como Dirección Oscar Guillermo Garretón. Estas definiciones y sus implementaciones traerían costos, ya que a inicios del año 73 se Produce un quiebre, sale el MAPU Obrero Campesino o MAPU-OC que era mucho más moderado y cercano al PC.

A pesar de esto, el cambio sustancial del MAPU vendrá a partir del golpe militar en 1973, en el cual la dirección del partido huye del país y deja a sus militantes botados, siendo reorganizado por Guillermo Ossandón, Eugenio Tironi y Carlos Montes, entre otros. Esta nueva dirección fijará tareas provisorias en pos de volver a reorganizar el partido, tales como hacer propaganda, establecer el periódico “Venceremos” y recuperar militantes 1:1.

Por otra parte, a la dictadura bien poco le importó el MAPU en ese momento, puesto que no era una fuerza armada. Tampoco era numerosa y estaba sumamente desorganizada.  Esto permitió que, en los primeros meses y años, el partido se reconstruyera con mayor tranquilidad que el resto de las organizaciones de la izquierda.

Este contexto lo enfrentarían vinculándose y priorizando políticamente los nexos con la Iglesia más que con otras organizaciones, lo que generaría un desarrollo desigual del MAPU; más hacia la interna, en relación al resto de la izquierda.

2. El MAPU y la Iglesia en los primeros años de Dictadura

Por otra parte, un nuevo clima había llegado y se había posado sobre la clase obrera, en un comienzo las fábricas e industrias concentrarían la poderosa represión de la junta militar, con el fin de desarticular, desorganizar y combatir a los y las trabajadoras de nuestro país que en ese momento constituían el sector más avanzado de la lucha de clases.

En un segundo momento, las políticas económicas y la implantación del régimen del sistema neoliberal traerán profundas repercusiones sobre los espacios que quedaban para la clase trabajadora. Esto principalmente a través de:

  • Desmantelamiento de la industria
  • Flexibilidad laboral
  • Fragmentación del sindicalismo, generando múltiples sindicatos para una misma rama productiva o en un mismo trabajo.

Esto, sumado a los quiebres de las empresas y a la alta tasa de despidos, que era generada por la crisis económica internacional que afectaba fuertemente a Chile, iría generando que la clase trabajadora se trasladase hacia las poblaciones. Aquí obtendría unos cuantos pesos a través del PEM (Programa de Empleo Mínimo) y el POJH (Programa de Ocupación para Jefes de Hogar), los cuales remuneraban a los desempleados que se hacían cargo de sus familias y hogares.

Es entonces que la política del MAPU encontraría espacios fértiles en los cuales poder sembrar, principalmente en las poblaciones de Santiago, donde se concentraba ahora una gran masa de habitantes y donde la represión aún no llegaba de forma tan bestial.

La Granja es un ejemplo de esto, una comuna que ya a finales de los ‘70 tenía más de 400.000 habitantes, distribuidos en 52 poblaciones y 17 campamentos, siendo una de las comunas más pobres de Santiago, donde la cesantía llegaba al 24% y de 120.000 niños, el 65% no tenía acceso a las escuelas. Surgen así espacios organizativos con características completamente nuevas, de la mano de las iglesias, tales como clubes deportivos y centros culturales. Un ejemplo de estos es FOLICO (Formación de Líderes Cristianos Obreros), que se erige en la Población San Gregorio, destinado a la juventud.

El MAPU planteará entonces el trabajo y la creación de organizaciones que no se encierren en sí mismas y que abarquen a amplias masas juveniles y no a una simple elite consciente. El enfoque a la juventud es precisamente a partir de su alto nivel de desocupación y la cercanía que tienen con las iglesias niños de secundaria y primaria. A través de estos  realizarán actividades culturales y también trabajo reivindicativo donde de a poco irán ingresando los temas políticos. Algunas de las actividades que levantan son:

  • Comités de allegados
  • Comedores infantiles
  • Centros de recreación
  • Campañas para conseguir útiles escolares

Todo este trabajo político fue permitiendo la generación de una verdadera y auténtica identidad poblacional o “pequeño socialismo”, como lo llamaban, que se respiraba en cada actividad y jornada. Se genera entonces lo que el MAPU llamaría un auténtico movimiento juvenil popular, el cual se fue autonomizando de las iglesias y radicalizando con el tiempo, de la mano de las protestas que ocurren entre 1978 y 1983, que se originan principalmente a raíz de los crímenes de la dictadura y la dura vida en la economía neoliberal.

