Repartiendo

[Repartiendo]

Mira yo te voy a enseñar cómo se hace. Vo´ pasai´ no ma´ por todas las mesas y le dejai´ los llaveros, no los saludi´, ni una huea, vo´ dejai´ la hueá ahí y esperai´ unos minutos, pasai´ de vuelta y te llevai´ los llaveros, el que te los compra pulento.

¿Y por qué no lo hací tú?

Porque vo erí el más chico po, ya oe deja de reclamar.  Partiste.

Me da tanta paja, este hueón me manda todo el día, pa variar me da una cagá de plata- Piensa el niño de tan solo 11 años.

El niño al frente de las mesas comienza hacer su trabajo.

¿Cuánto sale?- pregunta un parroquiano.

500 no ma – responde el niño.

No, gracias.

Mientras el niño va retirando los llaveros de las mesas, la gente que está a su alrededor conversa en voz alta, ríe, come y bebe, entonces el niño se pregunta ¿Cuánto costará comprarse un churrasco de ese tamaño y en este lugar tan bonito? No es que el niño nunca haya comido un churrasco, al contrario varias veces ha comido uno, por ahí cerca de la casa, en esa fuente de soda de mala muerte o en la plaza de armas cuando andaba con su hermano mayor vendiendo alguna cosa, como parche curitas, tarjetas de regalo, scocht, cualquier cosa que sea fácil de vender y obviamente fácil de robar en los supermercados o en las librerías.

Pero al niño le llama la atención como esa gente se viste tan arreglados, los hombres siempre con camisa y corbata, las mujeres con su cartera colgando de la mano y sus vestido de alguna tienda chic, teléfonos última generación, pero no tienen para comprar un simple llavero de quinientos pesos.

¿Y esto no más te dieron? Gente culia caga, le dice el hermano mayor al niño.

Si po, ¿qué más querí? ¿qué me dieran un cheque?, dice el niño.

Ambos se marchan de ese lugar que en apariencia es bello, pero en el fondo, esconde la basura más putrefacta.


Por Ayelén, militante de Izquierda Guevarista de Chile