Este proceso lo vivió el MAPU fuertemente en las comunas de La Granja, Puente Alto, la Legua, Caro, Ochagavía, El Salto y Renca. Mientras tanto, a la interna del partido ya se gestaba una nueva forma de hacer política a partir de la direccionalidad que entregaban dirigentes intermedios del MAPU. Se autonomiza mucho más la política de la iglesia y se refuerza a través de acciones de AGP donde se sale en espacios públicos a gritar en un primer nivel contra el tirano y prontamente a plantear una vía. Sin ir más lejos el 78 el MAPU anunciaba:

“Sólo la decisión combativa del pueblo de Chile le acortará los días a la dictadura y sacará el país adelante, porque la dictadura no caerá sola”

De todas formas, esto no es la señal de un viraje del MAPU, sino más bien la evidencia de que durante el proceso de reconstrucción del partido no se resuelve una táctica ni mucho menos una estrategia homogénea

  1. El Proceso de quiebre y el nacimiento del MJL

Sería a través de estas acciones que se generaría un desarrollo desigual dentro de la militancia del MAPU. Serían distintos dirigentes intermedios quienes empezarían a entregar una direccionalidad política más clara.

A partir del año 82 se harían cortes de calles con neumáticos prendidos, miguelitos, panfletazos, equipos de primeros auxilios y de sapeo. La idea principal de la joven militancia del MAPU era ir combatiendo el miedo interno en la organización y también el miedo presente en la población hacia la policía y la represión. En estas acciones sólo se utilizarán cuchillos, palos y antorchas. Esto, sumado a los comités de resistencias creados con el MIR, la discusión teórica y las acciones de propaganda, generarían los aires distintos que permitirían el quiebre.

La convulsión que desata la crisis interna es la aparición en el año 79 de la “Convergencia Socialista”, espacio que aglutina al PS-Nuñez, la Izquierda Cristiana y el MAPU-OC. Esta organización representa la renovación del socialismo, es “un proyecto general para todos los chilenos, aceptable incluso para quienes no participen en su diseño inicial, según J. Miguel Insulza, refiriéndose a alianzas con la DC.

Esto, sumado a la detención de Carlos Montes, el dirigente máximo del MAPU, en Av. Tobalaba, a partir de una situación poco clara y aparentemente azarosa, generará cambios orgánicos internos claves para el desarrollo de las líneas políticas disimiles dentro de la organización. Montes será reemplazado por Guillermo del Valle, Víctor Barrueto, Pedro Milos y Eugenio Tironi quienes plantearán el ingreso del MAPU a la Convergencia Socialista.

Será en el Tercer Pleno de abril de 1981 donde se decidirá si se ingresa a la Convergencia Socialista, el consenso será el ingreso a la CS, donde el MAPU está:

Porque la convergencia asuma una perspectiva revolucionaria, esto es, un proyecto socialista renovado y un diseño estratégico de derrocamiento de la dictadura. No estamos porque la convergencia se realice en una perspectiva social-demócrata o centralista” 

Con esta decisión saldrá Tironi de la organización, dedicándose completamente a la CS.

Estas incongruencias, entre ellas la creación de una comisión militar -a la que se oponía la parte más moderada del MAPU- se intensificarán en 1982. Se asomaban dos MAPU: uno con bases sindicales y fuerza en la zona norte, Maipú y el sector universitario y el otro; que trabaja en la perspectiva “insurreccional”. Este último sector estará compuesta por Guillermo Ossandón, una parte del comité central y otra de la comisión militar y la dirección de la zona Sur Cordillera, donde se encontraba La Granja. Finalmente, este sector se negará a la Convergencia Socialista por ser una “derechización del partido”; proponen de hecho que la dictadura se derrotará con la fuerza del pueblo.

Para evitar el quiebre, el MAPU genera una dirección federativa. Se crea también una Comisión Nacional Juvenil (CNJ). Con ella, y en un plazo de muy pocos meses se conectarán diversas dinámicas juveniles, que de hace algunos años se venían desarrollando en los sectores poblacionales La Legua, La Granja, Caro-Ochagavía, Renca, El Salto, Puente Alto, Valparaíso y Concepción.

Mientras la Comisión Política pone su esfuerzo en la Convergencia Socialista, la CNJ tiene jornadas con representantes, casi como un partido. Allí comenzó a producirse un distanciamiento entre la dirección y los sectores juveniles-populares del partido, sin haber un quiebre formal; ya habían dos MAPU.

Es en ese escenario en que se forma un grupo de reflexión a espaldas de la comisión política donde se busca acelerar el proceso pro-insurreccional del MAPU, de la mano con la creación de un referente juvenil, habían dos opciones: Movimiento Juvenil Lautaro o Salvador Allende. Era en el fondo la pregunta del partido ¿Corte en la política, o continuidad? Se formarían en definitiva, los Núcleo Pro-Lautaro.

Mientras tanto la CNJ avanzaría cada vez más, primero dentro del MAPU y luego de manera cada vez más autónoma; se organizarían en brigadas territoriales que realizan las acciones de propaganda cada vez más radicales. No es el sector juvenil del MAPU ni tampoco un brazo armado; sería un movimiento de los “sectores avanzados” de la juventud popular sin subordinación al partido.

Definieron su estética y su bandera: el color de fondo sería el café por la tierra, la estrella venía del MAPU y la Lanza representaba la Sangre y la actitud de combate del pueblo. Se constituirían el 12 de Diciembre de 1982, donde harían una primera aparición pública con tres cortes de calle, donde “La Tercera” diría:

“grupos subversivos buscaron alterar el orden público y llamar la atención, quemaron neumáticos arrojando molotov, tiraron panfletos y pintaron consignas políticas en las murallas”

En La Granja, al par de meses ya pasarían a ser 10 brigadas con unos 60 lautarinos, también había una fuerte presencia en La Legua; fueron también a desarrollar trabajo a Peñalolen, Lo Hermida, Villa O`Higgins, La Pincoya, La Victoria, Puente Alto, a la Cuarta Región y al ex Pedagógico

Este proceso tuvo sus problemas, principalmente por las confusiones entre la militancia del MAPU y el MJL; no se entendían bien los espacios. A pesar de esto, se comienza a dar una fusión entre estas dos personalidades y los mapucistas que asumen esta postura más radical, De a poco se van identificando con la actitud y la forma lautarista.

4. Lautaro Nace Valiente

Este escenario de quiebre inminente se ponía cada vez más tenso pero no parecía concluir, habían dirigentes del MAPU que querían llevarse al MJL hacia la Convergencia Socialista, pero con las dinámicas internas que se habían generado dentro del MJL, era cada vez más imposible. Esta situación cambiaría para el 11 de mayo del 83, momento en que se produciría definitivamente el quiebre del MAPU entremedio de una de las protestas más fuertes de los tiempos de dictadura y una de las que marcaría el fin a ésta. Aquella noche el MJL haría en Santiago, Concepción y Valparaíso 29 barricadas simultáneas con palomas y miguelitos, se reparte un “decálogo‟ sobre la posición del MAPU-Lautaro y luego se participa en el combate y hostigamiento a los soplones y fuerzas represivas.

“Era una noche maravillosa”, según relatan los propios militantes del MJL, había barricadas prácticamente en todas las esquinas de las poblaciones, un cacerolazo que se escuchó por toda la Región Metropolitana y muchas marchas en las distintas comunas. Era la ratificación de la línea política de los lautaristas.  Este contexto era lo que permitía la creación de “Nuevas Fuerzas Horizontales Políticas”, la forma en que el Lautaro ya no simplemente buscaba el combate de la dictadura, sino también la instauración de nuevas formas de organización, con conciencia de clase, era sin duda un salto histórico en la lucha de clases.

Tras estas jornadas de protesta de los años ‘83 y ’84 el quiebre ya no era un problema ni para un sector ni para el otro, sino que más bien era una necesidad debido a que las diferencias eran irreconciliables y ya ningún sector quería trabajar con el otro. Esto se zanjaría el 7 de agosto de 1983 en el Quinto Pleno Nacional, donde el MJL rompe oficialmente con el MAPU y el mismo día elige su propia dirección interna con 16 miembros, donde tan solo 3 militantes venían desde sectores de la pequeña burguesía. Comenzaba la Historia de “El Lautaro”.

El 1 de septiembre de 1983 a las 19.30 hrs, nueve brigadas del Movimiento Juvenil Lautaro atacaban simultáneamente tres bancos en Santiago.

  1. Banco Créditos e Inversiones (Santa Filomena con Recoleta)
  2. El Banco Nacional (San Diego 2085)
  3. Banco Chile (San Diego 2029)

Estas acciones, de irrupción durante las marchas y manifestaciones, mostraban la audacia, el ímpetu y la insolencia lautarista, que los alejaría de muchas fuerzas políticas, distancia que, por cierto, disfrutaban.

5. La política lautarista, elementos tácticos.

El MJL a partir de los elementos que ya hemos nombrado, desarrolló una política que se basaba bastante en su experiencia propia como organización y por sobre todo en aprendizajes directos tomados de los sectores populares en los cuales se trabajaba. Estas lógicas fueron las que permitieron el desarrollo de una militancia muy familiar y afectiva.

Todas esas experiencias los llevaron a plantear una propuesta: El Chile Popular. 

Esta entendía la necesidad política de satisfacer plenamente todas las necesidades del pueblo. El Chile Popular era su interpretación del Socialismo, el cual tenía 3 elementos claves y especialmente singulares entre toda la izquierda Chilena:

1. La revolución socialista como propuesta que debe poner fin a la dictadura, ya no como un proceso etapista en el cual haya una apertura democrática, sino buscando que la lucha que de el pueblo sea por pasar desde la dictadura al socialismo.

Plantean que no se pueden postergar las necesidades del pueblo ni la revolución. La revolución se debe hacer y vivir al mismo tiempo.

Además, el carácter de la revolución es distinto, puesto que se habla de una nueva “patria modesta que rompe con la forma de vida del consumismo, prioriza en el desarrollo pleno del ser humano y que realiza la felicidad con el trabajo y el goce de la libertad”. Por ende la revolución ya no es solo la toma de los medios de producción, sino que implica un modo de vida distinto, alejada de las conductas y normas sociales capitalistas.

2. El sujeto revolucionario no es entendido como la clásica clase obrera, sino que es más bien el pueblo en su conjunto.

3. Las necesidades de la revolución como método de satisfacción de las necesidades e intereses populares, las que en un principio eran las de carácter urgente tales como comida, salud, educación, hasta dar paso más tarde a contemplar el sexo, la sexualidad, el amor.

El sello Lautaro ya estaba definido, era una forma de hacer la política y de relacionarse con el pueblo. Ejemplos claros de esto fue el saqueo a la tienda Bata a finales del 83 y el robo del camión de pollos en mayo del 84, donde los productos eran entregados a las poblaciones con menos recursos, cuestión muy agradecida por los pobladores del sector, que no conocían ni pollos ni zapatos. Esto era lo que el MJL llamaba la toma de las necesidades.

6. El fin del Lautaro

Desde 1987 en adelante, el MJL vivirá su declive debido a varias razones. Las más fuertes serían las vinculadas con las falencias propias de la organización. En primer lugar la poca compartimentación de una organización que era demasiado familiar, permitió que la represión golpeara de forma muy certera al MJL, logrando detener a grandes cuadros y miembros de dirección. De hecho, el 13 de Enero de 1985 caerán detenidos 5 militantes miembros de la comisión política, hecho que los dejará muy golpeados.

Un segundo elemento, es su distanciamiento de las masas, el que se produce porque sus militantes se enfocan en la guerra de sublevación que nunca llega, a costas de dejar de lado los espacios más sociales de la política que era de donde precisamente habían nacido.

Fueron muchos los y las militantes que se fueron de la organización con la armamentización de ésta y tras acciones cada vez más radicales. Otros se fueron con la llegada de los militantes que tenían problemas de drogadicción.

Estos elementos son los que generarían que en el año 1998, con gran parte de su dirección presa y que los esfuerzos de los militantes que quedan en el MAPU-L se enfoquen en buscar una vía para salir de la prisión política, a través de conversaciones con diputados y la vía institucional.

Frente Patriótico Manuel Rodríguez FPMR

1. La Juventud Comunista en un marco histórico y político:

La juventud que conformó una de las fuerzas más importantes del Frente desde sus inicios provenía principalmente de las Juventudes Comunistas (JJCC), pertenecientes al Partido Comunista (PC), y de un pequeño grupo del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Esto se dio porque en algunas regiones donde las Juventudes Comunistas si estaban activas, el MIR se encontraba desarticulado.

Todo esto también porque los jóvenes miristas reconocían que el PC estaba asumiendo una política más frontal y combativa ante la dictadura. El PC en general se desarticuló después del golpe de estado de 1973 dirigido por la junta militar de Pinochet y volvió a funcionar alrededor del año 77, no antes dado que los asesinatos y la persecución los afectaron profundamente, a tal nivel que el secretario general del PC, Luis Corvalán, fue detenido unas semanas después del golpe de estado, forzando al partido a formar una dirección clandestina y provisional dirigida por Víctor Díaz.

A pesar de lo anterior el PC se mantenía, por lo menos en la Región Metropolitana, haciendo intentos de reordenar al partido y elaborar una política acorde al contexto represivo del país.

 

“Entre 1974 y 1977, a través de la DINA y el Comando Conjunto, la dictadura descargó una feroz batida contra el PC y JJCC que tuvo como resultado la desaparición de 144 de sus militantes, incluidas dos direcciones nacionales completas y una de las Juventudes Comunistas”

Entre los años 1973 y 1977 los sectores de la Jota que se encontraban inactivos y desconectados del partido, a medida que se iban reorganizando, iban también realizando análisis autocríticos acerca del actuar pacifista del PC antes de la dictadura. Con este actuar me refiero a que el PC antes del golpe de estado había mantenido una política y práctica que apuntaba a evitar el choque confrontacional de la izquierda y la derecha, esto motivado por las tensiones que generaba el gobierno de Allende en el escenario político nacional e internacional. Hay una serie de errores en esta política que los jóvenes comunistas abordan al momento de hablar sobre el proyecto y la táctica política que el partido tenía antes del golpe.

“Nos acordabamos cuando el año setenta y tres el Partido llamaba a no caer en la guerra civil, y nosotros, como jotosos disciplinados, marchamos en las calles en contra del enfrentamiento armado. Después nos daba vergüenza no haber defendido al gobierno de Allende.”

De la cita anterior podemos inferir que las Juventudes Comunistas empezaron a asumir que el pacifismo del PC ante la ofensiva de la derecha empresarial fue un grave error, así como también entendieron que había que impulsar una nueva política, más radical y que sirviera para hacer frente a la represión de Pinochet. Esto generó una presión por parte de las bases del PC hacia la dirección lo cual llevó a la Comisión Política del Partido a elaborar una nueva táctica desde el año 1977 que sirviera para el período.

2. Táctica del período

En septiembre de los años ‘80, Luis Corvalán, quien ya había retomado la secretaría general del partido desde el exilio en Moscú, pronuncia un discurso en el que indica que “La rebelión popular contra la tiranía de Pinochet es legítima”. Asumiendo que la rebelión es una estrategia política contra la dictadura incorporando “Todas las formas de lucha”, incluso la vía armada. Esta nueva táctica que elaboró la comisión política del partido es la llamada Política de Rebelión Popular de Masas (PRP).

Esta consistía en una táctica que apuntaba principalmente al levantamiento y a la sublevación popular mediante la violencia organizada en contra de las fuerzas represivas y las autoridades dictatoriales, implementando también la autodefensa de masas y la organización de milicias locales.

El partido en 1983 decantó la PRP en un nuevo referente armado central o en otras palabras en el brazo armado del partido, el cual tenía la capacidad operativa y el poder de fuego suficiente como para cumplir con las tareas que planteaba la nueva táctica. La dirección consideró que estas condiciones eran favorables para el desmoronamiento de la dictadura.

“[Sobre la PRP] Lo prevemos como un levantamiento o sublevación de masas que involucre a toda la población, a la mayor parte de las fuerza políticas y sociales, y ojalá también parte de las FF.AA que estén en contra de la dictadura. Se trata de llegar a un estado de rebelión generalizada, que logre la paralización real del país”

Acerca de la cita anterior es importante mencionar que los alzamientos populares en los lugares donde se concentraba la clase trabajadora, ya sea, industrias, liceos, el campo, entre otros, serían fundamentales para avanzar hacia la paralización general del país, que terminaría por desmoronar político y moralmente a la dictadura para posteriormente recuperar los espacios del poder para el pueblo. Es bajo estos objetivos que el PC a fines de los 80 envía a quienes formarían el Frente a entrenarse político-militarmente al exterior.

El FPMR como un referente armado a la oposición sostenía tres objetivos principales, los cuales planteaba a la oposición en general:

  1. El derrocamiento de Pinochet
  2. La conformación de un gobierno provisional (Que consiste en formar un gobierno que sea transicional de la dictadura al sistema político que viniera después)
  3. Una asamblea constituyente

Es a partir de estos postulados que el PC mediante el Frente cristaliza la lucha contra la tiranía de manera urgente, sin darle mayor perspectiva a lo que vendría después.

El Frente reflejó los métodos y objetivos de la PRP en dos principales acciones, la internación de armamento de carrizal bajo en agosto de 1986 y el atentado contra el dictador Augusto Pinochet en septiembre del mismo año. El primero tenía el objetivo de dotar de un armamento más avanzado a los grupos milicianos de los cuales el Frente disponía en los diversos sectores del país, para que éstos tuvieran una mayor capacidad al momento de combatir directamente contra las fuerzas de la represión. El segundo tenía como objetivo ajusticiar de una vez por todas al principal líder y rostro de la dictadura militar que estaba a la cabeza del país, algo que afectaría tanto como física como moralmente al enemigo.

Estos postulados y la PRP duraron aproximadamente hasta finales del año 1986, cuando el PC, tras el fracaso del atentado contra Pinochet u Operación Siglo XX y el descubrimiento y fracaso de la internación del arsenal de carrizal bajo, determina que la política de “todas las formas de lucha” había llegado a su fin.

El nuevo escenario, caracterizado por la negociación pactada entre la dictadura militar y la concertación, “obligaba” al PC a retornar a su historia política caracterizado por la lucha pacifista, legal, transigente e institucional. Fue este retroceso en la política del PC y otras diferencias entre el Frente y el Partido que gatillaron el quiebre entre estos dos órganos.

Es aquí donde la mística rodriguista, que fue influenciada en gran parte por la juventud rodriguista, juega un papel fundamental de diferenciación.

·     3. Papel de la juventud en el Frente

El rol de la juventud en el Frente no era un rol específicamente diferente que el resto de los militantes, esto, dado que la militancia rodriguista, en general, se desempeñaba en los mismos ámbitos y por mismos objetivos. Esto no quita que haya sido la juventud una de las principales fuerza cualitativa y cuantitativa que llevó al frente a ser lo que fue.

Un elemento importante para entender el papel de la juventud en el FPMR, es el de la mística rodriguista. Esta consiste en la ética revolucionaria, en una moral comunista que es impregnada a partir de las experiencias revolucionarias internacionales como Cuba y Nicaragua. Esta praxis, que es seguida con atención por los jóvenes militantes, genera características singulares del Frente con respecto al Partido.

Esta diferencia ética hace que el Frente vaya desde un principio creando un perfil propio que es ajeno al PC, lo cual generará choques políticos y prácticos entre los militantes de ambos órganos. Esto se debe a que la juventud venía con una escuela distinta y había tenido que resistir durante casi una década los golpes de la dictadura de forma pasiva. Podríamos asegurar que este factor, el ímpetu juvenil y la rabia, sería lo que haría que numerosas bases de las Juventudes Comunistas, especialmente de Valparaíso y Santiago, presionaran al Partido para la preparación y la creación de herramientas de autodefensa. Si bien este fue un factor importante para que el Frente se consolidase y no quedara como una simple idea, no fue el único; influyó de forma gravitante también los militantes en el exilio, muchos de ellos jóvenes, que pasaron a Cuba a formarse militarmente como oficiales y que luego ingresaron a los cargos más importantes del Frente.

Los jóvenes rodriguistas estaban a la par de la militancia de los compañeros más grandes, incluso muchos militantes indican que fue gracias a la juventud rodriguista que el FPMR quebró con el PC, que reivindicaba principalmente el conservadurismo de los militantes más viejos. Así, el Frente toma una vía más revolucionaria y poniendo en plena practica la ética de la mística rodriguista, que se reflejaría plenamente en la nueva política del Frente Autónomo. Esta política sería la Guerra Patriótica Nacional (GPN).

4. Guerra Patriótica Nacional

Tras el proceso de quiebre, que ocurre entre el año 86 y 87, donde a partir de una política cada vez más autonomizada del Frente con respecto al partido, así como también producto de las profundas diferencias políticas entre ambas organizaciones; con un FPMR cada vez más decidido, avanzado y revolucionario, versus un Partido Comunista que echaba pasos agigantados hacia atrás en la política de rebelión popular de masas, se origina el quiebre oficial. Este quiebre no traerá muchas repercusiones inmediatas en el Frente, puesto que la mayoría de los militantes se queda. Pese a esto, se verá desconectado de las masas, perderá su nexo social que lo constituía el Partido. Es en este momento en que Raúl Pellegrin desarrolla la estrategia de la Guerra Patriótica Nacional, diría sobre esta:

“Hemos definido a la GPN como un proceso global, integral de lucha que combina lo militar, lo político, la movilización social, toda expresión de lucha y en el que tienen lugar todos los patriotas, y que se propone la derrota del enemigo mediante la combinación de golpes en todos estos frentes siendo el accionar militar el factor principal para ganar la guerra, pues será decisiva en el desgaste físico y moral del enemigo”

“Hemos definido igualmente a la GPN como un proceso no breve en el que irán transitando por distintas etapas ascendentes, a lo largo de las cuales iremos construyendo el Ejército del Pueblo y las fuerzas necesarias para la derrota del régimen y sus FFAA. La GPN alcanzará la derrota del régimen en una sucesión de batallas en que cada una será superior a la anterior, culminando con la ofensiva generalizada de todos los frentes, en ciudades, pueblos y campos de todo el país, y con un poderoso ejército del pueblo”

Por otra parte, señala Ramiro sobre la Guerra Patriótica Nacional que:

“Debido a los recursos que tenían las Fuerzas Armadas. Se consideraba que para que los sectores populares alzados en armas derrotaran militarmente a las FFAA, debía dispersarlas a partir de la acción de pequeños grupos, haciendo sabotajes y combatiendo en todas partes.”

“En relación con las tareas políticas, era necesario generar las condiciones que favorecieran los factores subjetivos para la confrontación; y desde el punto de vista militar, era necesario basificar, con grupos de compañeros en el campo, en algunas regiones”

La GPN cambia drásticamente la forma, el método y los objetivos de las políticas del Frente elaboradas por el PC, que apuntaban principalmente a derrocar la dictadura; ahora se apunta a instaurar el socialismo en el país mediante una táctica que combina lo militar, lo político y la movilización social. Todos estos elementos debían golpear física y moralmente al enemigo, lo cual significaría triunfar en la guerra.  Además la GPN se plantea como un proceso prolongado compuesto por etapas que apuntaría a crear un ejército popular que fuera capaz de derrotar al régimen y a los organismos represivos de la dictadura, para así recuperar el poder para el pueblo.

5. La desarticulación del Frente

Podemos decir que el final del Frente comienza en una etapa incipiente y vital de la GPN. El asalto y la toma de pueblos precordilleranos traen graves consecuencias a la conducción de la organización, dado que importantes miembros de dirección, tales como Cecilia Magni y Raúl Pellegrín, fueron capturados y asesinados por la represión.

Esto desestabiliza al Frente el cual empieza a cometer una serie de errores donde los militantes empezaron a caer muertos o a caer presos durante los enfrentamientos. Así, la concertación empieza a desarticular poco a poco el proyecto rodriguista. Es en este proceso donde muchos jóvenes que lucharon hasta vencer o morir caen ante la represión que buscaba destruir todo ápice de resistencia armada contra la barbarie capitalista.

Entre estos un ejemplo a seguir son los jóvenes Álex Muñoz y Fabián López  quienes murieron en un enfrentamiento contra carabineros negándose a entregarse con vida tras realizar un asalto a un camión de valores.

Diría Cecilia Magni, alias “Comandante Tamara”, en una entrevista grabada dada al FPMR, que:

“Estoy aquí porque soy capaz de amar, precisamente puedo amar y amo absolutamente la vida, amo vivir en condiciones de tranquilidad. Espero recuperar absolutamente ese derecho, el derecho de poder tener mi familia, el derecho de tener hijos y vivir tranquila.”

Podemos concluir que la juventud en el frente juega un papel fundamental en la mayoría de los procesos por los cuales pasó esta organización revolucionaria. Esto quedó demostrado  en la radicalización de las políticas del PC y también lo fue en la superación de la PRP tras el quiebre. La juventud rodriguista logró cuestionar y proponer alternativas a las políticas del PC que no apuntaban precisamente al socialismo si no que a una resistencia armada que no tenía proyecciones de mayor alcance, siendo estos jóvenes quienes llevaron a la práctica lo que los conservadores del Partido temían incluso de reivindicar.

Conclusiones Finales

 

El marco histórico y la compleja situación que se abrió a partir de las intensas luchas dadas por la clase contra la barbarie capitalista, principalmente desde 1970 en adelante, generarían espacios en los que la juventud desarrollaría lo mejor de sí misma, mostraría así, el ímpetu y la valentía que veríamos expresados en el MIR, MJL y FPMR.

 

Si bien, los contextos donde surgen estas tres organizaciones son diferentes, se desarrollan en ellas las distintas capacidades de la juventud; fundamentalmente la inserción en espacios de creación y de reflexión crítica, transversales y acordes a la situación política chilena. El rol que jugaría el conocimiento, el estudio, pero principalmente la lucha y el intercambio con espacios de desarrollo más complejos, serían elementos que la juventud viviría y que generaría el desarrollo de la conciencia, materializándose en praxis revolucionaria.

 

Todos estos factores, se conjugarían y darían trascendentes aportes a los proyectos revolucionarios de los 70’s y 80’s. Este escenario es el que cambia los últimos 20 años pero que de alguna forma permea, supera las barreras del tiempo y logra aún hoy impregnar a la juventud actual, que si bien tiene contextos distintos, también da muestras de gallardía al enfrentarse contra el sistema por una educación gratuita y una vida más digna. Son estas banderas, sumadas a la reflexión política, las que son recogidas por una franja joven de la izquierda revolucionaria hoy, que se esfuerza por madurar y seguir la senda que muchos y muchas jóvenes nos dejaron trazado.

 

Es ahora el tiempo en que la juventud debe desarrollarse y crecer, superar la política universitaria y unir las luchas del pueblo trabajador, dinamizar la lucha de clases, insertarse en cada uno de los espacios de la sociedad y entregar su pasión a la revolución.

 

A nuestros caídos, a Paulina, Mauricio, Rafael y Eduardo.

El mejor homenaje es seguir luchando.

¡Hay que hacer la revolución!

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Recomendamos leer:

  • Un paso al frente; Habla el comandante Ramiro del FPMR.
  • Fusileros. Cristobal Peña
  • A Desalambrar, Historias de Mapuches y Chilenos en la lucha por la tierra. Rafael Railaf
  • El Mapu Lautaro en las Protestas Populares. Nicolás Acevedo
  • Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Igor Goicovic Donoso
  • Guevarismo y Rodriguismo: Traducción Marxista, Alcances y Acercamientos. Daniel Santander